El caso Brieger: el error y la realidad.

Una columna de opinión de un periodista provocó una polémica. Mientras tanto, se desarrolla una ofensiva feroz del Estado de Israel en Palestina.

Bombardeo de Israel sobre Gaza

Bombardeo de Israel sobre Gaza

En una carta a su amigo alemán Henry Oldenburg -que se encontraba en Inglaterra, donde integraba la Royal Society-, el holandés Baruch de Spinoza esbozaba la que luego sería una máxima que guiaría su forma de ver el mundo: “Ni reír, ni llorar, sino comprender”. El óptico judío que abogaba por el más estricto laicisimo en cuanto al Estado, que muchos consideraban un “materialista ateo” peligroso y que era un adalid de la racionalidad señalaba de ese modo que, en política, las pasiones debían matizarse en pos de un impulso hacia la verdad.

 

El conflicto en Medio Oriente promueve las pasiones y, también la irracionalidad política. Una vez más, este estado de las cosas se pudo comprobar por la desmesurada reacción a la columna de opinión de Pedro Brieger en el noticiero nocturno de La Televisión Pública. En ese espacio, Brieger había dado su punto de vista luego de la aparición de los cadáveres de tres adolescentes hijos de colonos israelíes que habían sido secuestrados en territorio palestino presuntamente por Hamas. ¿Cometió un error? Quizás el periodista no planteó su posición con el mayor de los tactos: de hecho, la noticia era el asesinato terrorista de los jóvenes, que merece la más absoluta condena. Creo que sólo después de la introducción de tal noticia y de su condena se podía pasar a contextualizar la tremenda realidad de la ocupación de territorio palestino por parte del Estado de Israel, aunque la mía es una mera opinión y no intenta valorar el trabajo ajeno. Brieger decidió focalizar allí el tiempo de su columna, hecho que provocó que se lo acuse de “justificar” los asesinatos hasta que se inicien campañas del más variado calibre en su contra. Desde una ofensiva contra su persona desarrollada personalmente por el empresario mediático kirchnerista Sergio Szpolski hasta un durísimo cuestionamiento en sus medios de la posición de Brieger, pasando por inverosímiles movidas para que se le impida el ejercicio del oficio periodístico, hasta que que se le prohíba el dictado de clases en la Universidad de Buenos Aires. Esto sin contar las amenazas anónimas y no que Brieger recibió en su celular, en su teléfono particular domiciliario, en su página personal de Facebook y en su página de Facebook pública, en su casilla de correo electrónico y hasta por Twitter. Toda una barbaridad.

 

“No es un problema de la forma en que se comunicó el asunto -dice a este cronista el periodista Brieger-. Lo que le duele a un sector de la comunidad judía es la realidad de lo que hace Israel. Ya me ha pasado otras veces. Duele que un ejército israelí idealizado haga lo que hace, que masacre civiles, que asesine, que torture, entonces intentan matar al mensajero”. Brieger vivió once años en Israel, es considerado como un experto en temas de Medio Oriente y escribió varios libros sobre la cuestión. “En 1991 escribí un libro sobre la guerra del Golfo que comenzaba citando una canción de 1982, escrita a raíz de la invasión de Israel al Líbano. ‘¿Cuándo aprendimos a quemar gente viva?’, decía la canción, que fue censurada en ese momento. Por eso pienso que no es un problema de formas, ni siquiera el problema soy yo. El problema es lo que el Estado de Israel hace. A gran parte de los jóvenes judíos esto les provoca dolor, porque al saber de esas acciones se les cae todo un mundo: aquello idealizado se desmorona. Es algo parecido a lo que pasó con los comunistas cuando cayó el Muro: ‘pero cómo, ¿esto no era el socialismo?’, se decían. Muchos jóvenes tienen una imagen idealizada sobre ese Estado, sobre ese ejército y cuando alguien les dice que no es como piensan, a veces reaccionan y llegan hasta la difamación, esgrimen el argumento del judío que se odia a sí mismo porque no tienen argumentos. Yo me crié en un ambiente en el que primaba el mandato de lavar los trapos sucios adentro, porque la crítica hacia afuera podía incentivar el antisemitismo. Siempre pensé de modo contrario. Yo no bombardeo, el problema es de los que bombardean, torturan, secuestran y desaparecen gente. Mi postura es pública desde hace años, y desde hace años uso la imagen del ‘pacman’ para señalar cómo avanza el Estado de Israel sobre los territorios palestinos. Es una constante que incentiva la violencia”.

 

Evolución del avance del Estado de Israel sobre los territorios palestinos.

Evolución del avance del Estado de Israel sobre los territorios palestinos.

 

No hay manera de negar la incesante ocupación de los territorios palestinos por parte del Estado de Israel, como tampoco la violenta resistencia que esta situación provoca. Tampoco hay modo de no percibir la barbarie que desencadena la violencia irracional de ciertas organizaciones terroristas, pero sobre todo no se puede soslayar el carácter terrorista que le imprime el Estado de Israel a su violencia, que desobedece leyes, juicios y derechos y que asesina y bombardea con el afán de lo terrible. En nuestro país conocemos la teoría de los dos demonios y su falacia: no habría que aplicarla a Medio Oriente para justificar al Estado de Israel.

 

En definitiva -y más allá del hecho puntual de una manera quizás equivocada de comunicar-, Brieger tiene razón. Y esa razón muestra, entonces, el absurdo de la respuesta concitada.

 

Mientras tanto bombas caen sobre Gaza. Una ofensiva más del Estado de Israel se realiza sobre los mínimos territorios palestinos. Una violencia que es un espiral indetenible. Tal vez así sea mientras la geopolítica y los intereses de las naciones se disputen en Medio Oriente y mientras el Estado de Israel -la potencia más armada por los Estados Unidos- cumpla el rol de gendarme de los pueblos. ¿Es posible que esto se  modifique? ¿Que se instaure en Palestina un Estado democrático, multicultural y laico? De su posibilidad depende la paz. En la España previa al reinado católico convivían judíos, musulmanes y católicos y fue cuna de grandes pensadores y testigo de un desarrollo cultural inusitado. Luego Isabel y Fernando expulsaron a moros y judíos. Con algunos exiliados judíos de aquella España tuvo contacto Baruch de Spinoza y tal vez junto a ellos desarrolló sus ideas sobre la fuerza política de los afectos, la posibilidad de la multitud y de la sociedad civil como soberano. Debido a la peligrosidad de sus ideas fue expulsado de la sinagoga, porque es más sencillo reaccionar que entender. Sin embargo, Spinoza continuó puliendo lentes, mirando alrededor, pensando y escribiendo, haciendo culto de la razón. “Ni reír, ni llorar: comprender”, había dicho. Son palabras de una potencia inextinguible.