Qué hay detrás del cierre de cursos en capital

Contradicciones y engaños en los argumentos oficiales. La matrícula escolar privada aumentó su participación en un 10% a costa de la pública. Qué pasa en el país.

 

 

 

Un día después de cerrada la paritaria docente porteña –cubriendo, con suerte, la inflación-, la docencia se desayunó con el cierre de cursos impulsado por el gobierno macrista. Desempolvando una resolución de 1997, procedió al cierre de 222 cursos y grados de primaria y secundaria, aplicando un criterio relativo a la cantidad de alumnos por curso, cerrando todo aquel con menos de 15 estudiantes en primaria y de 20 en secundaria.

El criterio meramente numérico fue luego justificado con uno esgrimido como pedagógico, aunque en ningún momento fundamentado en estudios o experiencias. Para el ministro de Educación Bullrich “pedagógicamente el ideal es entre 25 y 30” alumnos por clase. Según la viceministra Ravaglia, “veintiocho es un muy buen número para trabajar” en un aula.

Con ese “ideal” no hacen otra cosa que prometer muchos más cierres a futuro.

Además los docentes denunciaron que en varios casos las “fusiones” implicaban cursos de más de 30 y de 40 alumnos. Tampoco tenían en cuenta cursos de modalidad integradora con chicos con capacidades diferentes, ni el hecho de que hay escuelas en que es la infraestructura la que no permite más alumnos, sin quedar todos apilados.

El gobierno editó unos cuadros para responder a las criticas. Allí, utilizando como cita de autoridad –aunque como veremos luego, de manera falsa– a las evaluaciones internacionales PISA, arguyen que “aulas con menos de 15 alumnos no son pedagógicamente recomendables porque el conocimiento se genera de forma grupal”. Sí el criterio fuera pedagógico ¿Por qué directamente excluyen de las “fusiones” a las escuelas situadas en los Distritos Escolares 5, 19, 20 y 21, “por su delicada situación de vulnerabilidad social”? ¿No querrán que los sectores vulnerables generen conocimiento? En realidad, aquellos distritos están saturados de demanda. Además, claramente no es lo mismo un curso con 15 alumnos o poco más, que uno de 28, como proponen las autoridades.

Los documentos PISA dicen otra cosa. Al analizar diversas variables, no consideran en principio una relación directa entre el tamaño de las cursos y el rendimiento, pero hacen eso al señalar que lo más importante es destinar salarios elevados a los docentes. Al mismo tiempo, señalan que el tamaño de la clase afecta la dedicación de los docentes a cada alumno y la dinámica social entre aquellos. Al observar los países con las mejores evaluaciones, dominan aquellos con promedios menores a 20 alumnos por clase.

 

 El modelo finlandés del PRO y la realidad porteña

 

Mauricio Macri es el “Presidente Honorario” de la Fundación Pensar, “think tank” de su gobierno. Su director académico, Iván Petrella, recientemente declaró que “los mejores docentes del mundo” son los de Finlandia, valorando la formación de los mismos y reivindicando a su ministro de educación como una “estrella” (Perfil 6/4). Sin embargo en estas tierras hacen un Presupuesto 2012 con un incremento de 15% (por debajo de la inflación) al ya de por sí magro Programa de Extensión y Capacitación Docente del CEPA, a la vez que suben en 32% los subsidios para educación privada. En Finlandia la educación privada es casi nula, un 1%, en todos los niveles educativos. El tamaño promedio de las clases es de 20 alumnos, contra 28 en Argentina. En las clases de ciencia, donde tienen sus mejores resultados en PISA, el límite es 16 -además de contar con la infraestructura adecuada. La jornada escolar llega hasta 31 horas por semana, contra 20hs aquí; en todo el país se incumple la Ley de Educación votada en 2006, que establecía un 30% de jornada completa en primaria para 2010: estamos en 6%). El Estado provee útiles, libros, almuerzo (acá Macri recorta las viandas, incluso a los chicos ‘en situación de calle’ –ver fallo de la jueza Lidia Lago y transporte si los alumnos viven lejos (acá Macri quita micros a los chicos de la Villa 31). Mientras aquí se pretende avanzar con la “evaluación docente” (el año pasado Bulrrich y Ravaglia festejaron un discurso de Cristina Kirchner en tal sentido), en Finlandia eliminaron las evaluaciones en 1990, “no tenemos inspecciones ni supervisores. Confiamos en nuestros docentes” sostuvo la directora educativa Irmeli Halinen. En respuesta al planteo presidencial, Néstor Di Milia (Ademys) planteaba “nosotros nos autoevaluamos continuamente, pero no nos parece que una evaluación tenga que estar vinculada al salario” y Baradel (Suteba) “no se puede hablar de calidad educativa si un docente tiene dos o tres cargos o excesivas horas de clase que cubrir para poder llegar a fin de mes”.

En relación a los salarios, un documento de la Dirección General de Planeamiento del Ministerio de Educación porteño, señala que el salario real docente se encuentra en los mismos niveles que tenía en 1992 o en 2001. (ver documento ).  Es inevitable preguntarse, entonces, a dónde fue a parar el crecimiento económico.

 

Avanza la educación… privada

 

Al comparar los relevamientos anuales del gobierno porteño entre 2007 y 2010 (último disponible), se ve claramente el descenso en la matrícula pública y el crecimiento de la privada.

 

 

Se trata de un proceso acentuado durante el gobierno de Mauricio Macri pero que viene de los gobiernos anteriores (Ibarra, Telerman).

 

 

Un reciente documento del gobierno porteño analiza la población porteña asistente a establecimientos publicos y privados, informando que en 2003 el 62% asistía al sector público y el 38% al privado, creciendo este hasta el 40,1% en 2007 y al 44,2% en 2010. Desde la asunción de Macri el sector privado creció más del 10% a costa del publico. Los cambios en la matricula se dan a la par del aumento en los subsidios al sector privado, mientras se reducen y subejectuan partidas para el sector público, como el caso de la infraestructura escolar.

 

Qué pasa en el país. Macristas, kirchneristas y ‘amplio progresistas’ en la misma sintonía.

 

Subsidios: El sostenimiento del sector privado con millonarios fondos del Estado no es una política exclusiva de la ciudad de Buenos Aires. En todo el país, los subsidios crecieron de $1500 millones en 2003 a casi $9000 millones en 2010. Antes que la ciudad, transfieren más partidas la provincia de Buenos Aires, con $3131 millones en 2010, Santa Fe con $1122 millones y Córdoba con $1105 millones. Luego sigue la ciudad con $940 millones. En el presupuesto porteño 2012, las partidas alcanzan la cifra de $1.332.869.952. En Santa Fe, gobernada por los ‘amplio progresistas’ del PS en alianza con la UCR, para 2012 presupuestaron $1684 millones. Allí el 30% de la matrícula está en las privadas. El porcentaje del gasto educativo destinado al sector privado se mantuvo allí en un 20%, pese al cambio de gobierno entre PJ y PS-UCR en 2007. En ese sentido, el gobierno macrista se destaca por haber incrementado los subsidios a las privadas en un 15,4%, pasando de un promedio del 16% del gasto educativo al 18,5%, en desmedro de lo destinado al sector público.

Aumento matricula privada: En 2003, a nivel nacional el 25% de los estudiantes en educación común asistían a establecimientos privados. En 2010 treparon al 28,3%, lo que significa un aumento del 13% para el sector privado (en los sectores inicial y primario es bastante más alto, lo que marca una perspectiva creciente). En el conurbano bonaerense se pasó de 32,9% a 39,2%, un aumento del 19%. El ‘ranking’ del avance privado lo encabezan Catamarca con casi 40% de aumento, Neuquén en 32% y La Pampa en 31%.

El crecimiento del negocio privado de la educación a costo de lo público a partir de 2003, no sigue una tendencia alcista general de décadas en la Argentina, algo que “el relato” calificaría como una “deuda” o “lo que falta” por cambiar. Entre 1994 y 2003 la matrícula privada rondó entre el 24% y el 25% (sí coinciden ambas décadas en el avance al financiamiento privado). Es entonces un fenómeno nuevo de la era K y una manifestación más del contenido real del “modelo”.

 

 Retroceso que es un avance

 

La fuerte respuesta de la docencia porteña, con el apoyo de los alumnos, padres y diversas organizaciones, logró una primera victoria al reducir el gobierno los cierres, pasando de 222 a 96 cursos y grados.

El gobierno insiste que no so se “cierran” los cursos, en el sentido de que no se echa a los estudiantes. A su vez, declaran que el lugar físico desocupado sería utilizado para salas de nivel inicial (lo cual no deja de ser complicado en términos de acondicionamiento del aula y de ubicación de distintos niveles educativos en un mismo lugar). Aquello alerta a los docentes, dado que de esa forma ese espacio se pierde para las primarias y secundarias, lo que consolida a futuro la baja en la matrícula al achicar el espacio para la demanda educativa en tales niveles.

La apertura de “nuevas secciones” anunciada por el gobierno, corresponde en su mayoría al nivel inicial, en tanto que es en los niveles primario y medio donde se producen los cierres. Una resolución del Tribunal Superior de Justicia porteño dictada en 2011, con la cual el macrismo se comprometió, indicaba la apertura de 6091 vacantes para el nivel inicial antes del 2012. Los anuncios de apertura apenas cubre un cubre un cuarto de esa demanda. El resto es obligado a irse al sector privado.

La falta de vacantes, en zonas rodeadas de escuelas privadas, se suma a otros aspectos que hacen a la elección de aquellas, todas vinculadas a decisiones políticas. Por un lado el gobierno sostiene escuelas que cobran miles de pesos, por otro, no se trata simplemente de que “los que tienen plata que paguen su educación” ya que de esa forma se legitima una educación de primera para ricos y una educación de segunda para pobres. Otro aspecto es el ataque a la educación laica con el sostenimiento a las instituciones de educación religiosa, que reciben 100% de subsidios (en la provincia de Salta, la religión está directamente incluida en la educación pública). Las escuelas privadas tienen mejor infraestructura y realizan actividades extracurriculares, los subsidios estatales ayudan por tanto a que las cuotas sirvan para mejorar esos otros aspectos. Mientras sucede esto, las partidas para infraestructura escolar publica se sub-ejecutan año a año. También, en diciembre pasado, la legislatura votó el cierre del polideportivo “Martina Céspedes” en el barrio de San Telmo, bajo una autopista, utilizado por más de 2 mil alumnos de escuelas públicas de la zona. La iniciativa del PRO, para construir allí un “polo gastronómico” privado, fue aprobada con los votos del kirchnerismo (incluyendo al diputado Tito Nenna ligado a la dirección del sindicato docente UTE, según señalaron desde Tribuna Docente) y de Proyecto Sur. Posteriormente adujeron no haber leído lo que votaban. Hoy el barrio se encuentra movilizado contra el cierre.