Entrevista a Gabriel Levinas después del atentado a El Porteño

«Aprendimos a convivir con el miedo»

Un reportaje de Gerardo Yomal.

Nuestro entrevistado de esta semana es Gabriel Levinas, 32 años, director de la revista cultural «EI Porteño» (25.000 ejemplares de tirada) que se edita desde hace unos dos años. La redacción donde se hizo este reportaje -Cochabamba 726- hoy está semidestruida. Una bomba de alto poder, colocada por manos anónimas, realizó su «trabajo», El «delito»que habrían cometido el director y su equipo de redacción fue publicar las siguientes notas: «Niños desaparecidos la permanencia del horror», «Ley de amnistía, la última prepeada?», «La desaparición» (Articulo escrito por Augusto Conte): «Radiodifusión: el tongo delas licitaciones»; etc.

Hasta ahora ni la justicia, ni las autoridades dieron con los responsables del atentado que provocó heridas en una niña y en otra persona que se encontraba en las inmediaciones. El diálogo de «Nueva Presencia» con Levinas tuvo lugar prácticamente sobre el filo mismo de la presente edición.

AI «Porteño» se la tiene considerada como una revista cultural; sin embargo en los últimos números se incrementó el material sobre temas de derechos humanos. ¿Por qué?

Justamente porque creemos que el tema de los derechos humanos es crucial y definitorio en la política Argentina. No habrá democracia en nuestro país si no se entiende como imprescindible la necesidad de buscar una solución moral y definitiva al problema de los desaparecidos. En la medida en que este tema se olvide y se postergue los riesgos de una guerra civil estarán tocando constantemente nuestra puerta. Para hacer un poco de historia, en 1955 la aeronáutica bombardeo Plaza de mayo dejando centenares de víctimas; hoy, ya han pasado casi treinta años y todavía no se investigó nada. Algo parecido ocurrió con la matanza de Trelew. nunca se encarceló a los responsables. Estos acontecimientos nefastos para la historia Argentina fueron quedando como antecedentes peligrosos y los responsables de la represión sacaron su experiencia; Sse podía reprimir violentamente porque los hechos mostraron que jamás se investigan a fondo las distintas violaciones a los derechos humanos ocurridos en el país.

Los treinta mil desaparecidos son una dura muestra de la dictadura que soportamos, parecería que las posibilidades de engrosar ese número no son utópicas. La comunidad debe tomar conciencia del problema de los desaparecidos de lo contrario la próxima vez quizás serán trescientos mil. Este es el motivo por el cual nosotros incluimos este tema en la revista porque sabemos que no hay forma de cultura posible con el actual Estado represivo La cultura necesita de la libertad para no ser desvirtuada es una condición indispensable.

¿Por qué no plantearon este tema cuando comenzó a salir la revista?

No es que no lo planteáramos, sino que estaba presente, de distintas formas, en todos nuestros artículos. La tapa del primer «Porteño»era la imagen de un indio mataco, muchos al principio se rieron marcandonos la contradicción entre el nombre de la revista y su primera tapa. No entendieron que también el indio es un ‘marginado, un reprimido. un expoliado de sus territorios Y su cultura, ese fue nuestro comienzo, quizás un poco marginal para abarcar el problema de los derechos humanos, pero en esa oportunidad también dijimos que el general Roca, «héroe nacional», cometió varios genocidios contra los indígenas. De a poco nos íbamos metiendo en los temas difíciles manteniendo nuestras ideas, tratando de empujar el margen de acción de acuerdo con lo que la realidad nos iba permitiendo. Parecería que la semana pasada nos pasamos de ese margen.  

¿Cual es el público que compra «El Porteño»?

En general son intelectuales, trabajadores de la cultura, psicólogos, estudiantes universitarios, gente de bastante elevado nivel cultural.

¿Cómo analizás el comportamiento del periodismo durante este proceso militar?

Hoy tengo más elementos que antes para analizar el momento que pusieron la bomba en nuestra editorial, con su secuela de destrucción y de terror. Me ayudó a comprender en carne propia los mecanismos para silenciar toda prensa opositora. Del 76 para acá hubo más de ochenta periodistas desaparecidos, otros fueron muertos y dentro de ese marco muchos optaron por callar y algunos hicieron la apología del régimen. El problema básico está en la forma de pensar  del periodista argentino que es la misma de toda la sociedad. Te pongo un ejemplo a raíz del atentado, el otro día me vino a visitar un periodista de «La Semana» que me planteó la posibilidad de que nosotros fuéramos visualizados como subversivos o sediciosos Esa era su duda ante la cual opte por leerle el artículo 22 de la Constitución que dice que «Todo aquel que peticione en nombre del pueblo a través de la fuerza de las armas comete el delito de sedición» Yo no soy subversivo, si lo son los que violaron la Constitución. Así de simple.

En la reciente visita de Oriana Fallaci, que trajo bastante cola por cierto, calificó a los periodistas argentinos como meros «chupamedias» de la dictadura militar y también nos marcó como «fascistas». ¿Cual es tu opinión sobre estas controvertidas declaraciones?

Habría que hacer varias distinciones no nos podemos olvidar que es una periodista europea acostumbrada a vivir en un lugar donde las garantías individuales y los derechos humanos son respetados con mayor fluidez. Por otro lado, no acepto que cuando Oriana Fallacci habla se analice el tono de sus expresiones y no lo que dice. Muchos se agarraron de su histeria para olvidarse del contenido de sus palabras y honestamente tenemos mucho que aprender. Por ejemplo, el reportaje que ella le hiciera a Galtieri nos deja un sedimento importante al desenmascarar las contradicciones de un general incoherente que nos manda a la guerra así porqué si. Desde el punto de vista profesional estoy convencido de que es una excelente reportera. Con respecto a lo que dijo sobre el periodismo argentino pienso que tendría que haber hecho dos o tres aclaraciones; fuera de ellas me parece que tiene razón El periodismo que tuvo cierto espacio durante el proceso hizo causa común con la dictadura, pero para no seguir dando pasta a los malentendidos sería conveniente diferenciar a los dueños de los medios de los periodistas, de los trabajadores de prensa. Hubo muchos casos en que no podíamos decir lo que pensábamos porque teníamos miedo, pero tampoco faltaron los que eligieron la mentira como instrumento sistemático y goebbeliano El periodismo, como todo el conjunto social, es responsable de lo ocurrido. No me olvido de las bombas ni de los desaparecidos pero también me gustaría señalar la existencia de un periodismo alternativo, ustedes por ejemplo, los de «Nueva Presencia», que pudieron existir utilizando todos los márgenes, aunque sea los pocos que había, para decir algo distinto.  

En el momento de la guerra de las Malvinas el quinto número de tu revista salió a la calle con una tapa que mostraba a la Thatcher con un parche en el ojo. «El porteño» venía con una línea totalmente pacifista y, sin embargo, en ese momento, cambió ¿Por qué?

Esa tapa mostró un hecho real. Margaret Thatcher es una pirata como la mayoría de los ingleses que no se quedan en Inglaterra. En ese momento quizás esa tapa confundió no solo a los lectores sino a nosotros mismos. También te diría que en ese número la nota fundamental, de más páginas, era un reportaje de Pérez Esquivel realizado en plena guerra. De cualquier manera, no dejas de tener parte de razón; igualmente te comento que nuestra redacción discute absolutamente todo. A pesar de que yo dirijo la revista, las decisiones son del equipo de redacción que, en forma democrática, adopta la postura mayoritaria. En este caso mi posición era no poner nada, sino se podía poner la verdad hubiera sido mejor no poner nada. Pero una vez que la decisión fue tomada por todos, había que respetarla. Con todo esto el editorial de ese número fue pacifista; decíamos que Inglaterra era un enemigo peligroso y que no se podía ir a la guerra de la mano de Galtieri y de este ejército.

La guerra de las Malvinas y la posición de los partidos políticos, el periodismo, los intelectuales. Esto es y será un tema de discusión por muchísimos años en la historia Argentina. Incluso «Nueva Presencia», al margen de otras opiniones, llegó a publicar el 8/4/82, en su N° 249, un artículo en primera plana que calificaba la operación Malvinas como «oportuna impostergable». Nosotros también podemos hacer nuestra autocrítica, pero esto sería harina de otro costal. Pasando a otro tema, notamos el surgimiento de gran cantidad de revistas de neto corte antisemita y fascista: además ya han surgido algunos programas de radio con esas ideologías ¿Qué reflexión te merece esta situación?

He visto y escuchado esas vociferaciones contra el judaísmo y lo primero que se me vino a la cabeza es «que a estos tipos habría que sacarlos de la radio». Pero después, al reflexionar, pensé que esa medida no era correcta. A la tinta se contesta con tinta y no con violencia. El problema surge cuando determinado programa fascista sale al aire en una radio estatal. La función del estado es proteger a todos sus ciudadanos por igual, mayorias y minorias. y no puede permitir que con sus fondos se fomenten ideas totalitarias. En cambio en una radio privada o en un diario soy partidario de la absoluta libertad.

Hay versiones que indicarían que de algunos sectores de las Fuerzas Armadas se financian algunas revistas antisemitas…

Si fuese así evidentemente estaríamos frente a una actitud totalmente condenable, no puede ser que desde el Estado se admitan y financien esas publicaciones. Igualmente, salvando estos casos de apañamiento estatal, pretendo que en mi país todos puedan publicar libremente cualquier tipo de idea. Aunque yo piense que esa idea es absurda, perjudicial, antipopular, no debemos reprimirla porque sencillamente el día de mañana pueden usar el mismo argumento y cerrarnos a nosotros. Tenemos que acostumbrarnos a la disidencia, aunque sea violento, como única garantía de que poco a poco se vayan retomando los caminos de la democracia.

¿Qué explicación habría (explicación entre comillas por supuesto) para el atentado contra «El Porteño»?

Esta misma pregunta me la hizo Borges el otro día en una conversación que mantuvimos. Y yo le contesté que me costaba muchísimo ponerme en el cerebro de ellos, Borges me interrumpe y me dice, «cerebro es mucho decir»… Chiste aparte, las «razones» del atentado serían nuestras denuncias del problema de los niños desaparecidos con nombres y apellidos. A mi no me interesa, honestamente, colgar a seis mil personas. Pero es importante dejar claro que no se puede matar y llevársela de arriba. ¿De qué manera se pueden solucionar estas cosas? No se. Por supuesto con la justicia, aunque algunos casos no se puedan demostrar y otros ni siquiera se lleven a los estrados de Tribunales. Lo fundamental es que cualquier persona que tenga un arma en el bolsillo (porque yo le pago para que la tenga y me cuide) sepa que no se puede pasar de la raya. Y si se pasa, que también sepa que tiene bastantes posibilidades de ser uno de los que van a ser juzgados. Eso es lo que yo quiero. Lo que no quiero es que se haga una caza de brujas de represores porque esto puede llevar al país a una situación muchísimo más crítica de lo que nosotros creemos.  

¿Qué opinás de la amnistía que se pretende decretar?

Esa ley no debe existir: si ellos dijeron que hicieron lo que tenían que hacer en nombre del Estado y del pueblo argentino no habría nada que esconder ni amnistiar. La necesidad de una amnistía implica la existencia de delitos y si los hay, antes de amnistiarlos, queremos saber qué son, por qué se cometieron y a título de qué. La amnistía no debe existir. Esta posición, junto al problema de los niños desaparecidos, pudo ser entre otras notas la causante del atentado, además del editorial y de una nota sobre radiodifusión. Hasta te diría que no fueron determinadas notas las que los irritaron, sino que más bien sería toda la revista, todo el tono. Como si esto fuera poco hicimos una campaña publicitaria importante que mostraba directamente el contenido de la revista sin la necesidad de comprarla. Miles y miles de personas que pasaban por las calles se enteraban del problema de los niños desaparecidos y comenzaba un cuestionamiento. Esto habría asustado a quienes pusieron la bomba.

¿Recibieron amenazas en estos últimos días?

Nosotros recibimos amenazas de tipo personal. Chocaron a mi mujer que iba con los tres chicos, con dos falcon. Naturalmente después escaparon.

¿Cuándo sucedió esto?

El día anterior a la bomba; luego, con posterioridad, hubo amenazas a los redactores y a mis familiares. Como también me dijo Borges el otro día, «el atentado vendría a confirmar que lo que ustedes dicen dentro de la revista es cierto». Cada vez me convenzo más de que la revista está bien encaminada y se ganó el premio Pulitzer a la criolla: una bomba.

¿Quienes pusieron la bomba, Gabriel?

Yo te quiero comentar algo que no tiene nada que ver con la explosión en sí, sino con ciertos efectos posteriores a la bomba que aparentemente es muy sofisticada. El asunto es el siguiente: parece ser que esta «bomba», después de que estalló, abrió la caja fuerte, siendo retirado material privado que hay adentro, rollos fotográficos y cassettes. También desaparecieron algunas carpetas que estaban sobre mi escritorio, pero sólo aquellas que se referían a temas de derechos humanos. Conclusión: ahora me convencí que las bombas suelen ser muy sutiles y selectivas.

¿Qué más hizo «la bomba»?

La «bomba» se llevó negativos del laboratorio que está al fondo (parecía que no llegaba pero logró abrir la puerta y entrar); también se llevó material de archivo, un cuento de Jorge Di Paola que estaba sobre el escritorio, un grabador. Yo digo que la «bomba» se llevó, más bien diría que hizo desintegrar, diferentes objetos a través de un sistema nuclear. Este sistema desintegra a pedido lo que uno quiere. Yo llamaría a este artefacto «bomba allanadora», con capacidad para desintegrar partículas opositoras.

¿Hiciste la denuncia a la justicia?

Si, casualmente el juez que está en esta causa es Anzoátegui. Todavía no vino a vernos y no nos puso la custodia que pedimos; son decisiones que supongo devienen de la «sabiduría» del poder judicial. Lo que sentí desde el atentado hasta ahora es que el investigado era yo y no los que se llevaron los papeles.

¿Te sentiste apoyado por el periodismo y los partidos políticos?

Realmente sí, el periodismo se hizo presente y difundió el problema masivamente. «Clarín», «La Voz». «La Nación», hicieron sendos editoriales sobre el tema. Hubo mucho apoyo del periodismo internacional y tengo entendido que Bignone debe estar recibiendo muchísimos telegramas de repudio al atentado. Tuve mucha adhesión del Partido Intransigente, del Radicalismo, de Borges, de Sábato, Solá, Gieco, etc. El peronismo y el Partido Comunista todavía no mandaron ninguna adhesión. Me olvidaba del «Buenos Aires Herald», que publicó la noticia en primera plana.

Si yo fuera secretario de redacción de alguno de los diarios que mencionaste habría sacado de primera plana la foto de alguna vaca desfilando en la Rural y habría puesto algo sobre el atentado al «Porteño».

Para los dueños de los diarios las vacas son las vacas, y la revista «El Porteño» es la revista «El Porteño». Cuando nuestra revista llegó al país las vacas ya existían y habían bancado a un montón de diarios. Hoy, las vacas están de turno y seguirán estando, por ahora, antes que «El Porteño».

Al margen de los intereses económicos, en la sociedad argentina todavía no se tomó conciencia de lo que significa que se atente contra la cultura, que se ponga una bomba a una revista por el solo hecho de decir algunas verdades.

No hay conciencia de la dimensión del problema no sólo en cierto periodismo sino también en determinados sectores de la sociedad argentina. Hasta ahora no recibí ningún telegrama de Bignone (al fin y al cabo es mi presidente), ni del Ministerio del Interior que es quien debe brindarme protección; tampoco recibí ningún apoyo del ministro de Cultura (somos una revista cultural). Esta situación me hace pensar que, de alguna manera, ellos deben tener problemas internos sumamente graves para enviar un telegrama. En el hipotético caso de que ellos estén complacidos, a nivel personal, con el atentado contra «El Porteño», no implica que no tengan la suficiente inteligencia como para, igualmente, mandar una carta y lavarse las manos. Pero si ni siquiera pueden mandar un telegrama, es porque están demostrando una aceptación peligrosísima del hecho. Es obligación del Estado custodiar la libertad de prensa, es obligación del presidente de la Nación hacer algún tipo de acto que demuestre que está conmigo y con la libertad de prensa, lo cual no implica de ninguna manera un aval ideológico o político a la revista. Yo tampoco quiero eso; También puedo suponer que el Partido Justicialista, que tampoco me mandó adhesión alguna, el día que sean gobierno tampoco me mandarán algo si se produjese un nuevo atentado. Vamos a esperar igualmente unos días más ya que están con las internas y quizás no tuvieron tiempo…

¿Seguís teniendo miedo después del atentado?

Miedo es un personaje cotidiano; comemos con él, lo invitamos al cine, dormimos con él. A esta altura del partido el miedo no es nada nuevo. Sólo que esta vez el miedo se puso algo ruidoso; parecería que lo hubiéramos mimado un poco durante estos últimos meses y armó una escena de celos. En el fondo, el atentado no deja de ser un acto de amor..

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