“Argentina es un país donde se habla mucho del discurso”

Entrevista a Silvio Waisbord

Cómo operan los medios y nuevas tecnologías sobre los procesos sociales y políticos. El especialista en comunicación Silvio Waisbord, aborda estos temas y más.


 

Frases destacadas

  • “Lo que se discute en América Latina sobre el periodismo es muy diferente a lo que se discute hoy en Estados Unidos”
  • “Cuanto más conocimiento tiene la gente sobre un tema menos impacto tendrán los medios”
  • “Pensar que la revolución fue hecha por Facebook es un caso de ombliguismo exacerbado”
  • “La tecnología no explica el proceso social político”
  • “La cobertura mediática de campañas electorales no conducen a un debate ciudadano más amplio”
  • “No hay democratización de los medios si no hay democratización de la financiación”

 

 

 

Desgrabación completa de la entrevista

Adriana Amado: Silvio muchas gracias por estar acá en Plaza de Mayo.

 

Silvio Waisbord: Gracias por la invitación.

 

AA: Hace apenas un mes publicaste un artículo sobre tu mirada de lo que era el periodismo militante y lo que era la función del periodismo en las democracias en este momento ¿Podés resumir un poco lo que planteaste ahí y también lo que generó?, porque fue bastante intenso.

 

SW: Sí, me pidieron hacer un artículo sobre lo que yo pensaba sobre la idea de periodismo militante, entonces traté de pensar qué diferentes tipos de periodismos militantes: depende de la estructura en la cual existe, cómo se financie, si se financia desde el Estado, desde la sociedad civil o desde el Mercado. Yo creo que es un tema que da para mucha conversación, en el sentido que no es fácil, ya sea contraponerlo al llamado “periodismo profesional” o al “periodismo comercial o independiente”. Sino, digamos, un poco escarbar más a qué nos referimos con la idea de periodismo militante, y que estaba planteado de una forma de un periodismo que defiende un proyecto oficial, un proyecto gubernamental. Y eso creo que levanta, digamos, muchas preguntas que es, si es un periodismo que siempre está dispuesto a apoyar un proyecto oficial más allá de los vaivenes propios de la política de compromisos y de consensos, de discusiones, de peleas y de conflictos. Cómo se financia: si se financia con dineros públicos, si se financia con dineros de militantes -en el sentido clásico de la prensa partidaria-, o si se financia con algunas fortunas personales como es el caso de muchos medios que no dan ganancias a nivel comercial, pero tienen, digamos, a un padrino, una madrina financiera. Entonces yo creo que es necesario levantar esas preguntas y generó mucha repercusión, más de lo que yo pensaba. Yo por lo general no escribo esos temas de coyuntura, pero me pidieron escribir y fue interesante desde el abanico ideológico partidario en la Argentina las diferentes reacciones sobre eso. Algunas reacciones sobre lo que yo planteaba, reacciones por haber salido en el diario La Nación, peleas entre gente que estaba en el foro mismo. Pero para mí fue un debate bastante enriquecedor y de hecho tuve debates paralelos personales con gente que me escribió que yo no conocía, que estaban a favor o en contra sobre lo que yo estaba planteando ahí.

 

AA: Hace muchos años que estás en Estados Unidos y tenés la mirada de cómo está funcionando hoy el periodismo a nivel mundial, que es sustancialmente diferente a lo que por ahí todavía los manuales de periodismo enseñan acerca de lo que es el periodista, ¿no? Por ahí está esa idea del periodismo investigador canonizada, pero a la vez alejada de lo que son los medios cotidianos.

 

SW Seguro, seguro.

 

AA: ¿Cómo ves el contraste de qué es el periodismo hoy en Estados Unidos, por ejemplo, y en Latinoamérica?

 

SW: Creo que la discusión es muy diferente. Lo que se discute en América Latina sobre el periodismo es muy diferente a lo que se discute hoy en Estados Unidos. En Estados Unidos hoy se discute cómo el periodismo está cambiando con las nuevas redes de información con las nuevas tecnologías, el fin de la prensa escrita, el fin en la prensa en televisión abierta, la gran posibilidad de tener un periodismo ciudadano, en el sentido que es un periodismo hecho por ciudadanos y no por periodistas que reciben un salario, o están capacitados como periodistas. Creo que por ahí pasa gran parte de la discusión, por lo menos en Estados Unidos. En Europa creo que la discusión es diferente porque la industria de la prensa escrita no está en crisis como sí lo está en el caso de Estados Unidos. Y en América Latina yo creo que tiene que ver con discusiones ya de varias décadas, de la prensa comercial o la conformación de grandes grupos periodísticos, en algunos casos con intereses cruzados fuera de la industria de medios, frente a proyectos desde el oficialismo, desde el Estado, de rehacer o de repensar, de reformar la industria de medios, con variantes diferentes; esta idea de la reforma de medios según el país, según el Gobierno. Creo que esa es la discusión principal hoy en América Latina, después de la década del ochenta y del noventa donde hubo una gran transformación, agudización del poder privado y comercial en la industria de medios que ha crecido exponencialmente en términos de volumen de inversión, digamos, disponibilidad en la vida cotidiana.

 

AA: Incluso, un cambio que me parece también importante es que el Gobierno, o los partidos políticos en la época de campaña están usando los medios como vehículos directos de sus mensajes con un aumento muy importante de publicidad política, de propaganda de medios que deberían ser públicos pero que en la mayor parte de las experiencias latinoamericanas se han convertido en gubernamentales…

 

SW: Sí, sí.

 

AA: Y en detrimento de ese lugar de la prensa que por ahí era el contrapeso o el intermediario entre política y ciudadanía ¿Hacia dónde va eso? … Porque… ¿Se puede invertir más en propaganda…?

 

SW: Sí, bueno. El tema de la mediatización de la política, digamos, eso no va a cambiar y se va a agudizar y se va a complejizar por la complejización misma de los medios, porque estamos asistiendo ya al fin de los llamados medios masivos. En todo caso no van a dejar de existir sino que van a competir con otras plataformas en las cuales la gente se comunica, entonces hay una cosa en donde lo masivo y lo interpersonal están mucho más acercados. Desde lo que estamos haciendo ahora como lo catalogarías dentro de las categorías clásicas no entra muy fácilmente. Pero así mismo hay, yo creo, esta idea especialmente de los políticos de la importancia que los medios tienen en la política, que es parte de esta idea de por qué hacer una reforma de medios, que no es solamente un tema del negocio comercial y la gran cantidad de dinero que se mueve, sino de este convencimiento de que te va mejor en la política si tenés control o llegada o dinero para los medios. De lo cual hay ejemplos que te muestran que es así y contraejemplos que te demuestran que no es así. Pero, digamos, lo importante o lo interesante es que más allá de lo que la evidencia académica muestre, es el convencimiento de que sigue siendo importante, ¿no? A pesar de que tengamos muchas elecciones en América Latina de gobiernos que controlan medios, terminan perdiendo, digamos, entonces… Y al revés: temas donde los medios, donde el Gobierno tiene llegada a los medios o políticos que tiene llegada a los medios puede colocar temas por su llegada misma, que te muestran que en realidad los medios pueden definir la agenda o definir cómo se discute un tema, cómo se piensa un tema. Para mí es un debate sin ganador, pero lo interesante es esta complejización misma de la comunicación política, que estamos viendo a medida que cambian lo que llamamos medios y a medida que los políticos o la política misma existe, pero no existe en su totalidad por fuera de los medios.

 

AA: Ese convencimiento de los políticos, a veces se traslada también a la gente. Nosotros tuvimos ya algunas preguntas que nos llegaron a la página de Martín, de Jekan, de Víctor, en realidad todas giran alrededor de la importancia de un determinado programa, la importancia, ¿no? si está dicho en los medios comerciales o la falta de independencia en los medios comerciales como que fuera determinante de lo que la opinión pública estuviera opinando. Vos planteabas que por ahí no es tan así…

 

SW: No es así, porque hay ejemplos que demuestran que realmente los medios pueden poner temas en la agenda y que la gente piensa ciertos temas porque aparecen en la agenda de los medios. Incluso los piensa a los temas cómo están presentado en los medios y podemos hablar de temas de seguridad pública hasta de temas de la economía y hay casos en lo cuales no es así, digamos, un principio clave que sabemos que cuanto más conocimiento tiene la gente sobre un tema menos factible es que lo que diga un medio tenga impacto. O cuanto mayor convencimiento tenga la gente sobre un tema menor posibilidad que un periodista o alguien lo convenza de algo totalmente diferente. Y la inversa, cuanto menos conoce la gente sobre algo más factible que lo que le dice un medio, un político le moldee sus ideas sobre tal tema. Pero en temas digamos, no sé, como desocupación, economía, seguridad, donde la gente obtiene información al respecto de varias fuentes. Lo que le pasa individualmente, o lo que le pasa al vecino y las redes interpersonales, lo que escuchó, entonces se complejiza mucho más. Pero en temas donde la gente suele tener menos experiencia directa, los temas obvios son lo que pasan alrededor del mundo, porque difícilmente la mayoría gente tenga acceso directo o interpersonal, es más factible que lo que pase en un medio o lo que se dice a la gente le informe sus actitudes. Por eso para mí, la respuesta de una palabra a esa pregunta es: depende. Depende de qué público, depende de qué tipo de contenido, depende del momento político. Entonces es difícil tener uno una respuesta que diga sí, necesariamente, invariablemente hay gran impacto en la política o poco impacto en la política o en la opinión pública.

 

AA: Vinculando algo que recién mencionaste, los sucesos que ocurren lejanamente y esta transformación de los medios masivos a los medios más en red, la idea de que el 2.0 y los subsiguientes pueden generar cambios sustanciales en la política y quizás las revueltas y las situaciones de Oriente han generado también cierta idealización de que con Twitter se puede hacer la revolución.

 

SW:Seguro, como yo siempre digo: Nada más occidental, digo, viviendo en Estado Unidos, o nada más norteamericano de pensar que la revolución fue hecha por tecnología producida en los Estados Unidos. Es un caso de ombliguismo exacerbado pensar que Facebook o las nuevas tecnologías desarrolladas en Estados Unidos son responsables de lo que le pasa a millones de personas, digamos, es un caso extremo pero eso lo ves en la prensa. Yo soy al revés: en realidad ver cuál es el problema en la comunicación que las nuevas tecnologías supuestamente ayudan a resolver y cómo se aplican estos casos de rebeliones inesperadas, desde la inteligencia norteamericana hasta la inteligencia rusa nadie esperaba que esto iba a suceder. Y ver en qué sentido las nuevas tecnologías o la comunicación 2.0 ha acelerado o ha servido de plataforma para hacer esto. O cómo se hacía antes que hoy se puede hacer mejor, cuando no existía el celular o Facebook, y eso no es claro todavía, hay mucha información de anécdota, digamos, pero yo soy reacio siempre a poner la tecnología por delante, como que te explica el proceso social político.

 

AA: Vos mencionabas que quizás en sociedades más desinformadas o con menos base educacional es más fácil la lógica de la influencia de los medios, y la vez nos encontramos en las latinoamericanas que además de ese factor se agrega el hecho de que hay poca conectividad. Entonces es como que tenés dos factores que están operando en que en nuestro atraso…

 

SW: Bueno, yo no lo llamaría atraso, porque yo creo que hay una mayor segmentación de públicos híper informados, y de públicos que tienen un mundo de información mucho más reducido y, cada vez, digamos, creo que esta fragmentación de los medios lleva a los reforzamientos de islas informativas. Que hace treinta, cuarenta años las chances de informarse eran muchas menos y que mal o bien, más allá de las diferencias políticas, ideológicas, étnicas o religiosas, la gente se informaba más o menos de los mismos lugares, más allá de que estuviera bien o mal. Hoy en día es como si estuviéramos viviendo en mundo informativos paralelos, creo que en América Latina no es tan así como sí lo es en Estados Unidos o en Europa, y tiene que ver con el dato que estás hablando que es el acceso a las nuevas tecnologías ¿Cuáles son las consecuencias políticas de eso? No estoy tan seguro y mi intención no es hacer futurismo. Pero digamos, es cierto que es más difícil que la misma audiencia esté expuesta a la misma información en el mismo momento, que era el modelo clásico de la televisión en su época de auge cuando era “el” medio, o la radio en su momento, o los diarios en su momento. Hoy vamos en un momento mucho más de complejización de eso, ¿no? ¿Y qué efectos tiene eso en la movilización política? Depende. De nuevo, creo que es muy difícil generalizar, en el sentido que hay movimientos sociales que utilizan de una forma muy inteligente las nuevas tecnologías para lograr sus objetivos políticos, y otros en donde en realidad las nuevas tecnologías les sirve como una ventana hacia el mundo, una ventana de opinión, no de movilización política. Por eso digo que no pensaba las redes sociales, por ejemplo, solamente ligadas a la movilización política. Tiene una forma de participación, en algún sentido, bastante impersonal en el mundo informativo.

 

AA: Ahora, también pasa que hay un mayor desenganche de la ciudadanía con el proceso político. Nosotros ahora estamos empezando elecciones y pasa un poco lo que vos alguna vez escribiste, ¿no? de la banalización del escándalo. Las elecciones son escandalosas siempre porque se basan en la disputa, se basan en la controversia más que en la lógica propositiva, y entonces es como que forma parte ya del paisaje cotidiano…

 

SW: Sí, exactamente. Parte del ruido, digamos, del papel que está alrededor nuestro que no nos damos cuenta que existe, y que a mucha gente, en la democracia justamente eso es lo que aparece. Yo no estoy que seguro que si se discutiera realmente de política y de propuestas y de, digamos temas más específicos para solucionar problemas, si la gente prestaría más atención. Quizás sí, pero no estoy convencido, que sea necesariamente eso, o por lo menos no hay datos que demuestren que si tenés una cobertura que no es sensacionalista, que no está guiada solamente por el conflicto, o por la pelea o por la reyerta ante dos figuras políticas que necesariamente la gente le preste más atención. Sabemos que ese tipo de cobertura hace que la gente no se motive y no se interese. Pero no sabemos si lo opuesto es verdad, digamos una forma de involucrar más a la gente en los asuntos públicos. Y también sabemos que hay códigos en los medios que son reacios a la conversación más, digamos, de largo tiempo, de discusión sobre propuestas políticas, ¿no? Esto es mucho más difícil para los tiempos en los códigos de periodismo ya sea audiovisual o el periodismo escrito y que mucha gente tampoco tiene interés aunque esa información esté disponible. Entonces yo entiendo por qué mucha gente culpa a los medios, digamos. Los egos de los medios hacen una cobertura de campañas electorales que no conducen a un debate ciudadano más amplio. Pero también yo creo que parte de la ciudadanía tampoco está desesperada por inmiscuirse en un debate público sustancial y de política, incluso de temas que le tocan muy de cerca, que preocupan: desde el trabajo, hasta la economía, hasta la educación en épocas electorales. No lo digo como provocación, lo digo porque es necesario reexaminar esa premisa, que la gente quiere una cosa y los medios y los políticos, por razones diferentes, le dan otra cosa.

Por parte de un ciudadano híper informado que quiere más información,y que realmente es necesario ver si es así, ¿no?

 

AA: Y entonces hacia dónde te parece que va la discusión política, hacía dónde van las campañas. Vos escribiste un libro de las campañas argentinas hasta los noventa…

 

SW: SÍ

 

AA: Viendo esta última década…

 

SW: Que las tendencias digamos, observadas desde los noventa se han profundizado. Son campañas mucho más, yo he hablado de campañas más empresariales en las cuales es el candidato y no el partido el que arma su propia candidatura, campañas pagas en el sentido de que, bueno, la mano de obra ya no es la mano de obra voluntariosa, sino que se paga gran parte del trabajo. En una época era trabajo por compromiso con la causa o con candidatos o candidatas. Y mayores costos, ¿no? Por costos de los medios pero por otras razones que no tienen que ver solamente con el costo de la política mediática. Creo que la tendencia sigue a eso y que es la misma lógica que absorbe las nuevas tecnologías. Hay usos interesantes o intentos de usos interesantes de comunicación más directa desde un representante, un político con los votantes ¿Hasta qué punto eso genera un debate cualitativamente diferente? No estoy seguro. Son experiencias, no las desmerezco. Pero no sé hasta qué punto reemplazan a la política mediática de arriba hacia abajo, vale decir. Yo a través de un programa periodístico o de un anuncio publicitario le hablo al público más que generar un diálogo que es, creo, lo que usualmente falta eso. Para mí lo que sería más interesante es hablar, digamos. Es un país la Argentina donde se habla mucho del discurso.

 

AA: Sí.

 

SW: De lo que se dijo, de lo que vos dijiste en un momento, de lo que apoyaste en su momento. Para mí es más una cuestión de hechos, ¿cómo se votó? Por qué se… A esta altura del partido todo político tiene un record, un legajo de… no solamente qué lo que ha dicho, que es el discurso que nos fascina y después vemos horas hablando de esto, sino en los hechos mismos: qué dijo, cómo votó frente a un tema muy particular cuando fue Gobernador, cuando fue Senador cómo se comportó. No es el discurso, pasa que eso requiere más trabajo.

 

AA: Claro, que esa es la lógica esta de la rendición de cuentas…

 

SW: Exactamente, es la lógica de la rendición de cuentas de la transparencia, digamos. No estamos en el año ochenta y tres dónde todo el mundo había como renacido políticamente y no tenía… bueno había gente contradictoria.

 

AA: Por empezar de nuevo

 

SW: Claro. Hoy en día, mal que bien, hay casi 30 años y bueno, y muchas personas tienen un récord bueno, que eso hay que explicarlo, hay que entenderlo, hay que discutirlo porque te da una idea de quién es, y cómo piensa cómo está parado frente a ciertos temas, y ver cómo esas posiciones se empatan con lo que la ciudadanía espera, quiere.

 

AA: Hay una pregunta que nos hace llegar un internauta, que tiene relación, Robi Villarruel dice: “los medios instalan el sentido común, las redes lo cuestionan”, pero yo agregaría: pero a veces ese sentido común que es el que te lleva a decir “fulano votó tal cosa” tampoco importa, porque vos sabés o que tuvo un hecho de corrupción gravísimo o que tiene varias causas abiertas. Si el discurso fuera tan poderoso, ese solo procedimiento…

 

SW: Seguro, hay teorías económicas que muestran elección tras elección en Estados Unidos o en Europa que en realidad la mejor variable que te predice un resultado electoral es la economía, el resto es lo que hablamos, lo que discutimos, lo que pensamos como comunicólogos, que obviamente vamos a decir que es importante. No vamos a decir que lo más importante es si la gente tiene más plata en el bolsillo o más poder de consumo o qué sé yo. Pero hay, entonces, que plantear qué influencia tiene en el proceso de decisión, que tiene desde participar en la política hasta el voto mismo, qué factores determinan eso. Esas situaciones donde factores no económicos son más importantes. Entonces sí, hay elecciones en las cuales factores no económicos no te determinan el electorado pero también hay cierta parte del electorado que puede llegar a ser determinante. Entonces eso también es lo que sabemos en la comunicación política: no es que los factores no económicos no importan, pero si son “manejados hábilmente”, pueden ser potenciados en cierto segmento del electorado que o no vota o no sabe por quién votar, entonces hablamos, no del electorado militante que siempre va a votar igual sea quien sea el candidato porque sino sería como traicionar a su pasado a sus convicciones, sino a un electorado que está más dispuesto a votar por otras razones. Entonces es un electorado que en muchas elecciones llega a decidir para un lado  o para el otro. Por eso es una cuestión muy particular, muy de segmento, más de que hablar de medios construyen la opinión pública, construyen el sentido común o que eso determina una elección. Para mí es curioso porque hay mucha evidencia académica sobre esto pero en realidad muy poco de esto es utilizado en la comunicación estratégica política.

 

AA: A ver, ¿evidencia académica en qué sentido?

 

SW: En el sentido de cuándo y sobre qué temas los medios o la publicidad electoral pueden realmente cambiar la conducta o las actitudes que la gente tenga sobre una candidatura. Por eso hablamos sobre temas muy particulares, por ejemplo, lo que se habla en Estados Unidos: que las ultimas elecciones han sido ganadas, no porque la economía le iba bien o mal al gobierno necesariamente, sino porque los que han ganado a nivel presidencial han descubierto un segmento del electorado que podían movilizar con ciertos temas, para volcarlo de un lado al otro. Es un país donde el voto es optativo, está bien, entiendo que es diferente que en un país donde el voto es obligatorio. En el caso de los pibes pasa algo así, por eso hay temas que se tratan de punzar desde la política para sacar ese voto, para movilizar ese voto, que son temas muy muy puntuales, que van desde temas vinculados con la inmigración, temas vinculados, con lo religioso, temas vinculados con la seguridad. Temas vinculados con la economía es un poco más difícil porque la gente tiene más…, tiene su bolsillo que le está diciendo cómo le va en la economía a nivel personal diariamente. Es más difícil convencer a la gente “mire, la economía es un desastre” o “la economía está bien” ¿Por qué? Porque hay más fuentes de información y más creíbles.

 

AA: La padecés o la disfrutás

 

SW: Exactamente, y porque es más creíble. Que un candidato, un político que aparece y que le dice algo o un medio que le dice. Sobre otros temas quizás es más factible que la publicidad política pueda afectar en cierta gente la percepción que se tiene, especialmente cuando se tiene un mundo informativo muy pobre, o conoce poco y nada a un candidato, por ejemplo. Eso también está probado: en caso de candidatos desconocidos es más factible moldear lo que la gente piensa sobre ese candidato, a favor o en contra. Pero los candidatos que son muy conocidos, está cada vez más complicado. Pero para mí lo notable es, no te diría el divorcio pero sí la separación, que hay entre cómo se ejecuta esto desde la política y lo que sabemos en la academia sobre cuándo hay poder de decirle a la gente en qué pensar y cómo pensar sobre estos temas

 

AA: Igual también habría que decir que no toda la academia, por lo menos no acá en la Argentina, admite estas corrientes de investigación mucho más pragmáticas, mucho más operativas, sino que sigue trabajando con lógicas o esta lógica discursiva que a veces te hacen perder la perspectiva del día a día de la comunicación.

 

SW: Sí, creo que en ese sentido lo que se discute en la academia, nuestra Academia de América Latina, es muy diferente a lo que se discute fundamentalmente en Estados Unidos o en Europa que se discute otra serie de temas. Hoy en Europa se discuten muchos temas de multiculturalidad, de diversidad. En comunicación son temas centrales en lo que se está discutiendo hoy, no son temas centrales en Estados Unidos, la comunicación hoy está muy influenciada por la psicología cognitiva, la psicología experimental, de hecho en la revista nuestra recibimos muchos artículos que tienen ese tipo de enfoque. En América Latina tiene que ver con temas que históricamente han pegado muy fuerte en la comunicación y en el estudio de la comunicación en América Latina: temas de participación, temas de representación, temas de identidad. Que no son, te voy a decir, preocupaciones centrales en lo que es la Academia Europea o la Academia Norteamericana, que vienen de unas vertientes intelectuales bastante diferentes. Siempre está Francia que es la excepción a lo que es dentro de la discusión europea, porque es una tradición muy propia, muy diferente a las otras tradiciones en investigación de comunicación. Lo que se discute acá sobre la reforma de medios que hablábamos antes, no es un tema central en Europa hoy en día y ni siquiera en Estados Unidos que está en una situación de crisis lo que es la radiodifusión pública, por ejemplo, o los medios comerciales una crisis financiera. No es un tema en el centro de la discusión.

 

 

AA: Bueno, justamente Martín nos preguntaba por tu opinión acerca de la televisión pública, él lo hacía específicamente, porque aparecen ciertos programas que focalizan muchísimo en la defensa de la gestión gubernamental. También se ve en la Agencia Estatal de Noticias, en un montón de soportes porque creo que también está relacionado con esta idea académica de que la batalla es discursiva, entonces si peleamos discurso contra discurso es como si fuera la suma, dos discursos con dos discursos lo neutralizamos.

 

SW: Sí, Por eso. No quiere decir que no sea… Decir que tiene importancia pero relativa y condicional no quiere decir que no sea importante. Sino de darle su importancia debida.

 

AA: Pero cómo ves los medios públicos.

 

SW: Primero yo hablo de medios públicos y no medios estatales. Creo es fundamental tener esta distinción. Los medios públicos, más ligado a lo cívico y no ligado a lo estatal. Yo siempre trato de que pensemos el Estado y el Mercado de la sociedad civil y cómo los llamados medios públicos, o medios estatales se posicionaron frente a esto ¿Por qué?, porque yo creo que hay una tradición en América Latina de oponer lo estatal, llamándolo público, a lo privado o a lo mercantil, dejando de lado lo que es la gran discusión y la gran innovación que se ha pensado en las últimas décadas, particularmente en el tema de la sociedad civil que para mí es lo que tiene que estar al centro de lo que es la democracia y pensar la comunicación en democracia. Que es cómo la sociedad civil asume un rol protagónico en lo cual conservas una autonomía importante de lo estatal, de la lógica del poder puro o de la lógica del mercado que es la otra lógica del poder. Porque sino estamos colapsando la democracia con lo estatal o la democracia con el mercado. Y creo, mi inclinación normativa es que en realidad la democracia tiene que ver con la sociedad cívica, con la sociedad civil y con lo público entendido desde esa forma, no absorbido por el Estado. Eso es otra cosa, es otro modelo de democracia, que podemos discutir, pero por diversas razones no creo, especialmente en el contexto de América Latina, lo más importante, debido a la riqueza, a la multiplicidad, la cacofonía que es la sociedad civil en América Latina.

 

AA: La Ley de Medios que se sancionó el año pasado da un espacio a esta lógica y la sociedad civil obviamente a los medios tradicionales, en estos medios que ya están más próximos a extinguirse que a florecer, pero la gran paradoja es que no brindan forma de financiamiento, entonces esa sociedad civil que por ahí desde la lógica norteamericana se ve como independiente, sobre todo la sociedad civil que puede empezar a tener participación en los medios queda supeditada al financiamiento o a la facilitación de recursos desde el Estado

SW: Coincido absolutamente. Para mí no hay democratización de los medios si no hay democratización de la financiación. Si querés un titular para mí tiene que ver con eso. No es solamente democratización de la propiedad, porque sino estás generando una licencia para buscar dinero y no lo solucionas en lo que es un sistema que todo necesita recursos. Todo necesita recursos: para hacer un periodismo caro o barato necesitás dinero, para mantener una radio, haciendo una radio de barrio o una radio que llega a mucha más gente necesitás fondos. Y un periodismo de calidad, que realmente haga un público, suele costar dinero, sino hacés algo que es interesante, que es válido, pero no es todo lo que es periodismo particularmente hoy en día. Por eso yo digo que el periodismo ciudadano es válido pero no desmerece o invalida o excluye ciertas formas de lo que es el periodismo tradicional, vale decir, gente que tiene un recurso, vive en una estructura, una construcción pública, una construcción privada en la cual genera noticias, genera información, trata de generar opinión. Por eso yo creo que el tema es una de las grandes preguntas.

La segunda gran pregunta es el tema de la Ley de Medios, es las experiencias que tenemos de sistemas públicos que son sistemas parlamentarios y con partidos políticos fuertes, vale decir, desde el caso de la BBC o el caso de las democracias escandinavas o el caso de Alemania antes de la irrupción de la televisión privada en las últimas décadas. Lo que tenés es un consenso muy fuerte entre las fuerzas partidarias principales de izquierda y de derecha sobre los medios públicos. En un sistema parlamentario que se trata dentro de lo posible o se crea una institución independiente como es la BBC que está en tensión permanente frente a la lógica invasiva del estado de controlarla o del mercado en su momento. O el modelo holandés o belga en el cual se divide según la representación de fuerzas políticas y cada uno tiene su radio, televisión, incluso en tema de subsidios a medios partidarios en el caso de Francia, para digamos, mejorar la imperfecciones del Mercado. Eso necesita un consenso político muy fuerte en un sistema parlamentario con partidos políticos fuertes. Nada de eso existe en Argentina, por eso para mí es un laboratorio muy interesante lo que va a pasar ,y no lo digo con optimismo o pesimismo, lo digo genuinamente con interés intelectual de cómo en un sistema político muy diferente a aquel que generó esta idea de un sistema público puede llegar a funcionar eso. O tratamos de encajar algo que no es obvio. No hay otra experiencia, yo te diría, de sistema de televisión pública con el alcance o la ambición que tiene incluso en América Latina. Por eso para mí es un caso interesante y que como toda ley una cosa es su espíritu técnico y otra cosa es su aplicación política, y eso también es importante seguirlo de cerca ya sea desde tu rol de académico o de periodista o desde la política misma…

 

AA: O de ciudadano

 

SW: Claro

 

AA: Y para cerrar, ¿cuál fue tu impresión en este viaje?

 

SW: Bueno estoy hace unos días así que es difícil. Pero la impresión como toda impresión siempre se deja dada para dónde vas, con quién hablás. Pero noto que el humor argentino siempre está muy afectado por la economía fundamentalmente. Yo vengo acá y encuentro como unas instantáneas de lo que está pasando y que mucho del color de las instantáneas está ligado al humor económico, el humor urbano argentino o porteño está ligado está colorado por la idiosincrasia propia nuestra. Pero creo que tiene que ver eso también. Y creo que hay una cierta tranquilidad o por lo menos por lo que veo, por lo que escucho, por lo que leo, por lo que comentan, no te diría alegría, pero te diría que el tema económico no parece ser obsesión de muchos. No porque se haya solucionado la economía ni mucho menos. Pero todo es relativo, a eso voy.

Y otro tema es el tema de la seguridad o de la vida cotidiana, digamos, que el argentino está muy acostumbrado, y eso te lo digo desde una sociedad muy diferente, a una vida cotidiana demasiado impredecible: nunca sabés lo que te va a pasar el resto del día. Y hoy parece que esa realidad cotidiana está más predecible de lo que históricamente fue propiamente en algunos momentos de las últimas décadas, que eso también es, te digo, sobresale eso. Te lo digo yo viviendo en un país donde sabés exactamente lo que va a pasar día a día porque nunca varía esa cotidianeidad. Y dentro de eso yo veo, a pesar de haber una polarización política bastante fuerte, que es entendible y que no es sorprendente, digamos. Pero lo veo eso y según amigos míos muy a favor o muy en contra del actual Gobierno.

 

AA: Bueno les agradecemos a los oyentes o espectadores. A Víctor , a Roy, a Martín y a Jekan , y sobre todo te agradecemos a vos que compartieras este rato de la tarde con nosotros. Buena estadía.

 

 

 

Silvio Waisbord es profesor y director de estudios graduados en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos en la George Washington University en Washington, Estados Unidos. Es editor de la revista académica International Journal of Press/Politics.
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