La altura de la disputa

 *Enviado especial a Famatina

El conflicto con la minera canadiense Osisko Mining Corporation en una crónica realizada en las cumbres del Famatina. ¿Apuesta a un choque violento el gobernador kirchnerista Beder Herrera?

 

 

 

Ascender una montaña es una imagen que se ha usado muchísimas veces en la literatura, en la poesía. Se ha usado esa imagen como una forma de decir algo más porque, se sabe, las montañas siempre dicen algo más. Sin embargo, existe una manera real de ascender una montaña, de lanzarse a la conquista de la altura, de atravesar ríos y caminos pedregosos a bordo de una camioneta cuatro por cuatro para llegar, finalmente, a los cuatro mil ochocientos metros de uno de los picos del Famatina. Y ver desde allí el mundo. Y saber que, si la Osisko Mining Corporation gana, ese lugar ya no existirá más como lo registra, en ese instante, la mirada. “Yo me crié con el Famatina –dice Iti Martínez, miembro de la asamblea de Campanas, un pueblito de 900 habitantes a los pies del cerro-. Mi viejo me enseñó a saludar todas las mañanas al Famatina. Es muy duro pensar que puede desaparecer”. Martínez realizó el trayecto hacia las alturas de la montaña junto a este cronista y otros protagonistas de la lucha contra la minería a cielo abierto. La asambleísta es una de las más antiguas luchadoras por esta causa en la región. Es la primera vez que llega al lugar donde la empresa canadiense querría instalar la mina. Por primera vez ve, junto a su hija Flor, de 12 años, el objeto que da sentido a sus movilizaciones, marchas, cortes de ruta. Es la primera vez que mira los colores ocre, rojizos, marrones reflejarse en las nubes que ya no son tan blancas a cuatro mil ochocientos metros sobre el nivel del mar. Iti Martínez mira a la cámara que sostiene su hija, levanta el brazo señalando la montaña y espera el click. Está emocionada.

 

 

Abajo, el campamento instalado al lado del corte de ruta, esa ciudadela de la resistencia a la minera, no para de crecer. Comenzó el dos de enero a las seis de la mañana, fruto de la escalada de un plan de lucha contra la instalación de la canadiense Osisko Mining Corporation firmada por el gobierno de Beder Herrera en agosto del año pasado. No se habían diluido todavía los rastros del brindis de año nuevo cuando alrededor de sesenta famatinenses cortaron el camino que conduce a la antigua mina, instalaron unas carpas e inauguraron un momento histórico para la región: sin saberlo daban inicio a una pueblada que se conocerá en el futuro como el Famatinazo. A más de una semana de comenzado, la cantidad de personas que sostienen el corte de ruta se multiplicó geométricamente. No sólo llegan cada mañana y cada tarde y cada noche centenares de lugareños, sino que también comenzaron a llegar asambleístas ambientales de la capital riojana, de Catamarca, de Río Negro. Cada vez que llegan con unas banderitas anunciando su origen, se escuchan aplausos en el campamento. Sin embargo, la mayoría de las trescientas personas por noche que abastecen la vigilia que garantiza el corte, son de Famatina o de los pueblos de alrededor. No se trata de una lucha ambientalista, solamente. Es un reclamo popular, que conjuga a gente de diversas extracciones sociales –este cronista compartió una ronda nocturna junto a una médica, una docente, un joven albañil y una mujer mayor muy sabia- unidas por un reclamo común: que no se instale la Osisko Mining Corporation. La última innovación fue la instalación de una ducha. La pelea es larga y hay que mantener en todo ámbito la limpieza. Pero no sólo llegan adherentes a la lucha. El martes 10 se hizo presente un grupo de Vialidad que dijo tener la orden de limpiar el camino que conduce a la mina. Los manifestantes se opusieron. El grupo de Vialidad se tuvo que volver. Antes un grupo de choque había llegado intentando despejar el corte. Fueron repelidos por la multitud, que también los obligó a volverse. El gobernador Beder Herrera los había bautizado como Grupo Minero.

 

En las alturas del Famatina quedan los rastros del paso de la minería. Por un lado están los cable carriles, las vagonetas abandonadas, el socavón oscuro y rodeado de la escarcha de la nieve, restos de los primeros emprendimientos mineros realizados por los ingleses a fines del siglo XIX. En aquella época, Chilecito –pueblo que queda a 30 kilómetros del corte de ruta en contra de la Osisko- era un centro de la extracción de oro, plata y otros minerales, extracción realizada con pico por los mineros. Diariamente se extraían 12 toneladas de minerales que se llevaban a Buenos Aires y, desde allí, a Europa. Era un centro tan importante que en Chilecito, a pesar de ser una ciudad perdida en la precordillera riojana, se instaló la primera sucursal del Banco de la Nación Argentina. En las puertas de Famatina hay un monumento al minero: un hombre con casco golpea con el pico una veta de piedra donde se esconde el oro. “Todavía queda un minero de aquella época en Famatina -cuenta Carolina Suffich-. De esa época es todo lo que nos queda, porque no hubo beneficios para la región de aquella minería. Las mujeres más viejas dicen que de esa minería ‘sólo quedaron viudas y huérfanos en Famatina’”. También hay rastros más recientes. Las paredes blancas de la construcción precaria están interrumpidas por unas inscripciones: “El Famatina no se toca”, “El agua vale más que el oro”, “Beder traidor”. Es el campamento minero, lugar donde la Barrick Gold –la mayor empresa minera del mundo entero- se había instalado varios años atrás hasta que, hace seis años, fue expulsada por el pueblo de Famatina. Quedan todavía una heladera industrial, una chimenea, al costado los restos de las primeras exploraciones: piedras tubulares donde se puede observar el brillo de la pirita, mineral conocido como “el oro de los tontos”. Mineral que, de cualquier manera, señala la presencia cercana del oro. “Hicieron las exploraciones pero los expulsamos –explica Suffich-. Sabían que no iban a contar con la licencia social para su actividad”. Suffich señala la montaña que está enfrente. “¿Ves esas líneas? Son las delimitaciones de sus investigaciones en el terreno. Cada raya marca una etapa en la explosión con dinamita de esa montaña”. El dedo de Suffich señala las líneas de la montaña que van bajando en zigzag. Primero se dinamita la parte de arriba, las piedras se trasladan a tanques donde se almacenan millones de litros de agua de los glaciares unidos a cantidades gigantescas de cianuro. El proceso, conocido como lixiviación, separa el oro de la piedra, a la vez que deja el agua contaminada e inutilizable. El agua, un recurso no renovable que, en lugar de ir a la agricultura o la hidratación de los habitantes de Famatina, se usará en la proporción de 782 litros por segundo para separar el oro de la piedra. Luego de la explosión de esa primera franja marcada con una línea oblicua descendente, será el turno de la segunda parte marcada de la montaña. Y así. “Todo esto –dice Martínez señalando el espectacular paisaje alrededor- va a desaparecer. Está previsto que acá quede un cráter de cinco kilómetros de diámetro”. Martínez se queda callada después de pronunciar estas palabras. Quizás esté reteniendo esta imagen en su memoria por si llega a pasar lo peor: que el Famatina tal como lo conoce desaparezca.

 

 

 

 

El Grupo Minero es la avanzada de la minera y del gobierno de Beder Herrera para elevar el conflicto. Es un grupo de jóvenes a los que se les promete trabajo en las mineras –según los contratos, cobrarían tres mil pesos por mes- y, mientras tanto, se les propone que se comporten como activistas promina. Una semana atrás, treinta miembros del Grupo Minero se acercaron al corte de ruta con toda la intención de pasar, blandiendo horquillas filosas y machetes amenazantes. Fueron repelidos por los pobladores que defendían el corte, quienes se tomaron de los brazos, se sentaron ocupando todo el ancho del camino y cantaron sus consignas en contra de la Osisko. Miembros del Grupo Minero pidieron a los policías que actuaran para permitirles el paso. Los policías les comunicaron que comunicarían la situación a la jueza. Es entendible. Las fuerzas de seguridad del pueblo tienen familiares, vecinos y amigos entre los cortadores de ruta. No iban a reprimir. Por eso mismo, la mayor parte de la policía de Famatina fue licenciada por varios días. Hoy, la zona está vigilada por la fuerza de choque provincial conocida como BOA. “Hoy son alrededor de cuarenta, pero les llegó la orden de reclutar a ochenta miembros más –le dice a este cronista un hombre de Famatina que prefiere reservar su identidad. Dice que no está de acuerdo con la mina ni con el método de lucha-. Yo soy profesor, conozco a todos esos changos. Esto puede terminar mal”. ¿Podría Beder Herrera apostar a una salida de fuerza protagonizada por un grupo civil de choque que luego permita la intervención policial? No suena descabellado. La represión abierta sería una torpeza gubernamental en este momento, cuando la lucha está en su plenitud y congrega a la mayor parte de la población. El intendente, el cura del pueblo, la mayor parte de los vecinos, ancianos, mujeres, hombres, adolescentes, niños y niñas pueblan cotidianamente el campamento que corta el camino a la minera. ¿Apostará Beder –que llegó al gobierno haciendo campaña contra la minería a cielo abierto e impulsando una ley que prohibía el cianuro en la actividad minera- al enfrentamiento civil? Cualquiera sea la posibilidad, represión estatal o parapolicial, los manifestantes antimineros están preparados. Este cronista pudo presenciar una asamblea en la que se discutieron medidas de seguridad y de rechazo a la posible represión muy sofisticadas. También funciona una comisión de seguridad que conoce de escenarios difíciles y respuestas para la autodefensa. Durante una madrugada de vigilia, en una ronda de mujeres de entre 40 y 60 años, este cronista escuchó no sólo historias de aparecidos y viudas que se desvanecían en viajes nocturnos, sino que presenció cómo esas mujeres se aconsejaban sobre el mejor modo de combatir los gases lacrimógenos. Todo está preparado para la eventualidad. Desde el aviso de represión a los pobladores distantes a tres kilómetros mediante bombas de estruendo y los campanazos de la iglesia hasta la difusión a través de FM Famatina, la radio dirigida por Walter Álvarez, convertida en la radio de la pueblada. Sin pauta oficial debido a su negativa a hacer propaganda minera, ni los subsidios, equipos y vehículos que lograron las otras tres radios de Famatina al acordar con el gobierno, nada evitó que la radio de Álvarez sea la más escuchada en todo el pueblo. Los pobladores saben de su importancia y, apenas se enteraron de que unos equipos se habían quemado, se realizó una colecta para reparar los daños. Sin pauta oficial, esa radio transmite desde el lugar del corte y le da la difusión a la lucha que no le dan los otros medios riojanos. Medios que muestran una apabullante propaganda pro minera oficial. “¡La Rioja siempre fue minera! ¡Es y será minera!”, se escucha gritar a Beder Herrera en un spot oficial. El locutor anuncia que el discurso fue grabado en una reunión de la brigada de choque conocida como Grupo Minero.

 

 

A cuatro mil ochocientos metros de altura la belleza del mundo parece otra. Para llegar a esas alturas se atravesaron los más diversos paisajes montañosos y se cruzó a ejemplares de la fauna local: guanacos, vizcachas, águilas y cóndores. “También hay venados y hasta pumas –explica Omar González, que conduce la excursión-. ¿Ves todo esto que nos rodea? Y sin embargo, no hay una política turística interesante. En lugar de amenazar con que se destruya todo y se lleven todo y no nos dejen nada, el gobierno podría realizar grandes emprendimientos turísticos en esta zona. El Famatina es anterior al Himalaya. Lo atraviesa el Camino del Inca. Hay cinco especies vegetales que no crecen sino en este cordón montañoso. Este paisaje es único. Hay alternativas a la minería a cielo abierto. Hay alternativas a la destrucción”. Llegar a una de las cimas del Famatina es una experiencia inolvidable. Es asistir al encuentro con una belleza atávica incrustada en el más contemporáneo presente. Es conocer el sentido físico del levantamiento popular que ocurre ahora mismo en Famatina y alrededores. Es ver contra qué apunta la política minera del gobierno de Beder Herrera, pero también el nacional de Cristina Fernández de Kirchner. La camioneta inicia el descenso del cerro y una sensación de vértigo se apodera de los presentes. No sólo vértigo a ese bajar veloz por caminos de tierra, sino ante la sensación de que tal vez todo eso acabe para siempre. Iti Martínez, que hace siete años lucha contra las mineras y que acaba de conocer la montaña que defiende, no piensa así. “Ahora conozco bien la cumbre del Famatina –dice mientras acaricia a su hija Flor, sentadas las dos en la parte de atrás de la camioneta-. Esto potencia mis ganas de luchar. Sé más que nunca que la Osisko no se va a instalar”. No es una confianza irrisoria. Este pueblo expulsó hace seis años a la mayor minera del mundo, la Barrick Gold. Tal vez si el Famatina se convierte en una causa de todos los argentinos, se pueda expulsar a otra empresa imperialista del territorio de la nación.

 

 

 

 

 

 

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