A 10 años del asesinato de Maxi y Darío: la maleable memoria k

En el décimo aniversario de la Masacre del Puente Pueyrredón, agrupaciones kirchneristas convocan a un acto uniendo la figura de Néstor Kirchner con la de los piqueteros asesinados.  NUEVO VIDEO!

 

 

La memoria es un material maleable. El tiempo es uno de sus componentes. Mientras más pasa el tiempo, hay quienes postulan que la memoria se vuelve endeble, frágil, modificable. Usurpable.

Faltan pocos minutos para el mediodía. Las columnas avanzan hacia el Puente Pueyrredón por dos flancos: desde la estación Avellaneda por la avenida Yrigoyen y desde la Plaza Alsina, marchando por avenida Mitre. Poco después, media hora más tarde, Avellaneda se encuentra envuelta en humo, el olor de los gases lacrimógenos y de la pólvora. En la estación ferroviaria, un comisario posa junto al cadáver de Darío Santillán. Las cámaras captan cómo su cuerpo y el de Maximiliano Kosteki son cargados en la caja de una camioneta policial rumbo a la morgue. Es el 26 de junio de 2002.

El gobierno de Duhalde sostuvo, entonces, que “los piqueteros se mataron entre ellos”.  Esa frase había sido pronunciada por el entonces secretario general de la presidencia Duhalde, Aníbal Fernández. Poco tiempo después, Fernández relató: “Nosotros conocíamos desde hace 20 días que iba a suceder una cosa de estas características, porque nos habían hecho los comentarios y sabíamos que se iba a organizaba para el 22 y 23, en el estadio Gatica de Villa Domínico, una asamblea de piqueteros en la que se iban a discutir los cursos a seguir. En esa asamblea se habló de lucha armada; en esa asamblea se definió lo que ellos llaman un plan de lucha, que no es otra cosa que un cronograma de hostilidades”. Felipe Solá, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, afirmó categórico que la policía había sido la agredida y que ésta respondió “con mayor poder técnico”. En el mismo sentido, Juan José Álvarez, a cargo de la Secretaría de Seguridad del gobierno de Duhalde, calificaba de ejemplar la actuación de las fuerzas de seguridad. Carlos Soria, quien en 2002 ocupaba la jefatura de la SIDE –en cuyas oficinas se planificó la operación represiva contra la manifestación piquetera-, insistiría en aquel relato en el juicio celebrado cuatro años más tarde contra los policías Alfredo Fanchiotti y Alejandro Acosta: Soria se referirá aún al plan de lucha como “una escalada bélica”. Luis D’Elía plantearía que los piqueteros buscaban un muerto y que la manifestación había sido convenida entre los organizadores y el gobierno, ya que les convenía a ambos. Clarín titularía higiénicamente: “La crisis causó dos nuevas muertes”, a pesar de que ya contaba con las fotografías que mostraban a Fanchiotti y Santillán dentro de la estación en el instante fatal. El “periodismo independiente” del gran diario argentino devolvía favores al gobierno que había pesificado sus deudas.

 

Aníbal Fernández explicando el plan de guerra piquetero que desató la represión el 26 de junio de 2002.

 

Los funcionarios citados formarían parte, luego, del kirchnerismo.  Al igual que el gran diario argentino, que sería socio de los K durante varios años antes de su ruptura y pasaje al enfrentamiento abierto.

Diez años después, agrupaciones oficialistas –entre ellas La Cámpora y Kolina – convocan a un acto en el microestadio de Racing, bajo la consigna  “Viven en cada conquista del proyecto nacional. Unidos y organizados”. El afiche de su convocatoria reúne las imágenes de Néstor Kirchner, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. La memoria es, según algunos, maleable. Muy maleable.

“Al ver los carteles siento que se trata de una usurpación –declara Alberto Santillán, padre de Darío Santillán, a plazademayo.com sobre el Puente Pueyrredon, donde se han reunido organizaciones políticas y familiares de las víctimas para realizar una vigilia hasta el acto que pedirá el juicio y castigo a los responsables políticos de la masacre-. Si realmente este gobierno hubiese hecho algo por la muerte de Dario y Maxi cuando sabía de las responsabilidades políticas, sería distinto. Pero este gobierno prometió investigar y no lo hizo. Por no haber investigado termina siendo cómplice del asesino Duhalde. El acto de las agrupaciones kirchneristas es una apropiación de la figura y del ejemplo que dieron Dario y Maxi”.

“Maxi y Darío no ´viven´ en el gobierno de los Kirchner sino en la calle, en la lucha de cada uno de los que levantamos las banderas contra la impunidad –dice Vanina Kosteki, hermana de Maximiliano Kosteki-. Si realmente Néstor Kirchner hubiese levantado las banderas de la lucha, hubiese abierto los archivos de la Side y no hubiese puesto al juez Ariel Lijo para que cierre a diez años la causa del Puente Pueyrredón. Dario y Maxi están en la calle y en cada compañero que sale a luchar por trabajo, salud, vivienda, educación y no en un acto con un doble discurso de los Kirchner”.

La indignación al mostrar la imagen del afiche de convocatoria al acto kirchnerista, que tendrá lugar hoy 26 de junio en el microestadio de Racing, en Avellaneda, cunde entre los manifestantes que pernoctan en el Puente Pueyrredón, que también reclaman que Fanchiotti y Acosta sean trasladados de la cárcel de Baradero, de régimen abierto, antesala de su libertad. Militantes del Frente Popular Darío Santillán, donde militaban los piqueteros asesinados, cuentan que arrancaron los afiches del acto kirchnerista que detectaron.

“La cuestión de los gobiernos que se apropian de las conquistas del pueblo a través de sus luchas es equivocada –asegura Federico Orchani, vocero del FPDS-. Las conquistas populares son patrimonio y producto de la lucha popular, y en ese sentido ningún gobierno tiene la potestad para arrogáselas, sobre todo cuando Maxi y Darío militaban en organizaciones que eran independientes del estado, que eran autónomas, que hablaban de la democracia de base, de la construcción de poder popular y creo que en ese sentido hay una diferencia muy grande entre organizaciones que hoy sostienen este modelo. Maxi y Darío se inscriben en otra tradición política y de organización popular”.

“El acto que convocan las organizaciones oficiales no tienen consignas por justicia ni podría tenerlas porque sus personeros políticos son los que han organizado el rescate de la bonaerense y de los responsables políticos de la masacre como Aníbal Fernández, Carlos Soria, Vanossi,Genoud, Duhalde o Solá, estén de un lado u otro en la interna del PJ –señala Guillermo Kane, dirigente del Polo Obrero-. Este es un momento en el que hay 5000 procesados por luchar por salario, por vivienda o cuando tuvimos un intento de militarización de una huelga obrera en el caso de camioneros o cuando hay un esfuerzo desde el kirchnerismo por romper las organizaciones populares, como la CGT, como la FUA, como lo han hecho con la CTA.

La memoria, de material maleable. El editorialista Mario Wainfeld de Página 12 escribió una nota en la omite deliberadamente mencionar a Aníbal Fernández (actual senador kirchnerista, ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández) entre los responsables políticos de la masacre, aunque haya sido investigado por la justicia por este rol y sea señalado de ese modo por organizaciones políticas y familiares de las víctimas. El diario hiperultraoficialista Tiempo Argentino ni siquiera se detiene en el tópico de las responsabilidades políticas y, por el contrario, le da la palabra a Andrés “El Cuervo” Larroque, que se intenta darle una pátina ideológica al afiche de convocatoria al acto K y dice: “Allí se unen Maxi y Darío con todos los luchadores caídos en los ’90, el 19 y 20 de diciembre, los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos y todos ellos con Néstor Kirchner, aquel hombre que supo redimir las heridas de décadas en un proyecto que nos realice a todos y en eso le fue la vida también”. La memoria, ese material que se puede modificar, cambiar, transformar.

A veces ocurre. A veces no. Depende del estado de alerta de las sociedades. Los Estados suelen intentar realizar estas operaciones, sobre todo cuando las crisis arrecian.

 

 Luis D’Elía sobre el asesinato de Kosteki y Santillán: “Buscaban un muerto”.

D’Elía-CFK: 10 años de diferencia, un mismo concepto.

Edición: Paloma Navarro Nicoletti @pily0

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