AMIA: Culto a la No Política

Por Hernán Aisenberg (@Cherno07)*


Este miércoles se cumple un nuevo aniversario del Atentado a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), el 18vo año de impunidad y encubrimiento para 85 víctimas que no pueden descansar en paz y 85 familias que no tienen Justicia. Sin embargo, la dirigencia de la comunidad judía parece estar preocupada por otra cosa, ya que será el primer año en el que ningún familiar tendrá voz en el acto oficial organizado por las instituciones de la comunidad.

El motivo de la decisión de la dirigencia comunitaria es tan simple como incomprensible. Los dirigentes sostienen que el acto del 18 de julio debe ser un acto de recordación y de pedido de Justicia pero sin “discursos políticos”. Si bien esto parece una incongruencia total, esta no es la primera vez que la dirigencia judía toma medidas de este tipo.
Primero fue con Laura Ginzberg, quien tuvo la osadía de acusar de encubridores y corruptos al ex presidente Menem y a varios de sus funcionarios, aunque también agregó en dicho grupo a Rubén Beraja, quien fuera presidente de la DAIA al momento del atentado y durante toda la década menemista. Para esa época, denunciar abiertamente al gobierno no era común y los dirigentes comunitarios no lo soportaron y excluyeron a los familiares que decidían “politizar” el acto y la memoria.
Así nació Memoria Activa, un grupo de personas entre los que había familiares, dirigentes y jóvenes que no entendieron cómo se podía hacer memoria o exigir justicia sin que ello se convirtiera en un acto político. Para entonces también habían decidido tener una querella independiente, con un abogado propio, porque ya no confiaban en la búsqueda de justicia a través de las instituciones centrales. En aquel entonces, la AMIA y la DAIA tuvieron el acompañamiento del grupo mayoritario de familiares, que conformó la agrupación Familiares y Amigos de las Víctimas y se quedó con el monopolio del micrófono y la organización del acto oficial durante muchos años. Por su parte, Memoria Activa tuvo que realizar sus propios actos teniendo muchas dificultades en la difusión y en la convocatoria.

Con el fin del menemismo fue más fácil asumir a ese gobierno como responsable de encubrimiento, por lo menos para el público masivo, y entonces denunciarlos ya no era un “acto político” sino un honor a la verdad. Sin embargo, en ese momento el centro de las acusaciones ya era el gobierno iraní, y muchos movimientos sociales que la comunidad tildaba de socios del “terrorismo internacional”, como el dirigente social Luis D´Elia o el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez. Pero claro, esto tampoco se trataba de un “posicionamiento político”.

Aunque se siguió criticando y silbando a los encubridores locales, éstos quedaban en segundo plano cuando cada 18 de julio se pedía a gritos la terrible Ley Antiterrorista que el gobierno kirchnerista sancionó el año pasado. Pero insisto, esta también era una exigencia “apolítica”.

Y llegó el año pasado, cuando ocurrió algo sorprendente. En plena campaña por el ballotage para Jefe de Gobierno porteño y frente a una nueva coyuntura política, los familiares que históricamente habían sido aliados de las instituciones comunitarias se animaron a poner en el ojo de la tormenta a Jorge Fino Palacios, a Mauricio Macri y al Rabino Sergio Bergman. Y sorpresivamente (o no tanto), la comunidad volvió a ofenderse por la “politización” de un acto que era simplemente de recordación.
Sergio Burstein, representante de la agrupación Familiares y Amigos de las Víctimas, luego de ser víctima de las escuchas telefónicas ilegales realizadas por el gobierno macrista, decidió apuntar los cañones para ese lado. Criticó duramente al Jefe de Gobierno Mauricio Macri, a la “PyME” de Ciro James, al nombramiento de Jorge “Fino” Palacios a cargo de la Policía Metropolitana, y especialmente a la candidatura a primer legislador porteño por el PRO de Sergio Bergman, ya que, según este familiar, siendo un referente de la comunidad judía no podía formar parte de una lista partidaria que estuviese tan involucrada con la Causa AMIA.

La tapa de Clarín del 19 de julio del 2011 remarcó los silbidos que Burstein recibió, pero que sólo provinieron de un pequeño sector donde se encontraban seguidores del rabino PRO. Nuevamente, los medios de comunicación marcaron agenda sobre lo que debía hablarse y lo que debía callarse. Por eso es que no sorprende la decisión que este año tomaron las instituciones judías con tal de que no vuelva a “politizarse” el acto.

Finalmente ya no quedarán familiares dispuestos a decir lo que la comunidad quiere, o mejor dicho, no quedarán familiares que se presten a silenciar su voz para no ofender a quienes pueden ser socios políticos de los dirigentes comunitarios. En otras palabras, eso es lo que la dirigencia comunitaria define como “no politizar” el acto.

En resumen, Memoria Activa hizo su convocatoria para el martes 17 de julio a las 18 horas en Pasteur 633 sin el apoyo institucional, APEMIA (otra de las organizaciones de familiares que cuenta con el apoyo del Partido Obrero) ni siquiera es un actor político para la comunidad judía, y otros tantos familiares se quedarán sin homenajear a sus víctimas en el día que les pertenece principalmente a ellos. Mientras tanto, las instituciones centrales realizarán el acto tradicional del 18 de julio a las 9.53 hs.

Así que para quienes se preguntan por qué luego de 18 años el atentado más doloroso de la historia de la ciudad de Buenos Aires no tiene detenidos, ni culpables, habrá que contestarles que, entre otras razones, la más dura de aceptar es que las víctimas directas de aquella atrocidad, las instituciones de la comunidad judía, tienen otros temas “más importantes” que resolver: Como hacer un acto por la Memoria, la Verdad y la Justicia sin participación de LA POLITICA.

*Docente.

* Nota publicada en Nueva Sion