Neuquén: el acuerdo ilegal con Chevron

Vaca Muerta no es el único negocio de Chevron en Neuquén. El gobernador Sapag aprobó la renovación del mayor yacimiento de petróleo de Argentina hasta 2032 y mantuvo oculto el contrato.

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Luego de la polémica aprobación del acuerdo YPF-Chevron para la exploración y explotación de petróleo no convencional en el yacimiento de Vaca Muerta, un nuevo documento que se mantuvo oculto hasta ahora, salió a la luz. Se trata de la renovación de los derechos de explotación a favor de la multinacional en el yacimiento El Trapial-Curamched firmado en diciembre de 2011.

Con una producción estimada en 30 mil barriles de petróleo diarios, Chevron Argentina opera desde el año 1999, con el 85% del emprendimiento.

“Recibimos la aprobación del gobierno provincial a la extensión de la concesión como una demostración de confianza al desempeño confiable y seguro de nuestras operaciones y como un factor de futuras inversiones en la provincia de Neuquén”, declaró en su momento el director ejecutivo de Exploración y Producción de la empresa, Don Stelling a través de un comunicado de prensa.

Y lo cierto es que Chevron recibió por parte del gobierno provincial mucho más que un voto de confianza. Si bien el contrato de concesión original que Chevron mantenía con la provincia tenía como fecha de vencimiento diciembre de 2022, el gobierno de Jorge Sapag decidió prorrogar la licencia de explotación con 11 años de antelación. A partir de la firma del nuevo contrato, la multinacional petrolera tiene la concesión de uno de los yacimientos más importantes del país hasta el 2032.

Según el abogado ambientalista Enrique Viale, esta es una estrategia común entre las empresas petroleras para excederse en los plazos contemplados por la Ley de hidrocarburos que “habla de 25 años, más 10 (de prórroga) como límite y tanto el acuerdo con Chevron de Vaca Muerta, como otros, terminan violando esa ley porque van renovando las concesiones superando los límites permitidos”.

A diferencia de otros contratos de similares características, este acuerdo no fue informado por las autoridades provinciales. El sitio oficial del Ministerio de Economía y Obras Públicas de Neuquén no publicó los datos de la renovación de la concesión del yacmiento El Tapial-Curamched. Dentro del listado de renegociaciones de concesiones hidrocarburíferas deberían figurar todas las empresas que obtuvieron una renovación de sus compromisos con la provincia; sin embargo, la única renegociación que no aparece es la que beneficia a Chevron. ¿Por qué el gobierno de Jorge Sapag ocultó deliberadamente esta información?

 

Web del Min. de Economía de Neuquén

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Plazademayo.com tuvo acceso al contrato de renovación que estipula un desembolso de 1.384 millones de dólares en concepto de compromiso de inversión, que se vería materializado en primera instancia, en la ampliación de la cantidad de áreas perforadas, llegando a un total de 120 pozos en los primeros tres años, según informaron voceros de la empresa. Sin embargo, la vigencia de este compromiso no estaría asegurada en la letra contractual.

Comparando el acuerdo de Chevron con el de otras empresas, éste es el único contrato que no estipula su caducidad ante la falta de cumplimiento de las inversiones comprometidas. El artículo 7 dedicado a los “Incumplimientos” en los que podría incurrir el concesionario, puntualiza todos los casos en que la provincia podría rescindir dicha prórroga al tiempo que sorprendentemente saltea esta cláusula en particular. Al final del apartado advierte que “respecto del resto de la obligaciones y compromisos asumidos (…) no se aplicarán las sanciones enunciadas, sino que su cumplimiento podrá ser exigido por las vías administrativas o judiciales competentes”, renunciando de antemano a una útil herramienta para reclamar en caso de incumplimiento.

Para el especialista en temas energéticos, Jorge Lapeña: “Eso no es normal porque no se pueden pactar condiciones fuera de lo que dice la ley de hidrocarburos y la ley dice que -la empresa- tiene que cumplir o irse. Los contratos pactados al margen de la ley de hidrocarburos son nulos”, sostuvo. El economista Alieto Guadagni, por su parte, coincidió en que se trata de un acuerdo “ilegal”.

En efecto, tanto la Ley Federal de hidrocarburos como la legislación provincial de Neuquén, advierten sobre este supuesto. Ambas indican que los permisos o concesiones caducan en caso de incumplir las inversiones pactadas, entre otras cuestiones, lo cual hace que este contrato esté al margen de la ley. Viale aseguró que habría que estudiarlo pero “se podría iniciar una acción judicial para rescindir el contrato (ya que) es un disparate”. Agregó que el acuerdo “es lesivo ya que se incumplen los principios básicos del derecho”.

Otro de los puntos que llaman la atención, es el hecho de que se trata de la única renovación que no incluye el compromiso de inversiones en exploración de áreas remanentes. El motivo es que, a diferencia de otras empresas que operan en la provincia, al yacimiento del El Trapial-Curamched no le quedarían áreas a ser exploradas. Según Lapeña “Si el área tiene potencial explorable, tendrían que haberlo puesto dentro de las condiciones. Si no tiene áreas remanentes deberían continuar con la producción. En ese caso, una cláusula de ampliación de los plazos tendría que ser a cambio de algo porque eso es lo que dice la ley”, concluyó. Sin embargo, el contrato no estipula ninguna contraprestación a cambio de continuar con la explotación, sin la exploración de nuevas áreas.

Por su parte, el ex presidente de YPF, Daniel Montamat calificó ambas cláusulas como “arbitrarias e inusuales”. En el caso de la falta de compromiso de exploración, ésta es una de las principales compensaciones económicas de las ganancias aseguradas que obtiene la empresa en el área concesionada.

Todas estas facilidades otorgadas por el gobierno de Jorge Sapag parecen ir en la misma línea que su defensa del reciente acuerdo aprobado por la Legislatura. El gobernador incluso apoyó la existencia de cláusulas de confidencialidad en el acuerdo. Parece extraño que Sapag haya depositado tanta confianza en una empresa que es responsable por el peor desastre ecológico de la historia.

La historia que Chevron quisiera olvidar comienza en la década de los 80. Cuando el economista John Watson comenzó su carrera en la petrolera, Chevron cotizaba 50 mil millones de dólares anuales. Esta cifra aparentemente monumental, no era suficiente para competir en el mercado internacional al lado de colosos petroleros como Exxon o Shell. Watson entonces tuvo la idea que lo catapultó a comandar la mesa del directorio: la compañía debía agrandarse para competir mediante la compra de otra empresa de similar volumen. Texaco fue la adquisición que hizo de Chevron uno de los grandes jugadores del mercado, cotizando cerca de 220 mil millones de dólares según la Bolsa de Nueva York. Hoy la empresa se erige como una de las tres más importantes a nivel mundial, con ganancias anuales de 30 mil millones de dólares y gastos de exploración que rondan los 35 mil millones.

El rápido asenso de la compañía, hizo que el currículum de Jonh Watson ostentara el inusual antecedente laboral de ocupar el puesto de CEO y el de Chairman of the Board de Chevron paralelamente. Pero estos lauros tienen un lado oscuro: cuando Chevron compró Texaco, Watson sabía que la empresa era responsable del mayor desastre ecológico de la historia. Desde 1964 hasta 1992, Texaco construyó y operó pozos de petróleo en la región norte de la Amazonía Ecuatoriana donde se le concedió alrededor de 1.500.000 hectáreas selváticas, habitadas por docenas de comunidades indígenas que sufrieron las consecuencias del sistemático vertido de desechos tóxicos en los ríos y aguas subterráneas de la zona.

Watson intentó ocultarlo. Y hace todo lo posible por evitar el pago del embargo por 19 mil millones de dólares presentado por las víctimas del desastre. Esta cifra representa el 63% de las ganancias que Chevron obtiene en un solo año y podría salvar miles de vidas. Sin embargo, la responsabilidad empresaria de Chevron y la conciencia de su CEO han optado por olvidar esta mancha que se sigue extendiendo por el mundo como un nefasto antecedente que no puede admitirse.