Cuenta final: la mina o la gente

Días decisivos en Famatina  del contrato con los Osisko Mining, los ambientalistas y el gobierno redoblan sus esfuerzos. Relato desde el cerro e imágenes de la lucha.    Uno de los grupos que cortan el camino al cerro Famatina   Son días decisivos en la región riojana de los Andes. La Osisko Mining Company, empresa canadiense que se dedica a la minería en cielo abierto, quiere instalarse en el cerro Famatina con su ingeniería extractiva a cielo abierto, con sus explosivos, cianuro y con un consumo gigantesco de agua potable, bien escaso y no renovable. Por eso los habitantes de esa región decidieron redoblar sus esfuerzos de resistencia, las movilizaciones y asambleas y el corte de ruta que impide el paso de empresarios y funcionarios a las cumbres donde se quiere instalar la mina. Son días decisivos: en catorce jornadas cae el convenio que firmó el gobernador kirchnerista Beder Herrera con la compañía canadiense y por eso mismo también ellos decidieron redoblar sus esfuerzos antipopulares.   El corte instalado desde ayer a las seis de la mañana es defendido por 350 ciudadanos de Chilecito y Famatina que se turnan, van rotando y se organizan para no dejar pasar a miembros de la Osisko Mining, funcionarios del gobierno y sus operadores. Todos los demás tienen permitido el paso. Se enfrentan a la policía de los dos departamentos, pertrechados con sus armas y escudos. También se enfrentan a manifestaciones curiosas de este episodio fundamental de la lucha ambiental.   Eran 25 hombres jóvenes, todos vestidos de mineros. Llevaban en sus manos machetes y palos. Los conducía un operador minero. Reclamaban que les permitieran el paso hacia la mina. “Los encabezaba Rubén Zelarayan, un conocido operador minero –cuenta desde el corte de ruta Claudio Garrot, un asambleísta antimina que vive en Chilecito-. Fue un momento de tensión, nos pusimos firmes. Querían que intervenga la policía, pero van a tener que bajar al pueblo para hacer su denuncia y entonces decidirá la jueza. Se tuvieron que ir”.   La asamblea ambientalista se enfrenta a la infantería y a un perverso mecanismo de inteligencia que los vigila. Como informó plazademayo.com en esta nota http://www.plazademayo.com/2011/12/la-inteligencia-de-la-osisko-mining-company/ los asambleístas fueron sometidos a una vigilancia personalizada que le permitió realizar a la empresa minera listas negras con sus nombres y características. “Hicimos dos denuncias sobre este hecho peligroso –explica Garrott-. Una en la secretaria de Derechos Humanos, donde no nos quiso recibir Eduardo Luis Duhalde. Le explicamos la situación a un funcionario de apellido Alem, que relativizó la presentación y a la que no le dio eco. También nos presentamos en la Defensoría del Pueblo de la Nación, que dijo que quienes aparecíamos en las listas debíamos viajar a Buenos Aires para hacer la denuncia personalmente. Pero estamos en plena lucha  y debemos permanecer por el momento en este territorio. Nos parece muy grave la aparición de estas listas negras y responsabilizamos al gobierno nacional y provincial por lo que pudiera suceder”.   La sociedad que circunda a Famatina está conmocionada y ha tomado esta lucha tal como es: una lucha de vida o muerte. En Famatina, de 7000 habitantes, se han realizado movilizaciones de 3000 personas. Una cifra contundente sobre el rechazo al proyecto minero. “La cuestión de la mina le ha otorgado otra densidad a la discusión sobre la política –reflexiona Garrott-. El gobernador ha dicho que instalará la mina cueste lo que cueste, pero nosotros estamos decididos a que no sea así. No se trata sólo de decirle no a la mina, sino de decirle sí a la forma en que queremos vivir y producir. Tienen el acceso al cerro vedado por nosotros. Se le impide el paso a los empresarios y a los funcionarios y operadores de la dirección de minería de la Provincia. El hartazgo de nuestras comunidades me permite decir que el corte va a seguir. Hay más decisión que cuando echamos a la Barrick Gold hace unos años”.   El antecedente de un pueblo que echó a la Barrick da cuenta de la dificultad que enfrenta el gobierno para realizar sus planes. Mientras tanto, los ambientalistas (palabra que puede confundirse con la palabra pueblo) permanecen en la ruta, dando una lucha de esas que podrían llegar a conmover a esa categoría llamada historia.  

 

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