El minero

Por Liliana Isella @lilsmdq

El partido de Olavarría se destaca por ser el centro minero de la Provincia de Buenos Aires. De las canteras de la zona se extrae cal, caliza, dolomita, arcilla, arena, laja y pedregullo. La producción primaria generada localmente ha sido integrada a otros procesos de carácter industrial que manufactura productos de alto valor agregado (cemento, cal, tejas, cerámicos, ladrillos) siendo el mayor productor de cemento a nivel nacional lo que ha otorgado a la región el carácter de polo industrial. Las tres cementeras principales radicadas en el partido elaboran el 80% de la producción total anual.

Siendo la cantera una explotación minera a cielo abierto que existe en la zona desde principios del siglo XVIII, la principal diferencia con las de extracción de metales es que los productos obtenidos aquí no son sometidos a concentración, no se usa agua ni productos contaminantes del suelo y se utiliza una mínima cantidad de explosivos para socavar el terreno y luego la piedra es separada manualmente. Este tipo de extracción genera con el paso del tiempo, destrucción del paisaje pero no contaminación.

Con estos datos podemos inferir fácilmente que hay significativas diferencias entre esta minería y la minería que rechaza el pueblo de Famatina, caso emblemático que engloba a todos los pueblos que luchan contra la instalación de una mega minería que no solo es contaminante sino que no generará una industria manufacturera que ofrezca puestos de trabajo. A diferencia de la población de Olavarría, donde la actividad industrial derivada de la minería en constante crecimiento, permitió a la clase obrera ascender en la escala social.

 

Hasta aquí, los datos objetivos de una cuestión sobre la que en estos días se habla mucho y a veces sin conocimiento. Datos que, por otra parte, cualquiera que sepa usar un buscador puede encontrar en la red.

No en mi caso, porque el concepto “minería” viene ligado a mi historia de vida. Nací junto a una cantera –literalmente- en el partido de Olavarría. Mi viejo fue minero, un obrero artesano especializado en la extracción y modelado de la piedra dolomita, una piedra amarilla que tallaba a mano hasta formar prolijos bloques que luego se usarían para ornamentación en edificios y monumentos.

Ese fue su trabajo por más de 25 años, hasta que perdió la vida en la misma cantera, por un accidente en la manipulación de explosivos, a los 53 años.

No voy a hacer el panegírico de la vida del minero basándome en la traumática experiencia de la muerte de mi papá, pero tampoco puedo dejar pasar el hecho de que se banalice el tema desde lo más encumbrado del poder. El caso es que el falso obrero de la minería presentado por el vicepresidente y aplaudido por la presidenta de la nación me llevó inevitablemente a hacer comparaciones basadas en mi experiencia de vida.

Hay un abismo de carácter ético que separa a aquel que se calza un casco para arrogarse una representación obrera que lo excede y utiliza un micrófono para endulzar los oídos del poder, de aquellos que, como mi viejo, murieron con las manos curtidas y sin cuenta bancaria que asegure el porvenir de los suyos.

Con la intención de achicar ese abismo es que se debería encarar el debate para que en el reparto de los beneficios no haya tanta desproporción. Creo que por ahí se acortaría mucho camino. Empezando por poner con honestidad una cuestión central. ¿Es verdad que la mega minería metalífera desarrollada en la cordillera transforma regiones desérticas en polos de desarrollo industrial como sucede con otro tipo de minería?

El problema es que no podemos tener mucha esperanza de obtener respuestas ciertas si la promesa presidencial de “dar el debate en serio” se manifiesta en el mismo escenario en que un dirigente político y gremial, presentado por el vicepresidente como obrero, declama a favor de la mega minería contaminante y en contra de pobladores a los que llama “pseudo ambientalistas” y es aplaudido por la presidenta.

Es decir, si el debate que es sano y necesario tener, va a estar digitado por quien tiene por costumbre montar mentiras que se trasmiten en cadena nacional, creo que va a estar complicado. Más aún, si al mismo tiempo que se televisan esos montajes en videoconferencia desde la casa de gobierno, en las provincias hay manifestaciones masivas que son deliberadamente ignoradas por los medios oficiales y donde la gente no tiene más poder que su propia verdad y la defiende poniendo el cuerpo a merced de las balas de goma de la gendarmería.