La lucha trucha contra los monopolios

Aunque “la lucha contra los monopolios” es parte central del relato oficial, en los hechos no existe. Por caso, el gobierno sigue sin constituir el “Tribunal Nacional de Defensa de la Competencia”, clave para dar diente a la Ley 25.156 (de Defensa de la Competencia). Reclamada incluso por la Justicia (en particular, por la Cámara de Apelaciones en lo Penal Económico), la formación del Tribunal lleva ya una mora de 13 años. Además, al subordinarla al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el Gobierno devaluó la tarea de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), encargada de realizar los estudios en base a los cuales se expediría, de modo mandatorio, el Tribunal.

En 2007, un informe de la CNDC, entonces presidida por José Sbatella, actual director de la Unidad de Información Financiera (UIF) encontró “muy alto grado de concentración” en los mercados Siderúrgico, Cementero, Petroquímico, de Fertilizantes y de Agroquímicos, de Telecomunicaciones, y de Cerveza y Gaseosas (1). En todos ellos, un máximo de cuatro empresas se reparten al menos el 90 por ciento del mercado.

 

En Cemento, la CNDC confirmó que tres compañías dominaban el 96 por ciento del negocio (ese caso había originado una fuerte multa por cartelización impuesta por el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, que las empresas nunca pagaron). El estudio dividió el sector siderúrgico en dos: en “chapa laminada en caliente” Siderar, del grupo Techint, detentaba el 84 % del mercado, y en “laminados en frío”, el 99 por ciento, cuotas que afectan crucialmente a dos industrias: la automotriz y la producción de electrodomésticos. En telefonía fija de corta distancia Telefónica y Telecom controlan el 80% del mercado y en larga distancia esas dos empresas, más Telmex, el 96 %. En celulares, a su vez, cuatro compañías se reparten el mercado y las dos primeras se acercan a casi tres cuartos del total. Son Telefónica-Movistar (47 %), Telecom-Personal (26), Claro (18) y Nextel (9).

 

La CNDC precisó también que, tras la absorción de Quilmes por la Ambev, el 81 % de la cerveza que se consume en la argentina proviene de una sola empresa, brasileña.

 

En diciembre de 2007, la CNDC se pronunció contra la fusión Cablevisión-Multicanal, precisando que, a nivel nacional, esas dos firmas detentaban posición “dominante”, con 51 % de los abonos a TV por cable, muy lejos del operador inmediato, que con 12 % del mercado sería presa fácil de operaciones hostiles. Además, la suma de Cablevisión y Multicanal era monopólica en varios de los principales conglomerados urbanos: 85 % de los abonos en Capital Federal, cuotas en torno del 90 % en los principales partidos del Gran Buenos Aires (94 % en San Isidro, La Plata y Vicente López, 92 en Tigre, 90 en Quilmes y Lanús, 89 en Avellaneda y Tres de Febrero, 87 en San Martín, 84 en Morón, 82 en Berazategui),  posiciones altísimas en otras localidades de la región pampeana (95 en Santa Rosa, 92 en Necochea) y en varias capitales de provincia: 85 en Córdoba, 80 en Paraná, 78 en Santa Fe, 77 en Resistencia). El gobierno, sin embargo, desestimó el dictamen y aprobó la fusión, lo que motivó la renuncia de Sbatella, enfrentado a Moreno. El informe de la CNDC también daba cuenta de la concentración en el mercado de Gasesosas (Coca-Cola 60%; Pepsi 24), Agroquímicos (Bayer más Aventis, de su propiedad, sumaban 88%) y Petroquímicos, donde el mercado del etileno estaba en manos de Petroquímica Bahía Blanca-Polisur, con el 93 %.

 

Paradójicamente, la ofensiva del gobierno respecto de Papel Prensa y el efecto concentrador que el monopolio de la producción de papel tendría sobre la edición de diarios tiene escaso  fundamento empírico. En 2007, un informe de diariosobrediarios (www.diariosobrediarios.com.ar) un sitio especializado en el análisis de medios, realizado en base a datos del Instituto Verificador de Circulación (IVC) constató que los diarios Clarín y La Nación venden 88 % de su circulación en Capital Federal y Gran Buenos Aires y tienen escasa  presencia “nacional”. En todo el resto del país, Clarín vendía apenas más de 40.000 diarios y La Nación no llegaba a los 20.000 ejemplares.  

 

 

ENERGÍA

La concentración se da fundamentalmente en la extracción de los dos principales hidrocarburos, Petróleo y Gas Natural (GN), fuente primaria del 90 % de la energía que se produce en el país. Del informe “Complejo Petróleo y Gas” (serie “Producción regional por complejos productivos”), de la Secretaría de Política Económica del Ministerio de Economía, publicado en octubre 2011 surge que:

·         Dos empresas, YPF (con 34) y Pan American Energy (PAE, con 17), suman 51 % de la extracción de petróleo. Si se agregan las dos que les siguen (Chevron, 8%, y Petrobras, 7), resulta que cuatro empresas extraen dos tercios (66%) del petróleo del país.

 

·         En extracción de GN, la concentración es mayor: YPF (30) y Total Austral (25) explican el 55 % del total, y si se suman las dos siguientes (PAE, 11; Petrobras, 9) resulta que cuatro empresas explican tres cuartos (75%) del total de gas extraído en el país.

 

·         Pero las palmas en materia de concentración se da en refinación de petróleo: YPF tiene 54 % del total, le sigue Shell con 19 y en los últimos años se trepó al podio  Oil M&S, del empresario kirchnerista Cristóbal López, que gracias a sus contactos con el poder ganó 14 de 15 concesiones para explotar petróleo y gas en Chubut y Santa Cruz y escaló, mediante una ventajosa adquisición, en refinación; ya refina el 9 % del petróleo del país. Ergo, las dos primeras empresas acumulan 73 % y las tres primeras 82 %. 

 

El mismo informe del Ministerio de Economía reconoce, en base a datos de la secretaría de Energía, que hacia 2009 las reservas de GN se habían reducido a la mitad en términos absolutos y que, también en términos de volumen, las de petróleo eran en 2009 un 20 %  inferiores a las del año 2000. La reducción es más dramática aun medida en “horizonte de reservas”: el de GN orilla los ocho años (a fines de los ‘90 era de 20 años) y el de petróleo es inferior a 10 años (había llegado a ser de 16 años).

 

El fracaso de la política kirchnerista es aquí lapidario. Después de haber creado una empresa estatal de energía (Enarsa, que se dedica básicamente a importar petróleo y gas) y “argentinizar”  YPF con el ingreso de la familia Eskenazi, que, con guiño oficial, se hizo del 25 % del capital, a fines de 2009 las reservas comprobadas de Gas Natural y de Petróleo de la “argentinizada” YPF eran, respectivamente, 68 y 63 % inferiores a los de 2002. Estos últimos dos datos surgen de uno de los documentos de un grupo de 8 ex secretarios de Energía. El gobierno desestimó los pronunciamientos del grupo, pero en los últimos días, a instancias de un estudio de la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (OFEPHI),  liderada por el gobernador chubutense Martín Buzzi (electo como delfín de Das Neves y después convertido al kirchnerismo) ahora puso a YPF en el centro de su enojo y dejó trascender incluso la posibilidad de estatizarla. La ofensiva podría preceder otro impulso “argentinizador”, ahora con la cara de los Bulgheroni, socios de PAE, que sale muy bien parada del documento de la OFEPHI, o un acuerdo con PDVSA, la petrolera venezolana, para cancelar la deuda de casi 6.000 millones de dólares que la Argentina ha acumulado con Venezuela por la importación de combustibles, principalmente fueloil.

 

 

AGROEXPORTACIÓN

El estudio “Agronegocios y empresas transnacionales-Las implicancias de un modelo agrícola basado en el monocultivo de soja transgénica”, Cuaderno de Investigación Nro 4, del  “Programa de vigilancia social de las empresas transnacionales”

 

Precisa que mientras en 2002 las cinco principales exportadoras de “aceite de soja” (Cargill, Bunge, Dreyfuss, AGD, Vicentin) explicaban el 79 % del total, hacia 2005 su participación había subido al 82 por ciento. De modo similar, en “pellets de soja”, la cuota pasó de 80 % en 2002 a 82% en 2005. Y en “granos de soja”, la participación de las cinco primeras pasó del 58 % en 2002 a 72 % en 2005.

 

Estas tendencias se agudizaron a partir de la intervención del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que no sólo se dedicó a “cartelizar” a las cerealeras, indicándoles el precio que debían pagar a los productores (en la práctica, las retenciones al trigo pasaron a ser  superiores a las que se aplican a la soja) sino que también contribuyó a digitar el reparto de las “compensaciones” alimentarias a través de la luego disuelta Oncca (Oficina Nacional de Control Comercial Agroapecuario).

 

Así, entre 2007 y 2010, precisa un estudio citado por el periodista y economista Maximiliano Montenegro en su libro “Es la eKonomía, estúpido”, la Oncca distribuyó mas de 9.000 millones de pesos en subsidios a empresas agroindustriales. Los “favoritos” fueron los Molinos de Trigo (5 de ellos recibieron 48 % de los 2.250 millones girados al sector), Aceiteras (4 empresas acapararon el 75% de los 282 millones liquidados), Procesadoras Avícolas (3 empresas recibieron el 47 % de los 1.650 millones que fueron al sector) y Lácteos (4 empresas concentraron 72 % de los 616 millones en “compensaciones” al sector). Otros sectores favorecidos fueron los feed-lots (corrales de engorde de ganado, que recibieron 1700 millones). No hay allí datos de concentración, aunque sí claros indicios de corrupción, que salpican al ex titular de la Oncca (y actual de la AFIP), Ricardo Echegaray.

 

El efecto de esa montaña de subsidios sobre los precios de “la mesa de los argentinos” fue dudoso: entre 2008 y 2010 la harina de trigo en el mercado interno aumentó 66%; el aceite de maíz, 80 %; el kg de pollo, 69 % y la leche entera en sachet 94 %.

 

Moreno también incursionó en el negocio de la carne vacuna. Se trata de un sector en el que la Argentina tiene una concentración inferior a la de otros países “carniceros”, como EE.UU., Canadá, Australia y Brasil. En la era K, lo que hubo fue una creciente extranjerización. En pocos años, dos empresas de EE.UU. (Cargill y Tyson Foods) y dos de Brasil (JBS y Marfrig) compraron 18 plantas frigoríficas que concentran un cuarto del negocio más rentable del sector: la cuota Hilton, cortes de alto valor que ingresan al mercado europeo sin pagar  arancel. Los resultados de la intervención no desentonaron con los de Moreno en otras áreas: desde 2006, cuando empezó a defender la “mesa de los argentinos” (la primera medida, en marzo de ese año, fue prohibir la exportación de carne, justo cuando el mejor cliente, Alemania, pedía más carne para atender las demandas del mundial de fútbol que celebraría entre junio y julio), el “infanticidio” vacuno (faena de animales muy chicos) sumado a la “liquidación de vientres” (matanza de vacas con años de parición por delante) hizo caer en 12 millones de cabezas el stock bovino del país. Semejante matanza (a la que también contribuyó la sequía de 2008) hizo que hacia 2001 el kilo de novillo fuera 240 % más caro, la “producción” anual de carne cayera 900.000 toneladas y el consumo promedio por habitante lo hiciera en 11 kilos por año. En el medio, se cerraron 120 plantas frigoríficas y perdieron su empleo más de 6.000 operarios. Y las plantas que siguen abiertas trabajan a menos de la mitad de su capacidad Es un problema serio pues, aunque no condiga con el relato “industrializador” oficial, los frigoríficos eran, hasta el año pasado, el principal empleador “manufacturero” del país. En junio de 2011, según las planillas de “Distribución Funcional del Ingreso”, de los 76 ítems en que el INDEC desagregaba a la “Industria Manufacturera”, el rubro “Matanza de Ganado” (básicamente, frigoríficos, una industria surgida a fines del siglo XIX) era el que registraba mayor número de empleos, seguido por “Panaderías”. Curiosamente, el INDEC dejó de consignar esas planillas. Si lo hiciera, posiblemente el rubro “Matanza de Ganado” ya no sería el primer empleador “manufacturero”. Gracias a Moreno.

(1) Ver “Los otros monopolios” (Nota de Alejandro Bercovich en www.plazademayo.com)