“Quieren destruir nuestra montaña”

*Enviado especial a Famatina

Días críticos en Famatina: un pueblo entero resiste el desembarco de la minería a cielo abierto. El gobierno de Beder Herrera continúa apoyando los negocios de la Osisko Mining Company.

 

 

 

 

 

Todo es montaña alrededor. Cielos recortados por la montaña, valles atravesando las montañas, montañas en el presente y también en los recuerdos. Así es la vida para los habitantes de Famatina, en la región cordillerana de la provincia de La Rioja. Sin embargo, esas personas no saben qué pasará con sus montañas en el futuro. “Quieren destruirlas”, dice el taxista que lleva al cronista hacia el campamento de resistencia a los planes del gobierno y la Osisko Mining Company. El gobernador Beder Herrera, un kirchnerista de pura ley, y la empresa minera firmaron en agosto un convenio que habilita a la compañía canadiense a la explotación minera a cielo abierto en busca del metal aurífero. Como en las épocas de la colonia, el oro mantiene su doble valor de fuente de riqueza y brillo, a la vez que mineral precioso que implica peligro y muerte para quienes habiten cerca de las cuevas donde se aloja. La Osisko Mining Company planea instalar una industria extractiva a cielo abierto, que implica el uso de ciuanuro, la demolición con explosivos de cerros enteros con las consecuencias estudiadas de transformación negativa del paisaje y, más importante, la contaminación de las aguas y el medio ambiente. Desviándose de la ruta que conduce a Catarmarca y Chile, un kilómetro adentro por camino de tierra, en la zona de Alto Carrizal, centenares de famatinenses instalaron un campamento que corta el tránsito hacia la zona donde el gobernador K y los empresarios querrían instalar la mina. Los personeros de la empresa tienen vedado el paso. La pequeña ciudad de la resistencia adquiere vida propia en medio de las montañas que defiende.

 

 

“Soy de las primeras que empezó la asamblea hace seis años –cuenta Vicenta mientras se ocupa de organizar los víveres que mandan desde el pueblo de Famatina comerciantes y vecinos-. Al principio éramos doce, trece, yo me enojaba con el resto del pueblo porque no se daban cuenta de lo que estaba pasando. Pero pronto todos nos dimos cuenta de que esto nos afectaba a todos y ahora todo el pueblo se opone a la instalación de la minería a cielo abierto. Este campamento ya no es de la asamblea, es del pueblo todo”. Todos los días se reúnen alrededor de doscientas personas de manera permanente, que se incrementan a cuatrocientas en las horas pico y que, en casos de emergencia, juntan a setecientos manifestantes vigorosos. Así sucedió el martes, cuando las campanas que el cura párroco Omar Quinteros hizo tañir, alertaron a la población que se movilizó hacia el campamento, adonde había llegado un grupo de veinticinco personas vestidas de mineros, portando machetes y horquillas punzantes. “Nos amordazamos uno junto a otro y se tuvieron que ir –recuerda Juan Carlos Rivero, un vecino de origen radical-. Acá no importan las ideas políticas, estamos todos unidos contra la minera. Y hemos decidido ejercer la resistencia pacífica, no somos violentos. Hay carteles en todo el lugar que dicen: ‘Resistencia pacífica’. En el campamento, por ejemplo, el alcohol está prohibido”.

 

Una batucada permanente y la transmisión de FM Famatina, de Walter Álvarez, son la música que acompaña el paisaje de la pequeña ciudad. Las otras radios locales, cuenta en el campamento, fueron comprados con subsidios y camionetas y no tocan el tema de la minería en sus transmisiones. FM Famatina actúa como nexo entre el pueblo y el campamento antiminero. La radio alertó durante la noche de ayer, jueves, que quizás el grupo BAO (Brigada de Acción Operativa, cuerpo especial de represión provincial) intentara el desalojo del lugar. “Nos quedamos quinientas personas durante la madrugada, estamos cada vez más fuertes –señala Carolina Suffich, una de las referentes ambientalistas-. Le dieron licencia a los policías del pueblo. Son gente de acá, el martes cuando vinieron con los machetes se negaron a reprimir. Es que en el campamento están sus hijos, sus amigos”. Según cuentan, el martes el jefe del operativo policial no dio la orden de reprimir. En el campamento estaba su hermana. “Y ya va a venir la mama”, dicen que dijo, pronunciando “mama” sin acento, como le dicen cariñosamente a las mamás aquí. Plazademayo.com habló con el comisario Madrid, jefe policial de Famatina, que dijo que su permanencia era sólo preventiva y para resguardar la tranquilidad. Sin embargo, el grueso de los policías provinciales fue licenciado mientras los hombres fornidos del BAO vestidos para la guerra aguardan en sus camionetas, a cincuenta metros del campamento.

 

 

BOA: grupo de represión especializado

BOA: grupo de represión especializado

 

 

“Nos quedamos toda la noche-dice Maxi, de 18 años, elegido como vocero por sus compañeros, jóvenes como él-. Estamos acá por nuestro futuro, por el agua, para poder vivir”. Maxi acaba de terminar la secundaria y se dispone a incorporarse al oficio de la albañilería, tradición familiar de siempre. Gisella está en el campamento junto a sus hijos de dos y tres años. “No le tengo miedo a la policía, si nosotros estamos acá también peleando por ellos. Le temo a la mina, a la contaminación, al cáncer. Estoy acá con mis hijos porque de esto depende su futuro”, dice mientras los niños juegan con unas galletas.

 

 

La resistencia de los jóvenes

La resistencia de los jóvenes

 

 

Una avanzada popular está enclavada en medio del paisaje de montañas de la precordillera riojana. “EL FAMATINA NO SE TOCA” es su santo y seña. Palabras que hoy señalan cómo se organiza y lucha todo un pueblo por la vida.

 

 

 

 VIDEOS DEL ACAMPE 

 

 

 

 

 

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