Incidentes en la Casa de Tucumán: cómo querer ser más papista que el Papa.

Tras los violentos episodios en la marcha de ayer para pedir justicia por Marita Verón, un análisis de lo que pasó

Foto: Infobae

 

17 horas. Avenida de Mayo y Suipacha. “¿Vas al escrache?” le pregunta un joven con una remera de La Renga a otro, que le responde: “Sí, vení, es por acá”. Suipacha es angosta, la valla que blinda la Casa de la Provincia de Tucumán la angosta aún más. El fino corredor que queda explota de banderas. Mayoritariamente, son agrupaciones de izquierda. “Muchas banderas pero se pierden las consigas, que me parece es lo que importa hoy”,  le dice un muchacho a otro, aferrado a la caña de una bandera.

– Y sí… esto es política papá… le responde.

– Sí, pero yo no vengo a apoyar a ningún partido, no me siento identificado con ninguno, vine por Marita Verón y por la justicia de mierda que tenemos.

La discusión sigue, se agolpa más gente, inferioridad numérica, el contrera huye.

En efecto Suipacha es un bosque de banderas, cantos, tambores. Los cañones apuntan directamente al gobierno nacional: “Este gobierno ampara la trata/ la ley de Cristina es una verdadera farsa/ Sigue el negocio para el Estado/ Y a las mujeres las siguen explotando / A luchar a lucha contra el Gobierno K…” grita un megáfono acompañado de un coro de voces femeninas. Hace poco Horacio González escribió una nota sobre el Hombre del Bombo, bien vendría una sobre la Mujer del Megáfono, personaje infaltable en las movilizaciones.

Son las seis de la tarde. La calle huele a pólvora, se trata de la pirotecnia que dispara el banderazo de Boca, que se concentra en el Obelisco desde temprano. La Casa de Tucumán también está enhuevada desde temprano. Un cartel que dice “Producción, Historia, Turismo” presenta numerosos manchones amarillos y ovo-esquirlas. Están los medios, los móviles de los medios, los noteros, los noteros de los medios. A medida que uno se aleja del epicentro de la movilización (los 3 metros x 20 que hay entre la valla donde se acantonan chalecos naranja flúo y la mano de enfrente de Suipacha) las banderas disminuyen, y al parecer la densidad política de los manifestantes, de modo que los “no- partidarios” se concentran en las esquinas de Bartolomé Mitre y la calle Perón. Allí se aplaude, se reclama Justicia, los autos pasan y tocan bocina, también los hinchas xeneizes saludan, sin saber a quiénes ni porqué, no les importa sino la vuelta de Román y el Virrey, y le ofrendan al cielo sus tres-tiros y bengalas.

Se rumorea que hay otra movilización enfrente de Tribunales, pero más Nac&Pop. Dicen que es pacífica y más dispersa. ¡Caraduras, no tienen vergüenza, oportunistas! ¡Ahora se acuerdan, bien que cajonearon la Ley de Trata! grita con furia una chica que tiene tatuado en el hombro la frase “Mujer bonita es la que lucha”.

Este cronista no logra identificar el momento exacto, ni quiénes, pero lo cierto es que cerca de las 18.30 comienza, como un relámpago, el bombardeo sobre Suipacha 140, La Casa de Tucumán, y los ataques contra la valla de seguridad, además de repetidos intentos por incendiar los nuevos contenedores de la basura macrista. Casi 20 minutos dura el asedio, mientras la policía se guarece tras los vidrios de la sede provincial y sus escudos. De golpe salen y comienza la razia, golpean salvajemente a varios, la policía también cuenta sus heridos, 4 dirán más tarde, entre ellos una agente. Son bien pasadas las 7 cuando la policía se repliega y reconstruye el vallado formando un perímetro más alejado de Suipacha 140. De a momentos vuelan gases, las escaramuzas siguen, los manifestantes se mantienen en pie de guerra, al menos hasta que liberen al único detenido.

Hasta aquí la crónica de los hechos. Ahora, se pregunta el firmante, en tanto se identifica políticamente con los grupos de izquierda y las consignas que ayer se presenciaron en la Casa de Tucumán: ¿No es un error táctico esta violencia? ¿No tiene como único resultado la deslegitimación de un modo radical, que va a fondo, de pensar el problema de la trata de personas? Ya se (nos) acusa de querer ser más papistas que el Papa. Pues Susana Trimarco, bien merecida punta de lanza de la causa y con una legitimación social indiscutida, repudió los incidentes y se identificó con las protestas pacíficas, inclusive con la bastante cínica de Tribunales. Está políticamente claro: el gobierno nacional, a raíz del conflicto por la implementación de la Ley de Medios, está coyunturalmente enemistado con el poder judicial. La presidenta, por sus airados dichos hasta se ha ganado un tibio reproche del CELS verbitskyano. Ahora bien, Susana Trimarco entiende, pues su lucha es por encontrar a su hija y combatir la trata de personas y no por la revolución socialista, que el gobierno nacional es el aliado indicado para ejercer presión sobre Tucumán y el feudo de Alperovich, donde pululan mafias intocables como la de los Alé.

Siendo esta la situación, ¿qué hemos ganado ayer sino el reiterado y simplificador mote de “ser los violentos de siempre”? ¿Qué sino ostracismo? Es el problema de tener los mejores argumentos, el diagnóstico más radical, pero carecer del poder y de la imaginación política para construirlo.

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Comments

  1. Juana Levinson says:

    El autor de la nota dice que han ganado ayer el reiterado y simplificador mote de “ser los violentos de siempre” y que ellos tienen “los mejores argumentos…. ” en mi opinión SON los violentos de siempre y no tienen los mejores argumentos….. además la ley de trata estaba APROBADA hace varios años y en estos días la presidente ordenó al Congreso a sesionar para terminar de aprobar las modificaciones… y ya están aprobadas…. los cantos y los dichos que relata el autor y decir que la movilización frente a Tribunales fue hipócrita me dicen a mi claramente que no solo están equivocados, que no tienen buenos diagnósticos sino que son atropellados, no pensantes y que no tienen remedio.

    • Alan Ulacia says:

      El autor de la nota cree que el apuro por re-impulsar (luego de un año y medio de estar lo que se dice cajoneada) la ley de trata es oportunismo político y no un real interés, programático pongamos, sobre la cuestión, sino que en cambio viene a cuento del bochornoso fallo por el caso Marita Verón, y de la mutua necesidad táctica, políticamente válida desde ya, entre Trimarco y el gobierno nacional, en esta coyuntura de enemistad de ambos actores en relación al poder judicial. Pero si esa alianza resulta ser útil para combatir la trata, bienvenida sea, y justamente, el artículo es una autocrítica acerca del posicionamiento de la izquierda en este caso.
      Vos, Juana, decís que la izquierda no tiene los mejores argumentos (1 año y medio de la ley frenada, aprovechamiento político del problema de la trata) pero no decís cuáles sí son los argumentos válidos por parte del gobierno, o el sector político en el cual te ubicás.

  2. Mariano says:

    Creo q la indignacion y la rabia motivo de quienes nos manifestamos puede transformarse o conducir a hacer lo q hicieron muchos manifestantes, no creo tener derecho a juzgar su actitud, tambien es verdad q hay oportunismo de los partidos de izquierda y q la organizacion politica solidaria y de lucha debe tomar formas de expresion q construya participacion y conciencia q nos lleve de manera clara a denunciar este sistema politico, si alguien cree q mas alla de la pedreada hay algo mas q indignacion, me parece q esta equivocado.

  3. someone says:

    “Hace poco Horacio González escribió una nota sobre el Hombre del Bombo, bien vendría una sobre la Mujer del Megáfono, personaje infaltable en las movilizaciones.”
    Tu deseo ya existe:
    “La mina que canta con el megáfono en todas las marchas troskas”: http://www.niapalos.org/?p=2929

  4. Raúl Delgado says:

    El gobierno nombra los jueces de manera caprichosa y para autoprotegerse. Susana Trimarco confía en Alperovich y lo exime de cualquier responsabilidad, complicidad y conocimiento. El círculo cierra perfecto.Y no pasó nada.