Fuertes declaraciones de la familia Ledo, relató que uno de los amigos que tenía su hermano en Monteros, el soldado Orlando Orihuela, le entregó a su madre los anteojos que usaba Alberto Ledo.

Marcela Antonia Brizuela de Ledo se acerca lento, ayudada por un bastón, hasta el estrado. Luce un pañuelo blanco en su cabeza. Hace 43 años que no tiene noticias de su hijo, el soldado conscripto Alberto Agapito Ledo. Su voz se pone temblorosa al recordarlo; las palabras se ahogan en su garganta y se le humedecen los ojos. Dice que su ilusión de madre está firme. Que cada mañana añora volver a ver a Alberto, desaparecido el 17 de junio de de 1976, en un campamento militar de Monteros. “Todos los días de mi vida espero que mi hijo me golpee la puerta”, manifiesta con palabras que se quiebran al salir por su boca. Tiene 88 años y pasó casi la mitad de su vida buscando a su hijo.

 

Con un acento que denota su origen riojano, la mujer declaró ayer en el juicio por la desaparición de su hijo, que tiene como imputados al ex jefe del Ejército, César Milani, y a Esteban Sanguinetti, quien era capitán en el Batallón de Ingenieros 141 del Ejército. Durante las dos horas que estuvo frente al Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOF), que integran los jueces Gabriel Casas (presidente), Carlos Jiménez Montilla y Enrique Lilljedhal (subrogante), contó que no fue notificada formalmente sobre la deserción del Ejército, y rechazó completamente esa versión. “No lo voy a aceptar en ningún momento”, expresó.

Milani esta acusado de cometer los delitos de encubrimiento y falsificación ideológica del instrumento público (sumario de deserción de Ledo). En tanto que el capitán Sanguinetti, que tenía a cargo la Compañía de Ingeniero de Construcciones, donde revistaba el conscripto, enfrenta los cargos de homicidio calificado y privación ilegítima de la libertad de Ledo.

Un festejo que no fue

Ledo nació en La Rioja, pero a sus 18 años vino a Tucumán para estudiar la carrera de Licenciatura en Historia de la UNT. Su madre relató que el joven retornó a su provincia natal en diciembre de 1975 para realizar el servicio militar obligatorio, pero que fue destinado a la compañía de comando en Monteros el 20 mayo. Al momento de su desaparición tenía 20 años y, según dijo ella, soldados le dijeron que lo vieron por última vez en una salida con Sanguinetti.

Auxiliada por un “ayudamemoria” extenso, con la presencia de los dos imputados, Brizuela de Ledo afirmó en la segunda audiencia del juicio que el campamento estaba montado en una escuela de construcción, desde donde recibió tres cartas. “El 2 de julio era su cumpleaños. El 4 viajé a Monteros para estar con él. Cuando llegué al campamento, dos soldados que estaban en la puerta de entrada me preguntaron qué buscaba. Les dije que a mi hijo, el soldado Ledo, y me dijeron que no estaba. Que en la noche del 17 de junio el capitán Sanguinetti, responsable de la compañía, le ordenó salir. Que salieron y volvieron dos veces del campamento, y que la tercera salida ya no regresó mi hijo. Vino un cabo o un oficial, no sé, y me informó que había desertado. Desde allí comencé con la búsqueda”, contó.

Sin lentes ni documentos

La madre del conscripto desaparecido contó que se entrevistó con Orlando Orihuela, compañero de Ledo, quien le entregó los anteojos que Ledo se había dejado en el campamento aquella noche. “Usaba anteojos permanentes; era corto de vista”, explicó ella (se informa por separado). Reveló también que en una carta su hijo le dijo que “por fin” se convertiría en soldado, porque el 20 debía jurar la bandera (algo que no pudo hacer). Además, dijo que el joven había dejado todas sus pertenencias en el campamento. “Nunca podía tomar una decisión de irse sin ropa, sin dinero, sin documento. De ninguna manera, no lo acepto bajo ningún punto de vista. Eso es inexacto. Lo digo con toda veracidad y con todo el dolor en mi alma. No pudo nunca haber sido eso”, exclamó.

La mujer, que el jueves no declaró por un problema de salud, también fue interrogada por las abogadas querellantes Adriana Mercado Luna y Viviana ReinosoClaudio Orosz y Pablo Gargiulo, de la querella de Derechos Humanos de la Nación; el fiscal general subrogante Pablo Camuña; y los abogados públicos Edgardo Bertini (defensa de Milani) y Vanessa Lucero (en representación de Sanguinetti). Durante las consultas, afirmó que su hijo no tenía pedidos de detención y recalcó que nunca comenzó un juicio de reparación económica por su desaparición. “Por la vida de mi hijo no recibí nunca ni una moneda. Para mí, la vida vale solo vida. Y si no está, que paguen con prisión los responsables de la desaparición y de la vida de mi hijo”, exclamó.

“Que diga quiénes son”

Sobre el final, la mujer insistió con que lo que más anhela es saber qué pasó con su hijo. “Que los responsables respondan y paguen con cárcel, porque si el señor Milani, como ha dicho, que él no tiene nada que ver, que diga quién es o quiénes son los que tienen la responsabilidad. Si él no tiene nada que ver, que lo diga”, manifestó.

Luego de un cuarto intermedio, el tribunal le otorgó la palabra a Milani. “No le quepa la menor duda al tribunal, la fiscalía, la querella y mucho menos a la familia Ledo, que si yo tuviera algún indicio de los nombres de las personas que podrían haber estado involucradas en este hecho, ya lo hubiera hecho, pero no ahora, en el año 2013”, manifestó el imputado.

Graciela Ledo relató que uno de los amigos que tenía su hermano en Monteros, el soldado Orlando Orihuela, le entregó a su madre los anteojos que usaba Alberto Ledo. “Salió (del campamento) cuando mi mami estaba preguntado por Alberto. Le contó que esa noche del 17 de junio los soldados habían estado en un fogón cuando terminaron sus actividades en el campamento. Y que quien estaba cantando era Alberto”, contó.

De acuerdo al relato de Orihuela, según consignó Graciela, después del fogón se fueron a acostar. “Cuando se acostaron, el capitán Sanguinetti le dijo ‘vamos Ledo’. Seguramente se vistió muy rápido y se olvidó sus lentes. Mi madre los ha conservado hasta ahora. De hecho, si él se pensaba escapar jamás se podía haber olvidado los lentes. Los necesitaba en forma permanente, estos eran los que él usaba”, dijo y sacó los lentes de una funda de cuero azul con el sello de la óptica San Nicolás, de La Rioja.

Por pedido de la querella de Derechos Humanos, la secretaría del tribunal acercó los anteojos a las distintas partes para que los examinaran. Incluso, algunos de los letrados se los pusieron por pocos segundos. La mujer agregó que hermano había sido operado de la vista, pero no supo precisar por qué patología.

Esperanza

En las palabras de Graciela Ledo sólo había amor para recordar a su hermano Alberto Ledo, desaparecido el 17 de junio de 1976. Lo describió como muy activo, inteligente y muy buen lector. Contó también que ambos tenían actividades religiosas y que él fue presidente del centro de estudiante de la Escuela Normal, desde donde se organizaban veladas culturales y peñas. “Él tocaba la guitarra y cantaba. Era querido, amado por sus compañeros y muy buen mozo. Un muchacho sumamente lindo. Era lindo por fuerza y por dentro, así lo recuerdan sus amigos, sus compañeros y nosotros su familia”, manifestó ante el tribunal, con la voz tembloroza de la emoción.

La mujer contó que junto a su hermano colaboraban con la pastoral del obispo Enrique Angelelli, y que muchos otros voluntarios fueron perseguidos y desaparecidos. Compartió también que su hermano admiraba mucho a Joan Manuel Serrat, y que en una ocasión él le hizo escuchar una canción llamada “Tío Alberto”. Con la voz entrecortada, recordó las palabras de su hermano. “Me dijo: ‘algún día si no estoy hacele escuchar a tus hijos, porque acá estoy yo’”, sollozó ante el tribunal.

Graciela Ledo coindició con la versión que había brindado en primera instancia su madre, Marcela Brizuela de Ledo. Admitió, a su vez, que lo que sabe de lo ocurrido en Monteros lo conoce a través de su madre ya que ella vivía en Buenos Aires, a donde se había mudado después de casarse. “A fines de julio de 1976 recibí a mi madre en Constitución con una cara de tristeza que nunca en la vida voy a olvidar. Esa tristeza me quedó también en mi alma para siempre, y ahora la sienten mis hijos también. Ella buscaba con esperanza que yo supiera algo de Alberto, o que yo lo hubiera visto”, manifestó.

Expresó también que si le tocaba estar en un juicio de lesa humanidad es porque su hermano fue una víctima. “Ese gobierno que se creyó dueño de la vida y de la muerte de los ciudadanos argentinos”, dijo.

También llevó las cartas que escribió su hermano desde Monteros y leyó algunos fragmentos en la sala. Del mismo sobre de papel madera sacó los lentes de su hermano y una carta que las hijas del imputado César Milani le entregaron a la familia Ledo para defender a su padre. Este último texto fue leído por secretaría, en el cierre de la audiencia. En tres páginas se hizo referencia a que todo se trata de una operación política, judicial y mediática en contra del ex jefe del Ejército kirchnerista.

Ante la consulta del defensor público de Milani Edgardo Bertini, Graciela reconoció que entre 2007 y 2013 la causa tuvo poco movimiento y que tomó impulso luego de que el imputado asumiera su cargo como jefe del Ejército.

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