Sobre Versalles y la Historia

Tras la polémica protagonizada por CFK y Alejandro Corbacho, el autor analiza los motivos del ascenso del nazismo al poder.

La Segunda Guerra Mundial, acuerdan prácticamente todos los historiadores, se volvió prácticamente inevitable tan pronto los nazis accedieron en Alemania al poder en 1933 y se consolidaron en el mismo. Lo que básicamente diferencia a tales historiadores es de qué manera valoran y jerarquizan las múltiples y tan complejas razones que permitieron que el pueblo, quizá más culto y educado del mundo, pasara a ser dominado por la más atroz pandilla de ladrones, psicópatas y asesinos que alguien pudiera llegar a imaginarse. Pero lo que sin duda debemos tener en cuenta es que un proceso histórico tan complejo, singular y enigmático como fue esta toma y consolidación en el poder por parte del nazismo nunca puede deberse a una causa única o incluso preponderante, sino que siempre será el resultado de muchas causales, alguna de las cuales procuraremos al menos esbozar a continuación. Desde ya, no pretendemos ni por asomo agotar un tema tan debatido y analizado.

En primer lugar creemos que influyó enormemente la tremenda frustración alemana que provocó la derrota militar en la Primera Guerra Mundial, probablemente muy superior a lo que hubiera provocado para cualquier pueblo un avatar similar. Y es que la victoria prusiana sobre Napoleón en los comienzos del Siglo XIX, las posteriores sobre Austria y luego sobre Francia más adelante, le habían dado a la recién unificada Alemania una sensación de ser invencible. La derrota en 1919 fue entonces especialmente dura de asimilar, y por ello tuvo tanto éxito la peregrina teoría de “la puñalada por la espalda”. De acuerdo a la misma, difundida con entusiasmo por el militarismo resentido, la derrota se habría producido tan solo como consecuencia de una traición interior: los socialistas, comunistas, banqueros, liberales, derrotistas varios… Avalaba esa teoría el hecho de que el alto mando alemán pidió el armisticio en 1919 ya que comprendía que había sido vencido en la batalla, y que proseguir la guerra ya no tenía sentido. Pero de hecho aún seguían sus tropas en tierra enemiga, tanto en el Este como en el Oeste. Esa tropa y la población en general en consecuencia no tuvieron la sensación de que se había producido una derrota, y la idea de “haber sido traicionados” encontró por ello un terreno muy fértil, que los nazis explotaron con una tremenda habilidad publicitaria antes y después de llegar al poder. Prueba esta frustración alemana y el resentimiento vuelto odio derivado de la misma, el hecho de que Hitler, en un genial golpe de propaganda, obligó a los vencidos franceses sacar de un museo el vagón de ferrocarril en que el alto mando alemán había suscripto el armisticio en 1919 y allí los obligó a firmar su rendición en 1940.

En segundo lugar los sucesivos gobiernos alemanes a partir de 1919 jamás le explicaron claramente a su población la tremenda (aunque no exclusiva, desde ya) responsabilidad que tuvieron en la guerra que iniciaron en 1914. Y es que ellos la comenzaron invadiendo un país neutral como Bélgica para atacar luego a Francia por el norte rodeando sus defensas en dirección a París, en un plan preparado evidentemente desde mucho tiempo antes. Es por ello, al no entender su responsabilidad, que los alemanes en su casi totalidad consideraban tan injustas las elevadas sanciones que fijaba la paz de Versalles, y que como nos recuerda Cristina Kirchner, Lord Keynes, quizá con alguna razón, en 1919 tanto criticaba. Pero el aristócrata y filogermano economista británico no habitaba un país que había sido casi destruido por la invasión alemana como Bélgica, o como ocurría con el norte de Francia. Y además todos los franceses sin duda recordaban que en la guerra franco prusiana de 1870, cuando los germanos resultaron victoriosos los obligaron a erogar una muy cuantiosa indemnización como teóricos responsables de la guerra, una indemnización que demoraron casi 20 años en pagar. Incluso de desearlo ¿cómo le explicarían los líderes franceses a sus ciudadanos, sobre todo a los habitantes de las zonas casi aniquiladas por la guerra, que en este nuevo conflicto las indemnizaciones serían perdonadas? Recordemos una vez más: en el oeste la guerra se había librado (y dejado su atroz consecuencia) en suelo belga y francés, no en Alemania…

Sigamos con las causas de la guerra…

En tercer lugar, y pese a algunas extrañas teorías que se escuchan últimamente en Argentina, la hiperinflación alemana sí que generó un tremendo resentimiento en un vasto sector de la pequeña y media burguesía de ese país, burguesía a la que siempre se le había inculcado los valores de la laboriosidad y del ahorro. Tales ahorros, originados muchas veces por generaciones de trabajo y esfuerzo, se evaporaron de pronto, mientras que sus anteriores y ahora desesperados propietarios observaban (o imaginaban) que unos pocos especuladores hacían fortunas. Esa clase social resentida y muy furiosa fue sin duda el continuo apoyo, sobre todo el inicial, del antisemitismo primero y del nazismo después. Pero no fue el pago de las indemnizaciones fijadas en Versalles la causa exclusiva (ni quizá la preponderante) de esa hiperinflación. Ya durante la guerra la economía alemana apeló a una gran emisión de billetes sin el respaldo metálico necesario (de acuerdo a lo aceptado por esos días), emisión que hacia el final del conflicto adquirió proporciones alarmantes. Según algunos estudiosos la emisión por causa de las indemnizaciones no alcanzaba un 28% de la que se implementaba, el resto era fruto de una economía alemana que se había escapado totalmente de control. Responsabilizar, sobre todo con exclusividad, a Versalles de la hiperinflación, no resiste en nuestra opinión ningún análisis serio de lo ocurrido.

En cuarto lugar la República de Weimar, que sucedió a la monarquía del Káiser Guillermo, resultó un absoluto fracaso político. Se manifestó absolutamente impotente para manejar los impresionantes desafíos que le planteaba la posguerra a un país derrotado, problemas a los que pronto se le sumó el de la crisis económica mundial de 1929. La dificultad fundamental a la que se enfrentaba Weimar era la imposibilidad de formar mayorías en el Parlamento: la izquierda (socialistas, comunistas) se equilibraba con los partidos de derecha y conservadores, y las mayorías eran efímeras. Por otro lado la total falta de unidad de la izquierda (socialistas y comunistas se enfrentaban con ferocidad) impedía crear un frente único que pusiera freno al avance de la ultraderecha. La consecuencia de una situación de este tipo era la imposibilidad de crear gobiernos fuertes y estables, y con ello toda la política entró en un aura de desprestigio, y la natural avidez germana por el orden fue el caldo de cultivo indispensable para el avance de una propuesta dictatorial.

¿Qué es un fascista? Un burgués asustado...

Pero por sobre todo no debemos olvidar el tan particular momento histórico que se vivía desde Octubre de 1917. Es que en ese momento, en el país más extenso del mundo, habían tomado el poder los bolcheviques, y ante el asombro del planeta lo habían podido conservar, pese a las agresiones externas y a una sangrienta guerra civil. Frente a la crisis mundial y tan dolorosa de 1929 demostraban además a todos que existía una alternativa al sistema capitalista, al que proclamaban que se proponían, sin lugar a dudas, reemplazar. Y una buena proporción del proletariado en numerosos países europeos los escuchaba con suma atención, entre ellos el proletariado alemán.

No cabe duda alguna que ese telón de fondo, y ese terror que el comunismo soviético inspiraba, motivó el silencioso pero evidente apoyo que la alta burguesía alemana brindó al nazismo, con el que rápidamente comenzó a realizar excelentes negocios cuando este llegó al poder. Se discute mucho si tal apoyo fue indispensable, o realmente decisivo, pero nos contamos entre aquellos que lo siguen considerando al menos de enorme importancia, especialmente para la toma y primera etapa de la consolidación de Hitler en el poder. A partir de allí todo lo demás ya fue tarde, en el muy hipotético caso que tal alta burguesía, de Alemania y del mundo, realmente hubieran querido detener al monstruo que tanto habían contribuido a forjar.

Desde luego, faltan muchas otras posibles causas, y el racismo de buena parte de la población de partes de Europa, por ejemplo, no puede olvidarse. Pero resumiendo: estamos hablando de uno de los momentos más terribles de la historia de la humanidad, que costó un baño de sangre espantoso, que siguen siendo una terrible herida abierta en la memoria de la los seres humanos. Las razones del mismo, alguna de las cuales hemos intentado apenas esbozar, son extremadamente complejas, discutibles, y dolorosas. Intentar hacer política con tales memorias a través de dudosas interpretaciones, es realmente degradante, para utilizar una calificación piadosa. Recobremos la sensatez, por favor…

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Comments

  1. flojo análisis de la economía alemana de posguerra y algo tendenciosa la visión sobre el negrero tratado de versailles de 1919. además cuando hay hiperinflación los usureros de siempre, hacen fortunas a expensas del pueblo, en alemania y en el resto del mundo también. un análisis muy light pero lleno de calorías y colesterol malo…

  2. la guerra franco-prusiana fue en 1870