Etnocidio en Formosa

25/03/2011Por Lorena Cardin

Este video, realizado por dos antropólogas, procura difundir la voz de los Qom de la comunidad La Primavera (Formosa) en relación a su lucha y a la represión policial que padecieron, en noviembre del 2010, por estar reclamando la devolución de sus territorios ancestrales.

Por Lorena Cardin

Este video, realizado por dos antropólogas, procura difundir la voz de los Qom de la comunidad La Primavera (Formosa) en relación a su lucha y a la represión policial que padecieron, en noviembre del 2010, por estar reclamando la devolución de sus territorios ancestrales.

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Ojos penetrantes

24/03/2011 – Por Gabriel Levinas

Recuerdos del 24 de marzo. Pequeña historia, parecida a las que con distinto resultado vivimos tantos argentinos en 1976

Por Gabriel Levinas

Recuerdos del 24 de marzo.

El pesimismo es una horrible manera de entender la vida. Es como guarecerse de la tormenta en un día soleado bajo un alero oscuro. Absurda forma que algunos tienen de perder el tiempo, sus días. Digo esto por las dudas, para que nadie crea que lo que sigue parte de un sentimiento así.

Hacen ya  35 años del golpe de estado de 1976.

Recuerdo nerviosos Falcon en la noche del 24 de marzo pasando a toda velocidad por la calle Corrientes. Verdes, grises, blancos.

Recuerdo —un par de meses más tarde— el ruido de los pasos en las escaleras primero y los fuertes golpes en mi puerta después.

No tocaron el timbre.

Los esperaba, sabía que subían, conocía bien mi edificio. Vienen por mí, pensé.

Era más de la una de la mañana. Hice a tiempo para encender un cigarrillo.

Ellos tomaban posición en el pasillo, en las escaleras mientras yo tranquilizaba a mi mujer, Paula, que lloraba junto mí desnuda.

Me levanté mientras me ponía una camiseta, me acerqué a la puerta y antes de abrir les avisé a los que acechaban afuera: “Voy a abrir el cerrojo de arriba”. Luego les dije: “Ahora voy a abrir la llave de la cerradura de abajo”. Sabía que un ruido mal interpretado podía significar mi muerte.

Por fin avisé que ya estaba abriendo la puerta y mientras lo hacía —sin esperar a que la puerta quede franca— la punta de una Itaka se levantó hasta mi pecho y me empujó varios metros hacia atrás hasta la cocina.

Todavía conservaba el cigarrillo en mi mano.

Mientras la Itaka y el policía asustado que la sostenía me llevaban por ese corto recorrido, más de una docena de policías uniformados entraron rápido, nerviosos, mirando hacia todos lados armados con ametralladoras, pistolas y más Itakas.

Golpeaban afanosamente el piso y las paredes buscando cosas ocultas.

Encendieron la luz de la pieza de Bárbara que tenía poquitos meses.  Mientras tanto,  Paula no dejaba de llorar, temblaba, mientras sostenía la frazada a la altura del cuello con sus manos. Luego entraron más policías y algunos hombres de civil.

La paraguaya —divina— se levantó enojada y mientras maldecía a los policías apagaba nuevamente la luz de la pieza de Bárbara que el policía volvía a encender. Ella gritó tanto, que al final uno de los de civil después de revisar la pieza dijo: dejá que la apague. Bárbara pudo seguir durmiendo.

Cuando constataron que no había resistencia avisaron a otro tipo que esperaba afuera que podía entrar.

El tipo, de impermeable y traje gris, cincuentón, pelo ondulado y entrecano me miró de reojo mientras revisaba meticulosamente todo el contenido del living. Los cuadros, los libros, los objetos, los adornos.

Entró en nuestro dormitorio y le preguntó a Paula: “¿por qué llorás?”. “Me da miedo que estén con armas en la pieza de la nena” alcanzó a responderle entre sollozos.

Después volvió hasta donde yo estaba, me miró fijo mientras yo sentía el calor del cigarrillo.

El tipo me miró fijo, a los ojos, hasta el alma. En esa mirada había más peligro que en la Itaka que aún seguía apuntando a mi pecho.

“Esto tiene más pinta de fumata que de subversión” sentenció.

Yo levanté un poco la mano del cigarrillo que ya estaba quemándome los dedos y le dije: “Parisiennes… livianos”.

“No te hagas el vivo pibe”, me contestó. Sentí alivio.

Inmediatamente hizo un gesto con la cabeza y en segundos mi casa se vació otra vez.

Todo duró lo que tarda un cigarrillo en consumirse, hasta quemar el filtro.

En ese escaso tiempo, la suerte, el señor de los ojos perforantes, los gritos de la paraguaya ordenándoles que apaguen la luz para que no jodan a la beba, el cigarrillo que prendí mientras los esperaba… no sé qué, algo salvó mi vida, mi familia.

Así vivimos mientras tantos murieron.

Mañana es 24 de marzo otra vez. No hay peor día, no lo hubo jamás en toda nuestra historia.

Hoy, 35 años después, hay más de 160 organizaciones de derechos humanos disputándose entre sí pequeños espacios de poder. ¡160!

Tenemos una izquierda dividida en mil, sin capacidad de incidir en el curso de las cosas verdaderamente importantes que se nos escapan de las manos como el agua, cada día.

Algunos asesinos están presos, pocos. Y algunos más lo estarán próximamente, otros pocos más. Hay quienes se dejan engañar con eso.

Pero si miramos el país, lo que queda de él y cómo quedamos nosotros, podemos concluir que nos ganaron.

Por ahora, nos ganaron.

Y  a ese tipo de los ojos penetrantes —si aún vive— le quiero decir algo: ¡Aprendé a mirar!

 

Los cazadores y la 125

14/03/2011 – Por Gabriel Levinas

Otra visión del conflicto por las retenciones móviles es planteada a tres años de la lucha que enfrentó a nuestra sociedad.

Por Gabriel Levinas

Otra visión del conflicto por las retenciones móviles es planteada a tres años de la lucha que enfrentó a nuestra sociedad.

 

Durante el mes de marzo de 2008 viajé al Chaco para hacer una nota sobre la desnutrición infantil. Durante el trayecto tuve que sortear en no menos de diez oportunidades los piquetes de los sectores agrarios que enfrentaban al gobierno nacional por la resolución 125.

En todos los cortes de ruta, desde Zárate hasta Formosa, fue bien clara la heterogeneidad de los manifestantes. No había ninguna duda de que estaba frente a un hecho sin precedentes.

Al llegar al cruce de la ruta 12 con el desvío a Mburucuya, a menos de 100 km de la capital de Corrientes, decidí detenerme ante un nuevo corte, saqué la cámara de video y me dirigí hacia el lugar en donde estaban los dirigentes. Me presenté como periodista; se acercó en primer término el presidente de la Sociedad Rural, un joven de pelo rubio rizado, vestido con un pantalón caqui, camisa polo celeste, alpargatas de carpincho y boina acomodada de lado. Me contó que tenía 3000 hectareas, no todas aptas para el cultivo —aclaró— aunque en parte de ellas había plantado soja. Acotó que sus rindes no podían compararse con los de la pampa húmeda, e hizo una defensa efusiva del sector. Luego me presentó a un pequeño productor y nos dejó a solas para que conversáramos. A las claras este señor era de condición humilde, pero tenía un lenguaje amplio y desenvuelto. Narró que había participado de encuentros en Bolivia donde se reivindicaba el derecho a la tierra para los más necesitados; en esa oportunidad había conocido personalmente a Evo Morales. No era propietario de las 3 hectareas que ocupaba para una plantación de zapallos, tenía además una pequeña huerta para consumo familiar.

Aún perdura en mí la sorpresa que me causó la confraternidad de esos dos personajes en el medio del conflicto. Durante meses me dio vuelta por la cabeza qué había pasado en la Argentina para que personas de extracción y posiciones económicas tan disímiles —y hasta antagónicas— se mostraran como pertenecientes a un mismo bando. ¿Qué unía a personajes como jamás antes? Eran casi enemigos de clase. Traté, sobre todo, de buscar en mi archivo analógico (fondo de mi cerebro) en qué condiciones o en qué situación era factible encontrar semejante alianza.

Seguí mi viaje más al norte hasta encontrarme con los asentamientos aborígenes del Chaco y de Formosa —ése era el verdadero propósito de mi escalonado viaje— para visitar comunidades cazadoras que aún sobreviven en los montes chaqueños donde sabía de la existencia de niños en avanzado estado de desnutrición.

Estas comunidades conservan, en gran medida, un modo de vida absolutamente distinto del conocido por nosotros: son cazadores-recolectores. El cazador tiene una relación con el tiempo estrictamente coyuntural; es decir, cuando la familia tiene hambre sale a cazar. Una vez conseguido el alimento vuelve a su hogar hasta que el hambre vuelve a ponerlo en actividad para buscar una nueva presa. A veces, en lugar de cazar sale a recolectar frutos o miel y, si es la temporada adecuada, se acerca al río, fabrica rápidamente una red individual o una lanza de punta fina llamada la “fica” para ensartar un dorado o un sábalo. La planificación no forma parte de su vida y solamente piensa estrategias de caza para sobrevivir un día más.

La presencia de otros tipos de explotaciones, desde el petróleo hasta la soja, produjeron un cambio tan drástico y repentino en su entorno que ya no consiguen sobrevivir adecuadamente de lo que el monte chaqueño solía proveer.

En cambio, el agricultor necesariamente tiene que planificar; sabe que al plantar las  semillas sólo meses después obtiene el resultado. Mientras tanto debe consumir lo que guardó durante la cosecha pasada y, además, cuidar de sus cultivos para que no sean atacados por malezas o alguna plaga. Asimismo, el ganadero sabe, por ejemplo, que el ternero recién nacido tarda tres años en tener el peso necesario para poder ser faenado. Si quiere mejorar la calidad de su tierra de pastoreo debe recortar el pasto malo antes de que florezca para que no se reproduzca; de ese modo, después de varios años de seleccionar qué pastura deja crecer y cuál no, consigue una pradera apta para soportar una mayor carga de ganado.

Por otro lado, un productor que se dedique a la forestación tiene que esperar períodos aún más largos para obtener una ganancia de ello.

Esta cultura productora es la base de muchas de las civilizaciones dominantes. La planificación representa el aspecto vital de ellas.

Por motivos complejos y  contradictorios, las sociedades de nuestras metrópolis, sobre todo en Buenos aires, han ido adoptando una forma de vida más parecida a la de los cazadores que a la de los agricultores. Basta advertir la escasa o nula capacidad de planificación de la clase política argentina que sólo atina a responder a la coyuntura cada vez que ésta se le revela a través de los medios de comunicación.

Como un cazador en la selva, recién cuando “las papas queman”, cuando el hambre se hace insoportable, mata un jabalí, cambia alguna ley, sale a pescar, hace algún anuncio por televisión o saca algún decreto de necesidad y urgencia.

Y no sólo los políticos parecen funcionar sin planes sino también los empresarios, las universidades y otros organismos de los cuales se espera, por sus funciones, que participen en el diseño de nuestro porvenir. No, no existen proyectos a futuro. Viven el día a día como verdaderos cazadores.

Al llegar a esta conclusión me resultó más comprensible todo lo acontecido durante los enfrentamientos por la resolución 125. Por un lado, la cultura del agricultor unía en un solo frente a gente con intereses diversos y posiciones económicas distintas. En el otro frente, el cazador de la ciudad, habituado a actuar impulsado por la necesidad, no entendía por qué ese grupo del campo les arrebataba el acceso a su presa.

A la distancia, a tres años del inicio del enfrentamiento, parece claro que la oligarquía vacuna ya no es la de antes. Los grandes terratenientes —cuyos apellidos ya no son Pueyrredón o Alvear sino Urquía, Ezquenazy o Werthein— arreglaron por afuera su disputa con el poder del cual forman parte. Mientras tanto un montón de políticos, intelectuales y militantes no percibieron que no estaban luchando por lo que deberían haber luchado, que el enemigo estaba desdibujado, demonizado simplemente por nuestra ignorancia.

No dejo de imaginar al señor Dreyfus tomando una copa de champagne con el señor Monsanto, su competidor Cargill, y hasta algún otro exportador de granos, en un hotel 6 estrellas de Nueva York, riéndose a carcajadas por haber tenido la impensada colaboración de parte del progresismo argentino para continuar con el saqueo.

Con esta reflexión no pretendo evadir, por supuesto, todo lo que además se juntó. Como pasa en todo conflicto, detrás de cada bando estaban los más variopintos explotadores y sinvergüenzas, los pooles sojeros, etc. No eludo tampoco la utilización perversa de algunos sectores para sacar rédito político del entuerto. Pero unos y otros estaban simplemente en época de caza. Algunos mezclados para beneficiarse con los sectores agrarios; otros tratando denodadamente de imponer la 125.

Está por verse ahora si los agricultores bajarán la guardia y se dedicarán a producir, o si los cazadores sofisticarán sus estrategias. Lo que es seguro es que el conflicto por la 125 fue también —aunque como una contienda virtual— una verdadera batalla cultural.

 

Parrilli “Macri hizo una licitación a la medida de Mapfre”

Denuncia contra el titular del ejecutivo porteño, en un negocio de 400 millones de pesos anuales.

Pasaron ya tres meses desde que Mauricio Macri y su ministro de Hacienda, Néstor Grindetti, fueran denunciados penalmente por la contratación de la aseguradora de capitales españoles Mapfre para otorgar pólizas de ART a los 116.000 empleados del gobierno de la Ciudad. A pesar de que la licitación fue parada por la Justicia, la denuncia contra Macri no registra un solo avance.

Marcelo Parrilli, legislador porteño por el MST y autor de la demanda, aseguró que la licitación que ganó Mapfre había sido diseñada a la medida de la aseguradora, ya que uno de los requisitos era que a junio de 2009 el candidado reuniera al menos 300.000 pólizas sólo en Capital.

La licitación fue parada por orden de la jueza porteña Elena Liberatori y la denuncia penal de Parrilli por presuntacomisión de los delitos de “cohecho y violación de los deberes de funcionario público”, quedó radicada en el Juzgado de Instrucción N° 45, a cargo de la María Fontbona de Pombo.

Según Parrilli, la única que podía cumplir con esa exigencia era Mapfre. Así lo confirmó el legislador en diálogo con plazademayo.com.

“Denunciamos penalmente al gobierno de Macri por haber hecho una licitación pública a la medida exacta de la aseguradora Mapfre para que se quede con el seguro de ART de todos los trabajadores de la ciudad de Buenos Aires”, dijo Parrilli. “Se establecen una serie de condiciones que sólo Mapfre puede reunir, como por ejemplo, que la aseguradora tenga más 300.000 asegurados en la ciudad de Buenos Aires a junio de 2009”.

–¿Había más de una aseguradora que cumpliera ese requisito?

–La única que tenía esa cantidad de asegurados en la ciudad de Buenos Aires era Mapfre, que precisamente ya venía actuando como ART del Gobierno de la Ciudad. De manera que otras aseguradores mucho más grandes que Mapfre, que tienen muchos más asegurados en todo el resto del país, han quedado afuera.
–¿De qué dimensión es el negocio licitado?

–Es un negocio de unos cuatrocientos millones de pesos. Estamos esperando que avance la investigación. Nosotros hicimos un pedido de informe al Gobierno de la Ciudad que nunca salió, esta durmiendo en la comisión de Presupuesto.

–¿Pero el pedido de informes de un legislador no debería ser proporcionado en forma obligatoria?

–En realidad lo tiene que tratar la comisión de Presupuesto y eventualmente aprobarlo o rechazarlo o someterlo a votación en el recinto. Nunca fue tratado. Nosotros no tenemos diputados en la Comisión de presupuestos, que preside el Diputado Alvaro Gonzalez, del PRO, para que lo trate. Como no trataban nuestro pedido de informe y nosotros teníamos elementos que evidentemente indicaban que acá hay un negociado, hicimos la denuncia penal, que está en curso.

–¿En qué consiste la denuncia?

–Pedimos la suspensión de la licitación que en su momento fue otorgada y estamos esperando que esto se resuelva.

–¿Qué otros elementos te indican de que esto fue hecho “a medida”, además de las 300.000 pólizas? ¿Hay algunos otros elementos?

–Sí, por ejemplo, se suprimieron algunas exigencias que estaban, inicialmente, en el pliego para adaptarla a la situación particular de los directivos de Mapfre. El pliego original establecía que no podía intervenir ninguna aseguradora que tuviese funcionarios desempañando cargos en la administración pública nacional o de la Ciudad. Resultó que Mapfre tenía un director, de apellido Bescos, que estaba ocupando un cargo a nivel nacional. Entonces se eliminó la cláusula de exclusión de funcionario nacional y se la dejo limitada solamente al ámbito de la Ciudad.

–¿Y las otras compañías hicieron algún reclamo?

–Las otras compañías han hecho algunas manifestaciones públicas de queja, porque evidentemente advierten también esto pero han quedado, literalmente, fuera de la licitación. La licitación igual ha sido paralizada.

–Mientras tanto, ¿la gente tiene igual la cobertura? ¿Cómo es?

–Tiene la cobertura por la conducción del seguro anterior, es decir, que no esta sin ART. Lo que nosotros tratamos de evitar es que se convalide esta maniobra.

–¿Qué chance tiene esta causa de seguir adelante y funcionar?

MP: Y es un tema, obviamente, político. Nosotros creemos que el entrar en un año electoral le va a dificultar al PRO seguir adelante con la licitación. Pero bueno, hoy por hoy, esta paralizada, simplemente.

La respuesta de Macri.

En off, fuentes del gobierno de la Ciudad habían refutado algunos de los argumentos de Parrilli cuando el legislador presentó su denuncia. En particular, los argumentos de los voceros de Mauricio Macri apuntaban a refutar la supuesta exclusividad de Mapfre como única destinataria del pliego licitatorio: en el oficialismo macrista aseguran que otras dos empresas, La Caja ART y Consolidar ART, también cumplían con el requisito de 300.000 pólizas dentro de la Ciudad hacia junio de 2009.. Además, habían dicho que “la oferta de Mapfre fue de 71 millones por año y de Consolidar, de 75, con lo cual estaríamos hablando de aproximadamente 210 millones de pesos en tres años y no de 400 millones”.

Pero aunque en apareciencia contarían con todos los argumentos para refutar públicamente la denuncia de Parrilli, ésta sigue sin ser tratada en la comisión de Presupuesto de la Legislatura porteña, donde manda el PRO.