Reportaje a Gabriel Levinas

Creador y director de “El porteño” y editor de “Cerdos y peces” hasta 1985; gran conocedor de arte y descubridor en su galería “Arte múltiple” de pintores que hoy son superstars, Gabriel Levinas es una de las personalidades más relevantes y talentosas que se mueven tras el escenario de la cultura en Argentina.

 

 

 

Hace un rato que nos debíamos una charla. Hubo otro reportaje que no nos gustó y que nunca publicamos. Finalmente fue una noche, tarde, en el bar “La opera”, con la espontánea consigna de evitar temas fijos, seguir la conversación por donde vaya y sobre todo, luego ponerlo en el papel tal cual hubiese salido. Comenzamos por el periodismo, luego fue la gente y después “la gente” se nos coló en el reportaje. Yo mismo no salgo muy bien parado. Pero nadie dijo que estar bien parado sea una cosa ventajosa.

 

– El problema de hacer una entrevista empieza ya con el grabador…

– La presencia del grabador distorsiona, su sola presencia modifica. En la física, en la astrofísica, comprendieron que la sola observación del fenómeno perturba y modifica. Ahora para observar cómo se desempeña un protón lo meten en una caja negra. La atención que se presta en la observación modifica lo observado. El grabador produce una modificación en el sentido de lo que está por decirse…

– El sentirse escuchado por un cassette quizá produce que en el entrevistado hable “su propio cassette”, el entrevistado es invitado a hablar de lo que ya sabe… 

–  No puede hablar de lo que no sabe porque el tipo tiene miedo a equivocarse. Trata de hacer lo mejor posible y para eso cree que lo mejor es hacer lo que ya sabe, lo que ya hizo, lo que ya pensó…

– El periodismo parte entonces de esa primera trampa…

–  El periodismo no es imposible sin el grabador. Lo que es imposible es un tipo con grabador que no sea un periodista. El verdadero periodista es aquel que a partir de conseguir una tensión suficiente en la conversación logra poner al entrevistado en una situación tal que, ya sea defendiéndose de la pregunta o contestándola, se olvide del grabador. Esto depende de la capacidad de manipulación que tenga el periodista. Esto te lleva a una nueva distorsión que ya no es la del grabador sino la que impone el propio periodista a través de la manipulación.

– ¿Querés que hablemos de esa manipulación?

– Nosotros tenemos dos alternativas ahora para seguir con esa convesa: una es hacer lo que hacen todos, es decir, no decir nada que no sabemos; decir lo que ya sabemos, por ejemplo, ponernos  a criticar a todos los tarados que hacen periodismo en Argentina: de qué forma son tarados , por qué son tarados, cómo hacen para estupidizarse y cómo hacen para estupidizar a los demás, cómo su estupidización es contagiosa. La otra opción es inventar un mecanismo de comunicación diferente al periodismo, porque me cago en el periodismo…

– ¿Tenés alguna idea…?

–  Si vos querés que te diga la verdad habría que empezar preguntado la verdad. Si la pregunta viene con vueltas, la respuesta vuelve con vueltas. No hay preguntas, habitualmente, que vengan desde el fondo. Si te fijás en el lenguaje del periodismo, del diario, de las revistas, inclusive de las revistas marginales, es un lenguaje que no viene de la vida, es un lenguaje especial de la revista. Cuando el discurso es distinto, la realidad cambia. La descripción se convierte en distorsión porque el lenguaje es también un contenido. Habría que buscar un mecanismo más veraz, un lenguaje más parecido al que cada uno usa diariamente.

– Después viene el problema de la desgrabación donde esta se escoge. A continuación viene el corrector que sigue cambiando el texto, después el reportaje se arma, como en el cine, un montaje que hasta invierte el orden de las preguntas….

–  En este momento más que preocuparme cómo debe hacerse bien o no el periodismo, me preocupa que nosotros mismos en esta conversación estamos dando vueltas alrededor de una charla que ya tuvimos hace tiempo, la queremos reproducir porque nos parece interesante, en lugar de producir una nueva conversación, estamos otra vez atrás de la zanahoria de la eficacia.

– Será que grabador nos impone la necesidad de la eficacia…

–  No es un problema del grabador. Vos querés capturar algo del pasado porque tenés una desconfianza básica en vos mismo de que no vas a poder producir algo distinto. Aunque sea querés tener eso que la tuviste. Estás invitándome a que repitamos una conversación que ya tuvimos. Yo no tengo ganas de tener esa conversación. Ya me la acuerdo yo.

– Proponé entonces vos otra conversación….

–  Yo diría: las cosas que le importan a la gente no se sabe cuales son, lo que sí es seguro es que deben querer morfar. Fuera de eso, la gente termina importándole aquello que todo el mundo habla. O aparece un tema en un diario. Otro diario le contesta y ese tema que probablemente no le interesaba a la gente termina convirtiéndose en tema. Habría que encontrar cuál es el tema de preocupación de la gente. Vos decías el otro día que había un pesimismo. El pesimismo no es exactamente una sucesión de malas jugadas que te hace la vida, el pesimismo es la interpretación de esas jugadas, cuando un cerebro o una sociedad (porque digamos son lo mismo, se organizan de manera similar) en lugar de aprender de los sucesos, los interpreta y los codifica para provocar un problema mayor, no se produce un aprendizaje; la desgracia sirve par incrementar la desgracia. Yo creo que la causa profunda del pesimismo es el miedo a la libertad. El hecho de haber conseguido esta oportunidad histórica de tener acceso a la libertad produce temor. Porque la libertad da la oportunidad de saber quién es cada cual. Cuando hay un obstáculo, cada uno puede permitirse seguir siendo el pelotudo de siempre. En algunos se percibe incluso la necesidad de hacer fracasar la viabilidad del proyecto de libertad a través del ejercicio de su pesimismo.

– Me pasó otras veces con vos siento que defendés esta democracia, este gobierno… es cierto que el pesimismo a ultranza tiende a…

– Empezaste diciendo una cosa que después cortaste. Vos pensás que yo pienso que te hago pensar que creo en esta democracia. Eso quisiste decir. Cuando existe, la democracia es simplemente un mecanismo con reglas de juegos de señoras gordas. Reglas en donde se cruza la calle con luces verdes, se frena en el rojo, no se pinta la pared del vecino, no se viola la hija del vecino. Estas reglas, en realidad, limitan la libertad de la gente. Vos decís “pobre” al tipo que mataron de un tiro, pero la regla que prohíbe matar perjudica al señor que tenía ganas de matarlo. La democracia es un mecanismo limitador. Pero, a medida que la sociedad va cambiando sus exigencias, la democracia tiene un mecanismo de autolubricación y de modificación de las reglas. En una dictadura esto no es posible, las reglas que nos parecen absurdas y ridículas, eventualmente puede desarrollar mecanismo de mayor libertad. En ese sentido me parece que la democracia es un buen juego. La gente se caga en las patas cuando tiene que salir a hacer su propio diseño. El pesimismo es el reflejo de la incapacidad de hacer un diseño propio. Una sociedad sin “training” en el diseño tiende a conservar lo ya impuesto, a rechazar las nuevas propuestas.

– ¿No te asombra la palabra “sociedad”? yo la asocio con algo comercial como “sociedad anónima”…

– Sí, es un pacto alrededor de un símbolo.

– Pero en una sociedad comercial son los intereses comunes los que agrupan a los “socios”…

–  El símbolo es una cortina de humo para lograr tener un “leit motiv” común entre un tipo que se caga de hambre en Formosa y el tipo que se llena de guita vendiendo ganado en Olavarría. Los símbolos fuerzan la unión y el pobre tipo de Formosa no puede romper la sociedad porque los símbolos lo mantienen a raya. No tienen intereses en común, tienen símbolos en común.

– Hay otros países, como Brasil, que tienen como una idiosincrasia, una manera de ser, un grupo de costumbres común… hay como un pozo de agua vital del que abreva toda la sociedad, en Argentina presiento que no existe tal fuente…

–  Claro que no hay y por eso los pocos tipos que lograron unir, como Perón, por ejemplo ellos mismos se convirtieron en el manantial que aglutinaba seres diversos. Aquí no vas a poder inventar un ritmo que los una a todos. En estado Unidos el himno nacional produce esa unión. Aquí no. Porque allá el himno es símbolo de la lucha por la libertad , y aquí los símbolos son ficticios, ficciones para poder juntar lo injuntable, aquí los símbolos son mecanismos de sometimiento. San Martin no fue lo que dijo la historia. Era drogadicto, fumaba opio, su mujer se acostaba con otro, hacía caca…

–  (El cronista va al baño y vuelve a los pocos segundos)

–  Symns fue a buscar inteligencia al baño, ya es un hombre práctico en las lides de volverse inteligente en el baño. ¿Qué sentís cuando tenés que ir al baño para volverte más inteligente?

– No siento especialmente nada..

– No te pregunto si tenés culpa por eso, te pregunto si no te da incomodidad tener que ir al baño para ser más inteligente.

– No, lo incómodo es transcurrir los momentos sin ninguna experiencia de éxtasis. Algo hay de cierto, aun cuando estuviera dios en el baño, la actitud de ir buscarlo es miserable.

–  La sensación tuya es la de no alcanzar un nivel de plenitud; manifiesta un nivel de exigencia hacia sí mismo ¿Cómo habría que hacer para que dos o tres cerebros se encuentren en un aquelarre maravilloso, como largar una energía que no es habitual? Salís a prepararte para conseguir ese momento… ¿Vale la pena prepararse?

– Gurdjieff contaba una historia terrible: decía que la puerta tiene una cerradura, la única manera de abrirla es con la llave. La otra manera es forzar la cerradura. El decía que romperla hacía desaparecer la puerta. La única manera era tener la llave, es decir, ser el dueño de la casa donde está la puerta. Tengo la sensación que las palabras que digo no son las mismas que vos escuchas… a mi me pasa siempre que el otro no escuchó las palabras que yo dije.

(Entra un “chico de la calle” a pedir dinero, tratamos de echarlo, se queda)

– Chico de la calle: (escuchando lo que hablamos de sin entender nada)  A mi no me enseñaron a pensar , pero tengo ganas de aprender. Si vos estás en la calle siempre aprendés nada más que cosas malas. Según donde vaya la suerte. Si la suerte está de tu lado y usted está en el medio y la mala suerte está del otro lado y usted está en la calle y se mueve para los dos lados, entonces siempre te toca la mala suerte. Yo por ahora tengo suerte pero ¿Cuánto piensa usted que me puede durar?

(Cuando el chico se va, se sienta una adolescente que vagabundeaba por el bar y a la que Levinas invita).

– Levinas: ¿Qué haces?

– Ella: Nada.

– Levinas: De repente es como si se te fue el alma del cuerpo.

– Ella: Ni siquiera de repente.

– Levinas: Se te fue yendo ¿Y antes cómo era?

– Ella: era como más sencillo, era embolante, ahora es angustiante. A mí me gustaría provocar algo, así propongo algo es como si la vida me curte.

– Levinas: (a Symns) pareciera que la solución para la sensación que tiene ella y que tiene mucha gente  no es pintar un cuadro, escribir un libro o armar un rompecabezas con bosta de caballo. No, la solución parece ser salir a la calle, caminar, mirar y ver si aparece alguien….

– Symns: (a ella) ¿Sabés que vos sos el sapo al que el profesor Levinas acabar de destripar en la clase y está mostrando las entrañas?

– Levinas: El sapo no se enoja. Lo más interesante de este asunto es que el sapo no se va a enojar. ¿Sabés lo que hace toda la gente? Salen a la calle con los contadores geigers a ver si enganchan alguna radiación en algún lugar. Salen a ver si algo lo conmueve o los mueve. Están inconmovibles y quietos. Ese es el prototipo, el 97% de las personas que andan por el mundo son así.

 

 

 *Entrevista publicada en la Revista Cerdos & Peces, Mayo 1987.

 

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Comments

  1. martin says:

    En su libro “El señor de lo venenos” Symns menciona a un tal Javier Lebonas, que yo supongo que es, en realidad, Gabriel Levinas. Lo cual es raro, ya que Symns manda al frente a todos con nombre y apellido.