Sirvén: “Víctor Hugo Morales muestra un odio visceral hacia el periodismo”

El periodista, secretario de redacción del diario La Nación, editó una biografía no tradicional sobre Víctor Hugo Morales. En exclusiva para El Tribuno brindó detalles de un libro que ya generó cruces y polémica.

Acaba de editar el libro “Converso”, una palabra con un fuerte significado religioso ¿por qué la eligió?

La primera vez que llamé converso a Víctor Hugo Morales fue en una nota que publiqué a comienzos de 2011. La palabra me vino a la cabeza y antes de usarla fui al diccionario de la Real Academia Española, porque no quería ser insultante. Y me parecía que podía tener alguna connotación de este tipo, pero significa “cambiar de religión”. No me pareció que fuera insultante. Después encontré además que la palabra tenía muchos juegos internos, que me servían para mi personaje. Por ejemplo: “converso” es la primera persona en singular del presente del verbo conversar. Y él es un relator. Me gustaba converso, de conversación. También, si dividís la palabra es “con verso”. Hay un capítulo en el libro que se llama “Versero”. Todo eso está incluido en el título.

Dedica un apartado especial a los conversos ¿qué lo motivó a hacerlo?

Hice un capítulo que se llama “Los conversos” porque el tema es muy interesante y no se agota solamente en lo religioso, si bien es el costado más importante. En la política se da muchísimo. Se ha dado tanto en democracias como, especialmente, en regímenes autoritarios. Esos agentes estatales del nazismo que, en pocas semanas, se reconvirtieron a agentes estatales del stalinismo porque cayó el Tercer Reich. En poco tiempo pasaron de la ultraderecha a ser de ultraizquierda sin ningún tipo de problema, con ese énfasis muy forzado del converso por interés. El caso más paradigmático de converso genuino es el de San Pablo: alguien que persigue a las primeras comunidades cristianas, camino a Damasco se cae del caballo. Se pega un mal golpe, religiosamente dicen que tiene una fulguración, y a partir de ese momento se convierte en cristiano. Las primeras comunidades lo miran como diciendo: “¿Este, ahora a qué viene?”. El director de la revista Criterio, José María Poirier, especialista en estos temas, me dijo que los conversos necesitan enfatizar. Hace poco el papa Francisco convirtió islámicos al catolicismo y yo tengo una amiga que era judía, se casó con un católico y se convirtió. La gente que es genuina no tiene ningún problema en decir: “Sí, me convertí”. San Francisco de Asís era multimillonario, se despojó de sus riquezas e hizo votos de pobreza. Esos conversos van felices por la vida. Ahora, cuando hay algo que no cierra y hay algo raro, no gusta nada que te digan converso.

¿Cómo reaccionó Morales?

Yo sé que Víctor Hugo no está muy feliz de que haya salido un libro con el título “Converso” ¿Por qué lo llamo “converso” a Víctor Hugo? Porque, si bien el tiene su inquina, su odio hacia Clarín y hacia las transmisiones de fútbol por TV desde mucho tiempo antes que el kirchnerismo, vio que el Gobierno, que había sido muy amigo del Grupo Clarín, a partir del conflicto con el campo le declara la guerra al grupo. El dice: “Este colectivo que está pasando a mí me deja bien, lo tomo. Y no solamente me lo tomo, sino que además lo voy a manejar”. A partir de ahí, empieza a inclinarse. En lo que era muy severo y crítico con el kirchnerismo, empieza a hacer una rotación suave con la estatización de las AFJP, Aerolíneas Argentinas y especialmente con la sanción de la ley de medios, en noviembre de 2009. Pero hay un día rotundo en el que él hace un giro definitivo: el 2 de febrero de 2010 ¿qué pasa ese día? Néstor Kirchner llama al mediodía a radio Continental, pide hablar con él. Víctor Hugo, como tantos otros periodistas, venían, en ese momento, criticando que Kirchner hubiese comprado dos millones de dólares. En ese momento está cayendo Lehman Brothers, está comenzando la recesión en Europa y Estados Unidos. La Presidenta, la esposa de Néstor Kirchner, hablaba contra los especuladores y sonó mal que su marido hubiese comprado dos millones de dólares. Kirchner le explicó a Víctor Hugo que él compró esa cifra monumental no para especular, sino para hacer una inversión inmobiliaria, pero además, según su declaración de bienes, tenía el dinero para esa inversión. Nunca se supo muy bien por qué compró los dos millones de dólares. Sin embargo, para Víctor Hugo fue palabra santa y a partir de ese día comenzó a militar con énfasis de radio rebelde de La Habana. Cada mañana, todo a favor del Gobierno. El dice que tiene algunas críticas. Pide que salga la ley de aborto, es la única diferencia con la que ha insistido, pero después. Lo he estado escuchando muy atentamente un año seguido para hacer el libro. Y son todas cosas a favor.

¿Cómo concluyó que Víctor Hugo no es un converso genuino?

Creo que hay varias cosas que a él genuinamente le interesan. Por ejemplo, que el Gobierno haya declarado enemigo público número uno a Clarín es algo genuino, que él ya traía. Que el Gobierno haya estatizado las transmisiones de fútbol por televisión es algo que él pedía a gritos y el Gobierno lo concedió, entonces es genuino por ese lado. Y, si bien él se declara como la persona que más plata ha ganado en la radio y declara una fortuna de diez millones de dólares, tiene su corazoncito, dice, progre, a la izquierda. Alguna de las medidas que ha tomado el Gobierno creo, sinceramente, que lo impactaron bien. Además creo que él tiene derecho, como cualquier persona, a cambiar. No pasa por ahí. Pasa, como decía antes, por ese énfasis muy particular que le mete a todos los temas, todos los días, para minimizar todo lo negativo del Gobierno, maximizar todo lo bueno, entrevistar a todos los altos funcionarios que no hablan con los otros medios y no repreguntarles casi nada y mostrar además un odio visceral hacia el periodismo. Con lo cual, o es un renegado del periodismo o se considera fuera del periodismo. Y por lo que yo decía anteriormente: si el converso es genuino, no tiene ningún problema en recibir ese calificativo. El odia que le digan que es converso, lo asume como un verdadero insulto. Con lo cual, a mí me hace pensar que hay por lo menos una parte de su conversión que no es realmente genuina.

Se dice que Víctor Hugo lo invitó a mostrarle ciertos documentos personales…

Yo cuento ese episodio: fue cuando la pesificación famosa, que él fue como el auspiciante. La Presidenta lo tomó. Ambos hicieron eso con resultados: hoy el dólar está casi a diez. Si lo hicieron, perdieron muchísimo dinero. No se entendió muy bien para qué era, no parecen haber tenido mucha gente que los siguiera. En ese momento yo escribí en una nota en lanacion.com, no en el papel, que sería bueno que los dos, tanto la Presidenta como Víctor Hugo, mostraran sus documentos de cómo habían pesificado, ya que habían hecho tanta publicidad. Entonces él, en su sitio de internet puso que con gusto me mostraría todo. Como él venía de un encuentro con el jefe de Redacción de la Revista Noticias, con Edi Zunino, con el que hizo una especie de show. Lo grabó, mostró que la nota tenía veinticuatro errores, lo subió a su sitio y después se burló en el programa. Eso fue poquito después y yo dije “Quiere hacer un Zunino dos”. Y puse en Twitter que no me iba a prestar a su show, que si quería, por sus propios medios, en alguno de los espacios que tiene podía darlo a conocer. Me pareció que no debía prestarme en ese momento. Eso fue en agosto del año pasado. En febrero, cuando tenía el libro avanzado, le mandé un mail a su productora que, luego de unos mails, me dice que Víctor Hugo me va a recibir. Un día Víctor Hugo me manda un larguísimo mail donde hacía una autodefensa de por qué no era un converso. Hubo dos cosas que no me gustaron. Una, que me decía si no tenía miedo a la ira de Dios, si no tenía seres queridos, madre, sobrinos, pareja. Que me pareció un poco una apretada. Y dos, que me inquietó más, que me dijo: “Ya te veo triunfante entrando a la feria del libro con Luis Majul, Jorge Fernández Díaz y Lanata. Y yo había hablado nada más que con ellos tres. Ni con la editorial ni nada.

¿Cuál fue su respuesta?

Le contesté que pasaba por alto su velada amenaza y su grosero espionaje y que podíamos encontrarnos. Se dio por ofendido. Entonces no se hizo el encuentro. Esta semana dijo en la radio que me desafiaba a encontrarnos. Ahora no tengo ningún interés en encontrarme con él. Le pedí reunirnos antes del libro para aclarar cosas. Ahora no, show no. Aun así, la voz que más se escucha en el libro es la de él. Yo le había ofrecido terminar el libro publicando ese mail larguísimo y darle la última palabra. No me autorizaron. Y en su página de Internet ahora está colgado todo nuestro intercambio de mails que termina con un mail de su productora diciéndome: “No te autorizo a publicar nada”.

¿Por qué escribió una biografía sobre Morales?

Yo tomo a Víctor Hugo porque es un número uno, es una figura popular, es el más formidable relator de fútbol rioplatense de todos los tiempos. Entonces me pareció que era interesante, justamente el emblema del converso, que representa que abajo hay un montón de “conversitos”, pero que no son significativos para la historia esta.

Tiene relación con su libro anterior…

Yo lo tomo a él como una excusa, como un eje. Esta biografía no convencional tiende un puente con un libro anterior mío: “Perón y los medios de comunicación”. Ahí vi como funcionó el peronismo original, el de Perón y Evita, el de los años 50, y cómo fueron armando un aparato de comunicación muy fuerte, muy cerrado, que fue dejando afuera las voces críticas. Ahora los inquilinos del peronismo son los kircheristas, son los que actualmente están a cargo del aparato partidario de ese movimiento y a cargo del poder central en la Argentina. Reproducen algunas cosas del peronismo original, pero perfeccionadas, a través de la pauta oficial que corre de a millones y de que han creado una cantidad de medios artificiales.

El Perfil

Pablo Sirvén nació en 1957 y es secretario de redacción del diario La Nación. Estudió en el Institufo Grafotécnico y realizó posgrado en la Fac. de Cs. de la Información de la Univ. de Navarra (España). Es autor de libros: “Quién te ha visto y quién TV”, “El rey de la TV”, “Estamos en el aire” (con Silvia Itkin y Carlos Ulanovsky), “­Qué desastre la TV! pero cómo me gusta” (con Ulanovsky), “La mirada incandescente” y “Breve historia del espectáculo en la Argentina”. Fue director periodístico del Diario de Cuyo, vicedirector de la revista Noticias, director de la revista Nueva y jefe de Espectáculos del diario La Nación. Recibió los premios Konex de Platino 2007 y Santa Clara de Asís 2007.

fuente eltribuno.com.ar

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