Ruth Kelly, la primer trabajadora sexual en visibilizarse en Argentina

El 10 de diciembre de 1983: Raúl Alfonsín brinda, desde el Cabildo, su histórico mensaje presidencial. No sabemos muy bien cómo pero, desde abajo, en las primeras filas, una sexagenaria intenta desviar la atención e interrumpir el discurso -introducir fallas a la coherencia inaugural de la apertura democrática- a los gritos de “¡Presidente, Presidente, soy trabajadora del sexo!”. No está claro qué fue lo que ocurrió después, la memoria de su amiga, Ilse, la conduce a otros episodios. Pero, visto por un presente interesado por derechos laborales en el hetero-cis-patriarcado-blanco-capitalista-capacitista, todo indica que una de las deudas de la democracia parecía precipitar desde el día uno. Mirarle a los ojos hubiese  implicado atender su llamada. Abrir una posibilidad de escucha, o reconocimiento. Su nombre: Ruth Mary Kelly.(1)

Absorbida por el olvido en beneficio de un relato que asegura pertenencias, punto ciego de las historiografías y memorias sexopolíticas, Kelly despliega su disidencia alrededor de la militancia feminista, homosexual y punk durante los años ’70 y ’80. Dada nuestra avergonzante amnesia colectiva, antes que recuperar a Kelly mediante las mismas técnicas de producción normativa –historiográficas, antropológicas, sociológicas, museográficas- que la invisibilizaron, lo que debemos preguntarnos es si éste es un presente en el que ella podría volverse nuestra contemporánea. Volverse nuestra. Si éste es un presente en el cual devolverla a un pasado abierto permitiría expandir nuestra posibilidad de contagio e imaginación política o si, por el contrario, quedará encriptada en Google mediante una eterna nota al pie de paper de Congreso disponible en CD u on-line.

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