“De la amistad a la guerra de los roces” / El libro: “Clarín, una historia”

Martín Sivak, relató en CN23 la investigación al que le exigió más de 5 años de estudio.

Contó que gracias a una beca obtenida en una tesis presentada en los E.E.U.U. junto a una  universidad que solventó los gastos de la investigación, pudo rearmar la historia de CLARIN que hoy cuenta  a través de su libro

 

ADELANTO del libro de Martín Sivak. Kirchner tenía un trato frecuente con el mundo de Clarín: desde su CEO hasta periodistas rasos pasando por sus mayores columnistas. A Marcelo Bonelli, un interlocutor regular, le daba grandes novedades. También le pedía que llamara “el pálido” a Roberto Lavagna, su ministro de Economía porque sabía de la inquina entre ambos. A fines de noviembre de 2005, Bonelli contó “la historia íntima de la salida de Lavagna” y le dio el gusto al presidente. “Néstor Kirchner estaba solo y serio en su despacho cuando lo encaró directo a su ministro de Economía: ‘Roberto, decidí abrir una nueva etapa en la política económica. Y para eso necesito ahora disponer de tu cargo’. Roberto Lavagna enmudeció y se acentuó la palidez habitual de su rostro, por la cual algunos funcionarios lo identifican en la Casa Rosada”.

Kirchner confiaba en Daniel Míguez, uno de los periodistas de Clarín que cubría Gobierno. En 2005 le anticipó que Cristina sería la candidata y le embargó la primicia, como hizo varias veces. Suspendió una entrevista con el diario porque no estaba entre los elegidos para preguntar. Se interesó por su suerte cuando pasó a la sección Zonales, un ascenso jerárquico pero un exilio político porque dejó de cubrir Gobierno.

Más que de los periodistas, Kirchner necesitaba de los lectores del diario: creía que ahí estaban sus votantes. Se lo dijo en términos coloquiales a Vander Kooy:

-Me chupa un huevo La Nación. Ustedes tienen a mis votantes.

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