La televisión fue el vocero de la guerra

“En la guerra, la primera baja es la verdad.” La frase, dicha en 1917 por el senador estadounidense Hiram Johnson, ha atravesado indemne el siglo XX y sus sucesivos conflictos bélicos, incluida la Guerra de las Malvinas. Y si hubo un vocero de esa guerra fue la televisión. Todas las emisoras estaban en manos del gobierno de facto y así como fue a través de la pantalla chica que la junta militar emitió sus comunicados de cada día, fue allí también donde más expuesta y a disposición de la memoria social quedó la censura periodística, anunciada, incluso, oficialmente.

“Todos los informes y noticias del exterior, cualquiera sea su procedencia y medio utilizado y toda información relacionada con aspectos que hacen al desarrollo de las operaciones militares y de la seguridad nacional, quedan sujetos al control del Estado Mayor Conjunto, previo a su difusión por los medios informativos, sean éstos orales, escritos o televisados”, dispuso la junta militar (Boletín Oficial, 30 de abril de 1982).

LA GUERRA DESDE ATC

Los canales capitalinos, como cualquier órgano periodístico, estaban obligados a tener como única fuente de información el Estado Mayor Conjunto, y de allí no sólo emanaban las noticias oficiales, sino que también era en sus dependencias donde en alguna ocasión se citaba a periodistas televisivos para proveerlos de comunicaciones oficiales.

Los canales del interior apenas podían “reproducir el informativo del canal de Buenos Aires con el que había convenio y llenar huecos con noticias de la radio o el teletipo”, recuerda la periodista Silvia Martínez, ganadora, en 1999, de dos premios Emmy por “Malvinas, la guerra nunca más”, de CBS Telenoticias, pero entonces, cronista de 20 años en Canal 13, de Santa Fe de la Veracruz.

La censura era, por lo tanto, la moneda corriente en todo el país. No obstante, ATC fue, de todos, el canal que más hizo para ganarse el mote de “vocero oficial”. En verdad, con ventajosa perspectiva, veinte años después parece obvio reconocer por qué esa emisora ocupó tal lugar neurálgico.

Primero, porque como cabeza de la cadena oficial ATC era origen de transmisión de todos los comunicados de la junta militar. Segundo, porque allí se dispuso que los corresponsales extranjeros tuvieran su sala de prensa (incluso Entel había dispuesto en el control central del canal las cabinas de telefonía, medio de comunicación por excelencia en tiempos en que el satélite no era lo que es hoy). Tercero, porque ATC fue el único en tener un corresponsal propio, Nicolás Kasanszew, en las islas. Cuarto, porque “60 Minutos”, su programa de noticias, era el de mayor audiencia. Quinto, porque en ATC se realizó la maratón solidaria “Las 24 horas de Malvinas”, conducido por Pinky y Cacho Fontana, para un fondo patriótico que quedó en la memoria popular como fraude patriótico. Quinto, porque esa emisora montó una repetidora en Puerto Argentino. Sexto, y menos conocido, porque con personas de ese canal fue que la inteligencia militar montó Radio Liberty, hecha en inglés y para disuadir al enemigo.

“VAMOS GANANDO”

No todos los que fueron las caras de ATC en aquellos días están dispuestos a recordar. Algunas de las estrellas de entonces, como Juan Alberto Badía, reconocen hoy que durante la guerra “se vivía en una nube armada” debido a la absoluta falta de información. “Aunque fue un episodio aislado, como si fuera hoy -agrega el entonces conductor de “Sábado de todos”-, tengo presente una tarde en que me llevaron para mostrarme un video de cómo la Argentina iba ganando la guerra. Era un programa que iba a salir al aire después del mío y querían que lo viera para que lo anunciara”.

Pero otros eran los que estaban cerca de las noticias. “Vamos ganando”, decía en ATC José Gómez Fuentes, el conspicuo periodista de “60 Minutos”, que llegó a informar que se había averiado al portaaviones británico Invencible -que volvió, de hecho, sano y salvo a Gran Bretaña-. Gómez Fuentes falleció a fines de junio de 1992, días después del décimo aniversario de la derrota argentina. En vida, alguna vez, a modo de revisión histórica, declaró: “Mi país estaba en guerra, y si me pedían que dijera que Gardel estaba vivo y eso contribuía al triunfo yo no tenía ningún inconveniente en decirlo”.

No estuvo solo en “60 Minutos”: Silvia Fernández Barrio, Oscar Otranto, María Larreta y Enrique Alejandro Mancini fueron sus compañeros, bajo el liderazgo del productor periodístico Horacio Larrosa.

Un detalle: tanto Oscar Otranto como Silvia Fernández Barrio renunciaron, por supuesto sin preverlo, dos días antes del conflicto. “Tuve una diferencia con Larrosa y renuncié, pero como tenía contrato hasta fin de año me mandaron a hacer “Sábado de todos””, rememora Otranto.

Idéntico destino tuvo Fernández Barrio. De hecho, fue debido a la partida de estos dos integrantes del staff de “60 Minutos” que ingresó Nicolás Kasanszew. Después, sin tener relación directa con partidas, permanencias e incorporaciones, para unos nombres de ese equipo más que para otros llegó el estigma de haber sido partícipes de lo que para el público pasó a ser ejemplo de manipulación.

De Nicolás Kasanszew se dijo, incluso, que había hecho algún dinero con las necesidades de los soldados. En estos días el periodista reside en Miami, donde trabaja como reportero en la señal Telemundo. “Estoy quemado”, le dice a LA NACION, como argumento para negarse al reportaje telefónico, y durante ese breve trámite queda claro su convencimiento de que los medios argentinos no le han hecho justicia a su historia.

AGUJEROS NEGROS

Volver sobre los pasos que daba el material periodístico hasta llegar a ATC es emprender una ruta laberíntica. Las impresiones de quienes circulaban por el canal en esos días son como fragmentos de recuerdos que a veces coinciden con los de otros y, en otras ocasiones, se niegan entre sí. Es como si tantísimas personas hubieran habitado territorios separados.

Hay quienes juran haber visto “con sus propios ojos” que la isla de edición del noticiero -la estructura interna de ATC es vidriada- estaba tapada por un cortinado negro para evitar que las imágenes que llegaban desde las Malvinas fueran vistas, simplemente al pasar, por el personal de la emisora.

Hay quienes agregan a ese recuerdo lo que se comentaba sotto voce : que allí se cortaba mucho del material enviado por Kasanszew y que algún inescrupuloso vendía lo descartado a 200 dólares el videocassette.

Pero hay también quienes aseguran no haber visto jamás tal telón negro. Silvia Fernández Barrio, que hasta el año pasado condujo en la señal P&E el ciclo “De frente”, es una de ellas.

“El material que mandaba Nicolás desde las Malvinas nunca llegaba al canal antes de pasar por el comité militar. Si él nos había dicho que había enviado nueve cassettes llegaba uno, y de diez minutos. Una vez resultó que el material había quedado en Bahía Blanca, y otra vez fue retenido en Río Gallegos.”

Todo deja la sensación de una verdad esquiva y más interrogantes que respuestas surgen al reconstruir este fragmento de la historia televisiva.

Permanecen, eso sí, inalterables en la memoria individual de cada argentino un vertiginoso videoclip con la voz que clama “Que venga el principito”, los aros de oro que donó Pierina Dealessi y el slogan “Argentinos, a vencer”. .

FUENTE http://www.lanacion.com.ar/385293-la-television-fue-el-vocero-de-la-guerra

Un pensamiento en “La televisión fue el vocero de la guerra

  1. Nuestro pais va cambiandode gobiermos, y salvo em honrosas excepciones, siempre estamos em manos de delincuentes. Con uniformes o de civil, nos mienten y nos hunden cada vez mas en la miseria.
    ¿Que va a ser del laburante, de los jubilados, de los pemsionados, con la inflacion que “supimos conseguir en la decada ganada” creciendo como un cancer y con la quita de subsidios anunciada?
    Muchos soldados que volvieron lisiados, vivieron de la limosna, sin conseguir sus pensiones. Mientras que el “desgobierno” vacia la caja de la ANSES repartiendo asignaciones en vez de generar trabajo digno, y de paso “el que parte y reparte, se queda con la mejor parte”
    Muy buena la nota.
    Muchos periodistas y de muy buen nivel, debieron emigrar para salvar sus vidas y la de sus familias. Me pregunto ¿que hubiera sido de las emisoras de radio y tv, de los diatios y revistas de politica y economia, si todos los periodistas hubieran renunciado a sus puestos por no trabajar para una dictadura?

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