Caso Sayago: el testimonio de uno de los trabajadores acusados

Adrián Saucedo fue procesado por la muerte del policía, ocurrida durante los reclamos de trabajadores petroleros en 2006.  Su testimonio.

El 7 de febrero de 2006, tras los permanentes reclamos de trabajadores petroleros en Las Heras se desató una pueblada. Esa madrugada, alrededor de 300 personas se dirigieron a la Alcaidía municipal para manifestarse y en medio de una serie de confusos incidentes, el policía Jorge Sayago fue baleado durante la revuelta. Entre los implicados en el crimen hay varios trabajadores;  tal es el caso de Adrián Saucedo.  El testimonio  del delegado tercerizado de la empresa Indus, que  fue  apresado y posteriormente liberado, fue recopilado por Diego Rojas en su libro “El kirchnerismo feudal”. A continuación un extracto:

 

Todo empezó el 26 de diciembre de 2005, cuando hicimos el primer paro acá, en Las Heras. Nosotros trabajábamos en Indus, que es una empresa contratista de YPF, y lo hacíamos bajo el convenio de la UOCRA. El paro fue en reclamo por el impuesto a las ganancias. El 23 y 24 de diciembre, habíamos cobrado nuestro aguinaldo, pero al revisar los recibos nos encontramos con que nos habían sacado toda la plata. Nos habían sacado todo el aguinaldo por el impuesto a las ganancias. Hicimos el primer reclamo, pero no nos dieron bola. Entonces hicimos una asamblea grande, que decidió el paro. Estuvimos tres días de paro. A la medida se unieron los trabajadores de la empresa Serpecom Metrapeck, cuyo delegado era Enzo Carlos Reinoso —ahora es secretario general el muchacho—, y juntos hicimos tres días de paro, lo que provocó que la empresa nos devolviera el impuesto a la ganancias. Lo pagó la empresa y así pudimos cobrar nuestro aguinaldo.

Era la primera vez que íbamos al paro sin que hubiera ninguna intervención del gremio. Fue la voluntad de la gente, de los trabajadores nada más. Fue por eso que nos vinieron a ver los delegados de los petroleros; eran de varias empresas. Nos dijeron: “No sabíamos que ustedes existían porque nunca habían elevado su voz, esta es la primera vez”. Era cierto. Había sido la primera vez en la historia de la región en que la UOCRA había cortado la ruta, la primera vez. Porque antes le habíamos hecho el reclamo al sindicato, pero no nos daban pelota. Conocimos a los petroleros y empezamos a conversar. Un mes y medio estuvimos conversando. Ellos querían hacer el mismo reclamo porque a ellos les vivían descontando del sueldo por el impuesto. A nosotros era la primera vez, porque nuestro sueldo era mucho más bajo. Ellos tenían esa queja desde siempre. Nos pidieron una mano para elevar ese mismo reclamo a nivel general y nosotros accedimos, pero también queríamos pasar al convenio de los petroleros. Entonces hicimos un trato: nosotros íbamos a reclamar el pase a petroleros y ellos, por el impuesto a las ganancias, y cuando cualquiera consiguiera su reclamo, los otros acompañarían hasta que se levantara el paro.

Mientras conversábamos también buscábamos ver quiénes se sumaban a nosotros. Hablamos con delegados de varias empresas que hacían los mismos trabajos petroleros que nosotros, pero que estaban encuadrados en la UOCRA. Tercerizados. Nos dimos cuenta de muchas cosas: de las mafias que hay, de todo lo que manejan y de que no nos querían soltar porque nos pagaban poco por hacer los mismos trabajos que otros a los que les pagaban mucho más.

Nos juntamos 17 delegados de diferentes empresas. Un mes después de la primera medida, el 23 de enero, decidimos lanzar el paro. Primero lo lanzamos los de la UOCRA, a pesar de que la gente del sindicato ya nos había dicho que, si hacíamos otro paro sin el consentimiento de ellos, quedábamos desaforados. Eso nos lo dijo personalmente el secretario del gremio, Carlos Domingo Boss. A nosotros jamás nos importó eso. Arrancamos el paro.

Tres días de paro estuvimos y no había acuerdo de los petroleros en unirse, porque ellos seguían en asamblea. Habíamos cortado la entrada a los yacimientos, entonces los petroleros no podían pasar y se agrupaban a charlar, a debatir con la gente. No había apoyo del sindicato, no había nada: solamente los delegados. Así estuvimos tres días. Al tercer día vino YPF con la gente de UOCRA y una abogada que nos habían metido para apurar los trámites para que pasáramos a petroleros. Estábamos en el Ministerio de Trabajo como para firmar un acuerdo, y decían que iban a iniciar los trámites. La abogada era Sandra Reinoso, que es la hijastra del “Chaco” Segovia, el secretario general del sindicato de petroleros. Chaco nos decía que nos quedáramos tranquilos, que nosotros íbamos a pasar al convenio petrolero, pero que nos abriéramos de los petroleros. Nosotros teníamos un honor, habíamos hecho un trato de palabra, nos habíamos estrechado la mano. Creo yo que todavía estrechar la mano sirve más que un papel, que todo lo demás.

Mientras dentro del Ministerio se preparaba el acta del acuerdo, nosotros estábamos en el playón escuchando todo lo que pasaba en la asamblea de los petroleros, porque se transmitía en vivo por la radio. Entonces, en un momento dijeron: “Bueno, ¿vamos al paro o no vamos al paro?”. Y el grito de todos los petroleros fue: “¡Vamos al paro!”. Ahí nos invadió la alegría a todos nosotros, el abrazo entre todos los compañeros porque íbamos a tener un apoyo. Porque hasta ese momento lo que íbamos a tener era un papel, una promesa con el Ministerio de Trabajo y todo lo demás, una promesa… Pero habíamos escuchado esa fuerza de los trabajadores y la alegría nos invadió, nos caían lágrimas de lo contentos que estábamos.

“Vamos al paro, se va todo a la mierda”, dijimos los delegados y subdelegados de las empresas. Dejamos todo y nos fuimos. Nos fuimos y continuamos el paro. Se nos unieron los petroleros y fue así que estuvimos varios días. Nos organizamos. Con los petroleros, con los delegados, dijimos que iba a haber un vocero para que nadie anduviera hablando por ahí, porque siempre la prensa preguntaba y preguntaba y nos preguntaban a todos. Entonces, para que no hubiera una mala comunicación, quedamos en que todo lo que se decía, lo decía el vocero. Se eligió a Mario Navarro como vocero. Él decía todo lo que salía de nosotros. Fueron varios días de piquetes. En total, veintitrés días de paro. Fue muy largo. Para febrero ya había llegado la GEOP (Grupo Especial de Operaciones Policiales), habían llenado Las Heras. No se podía salir a la calle por la noche. Allanaban los boliches, pedían documentos por todos lados. Estaba militarizado. Los mismos compañeros que estaban de paro tenían muchísimo miedo, porque al salir te hacían cagar. Si salías de noche y tenías cabello largo, te pelaban. En serio, es posta: eso pasaba cuando estábamos de paro. Le hacían tener miedo a la gente, el miedo era terrible porque andaban en camionetas sin patente, se bajaban y eran robocops, daban muchísimo miedo. Ya se sabía que iban a detener a los cabecillas de esto, a los delegados. Había rumores por todos lados, por la radio, de lo que iba a pasar. Ya se sabía.

En ese momento, el intendente era “el Gordo” Martinelli. Nos habíamos reunido con él para que nos diera una solución, pero todos los políticos nos estiraban, desde el Ministerio de Trabajo de Caleta Olivia hasta el Ministerio de Trabajo de la nación, que daba más vueltas que la miércoles y nunca nos solucionó nada. Sabíamos que el problema era político. Ellos solo querían que levantemos. El gobernador Sergio Acevedo quería que se levante el paro y nada más, que se levante. Nunca escuchaban los problemas que teníamos, las necesidades que teníamos, jamás les interesó nada. No dieron respuesta, no había conversación, no había diálogo. No teníamos cura en Las Heras. El padre Bicego había viajado a Europa por aquel entonces. Había uno de Cañadón Seco, que era un cura de YPF. Ese cura vino de mediador porque los de la empresa no querían hablar con los petroleros, no querían hablar con nosotros ni con un abogado, no querían negociar. Querían que levantemos la medida para negociar. Y no es así. Se habían presentado papeles y todo lo demás.

El 6 de febrero por la tarde detuvieron a Mario Navarro cuando salía de hablar por radio Soberanía. No dijeron ningún motivo, solamente lo agarraron, lo chuparon y lo llevaron preso. En ese momento, todos entramos en alerta de todos porque, si habían metido preso a Mario Navarro, ya venían por todos. Decidimos juntarnos de todos los piquetes que había, en la entrada de Las Heras. Éramos como 800 petroleros. El rumor decía que nos iban a reprimir. Los concejales Lalo Camino, que ahora es intendente, y Roxana Tonino siempre habían estado apoyando, en las reuniones, en el entorno de los petroleros. Cuando detuvieron a Navarro, los concejales dijeron que iban a hablar con el jefe de policía para saber por qué lo habían detenido. Ya eran las 8 de la noche. Fueron hasta la alcaidía, donde estaba preso. Cuando salieron de hablar informaron que les habían dicho que Navarro estaba detenido e incomunicado por 48 horas, que en su momento iban a decir por qué. Jamás dijeron, ni dieron un papel, ni nada de por qué era la orden de detención. No había nada, pero decían que la gente se tenía que ir. Había un grupo de más o menos cien personas, varios eran compañeros míos de trabajo de Indus.

El reclamo de los compañeros era “Liberen a Navarro” y ese era el aplauso y el grito. Salió la policía a decir que se retiren. Había una fila de 5 a 10 policías con escudos en el frente de la alcaidía y la gente estaba muy cerca. Les daban la orden de alejarse, les decían que se alejaran de ahí. Pero el reclamo seguía. Los policías pegaron dos tiros al aire, dos escopetazos. La gente no les dio pelota, seguía el reclamo de que liberaran a Navarro. Entonces empezaron a pegar los tiros para abajo, los perdigones de goma se esparcieron y les pegaron a todos los compañeros, incluso a la concejal. Y entonces vino la exaltación de la gente a responder. Salieron a responder los compañeros y se vinieron más balas, y era así, piedras, balas, piedras, balas. Tenían todo preparado porque, en ese momento, de una esquina salió el GEOP en camionetas, y de otra esquina salió otro grupo de policías, y de adentro de la alcaldía otro grupo más. Los compañeros se empezaron a dispersar para atrás cuando, desde la camioneta del GEOP, los empezaron a llenar de balazos. Empezaron los gritos de que los estaban reprimiendo.

Desde donde estábamos nosotros se escuchaba el bombardeo de los gases lacrimógenos. Entonces fuimos nosotros a las corridas, todos los que estábamos ahí, ochocientas personas que fuimos al instante, una caravana de gente que fue a la alcaidía, y cuando llegamos todo eran nubes de gas lacrimógeno porque no había viento, era una noche tranquila. Cuando llegamos solo había humo y solo se escuchaban tiros. Era impresionante, nos ganaba la asfixia. Lo nuestro eran corridas y tirar las piedras que se encontraban, pero no les hacían nada las piedras, rebotaban porque los policías estaban con casco y con escudo. Salían de a grupos a disparar a la gente, que iba para atrás y después volvía. Toda Las Heras era testigo de lo que sucedía, el humo se veía desde todos lados y los estruendos sacudían a toda la ciudad. Empezó a llegar gente, vecinos, que se unían a los petroleros. Había mucha bronca por lo que estaba sucediendo.

En un momento los policías apagaron las luces y quedamos en medio de una oscuridad total. No dejaban de disparar. Fue una eternidad. Nosotros pensábamos que tiraban con balas de plomo, escuchábamos el ruido de los tiros y el sonido del silbido de las balas, que nos rozaba las caras, todo sin detenerse, en medio de la oscuridad, y cuando corríamos se podía ver a gente tirada en el piso y no se sabía si estaban heridas o qué. Todo en medio del caos, hasta que de repente se empezó a escuchar el grito de que había caído uno. “Cayó uno”, decían. Había un oficial tirado, y los otros oficiales lo llevaban para adentro, y de la alcaldía salía la ambulancia. Nosotros no sabíamos qué pasaba.

 

Ese día,  fueron detenidas más de 20 personas, entre ellas Adrián Saucedo, quien estuvo en el juicio en carácter de testigo, y denunció cómo fueron torturados todos los detenidos durante el traslado desde  Las Heras hasta Puerto Deseado.

Plazademayo.com habló con Claudia Ferrero, abogada patrocinante de la causa: “La movilización de hoy reclama la absolución de los trabajadores petroleros, acusados injustamente por el crimen del oficial Sayago, oficial asesinado en el marco de una pueblada de Las Heras en el 2006”.

“Hace cuatro meses fueron llevadas a juicio 13 personas, 2 de ellas no fueron acusadas, a 5 se les pidió prisión perpetua por el homicidio y 6 por posición agravada. Lo que quedó claro en el juicio, el cual duró mas o menos cuatro meses, es que no había ninguna prueba concreta contra los que estaban imputados, también quedó claro que todas las pruebas de los hechos habían sido armadas por la brigada de investigaciones de Santa Cruz, en base a premios y torturas, a la cual se sometió a toda la población en esa época, consiguiendo testimonios falsos a través de amenazas y persecuciones.”

El próximo 12 de diciembre, la Cámara del crimen de Caleta Olivia, dictará una sentencia.  Seis de ellos podrían ser condenados a cadena perpetua.