LUPPI VOLVIÓ A DAR CÁTEDRA DE OFICIALISMO PREPOTENTE

Habló para dos diarios con más pauta oficial que reciben gracias al estado nacional. Rescatamos algunos pasajes de las notas realizadas a FEDERICO LUPPI

PAGINA 12

–¿Habló con Darín luego de lo que pasó?

–No, ya volveremos a hablar. Sigo creyendo que se equivocó feo. Eso ocurre con bastante frecuencia en mi gremio. Hay mucha gente que no se hace cargo de lo que dice. Todos los días aparecen: “Hubo un malentendido, me sacaron de contexto”. A mí no me lo hacen. Si un tipo te miente en política, seguramente te va a mentir en la vida cotidiana, así hagas teatro con él o siembres trigo. Además, ocurre una cosa bastante complicada: un tipo habla, argumenta, camina y se comporta como un tipo de derecha, y vos le decís “sos de derecha” y se ofende.

–Hace un rato habló de los insultos. Ahora, a la distancia, ¿cómo evalúa el hecho de haberle dicho “pelotudo” a Darín?

–¿Qué le iba a decir? ¿Recórcholis? ¿Zopenco? Hay que tener un poco de decepción adulta. No le dije traidor, hijo de puta, delator, nada de eso. Y jamás me metí con la vida privada de nadie. Ni cuando dije lo que le dije a Mirtha (Legrand). Me metí solamente con gente que hizo operaciones políticas. Lo de Mirtha era una vergüenza espantosa, de una ignorancia supina, de un oportunismo bestial y totalmente perverso. ¿Por qué lo de ella es santificado y lo mío es tremendo?

–Sobre su vida privada sí se dicen muchas cosas.

–Si un tipo quiere hablar de política, hablemos, me la banco y te la bancás. Hablar de la vida privada inevitablemente conlleva un grado de miserabilidad. No me molesta ni me duele lo que digan de mí. Ni contesto, se me iría la vida. Cada vez que emito una opinión política aparece algo que tiene que ver con mi vida privada. Curiosamente, viene de los chimenteros de los canales donde está la derecha. El día que tuve el exabrupto con Mirtha en su mesa estuvieron Ventura, Lanata y dos periodistas que decían que yo montaba a una mujer desnuda a caballo y la torturaba en una quinta.

–¿Sugiere que hay operaciones en su contra?

–No, no sugiero. Son operaciones, clarito. Operaciones de la gente que tiene más dificultades para aceptar la discusión.

–¿Y en la calle? ¿Qué le dicen?

–En general me tratan muy bien, salvo un par de veces en las que me han provocado duro. Me gustaría tener 25 años para romperles la cara a trompadas. Es que me pregunto el porqué de esa gratuidad de increparte de esa manera.

 

TIEMPO ARGENTINO

 

«A lo mejor fue excesivo que le dijera ‘pelotudo’ a darín»

 

 

–Cómo tomaste que Ricardo Darín dijera que tenías razón en llamarlo «un pelotudo» en su polémica con la presidenta, y que remarca que lo habías dicho paternalmente?
–No fue mi intención ser paternal con él y, visto a la distancia, a lo mejor fue excesivo que le dijera un pelotudo. La verdad que si se enojaba tenía todo el derecho. Lo que pasa también es que en general, en la gente de la cultura, noto mucho panquequismo. Pero no el panquequismo del timorato que recién empieza, sino el de la gente adulta capaz de emitir juicios pensantes interesantes para luego cambiar de una manera muy rapida, negar lo que se dijo ayer. Y este es un momento muy duro del país. Sin embargo, el cine argentino anda muy bien. Y anda muy bien por muchas de las películas que hizo Ricardo, que en el mundo han pegado mucho y han tenido premios, críticas y recepciones importantes. Su propio nombre se ha convertido en un ícono de alguien que nos representa a todos y de eso hay que tener conciencia, porque la Argentina, en este momento, es un mal ejemplo geopolítico en el mundo. Es un país que contra viento y marea se peleó contra el juez Griesa, los fondos buitres, el FMI, el Banco Mundial, las pelotudeces de la OEA. Entonces, en ese contexto, que un tipo como Darín diga una frase poco feliz como la que dijo, es obvio que va a ser usada en todos los diarios del mundo. Y él tiene que ser conciente de eso. Y de que cuando hablás de política tenés que tener información y buena fe.
–Él remarcó que le dijiste «pelotudo» cariñosamente.
-–Claro que fue con cariño, por supuesto. Porque de pronto se generó un lío como si yo le hubiera dicho batidor, hijo de puta o delator. Y no fue eso. Pero es cierto que en el momento en que leí su nota me dije: «¿Para qué dijo eso? ¿Qué necesidad tiene?»

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