Entrevista a Gabriel Levinas después del atentado a El Porteño

“Aprendimos a convivir con el miedo”

Un reportaje de Gerardo Yomal.

Nuestro entrevistado de esta semana es Gabriel Levinas, 32 años, director de la revista cultural “EI Porteño” (25.000 ejemplares de tirada) que se edita desde hace unos dos años. La redacción donde se hizo este reportaje -Cochabamba 726- hoy está semidestruida. Una bomba de alto poder, colocada por manos anónimas, realizó su “trabajo”, El “delito”que habrían cometido el director y su equipo de redacción fue publicar las siguientes notas: “Niños desaparecidos la permanencia del horror”, “Ley de amnistía, la última prepeada?”, “La desaparición” (Articulo escrito por Augusto Conte): “Radiodifusión: el tongo delas licitaciones”; etc.

Hasta ahora ni la justicia, ni las autoridades dieron con los responsables del atentado que provocó heridas en una niña y en otra persona que se encontraba en las inmediaciones. El diálogo de “Nueva Presencia” con Levinas tuvo lugar prácticamente sobre el filo mismo de la presente edición.

AI “Porteño” se la tiene considerada como una revista cultural; sin embargo en los últimos números se incrementó el material sobre temas de derechos humanos. ¿Por qué?

Justamente porque creemos que el tema de los derechos humanos es crucial y definitorio en la política Argentina. No habrá democracia en nuestro país si no se entiende como imprescindible la necesidad de buscar una solución moral y definitiva al problema de los desaparecidos. En la medida en que este tema se olvide y se postergue los riesgos de una guerra civil estarán tocando constantemente nuestra puerta. Para hacer un poco de historia, en 1955 la aeronáutica bombardeo Plaza de mayo dejando centenares de víctimas; hoy, ya han pasado casi treinta años y todavía no se investigó nada. Algo parecido ocurrió con la matanza de Trelew. nunca se encarceló a los responsables. Estos acontecimientos nefastos para la historia Argentina fueron quedando como antecedentes peligrosos y los responsables de la represión sacaron su experiencia; Sse podía reprimir violentamente porque los hechos mostraron que jamás se investigan a fondo las distintas violaciones a los derechos humanos ocurridos en el país.

Los treinta mil desaparecidos son una dura muestra de la dictadura que soportamos, parecería que las posibilidades de engrosar ese número no son utópicas. La comunidad debe tomar conciencia del problema de los desaparecidos de lo contrario la próxima vez quizás serán trescientos mil. Este es el motivo por el cual nosotros incluimos este tema en la revista porque sabemos que no hay forma de cultura posible con el actual Estado represivo La cultura necesita de la libertad para no ser desvirtuada es una condición indispensable.

¿Por qué no plantearon este tema cuando comenzó a salir la revista?

No es que no lo planteáramos, sino que estaba presente, de distintas formas, en todos nuestros artículos. La tapa del primer “Porteño”era la imagen de un indio mataco, muchos al principio se rieron marcandonos la contradicción entre el nombre de la revista y su primera tapa. No entendieron que también el indio es un ‘marginado, un reprimido. un expoliado de sus territorios Y su cultura, ese fue nuestro comienzo, quizás un poco marginal para abarcar el problema de los derechos humanos, pero en esa oportunidad también dijimos que el general Roca, “héroe nacional”, cometió varios genocidios contra los indígenas. De a poco nos íbamos metiendo en los temas difíciles manteniendo nuestras ideas, tratando de empujar el margen de acción de acuerdo con lo que la realidad nos iba permitiendo. Parecería que la semana pasada nos pasamos de ese margen.  

¿Cual es el público que compra “El Porteño”?

En general son intelectuales, trabajadores de la cultura, psicólogos, estudiantes universitarios, gente de bastante elevado nivel cultural.

¿Cómo analizás el comportamiento del periodismo durante este proceso militar?

Hoy tengo más elementos que antes para analizar el momento que pusieron la bomba en nuestra editorial, con su secuela de destrucción y de terror. Me ayudó a comprender en carne propia los mecanismos para silenciar toda prensa opositora. Del 76 para acá hubo más de ochenta periodistas desaparecidos, otros fueron muertos y dentro de ese marco muchos optaron por callar y algunos hicieron la apología del régimen. El problema básico está en la forma de pensar  del periodista argentino que es la misma de toda la sociedad. Te pongo un ejemplo a raíz del atentado, el otro día me vino a visitar un periodista de “La Semana” que me planteó la posibilidad de que nosotros fuéramos visualizados como subversivos o sediciosos Esa era su duda ante la cual opte por leerle el artículo 22 de la Constitución que dice que “Todo aquel que peticione en nombre del pueblo a través de la fuerza de las armas comete el delito de sedición” Yo no soy subversivo, si lo son los que violaron la Constitución. Así de simple.

En la reciente visita de Oriana Fallaci, que trajo bastante cola por cierto, calificó a los periodistas argentinos como meros “chupamedias” de la dictadura militar y también nos marcó como “fascistas”. ¿Cual es tu opinión sobre estas controvertidas declaraciones?

Habría que hacer varias distinciones no nos podemos olvidar que es una periodista europea acostumbrada a vivir en un lugar donde las garantías individuales y los derechos humanos son respetados con mayor fluidez. Por otro lado, no acepto que cuando Oriana Fallacci habla se analice el tono de sus expresiones y no lo que dice. Muchos se agarraron de su histeria para olvidarse del contenido de sus palabras y honestamente tenemos mucho que aprender. Por ejemplo, el reportaje que ella le hiciera a Galtieri nos deja un sedimento importante al desenmascarar las contradicciones de un general incoherente que nos manda a la guerra así porqué si. Desde el punto de vista profesional estoy convencido de que es una excelente reportera. Con respecto a lo que dijo sobre el periodismo argentino pienso que tendría que haber hecho dos o tres aclaraciones; fuera de ellas me parece que tiene razón El periodismo que tuvo cierto espacio durante el proceso hizo causa común con la dictadura, pero para no seguir dando pasta a los malentendidos sería conveniente diferenciar a los dueños de los medios de los periodistas, de los trabajadores de prensa. Hubo muchos casos en que no podíamos decir lo que pensábamos porque teníamos miedo, pero tampoco faltaron los que eligieron la mentira como instrumento sistemático y goebbeliano El periodismo, como todo el conjunto social, es responsable de lo ocurrido. No me olvido de las bombas ni de los desaparecidos pero también me gustaría señalar la existencia de un periodismo alternativo, ustedes por ejemplo, los de “Nueva Presencia”, que pudieron existir utilizando todos los márgenes, aunque sea los pocos que había, para decir algo distinto.  

En el momento de la guerra de las Malvinas el quinto número de tu revista salió a la calle con una tapa que mostraba a la Thatcher con un parche en el ojo. “El porteño” venía con una línea totalmente pacifista y, sin embargo, en ese momento, cambió ¿Por qué?

Esa tapa mostró un hecho real. Margaret Thatcher es una pirata como la mayoría de los ingleses que no se quedan en Inglaterra. En ese momento quizás esa tapa confundió no solo a los lectores sino a nosotros mismos. También te diría que en ese número la nota fundamental, de más páginas, era un reportaje de Pérez Esquivel realizado en plena guerra. De cualquier manera, no dejas de tener parte de razón; igualmente te comento que nuestra redacción discute absolutamente todo. A pesar de que yo dirijo la revista, las decisiones son del equipo de redacción que, en forma democrática, adopta la postura mayoritaria. En este caso mi posición era no poner nada, sino se podía poner la verdad hubiera sido mejor no poner nada. Pero una vez que la decisión fue tomada por todos, había que respetarla. Con todo esto el editorial de ese número fue pacifista; decíamos que Inglaterra era un enemigo peligroso y que no se podía ir a la guerra de la mano de Galtieri y de este ejército.

La guerra de las Malvinas y la posición de los partidos políticos, el periodismo, los intelectuales. Esto es y será un tema de discusión por muchísimos años en la historia Argentina. Incluso “Nueva Presencia”, al margen de otras opiniones, llegó a publicar el 8/4/82, en su N° 249, un artículo en primera plana que calificaba la operación Malvinas como “oportuna impostergable”. Nosotros también podemos hacer nuestra autocrítica, pero esto sería harina de otro costal. Pasando a otro tema, notamos el surgimiento de gran cantidad de revistas de neto corte antisemita y fascista: además ya han surgido algunos programas de radio con esas ideologías ¿Qué reflexión te merece esta situación?

He visto y escuchado esas vociferaciones contra el judaísmo y lo primero que se me vino a la cabeza es “que a estos tipos habría que sacarlos de la radio”. Pero después, al reflexionar, pensé que esa medida no era correcta. A la tinta se contesta con tinta y no con violencia. El problema surge cuando determinado programa fascista sale al aire en una radio estatal. La función del estado es proteger a todos sus ciudadanos por igual, mayorias y minorias. y no puede permitir que con sus fondos se fomenten ideas totalitarias. En cambio en una radio privada o en un diario soy partidario de la absoluta libertad.

Hay versiones que indicarían que de algunos sectores de las Fuerzas Armadas se financian algunas revistas antisemitas…

Si fuese así evidentemente estaríamos frente a una actitud totalmente condenable, no puede ser que desde el Estado se admitan y financien esas publicaciones. Igualmente, salvando estos casos de apañamiento estatal, pretendo que en mi país todos puedan publicar libremente cualquier tipo de idea. Aunque yo piense que esa idea es absurda, perjudicial, antipopular, no debemos reprimirla porque sencillamente el día de mañana pueden usar el mismo argumento y cerrarnos a nosotros. Tenemos que acostumbrarnos a la disidencia, aunque sea violento, como única garantía de que poco a poco se vayan retomando los caminos de la democracia.

¿Qué explicación habría (explicación entre comillas por supuesto) para el atentado contra “El Porteño”?

Esta misma pregunta me la hizo Borges el otro día en una conversación que mantuvimos. Y yo le contesté que me costaba muchísimo ponerme en el cerebro de ellos, Borges me interrumpe y me dice, “cerebro es mucho decir”… Chiste aparte, las “razones” del atentado serían nuestras denuncias del problema de los niños desaparecidos con nombres y apellidos. A mi no me interesa, honestamente, colgar a seis mil personas. Pero es importante dejar claro que no se puede matar y llevársela de arriba. ¿De qué manera se pueden solucionar estas cosas? No se. Por supuesto con la justicia, aunque algunos casos no se puedan demostrar y otros ni siquiera se lleven a los estrados de Tribunales. Lo fundamental es que cualquier persona que tenga un arma en el bolsillo (porque yo le pago para que la tenga y me cuide) sepa que no se puede pasar de la raya. Y si se pasa, que también sepa que tiene bastantes posibilidades de ser uno de los que van a ser juzgados. Eso es lo que yo quiero. Lo que no quiero es que se haga una caza de brujas de represores porque esto puede llevar al país a una situación muchísimo más crítica de lo que nosotros creemos.  

¿Qué opinás de la amnistía que se pretende decretar?

Esa ley no debe existir: si ellos dijeron que hicieron lo que tenían que hacer en nombre del Estado y del pueblo argentino no habría nada que esconder ni amnistiar. La necesidad de una amnistía implica la existencia de delitos y si los hay, antes de amnistiarlos, queremos saber qué son, por qué se cometieron y a título de qué. La amnistía no debe existir. Esta posición, junto al problema de los niños desaparecidos, pudo ser entre otras notas la causante del atentado, además del editorial y de una nota sobre radiodifusión. Hasta te diría que no fueron determinadas notas las que los irritaron, sino que más bien sería toda la revista, todo el tono. Como si esto fuera poco hicimos una campaña publicitaria importante que mostraba directamente el contenido de la revista sin la necesidad de comprarla. Miles y miles de personas que pasaban por las calles se enteraban del problema de los niños desaparecidos y comenzaba un cuestionamiento. Esto habría asustado a quienes pusieron la bomba.

¿Recibieron amenazas en estos últimos días?

Nosotros recibimos amenazas de tipo personal. Chocaron a mi mujer que iba con los tres chicos, con dos falcon. Naturalmente después escaparon.

¿Cuándo sucedió esto?

El día anterior a la bomba; luego, con posterioridad, hubo amenazas a los redactores y a mis familiares. Como también me dijo Borges el otro día, “el atentado vendría a confirmar que lo que ustedes dicen dentro de la revista es cierto”. Cada vez me convenzo más de que la revista está bien encaminada y se ganó el premio Pulitzer a la criolla: una bomba.

¿Quienes pusieron la bomba, Gabriel?

Yo te quiero comentar algo que no tiene nada que ver con la explosión en sí, sino con ciertos efectos posteriores a la bomba que aparentemente es muy sofisticada. El asunto es el siguiente: parece ser que esta “bomba”, después de que estalló, abrió la caja fuerte, siendo retirado material privado que hay adentro, rollos fotográficos y cassettes. También desaparecieron algunas carpetas que estaban sobre mi escritorio, pero sólo aquellas que se referían a temas de derechos humanos. Conclusión: ahora me convencí que las bombas suelen ser muy sutiles y selectivas.

¿Qué más hizo “la bomba”?

La “bomba” se llevó negativos del laboratorio que está al fondo (parecía que no llegaba pero logró abrir la puerta y entrar); también se llevó material de archivo, un cuento de Jorge Di Paola que estaba sobre el escritorio, un grabador. Yo digo que la “bomba” se llevó, más bien diría que hizo desintegrar, diferentes objetos a través de un sistema nuclear. Este sistema desintegra a pedido lo que uno quiere. Yo llamaría a este artefacto “bomba allanadora”, con capacidad para desintegrar partículas opositoras.

¿Hiciste la denuncia a la justicia?

Si, casualmente el juez que está en esta causa es Anzoátegui. Todavía no vino a vernos y no nos puso la custodia que pedimos; son decisiones que supongo devienen de la “sabiduría” del poder judicial. Lo que sentí desde el atentado hasta ahora es que el investigado era yo y no los que se llevaron los papeles.

¿Te sentiste apoyado por el periodismo y los partidos políticos?

Realmente sí, el periodismo se hizo presente y difundió el problema masivamente. “Clarín”, “La Voz”. “La Nación”, hicieron sendos editoriales sobre el tema. Hubo mucho apoyo del periodismo internacional y tengo entendido que Bignone debe estar recibiendo muchísimos telegramas de repudio al atentado. Tuve mucha adhesión del Partido Intransigente, del Radicalismo, de Borges, de Sábato, Solá, Gieco, etc. El peronismo y el Partido Comunista todavía no mandaron ninguna adhesión. Me olvidaba del “Buenos Aires Herald”, que publicó la noticia en primera plana.

Si yo fuera secretario de redacción de alguno de los diarios que mencionaste habría sacado de primera plana la foto de alguna vaca desfilando en la Rural y habría puesto algo sobre el atentado al “Porteño”.

Para los dueños de los diarios las vacas son las vacas, y la revista “El Porteño” es la revista “El Porteño”. Cuando nuestra revista llegó al país las vacas ya existían y habían bancado a un montón de diarios. Hoy, las vacas están de turno y seguirán estando, por ahora, antes que “El Porteño”.

Al margen de los intereses económicos, en la sociedad argentina todavía no se tomó conciencia de lo que significa que se atente contra la cultura, que se ponga una bomba a una revista por el solo hecho de decir algunas verdades.

No hay conciencia de la dimensión del problema no sólo en cierto periodismo sino también en determinados sectores de la sociedad argentina. Hasta ahora no recibí ningún telegrama de Bignone (al fin y al cabo es mi presidente), ni del Ministerio del Interior que es quien debe brindarme protección; tampoco recibí ningún apoyo del ministro de Cultura (somos una revista cultural). Esta situación me hace pensar que, de alguna manera, ellos deben tener problemas internos sumamente graves para enviar un telegrama. En el hipotético caso de que ellos estén complacidos, a nivel personal, con el atentado contra “El Porteño”, no implica que no tengan la suficiente inteligencia como para, igualmente, mandar una carta y lavarse las manos. Pero si ni siquiera pueden mandar un telegrama, es porque están demostrando una aceptación peligrosísima del hecho. Es obligación del Estado custodiar la libertad de prensa, es obligación del presidente de la Nación hacer algún tipo de acto que demuestre que está conmigo y con la libertad de prensa, lo cual no implica de ninguna manera un aval ideológico o político a la revista. Yo tampoco quiero eso; También puedo suponer que el Partido Justicialista, que tampoco me mandó adhesión alguna, el día que sean gobierno tampoco me mandarán algo si se produjese un nuevo atentado. Vamos a esperar igualmente unos días más ya que están con las internas y quizás no tuvieron tiempo…

¿Seguís teniendo miedo después del atentado?

Miedo es un personaje cotidiano; comemos con él, lo invitamos al cine, dormimos con él. A esta altura del partido el miedo no es nada nuevo. Sólo que esta vez el miedo se puso algo ruidoso; parecería que lo hubiéramos mimado un poco durante estos últimos meses y armó una escena de celos. En el fondo, el atentado no deja de ser un acto de amor..

AbdonPapers

Hace unos días, Abdón o Alberdiano , un tuitero que se toma el trabajo de leer los boletines oficiales de la Ciudad de Buenos Aires y de la Nación y publicar por tuiter lo que le hace ruido, fue atacado duramente igual que su mujer que trabaja en violencia institucional de la Defensoría de la Ciudad todos los días desde hace diez años.

Por ese motivo Abdón se quiso bajar de su valiosa actividad . Cuando me enteré de esto gracias a Julito López , decidimos publicar los datos mas relevantes y sospechosos en esta página para que su trabajo no solo no se pierda si no que se potencie dandole un marco mas periodístico y chequeando y agregando mas datos que hagan  comprensible su trabajo. AbdonPapers surgió casi espontáneamente en Tuiter y decidimos respetar y usar ese nombre para esta sección en Plazademayo.com .

También queremos la ayuda de lectores y tuiteros para encontrar y publicar datos y casos que obliguen al Estado a actuar con mas transparencia y responsabilidad. En unos días estableceremos los mecanismos para ello. Mientras estamos conformando el equipo y en esta misma página daremos a conocer la metodología.

También instamos a los organismos de control, tanto estatales como de la ciudad a leer los respectivos boletines y hacer su trabajo.

Esperamos que esta iniciativa cuente con muchos adeptos y juntos controlemos a los funcionarios que se pasan de la raya.

Gabriel Levinas

 

El prólogo al libro sobre Lorenzetti censurado por la editorial

Ofrecemos a nuestros lectores el texto censurado por la editorial Ediciones B al libro sobre el juez de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti, que además había sido puesta fuera de circulación. El libro escrito por Natalia Aguiar vuelve a partir de estos días a las librerías luego de un escándalo por la censura ejercida y la pregunta por los responsables de tal acto. El prólogo fue escrito por la periodista española Carmen de Carlos y rechazado por la editorial.

El libro que había sido puesta fuera de circulación.
El libro que había sido puesta fuera de circulación.
Por Carmen De Carlos
Pensar en el Poder Judicial de Argentina es tener que pensar mucho y no siempre bien. La sospecha sobre miembros de un cuerpo, sin cuya existencia la democracia resultaría imposible, sobre vuela con insistencia desde hace décadas. Una porción significativa del Código Penal podría adaptarse, como una segunda piel bajo la toga, a jueces que tuvieron que salir por la puerta trasera de sus Juzgados. La misma hipótesis podría aplicarse a determinados magistrados que siguen en actividad. El destello que produce el reflejo de la plata provocó –y provoca-  ceguera en la ambición de riqueza de esos hombres -y  a veces mujeres- que un día eligieron olvidar que representan lo más sagrado de una sociedad: La justicia.
Los medios de comunicación, -con todas sus limitaciones y diversidad de propósitos-, nacieron con la obligada vocación de denuncia de aquellos funcionarios e instituciones que se traicionan a sí mismos y emponzoñan un país. Los periodistas argentinos que conocen de memoria los pasillos de los Tribunales de Comodoro Py y las escalinatas del Palacio de Justicia de la Nación, que es la casa de la Corte Suprema, fueron, en ocasiones históricas, valientes acusadores de aquellos que están más lejos que cerca de la ley. El respaldo de las empresas periodísticas en su trabajo supone una garantía y tranquilidad para ese investigador que tiene los ojos abiertos y el resto de los sentidos, en permanente estado de alerta.
Denunciar el abuso de poder e identificar las diferentes caras de la corrupción no es tarea fácil para nadie. Mucho menos para alguien que, como Natalia Aguiar, no ha tenido a su lado el blindaje de una redacción. Tampoco debió ser sencillo sumergirse en registros mercantiles de Buenos Aires a Salta, con escalas diversas y parada obligada en Rafaela, ciudad de nacimiento del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Luis Lorenzetti. El desafío, visto y leído este libro, alcanzó proporciones enormes al rastrear sociedades encadenadas para tratar de localizar al creador de un tablero de piezas diseñado para engordar las alforjas propias a costa de las públicas.
El periodista de investigación –en nuestro caso la periodista- vio multiplicar sus retos al abrirse paso en el camino del presupuesto de la Justicia. Hacerlo significó toparse con sorpresas impactantes. La primera, obras públicas asignadas a constructoras que no llegan a colocar los cimientos o cuando lo hacen, se sostienen con la firmeza de un castillo de naipes. El ejemplo forma parte de una larga serie de hallazgos del libro que dan vértigo.
Zambullirse en los charcos del Poder Judicial puede producir ese efecto. También, superar la capacidad de asombro: Contratos de sistemas informáticos que colapsan, intento de asalto tecnológico a los procesos electorales o el  destino poco transparente de cientos de millones –o quién sabe si miles- , son algunos casos que vuelca la autora en estas páginas para arrojar luz donde pareciera imponerse la noche o, deliberadamente, el silencio.
“Hacete amigo del juez”, propone José Hernández en el Martín Fierro. Cumplir con la invitación (lo que significa) es, precisamente, lo que no hizo Natalia Aguiar. Periodista y abogado entendió que las causas de los pobres –y Argentina lo es en la Justicia- no pueden estar sometidas a acuerdos de pulpería. Natalia pasó una década larga atenta a las palpitaciones de los diferentes miembros de la Corte Suprema, conoce cada rincón del Palacio de Justicia y hasta el color de los ladrillos -los limpios y los otros- de la máxima instancia judicial.
Este libro es la prueba de su tenacidad, de la dignidad de una mujer, de una periodista, que estuvo, parodiando la película de Fred Zinnemann, sola ante el peligro de rescatar la verdad. No tuvo detrás un equipo o una cabecera que la sostuviera. El resultado de su esfuerzo es la disección profesional de Ricardo Lorenzetti, el máximo responsable de esa Justicia que Argentina –y el mundo que la conoce- miran con recelo.
La historia del Presidente de la Corte de la Nación pudo ser la historia cristalina de una mente brillante. La biografía  que narra Natalia Aguiar, pudo ser la del hombre que la mayoría de los argentinos pensó que era, cuando le designó el ex presidente Néstor Kirchner pero, no lo es. El jurista capaz de poner equilibrio, ser el fiel de la balanza incondicional de la justicia, templar con las presiones de otros poderes y evitar las tentaciones identificadas con el color del dinero,  no es el que asoma en la mayoría de las páginas de este libro. En su lugar aparecen términos que ofenderían a una persona de bien: testaferros, fallos tarifados, traición, adjudicaciones a dedo y otras que el lector descubrirá en este informe minuciosamente documentado. También, con justicia, tendrá el lector la versión del protagonista o su derecho a réplica. El broche final  es una entrevista que abruma como empieza y desconcierta como termina.
Este libro, en resumen, es una denuncia sin miedo, con documentos como prueba más que indicios, que los hay y son muchos. Este xxxx (título del libro), está repleto de citas y testimonios con nombre y apellidos. Es un trabajo de investigación y desencanto pero también de esperanza. Sin la colaboración de aquellos que ponen su voz al servicio de la periodista, sin el archivo y la información lograda –parte con ayuda de otros jueces, abogados, políticos y miembros de la Judicatura que creen en la justicia-, sospecho que Natalia Aguiar no podría haber llegado tan lejos.
Todas las sociedades, y la argentina no es una excepción, necesitan sentir que la justicia existe. El imperio de la ley es el único ordenamiento imperativo que los ciudadanos entienden imprescindible para sobrevivir con garantías mínimas de seguridad, desarrollo y dignidad. Descubrir el lado oscuro en la cabeza de la justicia y de rebote en buena parte del resto del Cuerpo, pese a las apariencias, es positivo. Saber quién es quién permite identificar a los jueces honorables y estos, aunque a veces surja la duda, existen y son muchos. Algunos, figuran en estas páginas.
 

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YPF, ejemplo del “modus operandi” K: Y Páguele Fuerte

En esta segunda nota de “Memorias del latrocinio”, vemos el zigzagueo con la empresa más grande del país

Un poco de historia permitirá entender el modus operandi K a lo largo del tiempo y en diversas circunstancias.

Como gobernador de Santa Cruz y presidente de la OFEPHI (Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos), Néstor Kirchner encabezó en septiembre de 1992 un fuerte lobby para que el Congreso apruebe la privatización de YPF. En Diputados el miembro informante fue Oscar Parrilli, a la sazón secretario general de la Presidencia y titular de la Agencia Federal de Inteligencia (exSIDE) de los gobiernos kirchneristas. Kirchner también firmó con los entonces ministros de Economía, Domingo Cavallo, y de Interior, José Luis Manzano, un “acta-acuerdo” que le permitió cobrar 654 millones de dólares en “regalías mal liquidadas” de YPF, origen de los llamados “Fondos de Santa Cruz”, de cuyo manejo nunca dio cuenta. En junio de 2005, Santiago Lozada, juez de instrucción Nº 1 de Río Gallegos, archivó las actuaciones y cerró el caso.

A partir de 2003, ya presidente, Kirchner mantuvo un constante tironeo con Repsol, hasta que los españoles acordaron con el “Grupo Petersen”, de la familia Eskenazi, lo que el kirchnerismo llamó la “argentinización” de YPF. Repsol justificó el acuerdo diciendo que los Eskenazi eran “expertos en mercados regulados”. En otras palabras, caballos del Komisario. Y bien lo habían demostrado. La aceleración de su fortuna empresarial había sido la privatización, también en la era menemista, del Banco de Santa Cruz, cuando la provincia era gobernada por Néstor. Con ese antecedente, al inicio de la presidencia de Kirchner los Eskenazi tuvieron la aprobación express del BCRA para que el Banco de Santa Cruz absorbiera a los mucho más grandes Nuevo Banco de Santa Fe y Banco de Entre Ríos SA (Bersa). “La presión del gobierno fue tremenda”, dijo un miembro del directorio.

 

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CFK en la Casa Rosada con Enrique y Sebastián Eskenazi, el titular de Repsol, Antoni Bruffau, y la “mano derecha” de De Vido, Roberto Baratta. “Argentinización” en puerta

La “argentinización” fue extraña: se hizo a través de una empresa española, Petersen Energía SA, cuyo único accionista era, a su vez, “Petersen Energía PTY Ltd”, una sociedad creada poco antes en Australia. Conesa maniobra, y un préstamo inicial de Credit Suisse, los Eskenazi pudieron hacerse del 15% de YPF, porción que luego aumentaron al 25%. Para que los compradores pudieran pagar las cuotas, se estipuló (cláusula 7.3) que las partes distribuirían 90% de las utilidades de YPF, porcentaje altísimo en la industria petrolera, donde raramente supera el 40%, pues significa descapitalizar (vaciar) la compañía al sabotear la inversión en exploración y desarrollo. Además, en su cláusula 5.1 el acuerdo estipuló como “condición resolutoria” la autorización de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia o el reconocimiento escrito de la secretaría de Comercio. Ergo, el gobierno participó y aprobó.

La consiguiente escasez de inversión llevó a una fuerte caída en la producción de gas y petróleo de YPF y a una creciente importación de energía, que en 2011 rozó los 10.000 millones de dólares e impulsó, a fines de ese año, la imposición del “cepo” cambiario y, en abril de 2012, la “recuperación” de YPF mediante la expropiación de la mayoría que aún detentaba Repsol. La movida tuvo un macizo respaldo legislativo y fue una ocasión celebratoria para el kirchnerismo, que difundió carteles con el viejo logo de YPF pero ahora con las letras de CFK. Eran el suelo y el subsuelo nacional, la Patria misma.
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Además, a los 100 días de su gestión, el nuevo presidente y Ceo de la YPF Nac&Pop, Miguel Galuccio, a quien el gobierno había repatriado de la multinacional de servicios petroleros Schlumberger, por recomendación del gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, presentó, junto a la presidenta y los ministros de Economía, Axel Kicillof, y de Planificación, Julio De Vido, el Plan YPF 2013-2017 por el que, dijo, en cinco años la petrolera Nac&Pop duplicaría su actividad exploratoria y aumentaría su nivel de producción al menos 6 % anual.

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Junio de 2012: El “Mago” Galuccio presenta junto a la presidenta y los ministros Kicillof y De Vido el “Plan Estratégico” de YPF

 

Mientras, Repsol ya había iniciado un reclamo a la Argentina en el CIADI, un tribunal arbitral del Banco Mundial. Cuando Kicillof atestiguó en el Congreso dijo que la “recuperación” de YPF no le saldría al país un solo peso y que Repsol, por el contrario, debería resarcir a la Argentina por los “pasivos ambientales” que había dejado a su paso.

En febrero de 2014, sin embargo, en pleno intento de “reinserción financiera”, que incluyó el pago de dos arbitrajes ante el CIADI y un costoso arreglo con el Club de París, movidas que para peor no llevaron a ningún puerto, debido a la irresolución del litigio con los fondos buitre (ver “Genios financieros”), Kicillof terminó reconociéndole a Repsol 5.000 millones de dólares por la expropiación del 51% de YPF y comprometió al país en un flujo de pagos por 10.680 millones de dólares en 20 años. Los vencimientos de todos los bonos emitidos, salvo unos pocos Boden 2015, recaerán sobre los cinco gobiernos posteriores a los de Cristina Fernández de Kirchner (CFK). El arreglo tuvo además una cláusula “lock up” que habilitó a Repsol a liquidar de inmediato los bonos que recibió del estado argentino. Esa deuda ya ni siquiera es “con Repsol”. Es deuda a secas.

El principal interesado en el acuerdo con Repsol era Galuccio. Si no se solucionaba el reclamo de Repsol, decía, a YPF le sería cada vez más difícil asociarse con petroleras internacionales de peso para desarrollar su “joya”, la formación geológica “Vaca Muerta”, que hizo de la Argentina la segunda mayor reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional.

De hecho, para asociarse con la norteamericana Chevron, acuerdo que concretó a fines de 2012, la YPF Nac&Pop no solo había aceptado jurisdicciones extranjeras (Cámara de Comercio Internacional de París y ley de Nueva York) para la eventual resolución de diferendos con su amigo americano, sino que también había creado -según revelaron los periodistas José Stella, fallecido en febrero pasado, e Ignacio Montes de Oca- al menos cuatro sociedades offshore en Delaware, suerte de paraíso fiscal en EE.UU., a nombre de directivos como Germán Laría, a la vez director de YPF y “Planning Manager” de Chevron, y Juan Garoby, gerente de Recursos No Convencionales de YPF y ex ejecutivo de Schlumberger, la compañía en la que había trabajado Galuccio.

Recapitulando: el kirchnerismo propició primero la privatización (que le valió a Santa Cruz una “compensación” de 654 millones de dólares), luego la “argentinización” y al cabo la “recuperación” de YPF, por cuyo 51% terminó reconociéndole a Repsol 5.000 millones de dólares en bonos con un flujo de pagos de 10.680 millones que afrontarán el actual y los próximos cuatro gobiernos. En ese proceso, el precio de los combustibles aumentó fuertemente en el mercado local. A la inversa de los años previos, cuando el gobierno reconocía a YPF/Repsol y a las demás petroleras locales un valor inferior a la mitad del precio mundial del crudo, una política de constantes aumentos llevó a que los argentinos paguemos ahora más del doble del precio mundial. Todo para “ayudar” al “Mago” y sus muchachos.

Pese a las promesas K, sin embargo, YPF no logró revertir la caída en la producción total de gas y petróleo del país y a principios de marzo de 2016 su cotización en la bolsa de Nueva York era 57% más baja que en los albores de su “recuperación”. Una pérdida de valor muy superior a la de otras petroleras “integradas”, como Exxon y su socia Chevron, pese a que éstas sufrieron de lleno, en sus actividades fuera de la Argentina, la caída del precio internacional.

El balance de las reservas de hidrocarburos entre 2003 y 2014, del que la política energética K e YPF fueron los principales responsables, en especial desde 2008 con la ”argentinización” y más aún desde 2012 con la “recuperación” estatal de la empresa, muestra que el país perdió reservas por el equivalente a dos años de producción de petróleo y más de nueve de gas, descapitalizándose en 115.000 millones de dólares.

Aún así, el gobierno de Macri reconoce a Galuccio haber evitado que la empresa fuera copada por militantes de la Cámpora y convalidó su decisión de mantener secreto el acuerdo YPF-Chevron, pese a ordenes en contrario de una jueza federal y de la Corte Suprema de Justicia.

Pero aunque resistió el avance camporista, YPF fue vehículo de operaciones, escraches mediáticos y pauta publicitaria en gran escala. Ejemplo de lo primero fue la “cámara oculta” a Carlos Pagni, de La Nación, con la obvia participación de servicios de inteligencia, para intentar desacreditar sus notas sobre la gestión de los Eskenazi en YPF. La pestilente operación se difundió en dos emisiones consecutivas de 6,7,8, el programa emblema de propaganda kirchnerista.

El “escrache” corrió por cuenta de la propia presidenta, que en agosto de 2012, en cadena nacional, denunció que entre 2008 y 2011 YPF había pagado 240.000 pesos por año a la esposa del periodista Marcelo Bonelli y a un “socio” no identificado, por un total de casi un millón de pesos. CFK hasta pidió una “ley de ética pública” para la prensa, blanco de su enojo. Fue una denuncia rara. Primero, porque el período aludido coincidía con la “argentinización” y la entrada en YPF de los Eskenazi, a gusto de Néstor Kirchner. Y segundo, porque la presidenta habló de once millones de pesos anuales de YPF en “servicios no prestados” de periodistas, pero mencionó solo un caso, por apenas 2% del valor. YPF no difundió lista alguna de periodistas beneficiados ni sobre su pauta publicitaria.

A esa altura, el desinterés en dar a conocer esos gastos era entendible: el manejo estaba a cargo de Dorotea Gompertz de Capurro (más conocida como Doris Capurro), amiga personal de CFK. De su mano, en 2014 YPF elevó los gastos de publicidad a 710 millones de pesos (380 millones sólo en el último trimestre). Esto es, unos dos millones de pesos por día.

Esos datos figuraban en la presentación de YPF ante la Securities and Exchange Commission (SEC, el regulador bursátil de EE.UU.). Eran cifras fuera de línea: en 2012 los gastos del rubro habían sido de 182 millones y en 2013 de 265 millones. En solo un año, la “pauta” de YPF había crecido 168 % y en los dos desde la “recuperación” estatal, se habían casi cuadruplicado. Gran parte de los fondos, sugirieron investigaciones del sitio Eliminando Variables y el periodista Luis Gasulla, fueron canalizados al “Grupo Capurro”, constelación de sellos creados por Doris, su marido, el difunto periodista y publicista Marcelo Capurro (exsocio del excanciller Héctor Timerman) y sus hijos. Gasulla hasta sugirió que Doris se asoció a Sergio Schoklender en Meldorek, empresa central en la estafa del programa de Viviendas “Misión Sueños Compartidos”, de Madres de Plaza de Mayo.

Azorados por estos datos, el diputado Alberto Asseff, del Frente Renovador, y la Fundación LED, pidieron a la Jefatura de Gabinete informes sobre la “pauta” de YPF. En ambos casos, no hubo respuesta. O, mejor dicho, sí. Fue la siguiente (sic): “YPF, al operar como SA, no es pasible de aplicársele legislación o normativa administrativa que reglamente la administración, gestión y control de las empresas o entidades en las que el Estado nacional o los Estados provinciales tengan participación”. En otras palabras, la YPF Nac&Pop había pasado a ser un coto cerrado.

 

Joaquín Sorianello: “No sé de qué me acusan”

Tras detectar fallas en el sistema de voto electrónico, la Policía Metropolitana allanó ayer su casa. Hoy Guillermo Montenegro, dijo que hackearon el mailing. Sorianello se defiende.

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SIDE: Cambiar todo para que nada cambie

El anuncio de disolución de la cueva de espías oculta el fortalecimiento de otras cuevas y de Milani.

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