Cada vez que se apaga el Sol

Por Norma Loto (@norloto)

Una mirada alternativa sobre uno de los destinos turísticos predilectos de muchos argentinos: las Termas de Río Hondo.

El sol respira en los rostros surcados de cada cestera, esas mujeres de manos poseídas por una habilidad ancestral que consiste en entretejer pajas, hojas, chala de choclo remojada en tinturas, hasta dar forma a un canasto, en cualquiera de sus tamaños.

Ellas y su arte son la postal obligada de este pueblo y contradicen ese “amor a la siesta santiagueña”. Sus siestas son trabajando en ese oficio tradicional de esta tierra.

– Mire qué lindo es este señorita, llévelo; me dice la mujer señalando uno de los canastitos producidos por ella.

 – ¿Cuánto cuesta?, pregunto sólo por curiosear.

– 40 pesos, pero si realmente está interesada se lo dejo a 3O; me promete la mujer

– ¿Utiliza alguna tintura artesanal para pintar los detalles?

– No, con anilina que compramos, cuesta un peso cada una -cuando lo dice, marca con sus dedos una altura de 2 cm-. Algunos dicen que los precios son altos, pero ¿qué se creen?¿ que el trabajo no vale?!

– ¿Está vendiendo bien?

– No tanto. Los otros días una chica que no era de acá me hizo hacer 100 de estas canastitas, para souvenirs. Y me ha dejado clavada con todas estas, ¡mire, mire, mire y acá hay más!, eleva su voz sublevada y dirige su índice gastado y trigueño hacia un montón de cestos diminutos.

En Termas de Río Hondo el sol siempre resplandece, se lo disfruta, se lo sufre, porque pareciera que en esa tierra el sol es infinito, aunque el humor que despliega es cíclico. En invierno vibra con el turismo, en verano se convierte en una insoportable pesadez y acompaña a una cierta resignación a ser casi una ciudad fantasma durante el verano, hasta que llega nuevamente el turismo invernal.

Es que Las Termas, como muchas de las ciudades turísticas lo bueno es bueno mientras dura. La ciudad es óptima durante los meses que dura su temporada invernal; que por lo general inicia en abril y termina en septiembre. Luego, en época estival, un alto porcentaje de comercios dejan de funcionar y se calcula que cerca del 80% de los hoteles cierran sus puertas.

Desde hace poco más de cinco años, se observa un lento y prometedor crecimiento con la llegada de inversiones privadas y algunas obras públicas. Hoteles de categoría, un importante autódromo, y hasta un aeropuerto.

– Hay muchos adelantos, pero no sabemos si seremos nosotros los beneficiados, me cuenta Mario, un joven de 23 años que ni bien terminó el secundario hizo lo mismo que hicieron antes su padre, su madre y su abuelo: emprendió viaje a la costa Atlántica, como lo hacen muchos para trabajar básicamente en la gastronomía de la temporada de verano.

Mario con su trabajo logró juntar unos ahorros y se compró un automóvil usado para convertirlo en remis. Con el automóvil pudo ubicarse en una de las tantas agencias que brindan este servicio en la ciudad.

– En plena temporada se tira con los viajes, sí. Pero en verano mucho no se puede hacer. Turismo no hay y los pobladores no utilizan mucho los remises para moverse.

Según fuentes consultadas, la condición laboral de la sociedad termense es totalmente inestable: el 82,5 % de las personas trabaja en los diferentes servicios ligados al turismo. La mayoría lo hace de manera transitoria, mientras que solo el 17,5 %, lo hace de forma permanente. Cuando finaliza la temporada turística, gran parte de los trabajadores de la ciudad se ve obligado a emigrar. Este fenómeno se repite año tras año, y en especial entre los jóvenes de entre 18 y 25 años.

Hasta ahora el turismo es la única industria fuerte de Termas de Río Hondo. Por eso, cuando la temporada invernal termina, muchos trabajadores se convierten en golondrinas; y emprenden vuelo en busca de otras oportunidades. Esa búsqueda significa resignar por meses la vida familiar.

Han pasado décadas, gobiernos de dictadura y gobiernos democráticos. Sin embargo, ninguno pudo – con más o menos intentos- revertir esta situación de inestabilidad laboral que supone desarraigo y la des fragmentación familiar temporaria. Cada vez que un micro parte hacia la Costa, hay decenas y cientos de manos levantadas que con un lento zigzagueo despiden al emigrante. Ese saludo se mixtura con el entusiasmo del pronto regreso y con el llanto de algún niño ó niña que, levantando un brazo despide a quien se marcha.

En Termas de Río Hondo confluye la dualidad medida equitativamente en la línea del tiempo: seis meses sol y fortunas y seis meses de sol que parece estrujar las esperanzas.

Pero además, y como en todas las ciudades que viven de esta industria, el turismo genera desigualdad: el trabajo en negro, el trabajo infantil, la explotación sexual.

Nada es nuevo, no. Pero parece estar cada vez más naturalizado.

A fines de julio de 2012, un Aeropuerto se inauguró en Termas de Río Hondo.Está ubicado cerca del Embalse Río Hondo, más conocido como El Lago. Desde años este Lago – tal como lo llaman la sociedad termense- está contaminado por las industrias tucumanas que arrojan desechos de alta toxicidad a la Cuenca Salí y es por eso que durante los veranos allí huele a gamexane. El daño ambiental en el ecosistema lacustre parece cachetear las conciencias cuando los peces muertos arrebatan las orillas de lo que antes era un espejo de agua.

Sin desconocer, que el aeropuerto es una prometedora iniciativa para acercar al turismo no deja de generar interrogantes la magnitud de la nueva obra. Es que el nuevo Aeropuerto significa el tercero a lo largo de 160 km , porque Termas de Río Hondo se ubica a 70 km de su Capital, Santiago del Estero, que sí tiene aeropuerto; y a 90k m de Tucumán, donde también existe un aeropuerto categoría internacional.

Es decir que hay tres aeropuertos que más o menos cerca están de Termas. De Río Hondo Pero el revés de esta realidad lo marcan los caminos para llegar a los poblados del interior del departamento Río Hondo. Muchos de ellos son casi intransitables.

La denominada ruta vieja, ex ruta N°9, que dirige a las localidades de Chauchillas, Sauzal, invitan al más sufriente safari donde se ve la desigualdad hasta los huesos. Allí, no hay vías de comunicación, pero sí hay personas que habitan en esos poblados. En medio de montes amarronados, se extiende un camino de tierra impregnado de cadenas de pozos que hacen de camino. La precariedad de los accesos; impide la igualdad.

Tampoco hay medios de transportes urbanos que unan los diferentes barrios de la ciudad y la juventud de los poblados vecinos concurren a diario a las escuelas secundarias, valiéndose solamente de sus pies.

Meses atrás las Termas de Río Hondo fue noticia cuando un integrante de la banda Wachiturros, DJ Memo fue detenido por presunto abuso sexual contra una menor de la ciudad. Una desaventura en la que pasó lo de siempre; la niña es castigada por la condena social, por los comentarios y por las preguntas que se lanzan al vacío: ‘¿Por qué su madre no la cuidó?‘ ‘Seguro que ella lo provocó. Hasta acá, lamentablemente, es mas de lo mismo; los idearios sociales que se niegan a entender que las relaciones entre los géneros poco tienen de democráticas.

De paso unos días por la ciudad, decidí pasear en los micros de cititur para ver los puntos de recorrido turístico obligado: la Olla , la cancha de golf, la costanera.

Casi llegando a la ruta 9 un local bailable. Entonces el Guía del paseo dijo: “acá pasó lo de la chica y el Wachiturro. Y Ayer, vi a la chica que tiene 13 años, cuerpo de 25”.

Y, para qué explayarse en los comentarios inapropiados que guardaban sutiles condenas a la supuesta víctima.

En el micro la risas festejaban semejantes comentarios. Risas de La Rioja , risas de Matedaderos. Risas y risotadas. La idea parecía ser lograr un buen paseo. Pero el único resultado fue reírse de un infortunio.

Entre todos, una mujer de gafas grandes y tintura desprolija no esbozó ni una sonrisa. Y parecía muy molesta ante la misógina situación. Estaba inquieta y tal vez se hacía la misma pregunta que esta cronista: ¿puede ser que un lugar en donde ocurrió tamaño hecho desafortunado pueda llegar a ser mostrado como un atractivo turístico?

No aguantó y replicó:

– ¿Te parece gracioso que por aparentar más edad se llegue a abusar de una chica?, gritó.

Las risas se disiparon y llegó el silencio.

Pero la mujer siguió: la víctima es victima hasta que se demuestre lo contrario.

Silencio. Así como en los teatros concluye una escena, un telón invisible cayó poniendo fin a una irrespetuosa gracia.

Cerca de una de las principales arterias, la música ensordece, chistes verdes en alto parlantes, ropas para la venta que cuelgan de los techos, de las paredes sobresalen como montañas en mesas que abarcan casi todas las veredas. Esto es así, a lo largo de más de 100 metros cerca del mercado municipal. Es una de las tantas Saladitas como existen en otros puntos del país.

Cien metros hacia las derecha, cerca de la otra arteria principal, hay kioscos y se siente aroma a milanesas, aceite refrito y chimichurri. También hay Santitos. Allá veo al Gauchito Gil ( a ese lo veo siempre en los caminos) Un joven pinta esas figuras sagradas plasmadas en yeso.

 – Los hago yo, me cuenta el muchacho y me invita a entrar en su local con salida a la calle.

Las paredes no tienen el revoque fino, todo es gris, el piso también es gris y no tiene baldosas. Sólo cemento áspero. Las figuras son de yeso y sobresalen en un blanco pulcro.

Están dispuestas en una mesa: está un santo que parece San Cayetano o San Antonio. No lo reconozco. Porque al no estar en colores se convierte en una difícil tarea interpretar su sagrada identidad.

– Hay patitos que me han encargado las maestras de una escuela, es para los alumnos: los pintarán para que sea su regalo el Día del niño. Acá atrás, le pondrán el cepillito de dientes o un jaboncito, me narra el muchacho señalando patos que por ahora son blancos.

Afuera hay mesas tendidas y servidas. Cumbia. Sanguches de milanesas cocinadas en aceite que hierve desde horas, bebidas, pieles curtidas. El grito de una mujer cargada de bolsas, que regaña a su hija: “¡Eh, chinita, éh!”. El Gauchito Gil y a su lado un perro toma sol.

Cuando me retiro de ese pueblo (aunque sea ciudad, será invariablemente mi pueblo) paso por la parroquia principal. Nunca me sentí cómoda en las misas, siempre me llamaba la atención que en las primeras filas siempre estaban sentadas las familias adineradas y atrás de ellos, todos. ¡Hasta en la casa de dios se olía algo de feudal!

Cada vez que iba al templo era porque en realidad me gustaba un chico que iba a misa de las 20 hs y como era verano no había donde conocer amorcitos juveniles. Me ponía sandalitas blancas y soleritas que mamá cosía. Me gustaba observar la ropa de las chicas más grandes; yo quería ser como ellas.

Ahora hay algo diferente, un árbol sin placa y un mural -con los registros caprichosos del tiempo- que lleva escrito los nombres de mis dos hermanos desaparecidos y de otros compañeros también desaparecidos. La última vez que fui a esa parroquia lloré hasta deshidratarme. Lloré porque en definitiva ese arbolito sería la tumba que nunca fue ni será. Nunca entendí porqué me bautizaron, si mi Padre fue un hombre sin cultos ni fronteras, decía que no quería que su prole fuese como los demás que: “tragan hostia y cagan diablos”. A los 10 años me hicieron tomar la comunión, sin embargo siempre estuve incómoda. Será porque alguna vez en los años oscuros de la Dictadura, mi familia fue paria de ese pueblo y la Parroquia está dentro del pueblo. Sí.

La parroquia lleva el nombre de la Virgen del Perpetuo Socorro y pertenece a la congregación de La Sallete. Curiosamente, hace un tiempo la virgen de La Sallete fue reproducida en una imagen bautizada como Madre de Los Desaparecidos. La reproducción fue realizada por el pintor de Colorado –EUA- Robert Lentz y lleva un pañuelo blanco en su cabeza que representa a las madres que de Plaza de Mayo.

Al costado de la nueva estampa hay una huella blanca de una mano, y dicen que representa la amenaza con que los secuestradores indicaron cual casa iba a ser invadida. Mi casa, mi familia fueron marcadas por esa huella blanca, y a veces creo que la huella será perpetua.