Son tiempos difíciles para ser progresista

Un lúcido análisis de la realidad realizado por una de las luminarias del profundo pensamiento Kirchnerista.

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Pedro Cosentino [/frame]

Impertérritas expresiones se han dibujado esta semana en los honestos rostros de los representantes del progresismo en el gobierno, entre los que por supuesto me cuento. Que con pocos días de diferencia el infame Carlos Menem haya declarado su apoyo incondicional al gobierno y la compañera Milagro Sala haya dicho que se vaya a la mierda el kirchnerismo ha desatado una furibunda catarata de preguntas interiores en cada progre de bien que todavía no nos ha abandonado. Pues bien, vengo a traerles calma y nuevas instrucciones.

La militarización del norte y la utilización de las fuerzas armadas para la seguridad interior son, sin dudas, dos señales de que los vientos en el ejército han cambiado. Cada vez es más difícil convencer a la opinión pública de que Milani, dejos de ser un halcón, era un tímido conscripto que pasó la dictadura pintando escuelas. En el frente político, Martín Insaurralde propone bajar la edad de imputabilidad a los 16 años, bandera no precisamente tomada de la izquierda. En las filas de Santa Cruz, la patria chica, un diputado celebra la apertura de nuevos prostíbulos porque evitan las violaciones. Como verán, son tiempos difíciles para ser progresista.

Si le sumamos las brutales represiones populares de Neuquén y Jujuy son un síntoma de que, de a poco, la estrategia de apoyar lo bueno y criticar lo malo que sostuvimos este tiempo está haciendo eclosión. Incluso la siempre eficaz táctica de recordar glorias pasadas como el juicio a los genocidas o la estatización de YPF se va volviendo inocua. Los que apoyamos al gobierno por izquierda, entonces, tenemos que adoptar una nueva y creativa táctica de lucha: la obediencia más absoluta.

Entonces ¿qué hacer? La izquierda peronista ya ha intentado escalar la crítica a la conducción en el pasado, y fíjense: Perón echando a todos de la plaza. No dejaremos que eso ocurra de nuevo: hemos aprendido de la experiencia histórica. Entonces ¡haremos lo contrario! A cada paso a la derecha que dé la compañera Cristina, responderemos con aplausos. Ahí tenemos al brillante Juan Cabandié celebrando los asados en la ex ESMA como ejemplo de esta voluntad. ¿No se les ocurren argumentos? ¡En Carta abierta se los escribimos!

Sé que muchos dudarán de que luego de diez años en el poder el oficialismo finalmente dé un giro revolucionario: les pido diez años más de confianza. Nuestra estrategia debe tener una paciencia oriental: si tenemos suerte, y todavía existe el kirchnerismo, en algunos lustros más cosecharemos nuestra siembra.

Comments

  1. emilio says:

    Levinas,esto está chequeado que pertenece a Forster?
    Es ironía?
    Abrazo

  2. diego says:

    La gran diferencia con la militancia montonera era que los montoneros no dependian del sueldito del Estado y eso les daba independencia para apretar a cualquier politico y hasta para tirarle al Pocho el cadaver de Rucci.

    Hoy, la militancia rentada y justificalotodo no puede hacer otra cosa que aplaudir y tragar culebras porque son conscientes que el laburo y el sueldo que tienen no lo conseguiran nunca màs en sus vidas. Militante a sueldo = Obsecuente incondicional.