La interminable relación entre la política y los Juegos Olímpicos

Por Santiago Pérez (@perez_santiago)

La Alemania Nazi, Estados Unidos, la Unión Soviética, España, China y Brasil. Ejemplos emblemáticos de la utilización de los Juegos Olímpicos como carta de presentación mundial.

 

Deporte y política son conceptos que han mantenido un fuerte vínculo a lo largo de la historia. Fotos de políticos en campaña con grandes atletas y el aprovechamiento electoral del éxito de selecciones nacionales son comunes en los distintos países del mundo. Pero en mi opinión, uno de los aspectos más relevantes en los que se vinculan deporte y política es en los Juegos Olímpicos. Este mega evento, que solo dura unos días, ha sido utilizado sistemáticamente para transmitirle al mundo la imagen de que el organizador (cualquiera que sea) es un “país exitoso”. Por otro lado, y más allá de las intenciones gubernamentales, si analizamos las sedes olímpicas a lo largo del tiempo, veremos, como la elección de las mismas, guarda una interesante relación con el contexto político de la época. A continuación me propongo realizar un repaso sobre los casos que demuestran en forma más acabada esta reflexión.

Berlín 1936, período de entreguerras: Desarrollados solo tres años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, estos Juegos fueron utilizados por Adolf Hitler para enviarle un claro mensaje al mundo: Alemania había resucitado de las cenizas en la que la había dejado la Primera Guerra Mundial y las humillantes sanciones aplicadas a Berlín por parte de los ganadores de aquel conflicto. Estos espectaculares juegos fueron una contundente demostración del ascendente poderío económico, organizativo y tecnológico de la Alemania Nazi.

La Guerra Fría entre Moscú 1980 y Los Ángeles 1984: Estos Juegos se realizaron en forma consecutiva en las dos superpotencias que por entonces competían no solo por el liderazgo planetario, sino también por imponer un sistema político-económico y un modo de vida a la sociedad mundial. Moscú retuvo la sede olímpica de 1980 luego de que su candidatura superara por siete votos justamente a la Ciudad de Los Ángeles. Dentro del contexto de la Guerra Fría, y con el argumento puntual de que la Unión Soviética mantenía tropas ilegalmente en Afganistán, los Estados Unidos boicotearon los juegos y no enviaron a ningún atleta. Al mismo tiempo otros aliados occidentales de Washington siguieron los pasos de los norteamericanos y no se presentaron. Finalmente delegaciones de solo 80 países asistieron a Moscú, habiéndose abstenido de participar del evento 64 naciones. Cuatro años más tarde, los Juegos Olímpicos se celebraron en Los Ángeles. En una situación exactamente inversa a lo sucedido en Moscú 1980, la Unión Soviética, sus aliados y otros estados satélites decidieron boicotear los Juegos y no enviar delegaciones a California. En total 14 países no fueron parte del evento. El espíritu olímpico no fue capaz de sortear la división ideológica por la que atravesaba el planeta en aquellos años. Si bien los eventos de Moscú y Los Ángeles eran de carácter estrictamente deportivo, los mismos se vieron fragmentados por causas absolutamente ajenas al deporte.

Barcelona 1992 y la Unión Europea: España ingreso a la Unión Europea en el año 1986, desde entonces el país ibérico inició un espectacular proceso de modernización y europeización. Dentro de este contexto, los juegos de Barcelona (la ciudad española más cercana a “Europa”) transmitieron al mundo la imagen de una España flamante, democrática e integrada política y económicamente los estados más avanzados de Europa Occidental.

Beijing 2008, Rio de Janeiro 2016 y el ascenso de las potencias del BRICS: En un manifiesto mensaje de poder al mundo, la República Popular China emprendió los Juegos más costos de la historia, habiendo destinado 45 mil millones de dólares a la organización de los mismos. El objetivo de simbolizar en un evento la creciente relevancia de China a nivel global y la ciudad de Beijing como la capital política de una potencia económica mundial fueron ampliamente cumplidos. Sin dudas los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro 2016 serán utilizados por Brasil como una pantalla para mostrarse como el líder político y económico de América Latina. Las ambiciosas obras de infraestructura que ya se están llevando a cabo hacen prever que los juegos de 2016 serán, al igual que todos los mencionados en estos párrafos, utilizados con fines políticos.