Hospital Balestrini, una naranja vacía

Inaugurado cinco veces, apenas si funciona. Iba a ser “Materno-Infantil”, pero es “de Agudos” y rápido para derivar. El drama de la salud en La Matanza. 

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Primero fue gris, luego rojo, pero en las últimas tres de las cinco inauguraciones ya era naranja.

Miles de litros de pintura insumió esa inmensa fachada del color que identifica al gobierno bonaerense de Daniel Scioli. 

Cruzo el puente peatonal sobre la ruta 21, en Ciudad Evita, y entro en el hospital provincial Alberto Balestrini, una mole gigantesca, separada por un alambrado perimetral de un área de viviendas precarias que los lugareños se resisten a llamar villa.

Son las tres de la tarde y no hay casi nadie. Ni pacientes, ni familiares o amigos, ni gente pidiendo turno o yendo a emergencias. No hay casi médicos, ni técnicos, ni enfermeros, como ya delataba el vacío de la playa de estacionamiento. “Para ver gente tiene que venir a la mañana”, me dirá luego una mujer de limpieza, mientras termina de limpiar los amplios pasillos vacíos.

 

 

Para conseguir un turno en ginecología en una de las dos ventanillas de consulta me aconsejan llegar a las 5 de la mañana, a más tardar a las 6, y esperar la apertura a las 7:30. Los turnos se dan a partir de las 8. Y la atención, para el día que se consiga turno, es de 9 a 13. Veo solo dos áreas con gente en espera: Psicología y Obstetricia, donde hay menos pacientes que terminales color naranja-Scioli que emiten consejos sobre maternidad responsable.  El personal de seguridad a la vista se limita a un policía en el frente.

Una placa de mármol, a la izquierda de la entrada, reza: “Hospital Materno-Infantil Alberto Balestrini” (por el ex vicegobernador bonaerense y diputado nacional, quien en 2010 sufrió un postrante ACV) y, en vertical, jerarquías: Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Gobernador Daniel Scioli, Intendente Fernando Espinoza, “Pueblo de La Matanza”. Y la fecha: Octubre de 2011.

El 7 de octubre de 2011, a 16 días de las elecciones presidenciales, Cristina Fernández de Kirchner encabezó allí la primera de las últimas tres inauguraciones. Adelantándose a presuntos titulares de prensa, aclaró que no inauguraba el Hospital completo (algo que desmiente la placa), sino solo un ala “de 20.000 metros cuadrados”, pero habló como si todo estuviera listo.

La presidenta dijo que en más de cien años, en La Matanza se habían hecho sólo dos hospitales provinciales, pero en ocho años el kirchnerismo iba camino de completar tres. A fines de 2014, sin embargo, de los hospitales “kirchneristas”, el único que funciona, muy limitadamente, es el Balestrini. Los otros dos en construcción, uno en Rafael Castillo, otro en Laferrere, serán “inaugurados” en 2015, año electoral.

En otro pasaje, CFK relató que para esas obras había resignado la compra de un avión presidencial, “porque eran mucho más importantes los hospitales nuevos de La Matanza”. Tanta abnegación no era necesaria: al 30 de septiembre de 2011, una semana antes, el BID llevaba desembolsados, precisa su página web, 72,7 millones de dólares, parte de un crédito por 230 millones a los cuales el gobierno nacional debía sumar otros cien millones, para hacer el Balestrini y otras obras de infraestructura social.

Al final, como quebrada de emoción, Cristina dijo que Néstor Kirchner y ella se “rompieron el alma” por La Matanza y les aseguró a los matanceros: “Él era uno de ustedes, no tengan dudas ….  y yo también soy una de Ustedes”. Pero si la fortuna de la familia presidencial no bastaba para desmentir esa identificación, once meses después de aquel acting la presidenta respondió a una incipiente silbatina en su “diálogo” con estudiantes de la Universidad de Harvard, diciendo, con voz afectada: “… chicos, estamos en Harvard, esas cosas son para La Matanza” ).

 

 

En octubre de 2013, a dos semanas de las elecciones legislativas, CFK volvió a “inaugurar” (por segunda vez personalmente, por tercera en su versión anaranjada y por quinta en total) el Balestrini, sumando a la comitiva al primer candidato a diputado nacional por el kirchnerismo en Buenos Aires, Martín Insaurralde. Las pintadas e imágenes de “MI candidato” (era el slogan K, por las iniciales del novio de Jesica Cirio), todavía dominan el puente peatonal.

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Un año después de esa inauguración “definitiva”, el Balestrini es,  dice Pedro Zamparolo, secretario general de la Asociación de Profesionales de la Salud Pública de La Matanza, “una cáscara vacía”. Según el crédito del BID, debía ser un hospital “Materno-Infantil”, como reza el cartel, pero a octubre de 2014 ha realizado muy pocos partos (por parteras, no por obstetras) y no tiene neonatólogos ni programación de cesáreas, cuenta Patricia Suar, médica del Hospital de Niños de San Justo (cabecera de La Matanza) y presidenta de la Asociación de Profesionales.

Es una carencia grave. Con dos  millones de habitantes, la mitad de ellos menores en “edad pediátrica”, La Matanza es el partido más populoso del conurbano. Si fuera provincia, sería el quinto distrito electoral del país, por detrás del resto de Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba y Santa Fe y delante de Mendoza. La llamada “capital nacional del peronismo”, que el PJ gobierna sin interrupción desde 1983, tiene más habitantes que San Juan, La Rioja, Catamarca y San Luis sumados y casi igual cantidad que la Patagonia (Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Neuquén y Río Negro), cuyo territorio abarca un tercio de la Argentina.

Habiendo renunciado a su condición de materno-infantil, el Balestrini funciona como “Hospital de Agudos”. Pero como la consigna del ministro de salud provincial, , Alejandro Collia, y la secretaria de salud de La Matanza, Gabriela Alvarez, es que “en el Balestrini no muera gente”, los “pacientes complicados” son derivados a los otros dos hospitales provinciales en funcionamiento: el Paroissien, en Isidro Casanova, el más antiguo del partido, inaugurado en 1980, durante la dictadura militar, o el Simplemente Evita, sobre la ruta 3, en González Catán, inaugurado en los años de Menem.

A pesar de sus 44 años, de haber sido construido en terreno inundable y de su deterioro edilicio, que un grupo de profesionales se ocupó de mostrar en un video, el Paroissien sigue siendo el hospital con mayor capacidad profesional. Tiene servicios completos, formados, y tomógrafo propio, explica Luis De Innocenti, que atiende los consultorios externos y llegó a ser propuesto por sus pares para director del Balestrini.


 

 

De Innocenti toma las derivaciones como algo natural. “El Balestrini no tiene equipos completos, no tiene tomógrafo, le faltan equipos quirúrgicos, recién en noviembre harán los concursos para completar equipos profesionales”, dice. Poner un hospital en pleno funcionamiento, justifica, puede llevar cuatro años. Esa fue, dice, su experiencia en el Paroissien, que con sus 320 camas hospitalarias aún afronta problemas de exceso de demanda,  a  menudo muy poco amigable. Amén de su cuota de borrachos y drogadictos, el hospital recibe la mayor parte de los baleados y heridos de arma blanca, problema que tiende a agravarse. A principios de octubre de 2014, La Matanza ya había duplicado el número de “muertes en ocasión de robo” de todo 2013: 25, a razón de uno cada doce días.

Volviendo al  original objetivo pediátrico,  Zamparolo dice que el mayor problema del Balestrini es atraer y retener profesionales por los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo, entre las cuales sobresale la inseguridad. No es sólo que falten médicos, enfermeras, camilleros, anestesistas, administrativos. También faltan policías.

Gran parte de los partos que deberían atenderse allí  o en centros municipales, como el Hospital de Niños de San Justo o los hospitales (no especializados en pediatría) de González Catán y Laferrere, que figuran en el “Plan Materno Infantil”,  terminan en otro partido o en los hospitales porteños, en especial la Maternidad Sardá y los hospitales Alvarez y Santojanni. También el Hospital Posadas y el de Ezeiza, agrega, están llenos de pacientes de La Matanza.

La enumeración de los centros porteños que atienden más partos matanceros habla de la decadencia de la salud pública. La historia del Alvarez se remonta a la apertura, en 1897, del Hospital Vecinal de Flores. El Santojanni nació como ariete sanitario contra la tuberculosis a partir de la donación, en 1929, de 66.000 metros cuadrados y dinero del inmigrante italiano Francesco Santojanni, cuyo hijo había sufrido esa enfermedad. La Maternidad Sardá, que atiende  6.000 a 7.000 partos por año, es fruto de la donación de otro inmigrante italiano y se inauguró en 1934.

Néstor Oliveri, que atiende una Sala de Salud en el barrio María Elena, en Virrey del Pino, en el sur de La Matanza, calcula que de unos 30.000 partos anuales, apenas unos 5.000 (esto es, menos del 20 por ciento) se realizan en el partido.  Es inevitable, dice. Debería haber una cama hospitalaria obstétrica cada 500 niños, pero en La Matanza hay una cada 5.000.

Patricia Suar, la presidenta de la Asociación de Profesionales de la Salud, lo sabe bien. El Hospital de Niños de San Justo, en el que trabaja, es el único hospital pediátrico hasta La Plata, y tiene sólo 60 camas pediátricas en internación y 15 en guardia. Agravando esa carencia, el Policlínico de San Justo, uno de los hospitales municipales más grandes de la zona, estuvo cerrado varios años por refacciones. Reabrió hace unos meses, pero todavía no rearmó sus equipos médicos.

La falta de camas pediátricas se agudiza en invierno, con la bronquiolitis, que afecta en especial  a los menores de un año. En La Matanza más de la mitad de los habitantes no tiene cloacas ni servicio de agua potable y gran parte de la basura está a cielo abierto, lo que contribuye a la contaminación de la ya pestífera cuenca Matanza-Riachuelo y a la virulencia de las epidemias de bronquiolitis, explica Olivari.

La sobredemanda de atención y la falta de camas llevó, en 2010, a que el entonces secretario de Salud del partido, Francisco Grosso, dijera que como “los chicos son chicos”, podía atenderse más de uno por cama, lo que indignó a médicos y pacientes y lo llevó a excusarse ante la Sociedad Argentina de Pediatría. Luego fue reemplazado por la actual secretaria, Gabriela Alvarez.

La falta de camas hospitalarias se agudizó en la “década ganada”. En 2002, precisa un informe de “Ideas de Izquierda” en base a datos oficiales, había 12.653 camas hospitalarias en centros públicos en la provincia de Buenos Aires. En 2012, la cifra se redujo a 12.156. Esto es, un 4 % menos para una población que entre los censos 2001 y 2010 creció 19 % y, en el caso de La Matanza, 41 por ciento.

Suar agrega que el Hospital de Niños de San Justo debe atender, además, chicos de Moreno, Cañuelas, 3 de Febrero y partidos aledaños. Por ahora, la Maternidad Estela de Carloto, en Moreno, no parece haber hecho mucho efecto.  Fue “inaugurada” en julio de 2013, en otro acto encabezado por Cristina Fernández y del que también participaron la titular de Abuelas y el entonces candidato K, Martín Insaurralde. Los tres se sacaron una primorosa foto tipo selfie.

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En su discurso, la presidenta dijo que la maternidad Carloto atendería 3.000 partos por año, de modo que los hospitales públicos cubrieran la mitad de los 10.000 partos anuales del partido. Quince meses después, el 5 de octubre pasado, Carloto concurrió a un acto en el mismo lugar, para celebrar junto a Scioli la “semana del prematuro” y el parto número 150, ritmo que cubre el 1 % de los nacimientos en el distrito que, salvo intervalos como ministro provincial o diputado nacional, gobierna desde 1995 el intendente (ahora) kirchnerista Mariano West.

Aunque más dramático por las condiciones de vida de la población, lo que sucede en partidos como Moreno y La Matanza es lo mismo que sucede a nivel nacional. Es, dice Zamparolo, la misma política de “privatización y vaciamiento de la salud pública” que sigue Juan Manzur, el ministro de Salud de la Nación y miembro más rico del gabinete de Cristina Fernández de Kirchner.

“En el Balestrini faltan planteles básicos: médicos, enfermeras, camilleros, administrativos, mantenimiento, personal de seguridad. Máquinas y equipos hay, porque con eso curran y hacen las campañas, pero no hay equipos profesionales que los manejen”. La principal carencia es de personal. Pero en vez de llamar a concursos, “hacen las cosas a dedo”, enfatiza Zamparolo. Y como los salarios son muy bajos y están prácticamente congelados y las condiciones de trabajo son pésimas y se trabaja a destajo, hay éxodo de profesionales.

“Un médico joven -ejemplifica- gana más y trabaja en mejores condiciones en una ambulancia privada que en un hospital. Las nuevas camadas hacen la residencia en los hospitales y emigran. En el caso del Balestrini, completa, “agarraron los jefes de servicios y los amigos del intendente y del gobernador; esos son a dedo, están por chapa, por plata o por compromiso político”.

Las quejas por la provisión de insumos no son generalizadas, pero existen. Gasa y alcohol no faltan, pero en insumos importados, como equipos e instrumentos quirúrgicos hace unos meses empezó a haber carencias.

De todos modos, el principal problema es la falta de personal médicos y la causa básica es la cuestión salarial. Suar, que hace 30 años trabaja en el Hospital de Niños de San Justo, explica que un médico joven, tras seis o siete años de universidad y otros tantos de residencia, ingresa con un neto de bolsillo de unos 10.000 pesos por 36 horas semanales de trabajo, que suelen ser muchas más. Cuando se hace la hora y hay gente esperando es muy difícil irse. Los que esperan dieron vueltas de un hospital a otro, llevan horas allí y no tienen paciencia ni buenos modos. “Te siguen a la calle, es bravo”, cuenta la profesional.

Para peor, de los 10.000 pesos, 3.700 son “presentismo”. Cualquier inconveniente, el joven médico pierde más de un tercio del salario, amén de que su perspectiva jubilatoria es pobrísima. “Los nuevos se van enseguida; aquí trabajan en muy malas condiciones y cobran un tercio de lo que pueden ganar en el sector privado; los que estamos hace mucho seguimos, pero en los jóvenes no hay sentido de pertenencia”, explica Suar.

La falta de personal abarca incluso a las enfermeras, pese a que en La Matanza hay Escuela de Enfermería. Las que pueden, pronto emigran al sector privado, como el Hospital Italiano de la zona.

Por reglamento, las guardias del Hospital de Niños de San Justo deberían tener 7 pediatras de guardia por día. Y así fue hasta hace unos quince años, cuando se inició el declive. Hoy, hay 3 ó 4 pediatras por guardia. El Hospital atiende unas 400 consultas por día, a las que deben sumarse los casos de urgencia.

La situación en los hospitales sería mejor, dice Zamparolo, si funcionaran bien los Centros de Emergencia o por Especialidad (Odontológico, Médico de Rehabilitación, de Vías Respiratorias y Alergias, etcétera) y las Salas de Salud en los barrios. Pero allí también campea la escasez. Las salas barriales eran 40 en el 2000. Hoy son 23.

Hay ejemplos positivos, como el del Barrio María Elena, que atiende Oliveri, y cuyas prioridades establece la organización barrial, como la atención diaria de 200 chicos en un comedor comunitario.

Pero la falta de médicos termina mandando. Suar pone como ejemplo la propia Asociación de Profesionales de Salud Pública de La Matanza. Hace 30 años éramos 900 en total, dice. Hoy son 950: unos 500 médicos y otros 450 profesionales entre odontólogos, fonoaudiólogos, kinesiólogos. Mientras, la población del partido pasó de los 950.000 habitantes que marcó el censo de 1980 a los casi dos millones de la actualidad.

El censo de 1947, en los albores del primer gobierno de Perón, precisó la población matancera en 99.000 habitantes, menos de una vigésima parte de lo que es ahora.

No en vano la llaman “la capital nacional del peronismo”.

Comments

  1. Leonardo Roia says:

    Y el Manco del Espanto es el candidato del Kirchnerismo a la Presidencia, con el beneplácito del Papa y el respaldo total, antes ninguneado y despreciado, de La Cámpora. Después, los peronistas, se enojan porque les dicen panqueques o traidores.