CARTA DE CARLOS CARRASCOSA

Hoy se cumplen cuatro años de esa sentencia del Tribunal de Casación que me condenó por el homicidio de mi mujer. Increíble, ya cuatro años de injusticia, cuatro años sin que ningún tribunal revise la causa y le ponga un manto de realidad a lo que realmente sucedió.
A raíz del caso actual de la muerte de Ángeles, escucho con estupor teorías morbosas de gente que no tiene idea de nada, sólo habla y dice cosas para lograr rating, sin preocuparse ni pensar en lo que esa familia está viviendo, sin pensar en las secuelas y el mal que se suma al dolor de esa familia, lo comentan como si fuera una novela policial. Ellos se olvidan que atrás de toda esa pantalla hay gente como usted, como cualquier ser humano que no está exento de que le pase algo igual.
Eso mismo vivimos nosotros. Nuestra familia desde hace diez años, casi once. Más bronca siento cuando escucho a personas que dicen que sin la prueba de ADN o sin el móvil el  hecho no se consolida.
Yo estoy acá, con tres ADN en la escena del crimen que no es ni mío, ni de nadie de nuestro círculo familiar. Estoy acá sin móvil. Ese invento del integrante del Cartel de Juárez que dijo Molina Pico, diciendo y calumniando a María Marta, afirmando que era una arrepentida y que por eso la maté, nunca lo pudo probar sencillamente por que nunca existió eso. Además, él dice que esa tarde yo fui al Club House del Carmel pero yo sostuve la verdad, estaba en lo de mi cuñado Bártoli. Es por ese indicio falso que me considera culpable. Por eso, cuando escucho a esos “eruditos” charlatanes confabular teorías al voleo, despiertan en mí una bronca difícil de explicar.   
El mismo médico forense que hizo la autopsia fijó la hora de la muerte de María cuarenta minutos antes de la teoría del fiscal. Sin embargo, me condenaron por lo que él dice, y no les importó absolutamente nada la prueba científica de la autopsia realizada por un medico forense designado por el poder judicial y de amplia experiencia, como lo es el Doctor Moreira.
Yo llegué a mi casa treinta minutos después de la hora de la muerte. Ello también se encuentra probado por elementos científicos como por ejemplo una llamada telefónica a esa hora, oída por un guardia que estaba en la puerta de la casa y repetida por un radio handy, también oído por todos los vigiladores del club.
Así todo, como ven, sin ninguna prueba, hace cuatro años estoy acá preso. Yo también me pregunto como debe estar la conciencia de los integrantes de ese tribunal, que después de cinco meses  de juicio y ciento setenta testigos me absolvió de homicidio y hoy me tiene aquí preso y no escapaz de otorgarme ni siquiera un arresto domiciliario. ¿Qué sentirán cuando me ven deteriorado en la cárcel, rodeado de gente que no pudo adaptarse a vivir en sociedad?
Les aseguro que no es fácil soportar todo esto, sabiendo además que el que mató a María se encuentra en la calle suelto, riéndose de todos nosotros y esperando tranquilo el paso del tiempo para que pronto prescriba la causa.
¿Qué está haciendo la justicia para saber a quién corresponden esos ADN de la escena del crimen? ¿Está investigando? Yo les aseguro que no, no están haciendo nada y eso me pone peor.
María en el cielo se debe estar revolcando del dolor de verme acá, pero si Dios quiere, pronto estaré con ella.

Carlos Carrascosa