Murió el fiscal anti corrupción Norberto Quantín

A los 76 años murió ayer el ex fiscal general Norberto Quantín, un funcionario judicial de firmes convicciones y rectitud a toda prueba, que combatió la corrupción del menemismo y fue echado por el kirchnerismo de su cargo de secretario de Seguridad en 2004, cuando encaraba una lucha frontal contra un sector de la SIDE y la corrupción policial.

Estaba enfermo desde hacía algunos años, pero su salud se fue deteriorando en los últimos meses, hasta que falleció ayer, en compañía de su esposa Margarita.

Egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires en 1956, era católico practicante de fe profunda y misa semanal. De grandes ojos azules, carácter sanguíneo y conservador en sus creencias, se ganó enemigos en el kirchnerismo.

Quantín renunció como fiscal general ante la Cámara del Crimen en mayo de 2007, para acogerse a la jubilación, luego de un breve paso por el Poder Ejecutivo, adonde fue con la certeza de que podía cumplir con su vocación de servicio público desde otro lugar.

El último acto público donde se lo vio fue el año pasado cuando se realizó un desagravio al fiscal José María Campagnoli -uno de los fiscales más cercanos a él-, mientras el kirchnerismo intentaba sin éxito echarlo mediante un juicio político.

Tras la reforma judicial de 1992, las fiscalías de primera instancia pasaron a depender, en tres grupos, de cada uno de los tres fiscales de Cámara. Quantín reunió a su alrededor a jóvenes fiscales dispuestos a ponerle la lupa al poder.

Además de Campagnoli, estaban Marcelo Munilla Lacasa, Adrián Giménez, Ana Yacobucci, Marcelo Martínez Burgos, Pablo Lanusse y Mónica Cuñarro, entre otros. Al grupo más cercano se lo conoció como Los Centauros.

Un equipo combatió la falsificación de medicamentos, otro investigó la corrupción del menemismo. Carlos Grosso, intendente porteño, fue su blanco y las investigaciones alcanzaron para condenar al entonces presidente del Consejo Deliberante José Manuel Pico y para poner en jaque a la ex titular del PAMI Matilde Menéndez. Quantín pidió procesar al juez federal Norberto Oyarbide por el escándalo del prostíbulo Spartacus y se enfrentó con un sector de la SIDE comandando por Jaime Stiuso. Recibió una denuncia contra el ex juez Carlos Liporace y acusó por enriquecimiento ilícito al ex juez Adolfo Bagnasco.

La lealtad de sus fiscales era absoluta: ellos contaban con que Quantín los iba a respaldar y sostendría sus recursos de apelación cuando llegaran a la Cámara y ellos le aseguraban fidelidad.

Inspirador de la fiscalías descentralizadas, creó en 1999 la fiscalía de Saavedra que ocupó Campagnoli. Allí lo encontró Gustavo Beliz en 2003 cuando fue nombrado ministro de Justicia y lo llevó como secretario de Seguridad. Armaron un equipo y combatieron varias mafias, como la piratería del asfalto. Atacaron la corrupción en la Policía Federal y dieron batalla a los secuestros.

Quantín promovió un proyecto para eliminar el fuero federal y licuar el poder de esos jueces con los de instrucción. No prosperó, pero bastó para que lo denostaran en tribunales federales. La pelea de Kirchner con Beliz, que mostró la foto de Stiuso por TV, terminó expulsando a Quantín del Poder Ejecutivo y lo hizo volver a su fiscalía en julio de 2004.

Austero, su mujer Margarita le llevaba el almuerzo a su oficina a diario. Vivió siempre en su departamento de la calle Libertad y Córdoba, a dos cuadras de su despacho, donde durante mucho tiempo no tuvo ni televisión. No tuvo hijos.

Sus aficiones, además del trabajo, fueron la literatura francesa y los clásicos griegos. Pero su pasión era la magia. Tenía un cuarto especial dedicado a ella, con cajones con naipes especiales y espejos para ensayar sus trucos. Su honestidad lo hizo indignarse cuando terminó procesado por instar el procesamiento de Luis D’Elía por la toma de la comisaría 24a. en el barrio de La Boca. Quedó definitivamente sobreseído. Un acto de justicia. FUENTE

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