Boudou, Rodin, una metáfora argentina

El vandalismo que sufrió “el pensador” de Auguste Rodin se repite en el Senado de la Nación

Despacho hoy

Despacho hoy

 

Años atrás, cuando las turbulencias sociales se hacían sentir en las calles de la ciudad de Buenos Aires , el pensador de Auguste Rodín, una de las esculturas mas importantes del arte francés, quedó en medio de la batalla.

En forma reiterada el solitario hombre desnudo soportó toda clase de intervenciones en su superficie. También él se convirtió inusitadamente en terreno de las luchas sociales y políticas del momento.

Cada posterior lavada de cara, con solventes y diluyentes que corroían su elaborada pátina, era sistemáticamente ignorada y otro color, otro partido o grupo, escribía sus demandas sobre el paciente pensador.

En ese momento Teresa Anchorena quiso salvarlo e intentó sin éxito, a pesar de la ley del 2008 que así lo disponía,  llevarlo escaleras arriba del congreso para restaurarlo y protegerlo.

Si bien no creo en absoluto que la solución pase por sacar las obras de arte del espacio público, esa fue la idea propuesta en ese momento. El motivo era que para ese entonces muchas esculturas de la ciudad habían sido vandalizadas y pedazos de bronce fueron cortados para su venta como el caso de los hermosos ciervos del Rosedal.

Quienes amamos el arte no concebimos que alguien pueda hacer semejante daño. Ni las hambrunas como las de la Italia de la posguerra lograron que a alguien se le ocurriera cortar y vender una mano o un  pie de bronce de los monumentos emplazados en sus calles.

El otro día pudimos ver al Vicepresidente de la Nación y Presidente del Senado dando un reportaje por televisión relacionado con la causa penal que lo involucra.

Mientras escuchaba su defensa y la cantidad increíble de casualidades que le ocurrieron, noté algo que me ayudó a entender un poco mas lo que le pasaba a ‘”El pensador” de Rodin” y a desconfiar de sus respuestas. Las paredes del despacho, que hasta hace pocos años estaban revestidas con una lindísima “Boisserie” de roble y cedro italiano, que daban marco a los muebles y ornamentos que guardaban un  estilo cuidado,  configurando así un espacio cálido y añoso, se habían convertido en un feo recauchutaje de los que suelen hacer quienes quieren ocultar con pintura y bajo presupuesto los defectos de una casa vieja.

Además del opinable gusto del Vicepresidente de la Nación, preocupa su percepción de que ese edificio, patrimonio de la Nación puede ser cambiado por su capricho sin consultar a los especialistas ni respetar su historia o  su arquitectura original.

En la Casa Blanca, por ejemplo, cualquier modificación debe ser autorizada por un comité especial integrado por expertos en arte, arquitectura e historia además de los curadores de la casa presidencial. En general solo se trata de cambiar tapizados, algunas cortinas y colores. Pero los salones públicos o la oficina oval no se tocan, ni siquiera los dormitorios para invitados. Todo es considerado parte de la historia norteamericana y hasta el mas pequeño juego de porcelana forma parte de ella.

Pero volviendo a la plaza de los Dos Congresos, El pensador de Rodin debió ser cercado con vidrio para evitar mas daños,  con lo que se redujo notablemente la posibilidad de admirar su belleza. Sin embargo, y  a juzgar por lo que pasa en el despacho del presidente del Senado, tal vez fue una suerte que no se hayan oído los pedidos de Teresa Anchorena, ya que el Congreso de la Nación no parece ser mas seguro para nuestro patrimonio cultural que las calles de la ciudad.