¡No me peguen!, soy Peralta

Momentos difíciles en Santa Cruz: rojo en las cuentas, movilizaciones y medidas de fuerza contra YPF. Fuego cruzado entre Daniel Peralta y Cristina Kirchner.

 

La casa está en desorden. La provincia de Santa Cruz, la cuna del kirchnerismo, volvió a los conflictos. Sueldos atrasados, rojo en las cuentas públicas, paros en hospitales, movilizaciones por las calles y hasta la primera medida de fuerza contra la nueva YPF en manos del Estado apenas un par de días después de la visita a la zona de su nuevo mandamás, Miguel Galuccio. En medio de ello, flaco favor le hizo la presidenta Cristina Fernández el jueves pasado, 10 de mayo, al gobernador Daniel Peralta al hablar desde el famoso atril de la Casa Rosada.

“Y yo debo hablar porque tengo el ejemplo duro, el ejemplo sufriente, diría caliente de mi provincia, de mi querida provincia de Santa Cruz, esa provincia que gobernó Kirchner durante doce años”, dijo la Presidenta al promediar su último discurso de la semana, casi a la misma hora en la que manifestaban trabajadores nucleados en la Mesa de Unidad Sindical en la ciudad de Río Gallegos. Fue el mismo discurso que los diarios llevaron a su tapa del día siguiente, donde ella dijo que los aumentos salariales de los últimos años no fueron obtenidos por huelgas sino por “el modelo macroeconómico sostenido por un presidente que se llamó Néstor Kirchner”.

“Le tocó recibir una provincia destrozada, endeudada”, añadió, como si Kirchner no hubiera hecho absolutamente nada para asumir la Gobernación santacruceña en el preciso momento que lo hizo, fines de 1990, tras haber apoyado como intendente de Río Gallegos la destitución del entonces gobernador, Ricardo  Jaime Del Val. Kirchner era intendente de Río Gallegos, el segundo  cargo público que lo llevaría trece años después a la Presidencia de la Nación. El primero había sido el de titular de la Caja de Previsión Social, el mismo puesto que un cuarto de siglo después, pero a nivel nacional, le daría al ahora vicepresidente Amado Boudou.

Cristina Fernández enumeró luego en su discurso los “logros” de la gestión provincial de su fallecido marido. “Teníamos una desocupación que nunca superó el 3 por ciento en un país donde había una desocupación de dos dígitos”, expresó.  “Y dejó 650 millones de dólares cuando se fue de esa provincia, en efectivo”, agregó sin referir que la mayor parte de ese dinero fue obtenido a través de un juicio por regalías petrolíferas adeudadas por la Nación.

Y se gastaban apenas el 40 por ciento en gastos corrientes. El resto se destinaba a obra pública, una obra pública que gestionábamos con nuestro dinero. Y realmente, durante…”, siguió la Presidenta antes de arremeter contra Peralta, sin nombrarlo. Los tres puntos suspensivos constan textuales en la página oficial de la Presidencia.

“… bueno, los posteriores gobiernos, no voy a decir nombres, todos saben quiénes fueron gobernadores, pero los fondos se evaporaron con aumentos que, bueno, sí, aumentos que los sindicatos lograron maravillosamente pero que hoy no hay plata para pagarlos. Entonces esto iba a llegar en algún momento porque era imposible. Bueno, hay gente que gana muchísimo dinero más que yo y que no es el gobernador ni nada, y yo soy la Presidenta de la Nación”, soltó, como al pasar, la jefa de Estado.

El núcleo del discurso fue para marcarle la cancha de la discusión paritaria a los sindicatos en su lucha por recuperar lo que la inflación se lleva. Pero hubo un metamensaje hacia Peralta, el ex sindicalista bancario al que Kirchner recurrió para apagar el incendio de 2007 en su provincia, cuando quedó acéfala la Gobernación en medio de un duro paro de los maestros, que “maravillosamente” lograron luego subir el sueldo básico inicial de 161 pesos, el más bajo del país en ese entonces. Peralta era diputado provincial en uso de licencia porque estaba a cargo de la intervención en el yacimiento carbonífero de Río Turbio. Pero, más curioso aún, había sido ministro de Asuntos Sociales de Del Val, el mismo gobernador al que Kirchner había ayudado a tumbar.

Los maestros estaban este último jueves en la calle, junto con trabajadores de los otros gremios estatales, en protesta por el pago desdoblado de salarios. El hospital de Caleta Olivia, la segunda ciudad de la provincia, estaba de paro. El sindicato petrolero de esta ciudad, tomado por el ex secretario general al que hace un año se corrió del cargo a través de una intervención de la Federación de sindicatos petroleros, Héctor “Chaco” Segovia. Sus seguidores intentaron esta misma semana cortar la producción de YPF a los pocos días de asumido Galuccio, quien el día anterior había estado en Comodoro Rivadavia. Al día siguiente, la empresa china Sinopec denunció un atentado en su planta cercana a Cañadón Seco. Y los conflictos se replican en las duras tierras santacruceñas.

El kirchnerismo intentó una suerte de “golpe de Estado” a principios de 2012, cuando el gobernador quiso aprobar en la Legislatura una reforma previsional que aumentaba la edad jubilatoria y declarar la “emergencia económica”. No se quieren Peralta y los Kirchner, la Presidenta y su hijo, Máximo. Es algo así como un matrimonio por conveniencia. Pero el gobernador fue reelecto el año pasado, casi con tantos votos como los que obtenían los Kirchner.

Ah, los que ganan sueldos más altos que la Presidenta y el gobernador, según lo que se dijo el jueves desde el atril de la Casa Rosada, son casi todos amigos o conocidos de Cristina, Néstor  y Peralta. Ellos son los que gobernaron la provincia los últimos veintitrés años, con el interregno de cuatro años de Sergio Acevedo y su vice, Carlos Sancho, entre 2003 y 2007. Y ellos son los que pusieron a los funcionarios que hoy ganan miles y miles de pesos por mes, esos mismos sueldos de los que se queja la Presidenta  y que ahora paga con demoras el gobernador.

 

Néstor, el señor feudal

La semana pasada, casualmente en el Día de la Libertad de Prensa -3 de mayo, según lo dispuesto por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1993, dos años después de una declaración sobre la libertad de expresión en el continente africano realizada en esa fecha por la UNESCO en Windhoek, Namibia-, falleció en la capital santacruceña, Río Gallegos, Daniel Gatti, el primer periodista que escribió “sin pelos en la lengua” un libro sobre Néstor Kirchner.

El libro de Gatti se llama “El amo del feudo” –toda una definición para estas épocas de doce años kirchneristas a nivel nacional- y fue escrito justamente en 1993, el mismo año de la decisión de la ONU y tres años después del desembarco de Kirchner en “La Rosadita”, como le dicen a la Casa de Gobierno santacruceña por el color de sus paredes y por parecerse, en algo, a la Casa Rosada, la misma de Balcarce 50 en el barrio porteño de Monserrat, la Casa del Gobierno nacional.

Gatti tenía 56 años, era entrerriano de nacimiento (de Basalvilbaso), flaco como Kirchner y santacruceño por adopción. Hacia esa provincia había ido –como tantos amigos kirchneristas, en especial el secretario de Legal y Técnica nacional, el cordobés Carlos “Chino” Zannini- tras su liberación en 1982 luego de ser detenido en 1977 por “razones políticas”. Igual que Zannini. Uno terminó periodista y el otro el hombre de mayor influencia política sobre Kirchner y su esposa.

El libro de Gatti cuenta en léxico periodístico las historias de pueblo chico de Kirchner, su origen, inicios políticos y llegada al poder provincial. El logro de su obra es que fue escrita cuando Kirchner era casi nadie a nivel nacional. Y describe el mismo tipo de políticas que después desarrolló Kirchner cuando fue Presidente de la Nación. Desde las alianzas coyunturales hasta la propaganda a cargo de su esposa, la actual Presidenta de la Nación Cristina Fernández. Un libro recomendable para entender esta era K.