Albricias! Un ministro marxista

Se le imputa a Axel Kicillof haberse declarado conocedor de Marx o “el pecado” de ser marxista. Si esto fuera así, ¡bienvenido ministro!

Se le imputa a Axel Kicillof haberse declarado conocedor de Marx o, lo que aparecería como un desmérito peligroso o pecado, ser “marxista”. Si esto fuera así, sería bienvenido para el ejercicio de su ministerio.

Desde luego se puede entender como tal a un conocedor de la obra de Karl Marx y, básicamente, “El capital”, lo que es sumamente auspicioso. Marx supuso siempre en vida y equivocadamente, que su obra iba a ser comprada y leída básicamente por los capitalistas ya que, como él mismo pregonaba, revelaba las leyes fundamentales que explicaban el modo de producción capitalista. Para encarar su tarea –que demandó varios años y vicisitudes hasta trágicas, como la muerte de sus hijos- pensó que los burgueses de la época le adelantarían dinero. Según uno de sus biógrafos, Francis Ween, abordó sin éxito a un joven pariente holandés a quién auguraba un gran futuro como industrial. Se frustró en el pedido pero acertó en la predicción ya que se trataba de Banjamín Federik David Philips.

No es la intención entrar en las complicaciones económicas filosóficas de su texto clásico “El Capital” (mercancía, trabajo concreto y abstracto, valor y plus valor, reproducción simple y ampliada, moneda, ganancia, interés, etc.); para el caso solo nos referiremos al corto prólogo a la primera edición (1867) que escribió el propio Marx.

Dos aspectos para la ocasión destacamos. Cuando Marx dice “la finalidad última de esta obra es, en efecto, descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna”, un avesado lector del texto sabrá los orígenes y carácter, por ejemplo, de la moneda, de la circulación, del interés, la tasa media de beneficio, del capital constante y el variable, etc. y tendrá la certeza que lo que cambia fundamentalmente un país es la inversión. Solo a partir de estas premisas se podrá encarar el diagnóstico y terapia de la coyuntura.

Es más, en el texto Marx nos dice que ha estudiado básicamente la sociedad y producción inglesa porque sus datos estadísticos merecen fe, ya que la misma información del resto de los países de la Europa continental “es verdaderamente pobre”. Pero en Inglaterra la tarea la realizan “hombres peritos, imparciales e intransigentes” Textualmente dice refiriéndose a Alemania: “Perseo se envolvía en un manto de niebla para perseguir a los monstruos. Nosotros nos tapamos con nuestro embozo de niebla los oídos y los ojos para no ver ni oír las monstruosidades y poder negarlas”. O sea un fiel lector de Marx como se supone a Kicillof sabrá rápidamente qué hacer con el INDEC para evitar ser Perseo o Guillermo Moreno.

Si nos remitimos a nuestra propia historia veremos la seriedad y honestidad de los ministros que se manifestaban conocedores de Marx. En primer lugar Federico Pinedo (h) que siempre declaró su devoción por Marx. Siendo muy joven se radicó por unos años en Alemania y de jactaba de haber estudiado a Marx con Eduard Bernstein al igual de sus diálogos –en la inmediata primera pos guerra- con Kautsky y Rosa de Luxemburgo. En sus años finales, durante el onganianto y cuando estaban prohibidos los partidos y las manifestaciones públicas marxistas, sorprendió a sus lectores respondiendo en una entrevista efectuada en una de las revistas de la época, diciendo, “todo lo que sé lo aprendí leyendo a Marx”, y escribió en el diario “La Prensa” varios artículos sobre la estructura agraria en la Argentina donde, sin decirlo, seguía rigurosamente las categorías del capítulo de la Renta del Suelo de “El Capital”. Cuando murió (setiembre de 1971) hubo una excelente nota en el diario “La Opinión”, firmada por Pablo Ibarra –seudónimo atrás del cual se escondía nada menos que Juan José Real- que comenzaba diciendo: “Venía del patriciado…y muy joven –en un gesto que implicaba una gran ruptura- vino a abrevar a las aguas vitalizadoras del marxismo…Pero el joven aristócrata que irrumpía en las filas del proletariado no se conformó con la visión justista del marxismo y estudió alemán para conocerlo en sus fuentes y viajó a Europa donde conoció a los grandes jefes de la Segunda Internacional. Pinedo forjó a lo largo de los años de militancia su propia visión del marxismo pero es preciso admitir que lo conocía…Por eso se destacó entre el tropel grisáceseo de sus conmilitones”. Nos recuerdo Real que en el por muchos denostado libro (¿lo habrán leído?) “En tiempos de la República”, se jactaba que varios de sus discursos como diputado “fueron una manifestación del pensamiento socialista argentino que era entonces vigoroso, estructurado sobre la base proporcionada por los maestros mundiales”. Fue famoso por apabullar a los diputados socialistas diciéndole –como a Nicolás Repetto- “lean a Marx”. Desde luego que puede discutirse e impugnarse desde el progresismo sus tres ministerios de economía (con Justo, Castillo y Guido), pero no su solidez teórica e, incluso, su pragmatismo. Su plan económico de diciembre de 1940 y así lo destacan historiadores como Milcíades Peña fue –malgré que le pese a los abjuradores populistas de Pinedo- prácticamente el mismo que aplicó Perón entre 1945 y 1955 (estaba pensado hasta el IAPI). Probablemente en 1946 Pinedo, terminada la guerra, no lo hubiera sostenido, aunque siempre es un misterio la historia contrafáctica.

Pasemos ahora a Rogelio (el Tapir) Frigerio – el ideólogo de Frondizi como así lo califica su biógrafo Mario Morando- que se declaraba con un paso más adelante, marxista y leninista. No accedió al ministerio –solo por un lapso corto desempeñó la “Secretaria de Relaciones Económica Sociales”- pero fue el alma de los cuatro años (1958/1962) del gobierno de Arturo Frondizi e impregnó con su ideario toda la gestión. En sus artículos periodísticos aseveraba que su cerrado discurso era inexpugnable porque manejaba “el método”, que sin decirlo era el “materialismo histórico” como lo advertían sus conocedores. Cuando, ya avanzados los 60, un periodista e intelectual le preguntó cuál era el motivo que lo condujo a transformar un partido tradicional y nacional como la UCRI en un cenáculo pequeño y cerrado como el MID, respondió, palabra más palabra menos, que era “un partido de profesionales militantes activos convencidos para operar sobre la realidad ”. O sea se inspiraba en las lecciones del “¿Qué hacer” del camarada Vladimir Ilich Uliánov. Entendemos oportuna esta referencia cuando desde Macri hasta Massa todos reinvindican a Frondizi y pretenden un gobierno que se inspire en el desarrollismo emulando a don Arturo (¿con la ideología del Tapir incluída?).

Muchas críticas podrán caer sobre Pinedo o Frigerio, pero no se puede desconocer ni su eficacia en la administración de la cosa pública, ni su conocimiento sobre las leyes que presiden el modo de producción capitalista, ni su robustez teórica, ni su transparencia y honestidad. A ninguno de los dos se le hubiera ocurrido ni remotamente, que a las leyes que rigen la economía se las podía vencer con voluntarismo.

Si el lector de Marx (¿marxista?) Kicillof siguiera estos antecedentes: ¡bienvenido! Solo es esperable que “su solidez no se desvanezca en el aire”.

 

 

* El autor es socio del Club Político Argentino

Comments

  1. Norberto Guida says:

    No está nada mal hablar de Moreno a quien más allá de su voluntarismo nadie le puede achacar un solo acto de corrupción y elogiar a Pinedo o Frigerio sin ningún fundamento que uno pueda apreciar como políticos y/o economistas ligados al campo del pueblo trabajador. No hace falta estar del lado del gobierno para no darse cuenta que ciertos izquierdistas y opositores tienen fines inconfesables o son unos reverendos idiotas.
    Como dice Aliverti: Uno no quiere ser kirchnerista pero los anti-kirchneristas no nos dejan.

  2. Germán Leyens says:

    Me parece que el marxismo de Kicillof no está referido a Karl Marx, sino a Groucho… de otra manera sería incomprensible