A dos años de la tragedia de once, familiares y amigos de las victimas realizaron un homenaje en Plaza de Mayo y exigieron justicia.
Author: Paloma Navarro Nicoletti (@pily0)
El disco rígido femenino
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Hay muchos estereotipos de mujeres, actualmente sería erróneo generalizar las actitudes femeninas. Sin embargo, todavía existe este tipo en particular: esa mujer con mucha memoria, esa amiga que nos recuerda cada tanto por qué nuestro ex es nuestro ex, y no seguimos juntos. Esa mujer que recuerda diálogos enteros y archiva en un mirochip las peleas, las escenas y las palabras.
La relación de las mujeres con las palabras es algo que nos supera a nosotras mismas. De la palabra no hay vuelta atrás, y eso lo sabemos muy bien.
“¿Me querés? ¿Cómo me queda este vestido? ¿Puede ser que haya engordado? ¿Te gusta esa chica?”, simples preguntas que hacemos sabiendo que su respuesta describe el tipo de hombre con el que nos hemos metido. Luego de cualquiera de esas preguntas puede venir el silencio, el peor de los ruidos para nuestras cabezas. O puede venir la respuesta equivocada, el peor de los desastres. En ese momento tomamos cualquier tipo de frase que no nos haya gustado y la archivamos en nuestro disco rígido para sacarlo a la luz en algún momento, en alguna discusión oportuna.
Las palabras que nos lastiman son armas perfectas para poner sobre la mesa y hacer jaque mate; “vos de eso no te acordás, pero me lo dijiste hace tiempo, en esta situación y yo me lo acuerdo muy bien”.
Una vez mi novio me dijo que estaba gorda. A partir de ese momento deje de escuchar sus halagos. No me importaba si el pelo lo tenía lindo o esos zapatos me quedaban bien. Tampoco me afectó lo suficiente como para bajar de peso, estaba segura que ese tipo estaba equivocado. Sin embargo esa palabra me quedo dando vueltas, me dolió, y la tengo archivada en mi cabeza. Qué mejor recuerdo que una palabra hiriente para olvidarme de alguien. Qué mejor recuerdo que una frase desafortunada para saber que no quiero volver a llamarlo nunca más.
Las mujeres rememoramos mucho mejor los recuerdos emocionales intensos. Recreamos momentos puntuales y hasta maldecimos tener memoria para cierta información innecesaria. Conocemos a un tipo casado y lo peor que nos puede pasar es que nos hable de su actual mujer. Esa información la retenemos sin querer y se convierte en algo horrible. Quizás no nos acordamos del cumpleaños de un amigo, pero retenemos el nombre de esa mujer que ni conocemos, sabemos por qué se casaron y por qué siguen juntos. ¿Es necesario saber eso? No. ¿Lo recordamos? Sí. ¿Por qué? Porque las mujeres tenemos el karma de la memoria emocional selectiva.
Mi más humilde consejo a los hombres: deben tener cuidado con lo que dicen, nombres de ex novias, nombres de actuales novias, críticas a nuestras familias o amigas, experiencias sexuales anteriores, defectos físicos.
Las mujeres que se acuerdan de una frase lejana e hiriente corren con una ventaja, tratan de no tropezarse siempre con la misma piedra. Mientras tanto, ustedes hombres, sigan así, sin saberla fecha del aniversario. Ya se van a acordar de nosotras cuando faltemos.
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Un dialogo en la oscuridad
Pocas veces tenemos la posibilidad de conocer el sabor del aire. Sacamos fotografías mentales con otros sentidos, sin utilizar la vista. Parece difícil, pero lo vivido en este lugar no se olvidará nunca. Los primeros minutos avanzaba con miedo. El guia te decía, “seguí caminando, seguí mi voz”. En pocos segundos tenía que sacar habilidades de la galera y arreglármelas sola.
Diálogo en la oscuridad es una experiencia fácil de acceder en el centro cultural Konex. Pagás una entrada e ingresas a un espacio donde te explican el tipo vivencia de tus próximos minutos.
Dejé mis pertenencias en un locker. Y me quedé con algunos billetes en el bolsillo. Me dieron un bastón blanco, me explicaron como usarlo y me dijeron que comience a caminar por un pasillo. A medida que avanzaba la oscuridad se hacia más profunda, hasta quedar en el negro total. Mis manos buscaban desesperadamente una pared.
Pero el diálogo fue con uno mismo, con tus sentidos. No importa como haya estado, cerca o lejos, desnudo o vestido. Toda persona que ingresaba al lugar estaba en las mismas condiciones, ciego.
Mi guía se llama Roberto: “este es el primer escenario, son cuatro”. Como podía avanzaba reconociendo los sonidos, los olores, los sabores, las texturas. Si escuchaba agua había agua para tocar, si tenía que cruzar un puente el puente se movía. Cada escenario representaba un hecho de la cotidianidad. Caminé por la selva, viajé en lancha, crucé una avenida con autos, compré fruta y verdura. Y por último me senté en un bar. Conté mis billetes de dos pesos (preparados en mi bolsillo) y me pedí una cerveza.
La sensación de ceguera podía descomponer a cualquiera. Se escuchaban risas nerviosas y pedidos de ayuda ante cualquier imposibilidad.
Roberto nos confesó, “Si te dicen que desarrollas los otros sentidos porque uno te falta es mentira eh. Lo que pasa es que ponemos más atención en los otros sentidos, pero no son mejores que los tuyos”. Los mitos urbanos sobre ciertas discapacidades son infinitos. Roberto estaba acostumbrado a explicar ciertas cuestiones, pero lo interesante es la difusión.
Roberto me preguntó como sentí. La angustia que podía tener en su totalidad se redujo a la mitad cuando terminó el recorrido, sabía que esto se acabaría pronto. Me encontraba perdida y confundida. Supuse que la calle para un ciego sería más fácil que esto. A ellos los preparan más, les dan tiempo. Pero no quedan exentos del miedo.
Una vez sentados Roberto me habló sobre su vida, presté mucha atención, trataba de retener todo lo que me contaba sobre su discapacidad.
El no es ciego un %100 sino que padece de Retinosis Pigmentaria. Una enfermedad que le diagnosticaron cuando el tenía 7 años. Consiste en ceguera nocturna y reducción del campo visual de día. Es decir, de día ve como si cualquiera permaneciera espiando por una cerradura, o sea que su campo visual es mucho más acotado que el mío. Roberto puede ver la puerta del colectivo, pero no ve los escalones, por eso el bastón. La gente se ríe cuando lo ve con el bastón por la calle, mientras el se para frente a una vidriera. “Cuando escucho frases como: “este que se hace el ciego” trato de explicarles, pero ya lo hago poco, porque comentarios así escucho seguido”.
De noche no ve nada. No distingue. Las personas con una visión normal se adaptan rápido a la oscuridad, sin embargo si Roberto va al cine, podría ver parte de la pantalla, pero no la gente que se encuentra dentro de la sala.
“ – ¿Cómo se dieron cuenta tus padres?
– Fue difícil, imagina que yo de chico podía leer un libro, pero después, a la noche, me chocaba con todo. No entendían que me pasaba. A la noche me llevaba puesto un auto , pero a la mañana había visto la televisión”.
La Retinosis Pigmentaria es poco común. De hecho, pocos especialistas la detectan. Es genética le dijeron, por parte de su abuela, solo las mujeres la transmiten de generación en generación. El sabe que sus hijos no la van a tener, pero quizás las hermanas de Roberto la transmitan.
A las 26 años Roberto se operó en Cuba, esta operación permitió que su discapacidad no avance. Es por eso que el siente que su corto campo visual evitó varias caídas sobre las veredas rotas, pero no evitó llegar a su casa sin la billetera. “Me robaron varias veces, pero ¿Qué puedo hacer? Agradezco que no me caigo tan seguido por la calle”.
Todas las personas que guían en Diálogo en la oscuridad tienen una discapacidad visual. En su caso, Roberto usa bastón verde. Ya que su ceguera no es %100.
Frente los estímulos las personas videntes atenemos a cerrar lo ojos para relajarnos, en este lugar no hacía falta. Era un truco. Era todo oscuro de igual manera. El deseo de contagiarnos de la ceguera se concretó en segundos, y fueron suficientes. Luego de una hora volví a la superficie. Donde todo era igual que antes. El bombardeo de colores se nos volvió a hacer costumbre.
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Angela Bravo estudió cine documental en Chile y Bellas Artes en Estockholmo y Berlin. Ha realizado cortos que se han mostrado por diversos festivales al rededor del mundo. Su primer largometraje 11 de septiembre lo está produciendo y dirigiendo a través de su compañía Braza Film, pero busca la producción en sudamérica.

“El golpe forma parte de mi historia, sino fuera por el 11 de septiembre mis padres jamás se hubieran conocido, ya que fue la política que los unió, mi madre perteneciá a una familia “de derecha” de Viña del mar y mi padre “de izquierda” de Concepción”.
El padre de Angela militaba en el MIR (Movimiento Izquierdo Revolutionario), fue detenido y juzgado de terrorista con una pena de 30 años de prisión. Sin embargo, luego de cuatro años de encierro, la presión International de Amnesty le cedió un permiso de exilio, por lo que no pudo volver jamás a Chile. Es así como el padre y la madre de Angela se establecieron en Estockholmo, Suecia.
Vivir en una cierta burbuja, ajena a las raices personales, no es vida sencilla. Angela vivía en Suecia, pero hablaba en español, una manera de establecer recuerdos recurrentes de un país al que ninguno de los tres podía volver. La presión por asimilar conceptos tales como manifestación, exilio, causas políticas y demás, cuestiones atipicas para una familia normal, hizo que con el tiempo desee descubrir sus orígenes y se acercara a lo desconocido en puntas de pie.
En el 2001 viaja a Chile en busca del país prometido, el choque cultural fue muy bruzco al principio y decidió volver a terminar sus estudios de cine en Berlín. Puesto que en Berlín, se sentía más cómoda, sin límites, sin categorizaciones; su propio autoexilio.
Actualmente no le permite ni un bostezo a la busqueda cultural interna, decidió realizar “11 de septiembre” un largometraje que rescata las mejores declaraciones sobre la vida de algunos de los que sufrieron la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet desde 1973 hasta 1990 en Chile. Con un lenguaje actual, mostrando a través de la animación lo que contaron sus entrevistas. Eso lo que le permite una intimidad y anonimidad encontrada tratado de una manera creativa.
“Estoy entrevistando a chilenos con diferentes antecedentes, color politico y clases sociales a los que les cambió la vida radicalmente. De la noche a la mañana familias se separaron, otros desaparecioron y otros tuvieron que torturar”.
Once de septiembre from Angela Bravo on Vimeo.
Aparece derrepente una sensación de responsabilidad. Con toda la información sobre la mesa y los testimonios encontrados, Angela pudo entender lo que le habia pasado a su familia, cual es su origen. La responsabilidad de difundir lo sabido viene de la mano de la ignoracia de muchos de sus compatriotas, al no tener conocimiento sobre lo sucedido hace 39 años en su país ya que “la dictadura se encargó de borrar el cuestionamiento propio y eliminar a todas las personas que no creian que el neoliberalismo era la salvacion”.
Actualmente, las manifestaciones estudiantiles y las protestas sobre una educación libre resurgidas en Chile, a invocado a la represión militar vivida por sus antepasados. Con la diferencia de que “Los que luchaban contra de la dictadura ayer eran terroristas, hoy serian defesores de la democracia”.
Para la directora la interpretación de sus raíces fue esencial para poder proyectar hacia el futuro. “Hice mi autoexilio creativo en busca de mis sueños” concluye Ángela.