Nicolás Wiñazki habla de La Dueña con el equipo de Lanata sin filtro

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Cristina no tiene amigas. Ni una sola.

Es cierto que transita por las cornisas arduas de la hostilidad que aún provoca el hecho de ser mujer, una mujer con tanto poder. El atávico machismo argentino la tacha de histérica, y parece percibirse, sobre todo desde el luto que no se quita, una especie de anatema tácito que le llega precisamente por ser mujer: el de bruja. Incluso, en algún sentido, el de viuda negra.

En ese sentido, corre con desventaja respecto de Néstor, que tenía a su favor lo opuesto, el prestigio simbólico que le daba ser hombre, primus inter pares entre los machos peronistas.

El Estado cleptocrático autoritario tiene, con Ella, cara de mujer.

La relación de Cristina con los hombres es asimétrica. Ella tiene el poder. (Solo con su marido era simétrica y horizontal.) Desde su muerte, ningún hombre la domina y Ella domina a todos.

¿Cómo es su relación con las mujeres?

Con su cuñada Alicia, el vínculo no fue históricamente bueno. Tras la muerte de Néstor, recuperaron algo de respecto y afecto mutuo, pero los viejos enconos familiares volvieron a distanciarlas en privado. Lo cuentan quienes tuvieron trato cara a cara con ambas cuando Cristina estuvo internada. Se trata, efectivamente, de cuestiones privadas, pero con indudable efecto público en este caso.

La relación con su madre es la esencia de todo. Ofelia es terca, dura, estoica, de Gimnasia y peronista. Cristina es terca, dura, estoica, de Gimnasia y no es visceralmente peronista. Es mucho más cristinista que peronista, según todos los que la conocen bien. A veces ha tenido destellos de peronismo por comparación. Después de conocer a Hugo Chávez, la Dueña le decía a Kirchner, arrobada:

-¡Es Perón, este tipo es Perón!

Cristina ha sido chavista, en todo caso. Para Ella, Chávez es Perón idealizado.

Con su hija Florencia, Cristina ejerce de madre a distancia. Florencia estuvo siempre apegadísima a Néstor, y viceversa.

Con su hermana Giselle, Cristina mantiene una relación muy compleja. Giselle la pone nerviosa, literalmente.Ella está en la cúspide y su hermana transita por fronteras psíquicas que la eclipsan desde siempre.

Con su suegra, María Ostoic, Cristina era agradecida y respetuosa. La lloró sinceramente en su velorio.

Cristina parece tener relaciones pendulares con las mujeres. Ocurrió con Lilita Carrió. Se respetaban, pero al final se convirtieron en contrafiguras acérrimas.

 

 

Otra mujer políticamente relevante para Cristina fue Graciela Ocaña. Es una historia que comenzó con una admiración asimétrica. «Una gran admiración», enfatiza Ocaña hasta hoy. Compartió con Cristina la Comisión de Lavado, en la que también estaba Lilita Carrió. Corría 2001, y las tres mujeres se respetaban.

 

-Era una mujer que peleaba -evoca Ocaña con lenguaje coloquial- Cristina decía las cosas que había que decir .[…]

Todo empezó cuando Cristina asumió el poder. Ocaña pensaba -y no era la única- que Cristina apuntaría, según lo había enunciado muchas veces, hacia la consolidación de un modelo socialdemócrata. Pensaba a priori que los ministros más cuestionados del Gabinete de Néstor Kirchner, empezando por De Vido, no formarían parte del Gabinete de Cristina.

Antes, cuando se barajaba sobre la disyuntiva de la continuidad de Néstor como candidato a presidente, o la irrupción de Cristina, «pingüino o pingüina», Graciela Ocaña fue una de las más felices porque veía a Cristina presidente.

-Me puse muy contenta y fui una de las que, junto con Di Tullio, Patricia Vaca Narvaja y Marita Perceval, apoyábamos la candidatura de la «pingüina». Creíamos que para la siguiente etapa se necesitaba la construcción, los grandes cambios en educación, en salud, la modernización institucional del país. Las reformas son de mediano y largo plazo. Para una reforma educativa necesitás un consenso amplio. Me parecía que Cristina estaba más capacitada para eso, porque Néstor era un hombre de confrontación, Cristina era una mujer del Parlamento. Ella estaba acostumbrada a que del Parlamento no salieran las leyes por voluntad, porque por más que tengas mayoría siempre implica una negociación, ceder, acordar. Creía que Cristina tenía una visión más dura respecto de los temas de corrupción.

[…] Lo interesante es la simulación. Cristina fue lo más diferente de sí misma que alguien pudiera imaginarse. Este es el punto central. Su transmutación de socialdemócrata retórica en líder brusca y personalista revela tal vez el rasgo central de su personalidad. Antes de acceder al poder total, sabía mostrar su lado luminoso. Ya en el poder, exhibió su lado oscuro. Se trata, diría tal vez Élisabeth Roudinesco, de un caso de perversión. Es algo más profundo y grave que la demagogia. Es más que cinismo, es una característica que no solo remite a Cristina sino a la sociedad toda.

Dice Roudinesco: «Los perversos son aquellos a quienes las sociedades humanas, preocupadas por desmarcarse de una parte maldita de sí mismas, han designado como tales». La cuestión aquí es que Cristina fue designada como perversa por una parte de la sociedad, depositando en Ella todo el mal, conjurándose como sociedad, exorcizándose. Pero, para otra parte de la sociedad, Ella es infalible, bella, indiscutible. Esa es la fractura. Es el espacio profundo de la división argentina.

En el Medioevo comenzó la literatura sobre las brujas y la animadversión social hacia mujeres que presuntamente portaban todos los maleficios y la posibilidad de envenenar, de inocular lo demoníaco, de dispersar y propagar el espanto. En simultáneo, comenzó el culto a la Virgen María, inmaculada, piadosa y sacrosanta. Las mujeres eran entonces vírgenes, en el sentido literal del término, o brujas.

Para un sector de la sociedad argentina, Ella es una bruja. Y para otro sector, Ella es una reina virgen, alejada de todo mal. No hay términos medios.

¿No ocurrió algo muy parecido con Evita? ¿Una mujer con poder en la Argentina podría escapar al sentido dicotómico que estigmatiza o santifica a las mujeres de acuerdo con esa lógica medieval y divisoria?

[…] Eva encarnaba lo que los antropólogos denominan coincidentia oppositorum: marginal y central. Esa coincidencia de opuestos operó como vector para su entronización mitológica.

¿Será Cristina un mito argentino?

¿O Esta mujer, que no es Esa mujer, quedará limitada al despreciable panteón de los corruptos?.

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2 pensamientos sobre “Nicolás Wiñazki habla de La Dueña con el equipo de Lanata sin filtro

  1. Estoy leyendo La Dueña. Creo que en el Capítulo dos (pagina 86) se ha cometido un error de cita histórica al referirse a los hechos de Ezeiza del 20 de junio de 1973. En esa oportunidad Peron NO BAJO EN EZEIZA sino en la Base de Moron. Tampoco llovía por lo cual mal podría haber abierto Rucci el paraguas. Esta ´ultima situacion (el paraguas de Ricci) ocurrió cuando Peron viajó en el vuelo charter en noviembre de 1972. Atentamente …Francisco

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