Fue la planta baja de la patria sublevada

¿Por qué se movilizaron los caceroleros el 13S? Un lector busca la respuesta: “Porque tengo las pelotas llenas”, dice.

Foto: Perfil

 

 

El jueves 13 de setiembre en la audición radiofónica diaria de Ernesto Tenenbaun se informó que por las redes sociales se convocaba a un cacerolazo, concentración en algunos puntos de la ciudad y luego marcha a la Plaza de Mayo, en una suerte de repudio a las políticas y prácticas oficiales. Un integrante del equipo, Gustavo Grabia, dijo al aire – ante el total silencio de sus compañeros de radio lo que importó una suerte de otorgamiento por pasiva- “si juntan más de cinco mil personas pago un asado”; y allí quedo la cosa. Al otro día todos los que habían aceptado callando, más los escuchas que se comunicaban por internet o teléfono, lo gastaban al susodicho Grabia. Yo también, que escuchaba en mi auto mientas me trasladaba a actividades personales, hubiera adherido al pronóstico y no tomaba la apuesta. Cuando en las primeras horas de la noche y totalmente olvidado de la convocatoria llegué a mi casa, la encontré a mi esposa prendida al televisor y ambos no cabíamos en el asombro. Una verdadera multitud se agolpaba en la Plaza de Mayo y otros en Caballito y en Belgrano en imponentes actos que se espejaban en casi todas las grandes ciudades del país: Córdoba, Rosario, Mendoza, San Juan, Tucumán, Bariloche, Mar del Plata, La Plata, Quilmes, Lanús, Olivos, etc. La sorpresa fue tan mayúscula que no se veía en las concentraciones casi a ningún político que pudiera sacar algún jugo de esta situación, ya que al igual que Grabia, tampoco ellos daban dos guitas por la convocatoria. La movilización fue totalmente espontánea, no hubo ni partidos políticos, ni organizaciones sociales que se adjudicaran el llamado, y no había ni palcos, ni oradores, ni movilizadores, ni transportes especiales.. El llamado “Monopolio Clarín” nada, absolutamente nada, dijo previamente, ni una línea en la prensa escrita y ni una oración en la televisiva. En el matutino La Nación solo una muy pequeña nota perdida en la nueva y dificultosa diagramación. La composición social de los concurrentes era claramente clase media –que constituye la mayoría en el país- en sus distintos niveles o segmentos, sin distinción etaria, ya que también sorprendía la cantidad de jóvenes. Estela Carlotto dijo al otro día, con clara intención de desmerecer el acto, “era gente bien vestida”, sin explicar el motivo por el cual ella no estaba ya que siempre se la ve muy bien envasada y peluqueada. Cuando las cámaras televisivas se acercaban a los participantes y se le preguntaba a cada uno los motivos de su presencia, las respuestas eran diversas: “contra la inflación y la mentira del Indec”; “para evitar la re-relección”, “para que se termine la corrupción y la impunidad”; “porque con mi jubilación no llego a fin de mes”; “contra la inseguridad que no nos deja vivir”; etc.

Me puse a pensar cómo respondería a esa pregunta, si hubiera sido un concurrente (que no obstante mi larga participación en marchas y mitines, no me contó porque no creí en su éxito) y no dudé: “porque tengo las pelotas llenas”.

Llenas del relato de un falso progresismo; de la perversa adulteración de los datos oficiales, que oculta la inflación que corroe por sobre todo a los que viven de un salario y esconde la pobreza, ante la pasividad y silencio de los pretendidos progres; de ser considerado un réprobo destituyente por no compartir un presunto ideario; de ver cómo en circunstancias económicas inéditas (capitales que en el mundo se regalan a intereses despreciables, commodities que valen lo inimaginable en una década anterior, descubrimientos de yacimientos no convencionales que pueden transformar a un país con petróleo en un país petrolero; etc.) todo el modelo se reduce, en última instancia -como dijo un destacado economista insospechado de ortodoxo- a “cambiar soja por energía”; de escuchar de setentistas en edad jubilatoria -que aún nos deben una seria autocrítica por armas y muertes- discursos reinvindicativos que pretenden justificar toda su lucha; de la abusiva y a veces indignante propaganda del oficialismo, con agresiones a opositores o simples ciudadanos disidentes, en interminables cadenas nacionales (ya llevamos mas de 18 horas) y casi diarios discursos presidenciales, a lo que se suma la chabacana, invasiva y repugnante difusión en las trasmisiones de “Fútbol para todos”, mientras los “cartistas” (no del movimiento de Inglaterra del siglo 19 sino del espacio “Carta Abierta”) aseguran cínicamente que “el relato” no es comprendido ni conocido, por el monopolio opositor de los medios; de los votantes de Luder en 1983 que aseguraba –con la legitimidad que le otorgaba su profesorado en Derecho Público- que la autoamnistía de los militares asesinos era inmodificable, y que ahora reivindican los juicios a ancianos que se duermen mientras lo juzgan; de pasear a los presos y convertirlos en militantes; de invadir a los alumnos con propaganda pretendiendo llevar la política a las secuelas; etcétera.

Pero el fenómeno del 13/9 no tiene prácticamente antecedentes en la historia vernácula ya que sorprendente por la absoluta espontaneidad. Seguramente habrá contestaciones y réplicas. Pero las futuras –si ocurren- serán concentraciones con convocantes políticos o sindicalistas, cuadros movilizantes, transportes gratuitos, en ocasiones comida, palcos y oradores, serán distintas y reiterarán lo conocido.

Se dirán que la espontaneidad del 13/9 es relativa porque las redes sociales convocan, pero solo lo hacen a los que comparten los mismos motivos y pasan de ser sujetos pasivos a activos. Insisto: no hay antecedentes de lo ocurrido.

Se podrá argumentar que la ciudadanía de la Ciudad de Buenos Aires ha sido siempre independiente y volátil en sus adhesiones. Valgan algunos recuerdos: en 1926 votó mayoritariamente a los socialistas, en el ’28 a los radicales, en el ’30 a los socialistas independientes, en el ’31 a la alianza de demócratas-progresistas y socialistas, en 1973 al peronismo y a las pocas semanas, en la segunda vuelta, a De la Rúa contra Sánchez Sorondo, el año pasado a Macri y luego a Cristina. Pero la repercusión en todo el interior es nueva.

Dos respetados analistas en el matutino La Nación, Pagni y Fidanza, recordaron el interesante análisis del sociólogo Juan Carlos Torre en el 2003 titulado “Los huérfanos de la política de partidos” . Pero las circunstancias son, a nuestro entender, diversas. En las elecciones del 2001 (que comienza analizando Torre) solo votó en 74% del padrón y los votos en blanco y anulados sumaban el 26%. En los comicios de hace un año votó el 80% y los blancos y anulados no llegaban al 4%. En el 2002 se vivía una crisis –posiblemente la más grave que se recuerde- con los depositantes agolpados en los bancos para que les devolvieran sus depósitos, con una brusca caída del PBI y una desocupación que llegaba al 25% . Nada de esto ocurre ahora. Se puede decir que vivimos una crisis en la bonanza, producida simplemente por los errores de los gobernantes.

Este movimiento de las clases medias totalmente espontáneo y sorprendente responde a causas totalmente políticas y al hartazgo de discursos, propaganda y agresiones facciosas (sin despreciar inflación, inseguridad, impunidad, y re-re). No es el caso de los “indignados”, desocupados y empobrecidos súbitamente, europeos, ni de los alzados de los países árabes cansados en décadas de dictaduras y marginación.

Desde luego que la oposición política –también, como dije, sorprendida- deberá tomar cuenta. Pero nadie es destituyente, como predican los cultores del relato, y más temprano que tarde encontrarán su canalización partidaria porque reclaman un cambio.

Salvando todas las distancias y parangonando el célebre artículo de Scalabrini Ortiz de 1945, hemos visto A LA PLATA BAJA DE LA PATRIA SUBLEVADA.

Comments

  1. maria says:

    …………A LAS REDES SOCIALES NO LAS PARA NADIE

  2. maria says:

    a las redes sociales no las para nadie

  3. matias says:

    ¿no hay antecedente de lo ocurrido? CRASO ERROR te devoraste el 20/12/2001, y no fueron sólo los conchetos,….¿cómo que no convocaron (disimuladamente) desde los medios y las redes sociales (sin ningún prurito y desde por lo menos un mes antes)? totalmente parcial lo tuyo….y si vas a salir a la calle porqué tenés las pelotas llenas, hay gente que cuando sale, lo hace por asuntos mas importantes y no tan inconsistentes

  4. roberto says:

    COINCIDENCIA.-Estimado Sr.Kreimer quiero agradecerle el artículo de su autoría porque en la medida que lo iba leyendo pensaba que hubiese escrito lo mismo.- Lo escuché a Tenenbaum en su programa radial de la tarde y me llamó la atención la firmeza de Grabia, aunque no exenta de cierta “chantada”.- Pero el asombro fue a la noche, NO LO PODÍA CREER.-Que me pueda sorprender, está dentro de la lógica; ahora la sorpresa que se llevó el gobierno fue mayúscula y creo que todavía no saben cómo procesar este fenómeno social.- Esta última cuestión faltó en su artículo