Inseguridad: ¿es “más policía” una solución?

El crimen es un problema que preocupa a la sociedad. ¿Pero es la mano dura una salida? Gastón Sardelli, miembro de Airbag, brinda una posición alternativa.

Manifestación pidiendo seguridad.

Manifestación pidiendo seguridad.

Sí, la calle da miedo. Sí, hay que combatir la inseguridad. Pero antes, hay que reflexionar sobre los por qué y, luego, los cómo. Debemos formularnos una multiplicidad de preguntas antes de decir “hace falta mano dura, hacen falta policías”. ¿Qué intereses estructurales hay detrás de los delitos? ¿Qué vínculos hay entre el Estado, las empresas y los delincuentes? ¿Más policía resuelve el problema?

La impunidad que brinda el aparato estatal a sus funcionarios y la corrupción que le es propia es un negocio que va desde la complicidad en delitos como la trata de personas y el narcotráfico a los desarmaderos y zonas liberadas. En todos los casos el Estado está presente con alguno de sus funcionarios. Y eso lo sabe desde el cadete en una comisaría hasta los gobernantes. Y si lo saben, ¿por qué nadie hace nada? Es simple: porque es su negocio. El negocio del dinero y la dominación.

Los servicios de seguridad privada, los bancos, los barrios privados, las aseguradoras, incluso las instituciones de salud y educación privada, todos, hacen de la inseguridad un negocio. A más inseguridad significa aislarse más del resto de la sociedad y eso se traduce en una forma de consumo muy lucrativa. Peor aún, también significa que todo el dinero que genera la delincuencia necesita encontrar su camino a la legalidad, obviamente, por medio de bancos y diversas estrategias financieras

Sabemos, y lo demuestra la historia, que la verdadera función de los aparatos represivos como gendarmería, policía, ejército, camuflados bajo el rol público de velar por el orden social y “cuidarnos”, tienen como fundamento principal ser la fuerza de choque de las clases dominantes sobre los trabajadores -que en su mayoría no logran reconocerse como clase dominada.

Esto es básicamente porque no podemos pensar una sociedad donde el trabajador sea consciente de que es el actor principal y el que puede dirigir la sociedad. Nada mejor para un gobierno -y los sectores de poder a los que estos representan- que reforzar la “seguridad” a fuerza de aparatos represivos: cuando más los necesiten más tendrán a su disposición.

La policía estuvo preparada para salir a reprimir a los vecinos que en asamblea se opusieron a la construcción del mega negocio inmobiliario del Vial Costero. También reprimió a los trabajadores de Kraft, la multinacional gigantesca que decidió despedir cientos de ellos. Podemos recordar el caso de Luciano Arruga, el joven desaparecido por la policía tras negarse a robar para ellos. O pensar el rol de la policía en el asesinato de Mariano Ferreyra, dejando la zona liberada para que la patota político-sindical actúe con total impunidad sobre los trabajadores movilizados. Son solo algunos ejemplos aunque bastaría con citar el rol que tuvieron aquel diciembre del 2001. Todos casos donde vemos el verdadero rol que tienen las fuerzas de seguridad. Pero cuando hay un desarmadero, un prostíbulo o un narcotraficante, que todos saben dónde están y cómo funcionan, la policía y el Estado, no aparecen. ¿Por qué?

Tener “seguridad” implica plantearnos otro tipo de sociedad. Una donde el trabajador sea el protagonista de cada decisión y acción. Desarticular al Estado actual que vela por los intereses de unos pocos y construir un Estado con participación real de cada uno de nosotros. Vale decir que en lugar de “pedir más policía”, deberíamos apoyar propuestas como que cada barrio, con sus asambleas de vecinos, controle y dirija las comisarias. Es decir, revertir los órdenes, cambiar las reglas de juego que hoy favorecen la corrupción y el delito organizado. Poner a la clase trabajadora como protagonista en la toma de decisiones en todas las cuestiones colectivas que afectan su vida individual.

Cuando hablamos de trabajador hablamos de todo aquel que no se hace dinero a costa del sudor de otro. Trabajador es aquel que recibe dinero a cambio de vender su fuerza de trabajo -física o intelectual-, o ese que tiene su micro emprendimiento y explota él mismo su capital, su kiosko de barrio, o ese que estudia para luego devolverle a la sociedad su conocimiento, el que es jubilado o que está desocupado o desempleado.

Entonces definitivamente no se trata de más policía. Porque más policía significará más elementos para reprimirnos en nuestras luchas, más protección para los narcotraficantes y redes de trata, más vínculos entre el crimen organizado y el Estado, más protección para los gobiernos cuando los pueblos se levantan.

Necesitamos organización ciudadana y de forma urgente. Pero para poder hacerlo necesitamos articularnos con aquellos movimientos y partidos políticos capaces de favorecer estas iniciativas. Partidos como los que forman el Frente de Izquierda tienen entre sus propuestas medidas que favorecerían este tipo de desarrollo social.

Como todo derecho, la “seguridad”, necesaria para poder vivir libre, se conquista mediante la unión de los trabajadores.