Spinozo

Mi camino a la beatitud tiene como punto de partida genitales bien dispuestos.

La ridícula comedia humana de tener que ponernos a llorar por cosas que en el pasado nos dieron muchísimas satisfacciones.

Los protestones y quejosos al poder.

Todo lo que decimos es para parecer más inteligentes.

El gobierno del pueblo nos está licuando los ahorros:  debe ser alguna enfermedad autoinmune nueva.

Todos los descubrimientos que las mentes brillantes dieron al mundo fueron hechos en soledad, no en reuniones de amigos.

Hay que acostumbrarse a no decir lo que ya está dicho.

Pensar es resentir las cosas.

El mundo duele en la manera que lo pensamos; pero lo pensamos como podemos, no como se debe.

Para odiar con razón primero hay que conocer la verdad.

Ser mediocre y brillante no siempre es incompatible.