Moscas en Rosas

Por Rubén Matos (@rubenmatos)

A casi cuatro meses de la trágica muerte de Lucas Menghini Rey, sus amigos y familia lo recuerdan.

 

 

Hoy no hay pilares que sontengan bendiciones o estrategias.

 

De atrás, de costado, de frente, de arriba y de abajo se escucha música cuando mencionamos a Lucas Menghini Rey. ¿Quién fue ese pibe que murió en la tragedia de Once y que conmovió por lo desesperado de la búsqueda de su cuerpo?

 

Mi papá, dice enojada Paz y apunta al lucero desde su metro de altura. Desde ahí se miran y conversan. El lucero es una estrella que ella suele indicar con la ayuda de sus abuelos: “agachate, vení, fíjate, ahí esta el jetejedi – impone la nena. Soy la hija de Lucas”. Tiene cinco años.

 

Lucas es también el nombre del padre y del hijo, es la foto con el reclamo de justicia y búsqueda de responsables de la tragedia-masacre- accidente de Once en la que murieron 51 personas víctimas de la desidia y la inoperancia en la mañana del 22 de febrero cuando la formación 3772 del tren Sarmiento entró en la estación de Once y no frenó.

 

En la puerta de la heladera de María Lujan Rey, su mamá, esta pegada la foto de su hijo. Arriba una leyenda dice “LO AMO” donde antes decía “LO BUSCAMOS”.

 

aunque te duela, sos… Igual… Como un perro, una cebra, un chimango, una pantera…

 

Esta historia empezó el 21 de mayo de 1991 cuando Paolo Menghini tomó a su hijo recién nacido en brazos con poco mas de tres kilos y encontró sus ojos abiertos. “En ese sentido Lucas nació mirando, yo me acuerdo perfectamente cómo giraba la cabeza para todos lados cuando tenía apenas unos minutos de vida, siempre fue un gran observador”, dice Paolo.

 

A los dos años se quedaba a dormir en la casa de los abuelos, a los tres, a los cuatro era un nene extrovertido que no tenía problemas de adaptación ni con el barrio ni con el mundo. “Ahora, cuando me cruzan por la calle me dicen: ‘Vos sos la mamá de Lucas’, pero siempre fue así, antes de que pasara lo que pasó, desde que el nene era un nene yo era la mamá de Lucas”.

 

Chimu, así le decian, tenía 20 años, 1,70 de altura, pelo rizado y oscuro y la ausencia de un bigote ancho que lo había acompañado los últimos tres años.

Y pasa que de repente estas ahí y algo cambia el destino para siempre. A Chimu le paso en 2007. En agosto nació Paz. Lucas tenía 16 años. Paolo recuerda que lo llamaron un 1º de enero a las dos de la tarde. Salía de Canal 7 en donde es editor periodístico y lo invitaron a que se pase por un bar en el centro de Padua. “Llegué, estaba María Luján y a los pocos minutos veo que Lucas pasa por detrás de su madre y se sienta, agacha la cabeza y se queda en silencio. Estaba blanco de pálido. En ese momento me dí cuenta de que me habian llevado a un lugar público para que no hiciera quilombo. Lucas todavía tenía quince años”.

– Mirá papá, no es mi cuerpo, no es mi cabeza, es el cuerpo y la cabeza de Romi, yo voy a acompañar lo que ella decida, dicen que dijo.

Y esa fue otra de las enseñanza que te dejan los hijos. Yo pensaba que me iba a pedir plata para irse a vivir a Jujuy o a Perú, pero no. Ahí me dí cuenta de que estabamos criando a un tipo de bien –Paolo se reclina en la silla. Estamos a una cuadra del Congreso, le pregunto qué espera. Me dice que lo que quiere es que los responsables se hagan cargo, que los tipos que no lo buscaron cuando ese era su trabajo expliquen porque no lo hicieron, que la justicia haga lo que tiene que hacer.

El Lucas padre no terminó de crecer. Crecían juntos con Paz aunque estaba preocupadísimo por saber si lo que estaba haciendo estaba bien. Atrás de la casa de María Luján el último verano estuvo la pileta armada. A Paz no le gustaba que Lucas jugara al tiburón, se ponía las manos como rezando por encima de la cabeza y desde abajo del agua la asustaba. Hay en el aire de la casa de María Luján cierto oxígeno de alegria.

Esto no es un gran TEG, ni naciones ni banderas…

No se puede no hablar de Lucas sin hablar de música, “Su segundo grupo, Chimeneas (también tocaba en Sistemática, otra banda, más rockera), tenía apenas cinco temas colgados del sitio Bandcamp, pero el carisma explosivo y cierto magnetismo un poco mágico que irradiaba hacía que se hablara cada vez más de sus shows”, se escribió en las páginas de la revista Rolling Stone un mes después de la tragedia de Once.

“Chimu era una máquina de estar todo el tiempo haciendo música, traía cosas nuevas, arreglos distintos, un demente hermoso” dice Yerman. Yerman es amigo de Lucas, Sistemática era el nombre de la banda en la que tocaban. “Nosotros somos un grupo de amigos que tocamos juntos, pero él era un poco más, tenía la cabeza mas avanzada, estaba ansioso, como apurado. Cuando cortabamos los ensayos para salir un rato a joder, él se quedaba adentro de la sala probando otras cosas. Una demencia hermosa” insiste Yerman que mira las paredes de la sala en donde ensayaban, relee las frases escritas y sonríe.

“Yo la flashée con Atahualpa Yupanqui también, que decía que los ritmos del folclore eran latidos de la tierra. Ahora siento que tengo que hacer algo así, como si fuese la respiración de algo muy grande”, dijo Lucas en una nota. Y flasheo con Atahualpa una tarde en la casa de su abuela en Morón. Lo descubrió en un documental que pasaban por canal Encuentro. Vivía, dicen, en experiencia permanente, la música no es otra cosa que la experimentación y había descubierto en Atahualpa una manera de decir.

“La única pérdida grande que tuvo en su vida fue la de su abuelo. Lo perdió a los tres años y medio. Sin embargo el viejo estuvo muy presente, está muy presente. La trascendencia de la gente no solo tiene que ver con una creencia religiosa sino por lo que uno hace en la vida y por el amor que deja. No tiene que ver con una cuestión religiosa, tiene que ver con una cuestión de valores. En el fondo pasa que la incomodidad a veces te impulsa a la creación y a veces te impulsa a juntar plata para comprarte un plasma.” dice Paolo.

 

Lucas enamoró a una chica que vivia en Canadá. “El pibe le tocaba música, tocaba su guitarra, ponía la cámara, el micrófono y la mina se dormía. Usaba el skype, charlaban. El decía que estaba enamorado. Chimu hablaba en inglés, un poco fue aprendiendo de hablar el idioma con esta chica”, me cuentaYerman en la sala donde ensayaban. Es de noche y las calles de Padua están vacias. “Lo que pasa es que el chabón era música, por donde lo mires era música. Estaba muy loco últimamente con lo que era música electrónica, ahora estaba con el tema de los sintetizadores, se volvía loco. Y de todo sabía algo, de todo sacaba algo y te dabas cuenta. Yo siempre dije, este chabón algo grande va a ser. Era detallista al mango. En todo lo que hacía quería que saliera perfecto. Tenía las cosas muy claras.” Yerman es German Gullone y toca el bajo, fue el último en hablar con Lucas. Se despidieron a la 01:30 de la mañana del 22 de febrero. Habían tocado hasta la una en el corso de Padua. El día siguiente cerca de las 7:45 AM, Lucas subió al tren para ir a su trabajo.

Lo miro y no lo entiendo, puedo querer correr…

Mientras no me veas…

 

Esta no es mi verdad, ni naciones ni banderas…

La mañana del 22 de febrero, a las 08:33 la formación 3772 del ramal Sarmiento de la empresa gestionada por TBA del grupo Cirigliano entró en la estación terminal de Once y no frenó. La formación iba a 20 kilometros por hora y llevaba alrededor de 2 mil pasajeros. Desde entonces y hasta la tarde del viernes sus amigos, familiares y conocidos estuvieron abocados a la búsqueda del cuerpo que aparentemente había desaparecido en registros mal realizados de hospitales. Hasta entonces no estaba en la morgue donde sí aprecieron las imágenes de otros cincuenta nombres que tiene esta tragedia. .

Paolo y María Luján tuvieron que hacer el reconocimiento. Vieron pasar 50 rostros sabiendo que en la pantalla de la morgue estaba la peor respuesta. Pero Lucas no estaba. Desde entonces lo reviven en miles de entrevistas, buscan los responsables, se esfuerzan por creer que la justica debe ser justa. Está también mirada de Paz, los juegos y la mesa en la que guarda los juguetes. Han tenido que empezar de nuevo y trazar la raya que divide lo importante de lo estúpido para entender, por fin, que la paciencia no era tan cruel.

 

Lucas Menghini, Chimu, chimenea, murió un 22 de febrero aplastado por las vigas hirviendo del tren Sarmiento que chocó contra la estación de trenes. Iba durmiendo en “el cubo” ese espacio entre el tercer y cuarto vagón. Iba con los auriculares puestos y el mp3 en el bolsillo.

Volvió a morir 57 horas después cuando a las 17 hs lo encontraron a diez metros de la mirada de todos.

 

En estos días cumpliría la mayoría de edad.

 

 

*”Moscas en Rosas”,  canción que pertenece a Lucas Menghini Rey.