Un país con buena gente

Un lúcido análisis de la realidad realizado por una de las luminarias del profundo pensamiento Kirchnerista.

Es la política estúpido@maslaton

Inconmensurables ríos de tinta y saliva se han vertido esta semana contra nuestro alegre proceso popular intentando figurarnos como un proyecto agresivo e intolerante. Les repetimos, haciendo gala de amor y paz frente a estos sicarios mediáticos, asesinos del periodismo, monstruos de la palabra, cerdos del discurso, ratas de la textualidad, bestias de la opinión, golpistas de la expresión, que seguimos eligiendo el amor al odio. La derecha conservadora, encarnada en personajes de funesto pasado dictatorial como el Premio Nobel de la Guerra Adolfo Pérez Esquivel, puede criticarnos. Contamos nosotros con hombres de intachable tradición progresista como el jefe del ejército César Milani para hacerles frente.

Asistimos estos días a una de las fugas más impresionantes de la historia carcelaria. Intenté llamar al gabinete nacional en el momento de los hechos y sólo pude comunicarme con Amado Boudou, que me tranquilizó con la sola frase Te llamo después porque estamos saliendo del túnel. ¿No es una metáfora hermosa para explicar cómo emerge nuestro país del oscuro y subterráneo sitio en el que nos encontrábamos? El mismo vicepresidente, acusado injustamente de evadir viáticos por los que quieren condenarlo a una vida de austeridad como la del bárbaro Mujica, es una víctima más de esta infamia. Pero tranquilidad, pueblo: aquí llega el gigantesco Alejandro Marambio (apellido adecuado a nuestro triunfo electoral si los hay) a imponer el orden con efectivos métodos que harán correr la electricidad del amor por los arrepentidos cuerpos de los prófugos recapturados.

Merece un párrafo aparte el encarnizado ataque contra el discurso presidencial de los que creen que paisuchos como Canadá o Australia son cool. Estos predicadores del atraso que no soportan el gran momento que está pasando Argentina nos quieren condenar a una vida de sometimiento bajo el gobierno de aburridos guardabosques o malévolos canguros. Sólo un imperialista consumado puede aspirar a ser un país del eje del poder internacional como Australia y no desear vivir en la alegría de un país hermano como, digamos a modo de ejemplo, Bolivia o

Mozambique. Son los mismos cipayos que hoy confían más en subirse al jet de una multinacional chilena para recorrer New York en vez de viajar a Irán en un avión regenteado por La Cámpora.

Cada vez se hace más evidente la vocación destituyente que alimenta un marginal setenta y cuatro por ciento del país, pero nosotros confiamos en nuestra buena gente. Aquella que todavía le cree al INDEC, aquella que conoce muy bien a Martín Insaurralde, aquella que confía en nuestra capacidad de seguir haciendo. Los profesionales del desánimo dirán que esa gente no existe, pero eso no importa: en el país del amor, la realidad es siempre un hecho secundario.

Comments

  1. nnochero says:

    Hola, debe estar mal el link porque el copete promete: “Un lúcido análisis de la realidad realizado por una de las luminarias del profundo pensamiento Kirchnerista” y acá lo único que hay es un libelo de forster