El modelo de las modelos

Tanta gente sin luz y tantas cosas interesantísimas en los programas de chimentos de la semana.

Por si se lo perdieron, parece que Rocío Marengo fue despedida por su agente mientras ella estaba en cámara lo que proporcionó un ataque de nervios en directo de la chica y un tema de especulación para la patria panelista. Los hechos no parecen gran cosa: la modelo fue al programa Mariana Fabbiani para hablar de “sus nuevas lolas” según constaba en el título impreso en pantalla. Como agua va le preguntan por un episodio que involucraba su compañera de agencia Jesica Cirio y su novio político Martín Insaurralde y Marengo hace una elipsis para hablar sin decir nada del asunto. En el acto, modelo y panelistas son avisados que Rocío no solo no pertenece más a la agencia sino que tampoco seguirá con su contrato en C5N.  Como para diluir aun más las imprecisiones vertidas por la modelo, la conductora justificó que “Las cosas a veces circulan y no siempre son ciertas” en una síntesis ya no de la situación que originó el despido -que sigue siendo insondable- sino del periodismo de estos tiempos.

Está claro que no se trata de “maniobras agraviantes y desestabilizadoras en perjuicio del Estado nacional y sus instituciones” como las que por esos días se le acusaban al periodista Hugo Alconada Mon y el diario La Nación por ocuparse de los vínculos del poder. Ni Insaurralde es Kirchner ni Marengo, Baez. Pero la anécdota revela tanto de la cultura de época que no puedo dejar de contarla. En la década en que ganaron las agencias (de cambio, de viajes, de autos, ambientales, de noticias, de prensa, informativas, de seguridad), las de modelos han dado el ejemplo de cuentapropismo próspero. Es el modelo monotributista encarnado en la modelo prestadora de servicios especiales como eventos y “presencias” en actos patrocinados por las grandes corporaciones, los medios hegemónicos y la nueva política. Pocas actividades reúnen de manera tan habitual lo que muchos suponen enemigos naturales. Y delatan tan elocuentemente el espíritu de los tiempos.

En los noventa era Pancho Dotto el manager de bellezas. Más o menos quedaba claro que buscaba manequins o modelos publicitarios. A su estilo, el hombre se adelantó a Tyra Banks con su Latin American Next Top Model de la chacrita del Este, donde organizaba entrenamientos en la vida profesional y por qué no social para jóvenes bellas. La agencia de esta década es Leandro Rud Models,representante de chicas potentosas, de esas que se conocen por el apellido y el carácter. Como “la Vanucci” que se fue hace un tiempo. Como “la Marengo” a la que fueron reciencito.

Si hubiera que definir la década del noventa y la que le siguió por sus modelos y sus agencieros, contrastes sobran. Mientras la agencia de Dotto se jacta de haber hecho famosas a famosísimas como Valeria Mazza o Dolores Barreiro, la agencia de Rud se hizo famosa gracias a contratar muchachas con fama previa. Su especialidad son las caras más ventiladas en la televisión aunque justamente sea el alto perfil que las contrata la misma razón que las desvincula, como es el caso de Karina Jelinek, y ahora el de Marengo. Las chicas Dotto fueron y siguen siendo etéreas. Las chicas Rud son terrenales en todo sentido. Las primeras son casi mudas: las vemos en las pasarelas o en las revistas de alta moda y a lo sumo hacen declaraciones en actos de recaudación de fondos para los necesitados. Las segundas hablan más de lo que muestran. Y eso que muestran mucho y muy pulposamente. Pongan en el buscador Pamela David, la niña Loly, Alejandra Magglietti. Bueno, eso.

Coincidente con esta exigencia de pluriempleo que trajo el nuevo siglo, las modelos de hoy tienen más de un trabajo. Y a tono con estos tiempos comprometidos, ya no importa tanto la moda y el glamour como los eventos y los patrocinios con sentido social que contratan no solo las multinacionales del consumo sino, más que nada, los municipios. Justo la semana que Rocío se achica sus atributos, deja el hombre con el que andaba y dice lo que se le viene en ganas, pierde su contrato en cámara. El panelismo intentó descifrar el acto como ejemplificador, lo que vendría a ser que el dueño de la agencia no vería con buenos ojos que alguna de sus chicas haga alguna de esas cosas, o todas juntas. La moraleja para todos es que nuestra precariedad laboral de contratos reversibles afecta hasta las estreshitas del vodevil vernáculo.

El episodio confirma también que estamos tomando todo demasiado en serio. Estas chicas mediáticas hasta ayer nos proporcionaban chismorreo y distracción. Ahora parece que hay que tratar sus cuestiones con actitud circunspecta. Jovencísimas que se presentan como señoras aunque anden con el piercing del ombligo al aire todo el tiempo nos recuerdan su papel de princesas consortes en los pasillos de palacio. Chicas grandes que juegan a la doncella enamorada que acompaña a su príncipe a eventos políticos y artísticos por los conurbanos. Muchachas que de entrada se hicieron las tetas porque suponían que iban a necesitar ese accesorio para convencernos de sus talentos, ahora intentan disciplinarlas en escotes dignos de la función de mujer de señores poderosos en lo suyo.

En fin, chicas que se presentan como mujeres de armas tomar pero que todo el tiempo recuerdan que tienen una protección que les deparan los hombres a los que adornan o que ocupan un lugar porque es más fácil cuando se es parte de la familia. Todas cosas que las confirman como ejemplo cabal de las mujeres de esta década: fuertes pero débiles, ganadoras pero segundonas de algún hombre que las consiente, bellas pero intervenidas hasta el arrepentimiento, casadas pero al final solísimas, ricas pero de dineros incómodos. Se las ve exultantes en la televisión y la política. En esa sobreactuación se sospecha la trampa.

 

 

Comments

  1. alvaro says:

    Brillante !!