Perros eran los de antes

Por Irene Márquez y Marina Dragonetti

Del menemismo a las filas K. Los vaivenes del discurso político y el errático derrotero de Horacio Verbitsky.

 

“Sabemos cómo se mueve la prensa cuando hay grandes monopolios; uno de los grandes diarios trata de recibir esta información y difundirla” ¿Quién es el autor de estas palabras referidas al Grupo Clarín? ¿Rossi, Kunkel, Mariotto? Ninguno de ellos. Lo dijo Menem en 1993 cuando Clarín publicó una nota sobre un reportaje que Monseñor Laguna dio a Radio Municipal criticando a Cavallo y Béliz, hablando sobre la justicia y la corrupción. Suena a revival cuando hoy el kirchnerismo utiliza argumentos como este: “estamos siendo víctimas de una campaña de mentiras y desprestigio, como nunca antes vivió gobierno alguno. A la cabeza de todo ese movimiento está el monopolio creado por Clarín”. En la misma entrevista, Menem despotricaba también contra Neustadt, Timerman, Página 12 y Ámbito Financiero. Los principales medios nacionales en una ambiciosa campaña por derrocar al gobierno. Por ese entonces, Horacio Verbitsky, uno de los socios fundadores de Página 12 y paladín del periodismo progresista durante el menemato, contestaba que era precisamente “la diversidad de blancos” a los que apuntaba el presidente, lo que confirmaba la exasperación del gobierno, no por las opiniones vertidas, sino por la información que éstos divulgaban. Fue él mismo quien había afirmado allá por 1997: “Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa; el resto es propaganda”, en Un mundo sin periodistas. Este libro relataba las peripecias, agresiones y amenazas que debió sortear el periodismo durante los nefastos 90s. Un recorrido por sus páginas, atestiguan el errático camino de el Perro, si comparamos las actuales afrentas declamadas contra el Grupo Clarín y su pasada defensa a la independencia de Página 12, cuyo derrotero como activo del grupo hegemónico no fue debidamente publicitado. ¿Cuándo ocurrió este trastocamiento de la realidad? ¿En qué parte del proceso todos los periodistas opositores -antes independientes- fueron absorbidos por los tentáculos todopoderosos del Grupo Clarín?

 

“El periodismo carece en absoluto de poder. Sólo tiene la responsabilidad de informar a la sociedad …. Por eso molesta al verdadero poder, que intenta acallarlo”, verdadera definición de periodismo independiente por quien fuera más tarde escriba desde el poder. Aquellos que decían lo que tenían que decir recibían el mote de prensa golpista ya por esos años. Menem fue un pionero en ese sentido, y un audaz. Sostenía que la libertad de prensa no era un derecho absoluto y que “cuando se habla de impunidad en los poderes públicos más que afectar la investidura de sus gobernantes, se afecta al propio sistema democrático ya que lesiona el pleno funcionamiento de sus instituciones”. El Verbitsky de entonces, bien le contestaba que “según este razonamiento la sucesión de desnudos hechos de corrupción protagonizados o amparados por funcionarios públicos debería ser cubierta por el escudo republicano, y quien no acatara este propuesto silencio patriótico incurriría en la “deslegitimación de las instituciones en aras de un mayor rating o de la política”. La asociación entre prensa independiente y oposición política, se agudizaba en cada víspera electoral con la intención de desmaterializar la investigación profesional en aras de presuntas intenciones proselitistas. En 1997, el ministro de economía nacional Roque Fernández advertía que: “los grandes logros que ha tenido este gobierno han sido neutralizados como por una especie de golpe de estado mediático ….”. Prédica que luego sería abonada por buena parte del periodismo K y de los intelectuales afiliados de Carta Abierta, durante el conflicto desatado por la 125. En este nuevo giro de la historia “el periodismo destituyente” sería compadre aliado de la oligarquía terrateniente.

 

Menem consideraba a la prensa como una parte de la oposición. De la misma manera que ahora lo hace el kirchnerismo. La derrota legislativa de 1997 fue una oportunidad para cargar las tintas y apuntar al enemigo. Por primera vez desde 1986 perdía el justicialismo. Un día después de la elección, Verbitsky escribía un artículo llamado “Golpe Mediático” en el que satirizaba las elecciones y proclamaba la victoria de aquellos periodistas que habían sido críticos con Menem. Magdalena Ruiz Guiñazú, Bonelli, Zlotogwiazda, J0aquín Morales Solá, Mariano Grondona, Bartolomé de Vedia, Claudio Escribano y Jorge Lanata, eran los nombres impresos en las listas imaginarias de Verbitsky. Muchos de esos nombres también formarían parte de las listas negras del kircherismo. Las agresiones a periodistas durante los 90s, pasaron del dicho al hecho. Luego de su trágico corolario con José Luis Cabezas, el Perro escribía estas líneas: “desde que Menem asumió la presidencia hasta la publicación de este libro- (1997) -se produjeron nueve centenares de ataques en contra de medios y periodistas. La mayoría verbales, dentro de una gama que abarca desde el abierto insulto presidencial hasta la amenaza anónima”.
Fast forward a abril del 2010: Un grupo de periodistas había ido al Congreso a denunciar las agresiones de las cuales estaban siendo víctimas. Fueron criticados por sus colegas kirchneristas en bloque. El que se llevó la peor parte fue Morales Solá porque advirtió que estas acciones generaban “un clima de incitación a la violencia y al homicidio”. Podemos cuestionar la exageración de Morales Solá, pero lo cierto es que no pueden pasar inadvertidas varias de las observaciones que entidades nacionales, como FOPEA, o internacionales, como la Asociación Internacional de Radiodifusión hicieron públicas, acerca de las amenazas que pesaban sobre la libertad de expresión: “la permanente hostilidad del Gobierno argentino en contra de los medios privados, sus directivos y periodistas, que se expresa en ataques y descalificaciones verbales, entre otras formas de agresión”, opinaba la entidad hace dos años.

 

Allí donde el menemismo fue derrotado, caló hondo el ataque K. Esta vez, la teoría conspirativa daría sus frutos: Ya no se trataba de medios independientes, no cooptados por la pauta oficial, que se permitían difundir los hechos que el poder pretendía ocultar. La campaña de difamación contra el gobierno se había extendido a tal punto, que se hacía necesaria un guerrilla comunicacional para hacerle frente. Radios, periódicos, canales, órganos oficiales de comunicación, puestos al servicio de la lucha contrahegemónica palanqueada desde el Ejecutivo para derrocar de una vez al monopolio. Versión remasterizada de una crítica con larga data y que el propio Verbitsky se había encargado de desestimar cuando Menem denunció en un reportaje radial, luego del asesinato de Cabezas, que el grupo había adoptado una postura de neta oposición y que formaría parte de una campaña en su contra. Además “protestó contra Clarín, al que mencionó con más encono que rigor económico como monopolio”, decía el periodista. ¿Estamos entendiendo bien? ¿Horacio defendiendo los intereses de Ernestina?

 

El caso de Marcela y Felipe de Noble también ofrece argumentos elocuentes. Las dudas sobre la adopción irregular y una supuesta apropiación de hijos de desaparecidos, ya eran temas de la agenda pública durante el menemismo. En un artículo titulado “Falcon Verde”, Verbitsky escribía el 27 de junio de 1993 sobre este tema y afirmaba que se trataba de “la nueva escalada en el conflicto del gobierno nacional contra los medios de comunicación”. Allí informaba sobre la aparición en Ambito Financiero de la publicidad de Noble imperio Corrupto. Grondona, Neustadt, Verbitsky: manipulación y engaño, libro escrito por Guillermo Patricio Kelly a quien Verbitsky apodaba “Kruger”. El perro se explayaba sin tapujos sobre la iniciativa de la investigación: “Las reiteradas insinuaciones acerca de supuestas irregularidades en la adopción, que las Abuelas de Plaza de Mayo investigaron sin llegar a ninguna conclusión, son empleadas desde hace tres años por el Poder Ejecutivo Nacional para presionar a la directora de Clarín sin  asumir en forma directa la responsabilidad por una práctica que se parece a la extorsión y que la víctima rehusó denunciar. El señor Kruger es a la propaganda oficial lo que los Falcon verdes de la década del ’70 fueron a los patrulleros de las fuerzas de seguridad, esos móviles no identificables que todo el mundo identifica a dos cuadras de distancia”. Parece increíble que sea la misma pluma, que en junio de 2011, desde la dirección de Página 12, hablaba de una “versión conspirativa” que “ prescinde de cualquier diferenciación y confunde al gobierno nacional, con la jueza, el Banco Nacional de Datos Genéticos y las querellas”, en referencia a la hipótesis sostenida desde Clarín de que el gobierno ya sabría los resultados del cotejo de ADN. Un caso de extorsión a la libertad de prensa que diez años después se convierte en una legítima búsqueda por la verdad. Los hechos siguen siendo los mismos, son los protagonistas los que han cambiado. ¿Pero son realmente distintos?

 

Con la ley de Radiodifusión ocurrió otro tanto. Su historia no es reciente e incluyó proyectos de todos los colores políticos, desde la democracia alfonsinista hasta su definitiva promulgación en 2009. La decisión legislativa tuvo entusiastas apoyos, pero también detractores. Más allá de la letra de la normativa, varias críticas se dirigieron al encono que el gobierno nacional manifestaba contra “el monopolio”, parecía una medida teñida de venganza para perjudicar a un ex socio. Casualmente, fue esa misma premisa la que guió las objeciones del columnista estrella de Página 12, para desechar el proyecto del peronismo entonces reinante. Si bien coincidía con los postulados de la ley, Verbitsky cuestionaba las motivaciones re eleccionarias del gobierno de turno y opinaba que “su indiferencia por la constitución de verdaderos monopolios sin control en los servicios entregados a la actividad privada es tan absoluta que le quitan legitimidad para avanzar en ese terreno”. Sí, monopolios como la telefonía celular, la minería a cielo abierto… Esos mismos monopolios que continúan operando con el beneplácito kirchnerista ¿De qué monopolios hablaría Verbitsky entonces?

 

Y en otro atinado pronóstico de lo que vendría, la actual cabeza de uno de los medios más beneficiados con la pauta oficial advertía que: “Al confrontar en forma personal con la prensa, Menem tiende a desacreditar todas las informaciones que pueda incluir en sus páginas y pantallas, como si fuera parte de la campaña proselitista a la que él está lanzado de cuerpo y alma, y al mismo tiempo reproducir aquel clima en el que consiguió la victoria hace cuatro años”. Olvidó decir que una efectiva estrategia para dicha campaña sería la de conformar un monopolio pseudo estatal que compitiera y contrarrestara los efectos negativos de la prensa independiente. Olvidó mencionar que los ánimos proselitistas de aquel entonces podrían ser los mismos de los próximos gobiernos. Y que las intenciones de acallar a las voces disidentes no pueden respaldarse nunca bajo consignas difamatorias y conspirativas. Pero esa verdad revelada no tardaría en llegar.

 

 

Caras y caretas

Por Irene Márquez

 

El 11 de enero se cumplieron 16 años de la muerte de Tato Bores. Ese día, el humorista fue tendencia en Twitter, y lo más comentado era el video de 1992 en el que muchos famosos lo apoyaban ante un intento de censura de la Jueza Servini de Cubría. Romilda era en ese entonces fiel menemista y hoy, una aplicada kirchnerista.

 

Participaron en ese video: Magdalena Ruiz Guiñazú, Enrique Pinti, Mario Pergolini, Chunchuna Villafañe, Horacio Fontova, Victor Heredia, María Laura Santillán, Spinetta, Pichuqui Mendizábal, Hugo Arana, Soledad Silveyra, Mariano Grondona, Juan Alberto Badía, Dolina, Juan Leyrado, Victor Hugo Morales,  Fernando Bravo, Bernardo Neustadt, Mónica Gutiérrez, Chico Novarro y muchos más.

 

Eran los ’90 y Menem tenía algún que otro medio y periodista rentado. Pero la mayoría del periodismo estaba en su contra. Las denuncias de corrupción contra funcionarios eran cuestión de todos los días. Así fue que el riojano, cuando fue reelecto en 1995, festejó diciendo que le había ganado a los medios.

 

Muchos de los que están en el video de Tato, hoy son fervorosos oficialistas que descubrieron su vocación militante desde un poder que supo en muchos casos obsequiarles pauta y subsidios. Muchos de los que hoy se reconocen en veredas opuestas, unieron esfuerzos apoyando a Horacio Verbitsky, cuando el presidente de la República inició un proceso penal y otro civil contra Página 12 a raíz de un artículo que cuestionaba la heroica versión que “el Carlo” había dado sobre sus años de detención durante la última dictadura militar. Menem quiso realizar su propio relato, alegando que había sufrido torturas durante el cautiverio. Verbitsky lo desenmascaró, el enojado presidente querelló al periodista, y el enfrentamiento terminó con la victoria legal del matutino y un suplemento especial titulado “Deber Cumplido”. En su alegato final, Verbitsky decía sentirse muy bien acompañado “por los colegas periodistas, por los hombres de la justicia y el derecho, por los dirigentes políticos, por las personalidades de los organismos de los derechos humanos, de la cultura y de las artes, del sindicalismo, del Episcopado Católico, del rabinato judío, que se han acercado hasta aquí. Todos ellos entienden qué es lo que está en juego en este debate. Tengo mucha confianza porque estoy convencido que en la Argentina de hoy no hay espacio para castigar la verdad”. ¿Quiénes eran los que lo acompañaban? En el suplemento aparecen las fotos de varios de ellos y en un recuadro titulado “BARRA” se consignan los nombres de Ernesto Sábato, Obispo Laguna, Rabino Goldman, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, Guillermo Ledesma, Joaquín Morales Solá, Nora Cortiñas, Chacho Alvarez, Héctor Timerman, Julio Strassera, Alberto González Arzac, Eduardo Pavlosky, Andrés D’Alessio, Rogelio García Lupo, Alfredo Bravo, Elisa Carrió, Alicia Castro, Ricardo Gil Lavedra, Héctor Recalde, Elisa Carca, Griselda Gambaro, Roberto Cossa, Carlos Auyero, Nelson Castro, Aníbal Ibarra, Marta Cichero, Eduardo Jozami, Laura Yusem y Eduardo Basualdo.

 

En la lista podemos ver a kirchenristas acérrimos, funcionarios oficialistas y simpatizantes. Y también muchos que hoy son críticos, y que por eso son acosados, escrachados y difamados por el gobierno, sus funcionarios y su fenomenal máquina de propaganda. Más allá de alguna tibia queja al maltrato de Kirchner a un movilero y a la SIP, nunca se lo escuchó a Verbitsky, ahora que es parte del establishment, defender a aquellos que lo acompañaron cuando el perseguido por el poder era él. Y cuando el poder lo perseguía no estaban para arroparlo ni Victor Hugo, Barone, Carta Abierta, Andrea del Boca, Florencia Peña.

 

En 1993 la historia no había sido reescrita por el RELATO y la sociedad y sus periodistas valoraban lo que se hizo con respecto a los DDHH en un momento en que los militares aún tenían poder. No eran viejos que se quedaban dormidos y se babeaban en un tribunal. Los jueces, los abogados y los testigos de ese juicio soportaron infinidad de amenazas, todos sabíamos eso y valoramos su tarea. Esos no eran tiempos fáciles. No había que bajar un cuadro. Había que contar la verdad, investigarla y juzgarla muchas veces con represores aún en oficinas públicas de la democracia. Y fue lo que se hizo. Luego vinieron los errores de Alfonsín con la Obediencia Debida y el Punto Final y el horror de los indultos de Menem. Y es bueno recordar que los Kirchner nunca dijeron nada al respecto. No fueron ellos los que presentaron proyectos de ley para anular las leyes del perdón. Es más, en 1994 los dos fueron constituyentes y facilitaron la reelección del presidente de la convertibilidad, la entrega de YPF y los indultos. Los fiscales del juicio, sus jueces, sus abogados, testigos y miembros de la CONADEP manifestaron su oposición a esas leyes y al indulto. También miembros de la cultura y artistas. Los Kirchner no estaban de ese lado.