Una jornada trabajadora y soleada

Por Maria Aleida Gonzalez (@meryleid)

Crónica de un día soleado: la marcha del primero de mayo por el día del trabajador.

 

“Uno, dos, tres, va: ‘A Mariano Ferreyra, lo mató una patota de mierda’”. Retumbaban los cánticos, pegadizos, que se iniciaban desde la esquina de la cuadra tomada. Pegadizos para los que no son del palo, para los que no cantan con la convicción desde las entrañas, para los que no vengan a la injusticia social en cada verso. Hipólito Yrigoyen al 1100 y las paredes de sus deshabitados edificios fueron testigos de esta nueva celebración del Día del Trabajador, donde el sol sólo asomaba hacia 9 de Julio y se volvía a esconder hasta Plaza de Mayo, “el punto de encuentro de los trotskistas”.

“Mientras esperamos a que lleguen los últimos compañeros, antes de ir para la Plaza, nos preparamos cantando un poco, comiendo unos choripanes”, me comentaba Carlos, uno de los miembros del PTS, arreglando su bandera, ofreciéndome un mate.

La curiosidad mató al gato, pero también me invitó a bajarme del bondi en esa calle cortada. Después de cerciorarme de que nadie se sentiría intimidado por la mirada de esta intrusa, decidí adentrarme en este carnaval de cantos sugestivos. “Fuera ya, fuera ya, que se vaya TBA”, escuché al que llevaba la voz cantante, un chico de no más de 25 años, como si estuviera echándome a mí. De repente, como si hubiera olido la irrupción secular, se me acercó un señor, con cara de años de coraje. Carlos II, que terminó teniendo familiares que aparentemente conocían a los míos. “Y qué están esperando acá?”, le pregunté ya impaciente. “Y que termine de llegar el resto de los compañeros”, me respondió, dándo por sentado, chequeando la parada de colectivos por la avenida que no fuera tomada. Compañeros, en este caso, por más que el término connote familiaridad, refiere a un sinnumero de afiliados a agrupaciones de izquierda, como el PO o el PTS (ambas abreviaturas de moneda corriente en el ámbito, para designar el Partido Obrero y al de los Trabajadores Socialistas).

Bum, bam, bum! “Faah, ya empezamos con los tiros”, lanzó para sí, casi acostumbrado, Norberto. Me agarró en el momento del click de la foto. Me miró fijo, desihnibido, aunque la irrupción de una nueva facción política a la plaza me haya dado una mano, y lanzó:

–“Para qué medio trabajás?”

–“No, para ninguno. Estudio periodismo y me vine a dar una vuelta por acá no más”

Justo como lo sospeché por su cara, le seguía haciendo ruido que caminara por ahí sin intención de delatarlo en algún medio opositor. No es que me guste engañar a la gente, pero tampoco quiero que no se abran al diálogo por el detalle de que pasé por la facultad de Comunicación.

“Mirá, fulano, esta chica es periodista independiente”, le comentaba, sin mucha suerte, a su compañero, que dislumbrado por el movimiento de gente, decidió ignorarme. “Y hace cuánto militás, nena?” Quise agradecerle el cumplido, pero me di cuenta de que sus palabras guardaban sabiduría, la sabiduría de la calle, esa que se amasa a fuerza de golpes y experiencia. “Yo dejé la militancia en el 73, cansado de exponer a mi familia”, se confesaba, nostálgico. Insistente el señor, volvió a arremeter con preguntas sobre mi prosedencia ideológica. “Lamentablemente, no asumo ningún discurso, Norberto”, me confesaba, yo, ahora, cual paciente a su terapeuta. Lamentándome por no tener un enemigo o una causa ancestral por la que luchar.

Cuando estaba a punto de bromear, para afianzar nuestro fresco vínculo, en referencia a lo soleado del día, como un regalo para los trabajadores, mi amigo me frenó: “El problema de toda esta gente”, en referencia a sus compañeros, “es que siguen siendo peronistas”. Evidentemente, mi cara no pudo disimular la ruptura de mi arraigado prejuicio. “No, no, no. Yo no soy peronista. Durante el peronismo, el 1° de Mayo, se elegía a la reina de la belleza, así que a mí no me van a venir con cuentos…”. Entre la avanzada del PO a la izquierda de la plaza, deslizó para sí: “el Peronismo es la nueva forma de la burguesía de mantener tranquilos a los trabajadores”. Ya se me hizo imposible oírlo, así que simplemente me despedí, prometiéndole que lo contactaría en días más para tomarnos un café. El comienzo del discurso por el Día del Trabajador era inminente. Después de todo, esa cantidad de gente apasionada estaba ahí para conmemorar su día, yo ya sobraba.

Caminé unos metros hacia el Cabildo y siento que me chistan:-

– “Ya te vas?”

– “Me voy a dar una vuelta por acá atrás, Carlos. Así que, por las dudas, ya lo saludo”.

Le quise pasar la mano y me abrazó, me dio un beso y sonrió. “Acá es así”. Yo también le sonreí. “Me llamás y te venís a comer un asado para allá”, en alusión a su casa. Porque ese hombre que yo acababa de conocer y al que osé saludarlo como tal, me acababa de invitar a su casa. Ese hombre que entre redoblantes me confesó que su mujer había muerto hacía un tiempo, acababa de abrirme las puertas de su hogar, para que conociera a sus hijos. Le volví a sonreir, me di media vuelta y caminé a través de la oscuridad de las calles, hasta llegar nuevamente al sol, a 9 de Julio. Caminé pensando en mi desarraigo, en Norberto, en su lucha, en su arraigo. Llegué hasta Recoleta y ya estaba casi completamente oscuro. Preparé café y mate cocido. Corté un biscochuelo casero y salí con dos amigos a tratar de amenizarle la noche a la “gente en situación de calle”, como Macri gusta de llamarlos. De vuelta en casa, me sentí más amiga de Carlos, pensé que yo también tengo mi lucha y que, a fin de cuentas, los dos tratamos de construir un mundo mejor, a pesar de que yo, todavía, no haya leído El Capital. Uno de estos días lo voy a llamar para ir a visitarlo.

 

Comments

  1. Cecilia says:

    Maria Aleida, toda esa manifestación te sorprendió, pero es la verdadera fiesta del 1 de mayo. El peronismo y la CGT coparon la plaza pero no era de ellos, era de la izquierda que siempre había luchado por los trabajadores pero que nunca tuvieron poder, el fascismo les quitó las banderas, quizás lleguen los tiempos de la reivindicación y dejemos de ver a esos gordos gremialistas mentirosos y coimeros.