El Secretario de Estado, John Kerry declaró que el uso de armas químicas en Siria es una “obscenidad moral”

Desde Washington *

EE.UU. desestimó la posibilidad de que los investigadores de la ONU lleguen a conclusiones “creíbles” sobre el ataque.

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Desde Washington.  Luego de haber insistido inicialmente para que Siria aportara a los investigadores de las Naciones Unidas acceso irrestricto al sitio de un supuesto ataque de gas nervioso, la administración de Barack Obama cambió su posición este domingo e intentó sin éxito que la ONU suspendiera la investigación.

El cambio del gobierno, que se produjo pocas horas después del acuerdo alcanzado entre Siria y la ONU, fue informado el lunes por The Wall Street Journal y efectivamente confirmado por el vocero del Departamento de Estado ese mismo día.

El lunes, durante su aparición ante la prensa, el Secretario de Estado John Kerry, quien intervino ante del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon para suspender la investigación, desestimó la investigación del organismo con la excusa de que ya era muy tarde para obtener evidencias válidas sobre el ataque que, según la oposición siria, dejó 1300 muertos.

Este repentino cambio y una abierta hostilidad hacia la investigación impulsada por la ONU, que coincide con indicios de que el gobierno está planeando una importante ofensiva militar contra Siria en los próximos días, sugiere que EE.UU. considera a la ONU como un obstáculo para su plan de ataque.

Kerry afirmó que el jueves pasado le había advertido al Ministro de Relaciones Exteriores, Moallen de que debían asegurarle al equipo de la ONU el acceso inmediato al lugar del ataque y que debían frenar el bombardeo allí, en donde declaró “se estaba destruyendo evidencia de manera sistemática”. Según el Secretario de Estado, el acuerdo entre Siria y los investigadores de la ONU para asegurar acceso irrestricto “demoró mucho como para resultar creíble”.

Sin embargo, luego de que el acuerdo fuera anunciado el domingo, Kerry llamó a Ban Ki-Moon para suspender definitivamente la investigación.

The Wall Street Journal informó sobre la presión ejercida sobre el secretario general de la ONU, sin mencionar a Kerry directamente. El artículo afirmaba que fuentes no identificadas de “funcionarios de Estados Unidos” le habían dicho a Ban Ki-Moon que “ya no era seguro que los investigadores de la ONU permanecieran en Siria y que su misión no tenía sentido”.

Pero Ban, que por lo general ha sido considerado como un instrumento flexible de la política de EE.UU., se negó a retirar el equipo de la ONU y “se mantuvo firme en su decisión”, informó el diario. Ban Ki-Moon habría ordenado a los inspectores de la ONU a “continuar su trabajo”.

El diario sostuvo que “funcionarios de EE.UU.” también le comunicaron al Secretario de la ONU que el gobierno americano “no pensaba que los inspectores pudieran recavar evidencia viable, debido al paso del tiempo y al daño producido por los posteriores bombardeos”.

La vocera del Departamento de Estado, Marie Harf, confirmó a la prensa las versiones de la comunicación entre Kerry y Ban Ki-Moon durante el fin de semana. También declaró cuál es la posición que el gobierno de EE.UU. mantiene sobre la investigación. “Nosotros creemos que ha pasado demasiado tiempo y que ha habido tanta destrucción en el área que la investigación ya no es creíble”, sostuvo.

Esta afirmación se hizo eco de una declaración de un anónimo “alto funcionario” publicada el domingo por The Washington Post que sostenía que el régimen había “corrompido significativamente” las pruebas luego de los bombardeos en la zona.

“En este punto no tenemos confianza en que la ONU pueda llevar adelante una investigación creíble sobre lo ocurrido” afirmó Harf. “Nos preocupa que el régimen sirio vaya a utilizar esto como una táctica dilatoria para continuar los bombardeos y la destrucción de pruebas en la zona.”

Pero Harf no explicó por qué el acuerdo para que Siria cese el fuego y permita un acceso irrestricto a la zona donde supuestamente se ubican las armas químicas, pueda representar una continuación de “los bombardeos y la destrucción de evidencia”.

A pesar de los esfuerzos de EEUU para retratar la política del gobierno sirio como “dilatoria”, el pedido formal de las Naciones Unidas para solicitar el acceso a la zona, no fue entregado a Siria hasta la llegada a Damasco de Angela Kane, representante de la ONU para Asuntos de Desarme, ocurrida el sábado según dijo el martes pasado la vocera de Ban Ki-Moon, Farhan Haq.

El Ministro de Relaciones Exteriores sirio, Walid al-Muallem sostuvo durante una conferencia de prensa que la ONU no le había solicitado a su país el acceso a la región del este de Ghouta, hasta el arribo de Kane este sábado. Al día siguiente, Siria acordó el cese de fuego y la entrada a la zona afectada.

Haq rápidamente mostró su desacuerdo con el argumento de Kerry y el Departamento de Estado americano según el cual ya era demasiado tarde para obtener evididencias sobre el incidente del 21 de agosto.

“El sarín (NdeR: compuesto utlizado como arma química) puede ser detectado luego de meses de su utilización”, dijo.

Especialistas en armas químicas consultados también sugirieron que el equipo de investigación de la ONU, bajo las órdenes del reconocido especialista sueco Ake Sellstom y otros expertos de la Organización para la Prevención de Armas Químicas, deberían poder confirmar o desestimar si efectivamente se produjo un ataque con gas nervioso o cualquier otra arma biológica o química, en cuestión de días.

Ralph Trapp, consultor especializado en la proliferación de armas biológicas y químicas, dijo que él estaba “razonablemente confiado” en que el equipo de la ONU podría clarificar lo ocurrido.

“Definitivamente, ellos pueden responder a la pregunta sobre si hubo un ataque con armas químicas, y sobre qué químicos fueron utilizados”, dijo, a través de la recolección de muestras de sangre, orina y pelo de las víctimas. Incluso, había “alguna posibilidad” de encontrar residuos químicos en piezas de municiones y en los cráteres donde aterrizaron.

Trapp dijo que tomará “varios días” completar el análisis.

Por su parte, Steve Johnson, quien dirige un programa forense sobre armas químicas, biológicas y radiológicas en la Universidad de Cranfield, en Gran Bretaña, podría ser capaz de determinar si “las víctimas murieron producto de un agente nervioso”.

Johnson aseguró que si el equipo trabaja bajo presión, podría producir “algún atisbo” sobre ese tema entre las próximas 24 a 48 horas.

Dan Kastesza, un veterano que estuvo 20 años en el Cuerpo Químico del Ejército de EE.UU. y ex asesor de la Casa Blanca en proliferación de armas químicas y biológicas, declaró que el equipo de la ONU no buscará rastros del gas nervioso“sarín” en muestras de sangre, sino más bien, químicos producto de la degradación del sarín.

Sin embargo, Kastesza dijo que una vez que las muestras lleguen al laboratorio, los especialistas podrán determinar “en un día o dos” si se utilizó el gas nervioso u otra arma química.

El motivo real de la hostilidad del gobierno de Barack Obama hacia la investigación de la ONU parece ser producto del miedo a que la decisión del gobierno Sirio de permitir el acceso del equipo a la zona, responda al conocimiento de que los investigadores de la ONU no encontrarán evidencia de un ataque con gas nervioso.

Los esfuerzos de la administración americana por desacreditar la investigación recuerda el rechazo que el gobierno de George Bush mostró hacia la posición de los inspectores de la ONU en 2002 y 2003, cuando declararon no haber encontrado evidencia alguna de armas de destrucción masiva en Irak; y la negativa del gobierno a brindar más tiempo para que los inspectores pudieran descartar totalmente la existencia de un programa de armas de destrucción masiva por parte de Irak.

En ambos casos, el gobierno decidió ir a la guerra y no quiso admitir ninguna información que pudiera contradecir su política.