Aerolíneas, la pelea por la caja

Por Emilio García Aguirre

Tras los cuesionamientos gremiales a Mariano Recalde hay actores que festejarían con el desplazamiento del joven funcionario. Julio De Vido sería uno de ellos. Y en Aeropuertos Argentina 2000 observan la situación con no poco interés.

 

 

 

Para entender las peleas constantes y feroces por el poder dentro de Aerolíneas Argentinas, lo primero es ver cuánto dinero maneja esta  compañía: son casi 1.600 millones de dólares por año ó, lo que es casi lo mismo, unos 7.000 millones de pesos. Dinero que fluye, día tras días, desde las cajas de venta de los tickets (dos tercios de los gastos) o desde las partidas presupuestarias que destina el Ministerio de Planificación para cubrir el déficit de la compañía (el tercio restante).

 

 

Aerolíneas y Austral facturan aproximadamente 1.000 millones de dólares al año y reciben otros US$ 600 millones en subsidios del Estado. Así fue en los últimos tres años (2009-2011) y seguirá siendo en 2012: la partida presupuestaria para las dos compañías, según el proyecto de Presupuesto 2012, supera los 2.500 millones de pesos en subsidios. A un dólar de $4,30, esto equivale a US$ 581 millones. Claro que, como sucedió este año y en 2010, esas partidas presupuestarias pueden terminar siendo ampliadas en los últimos meses del año.

 

 

Aclarado el tema de la caja, es momento de avanzar sobre los actores que se la disputan. Néstor Kirchner designó en julio de 2009, ni bien terminaba de perder su elección como diputado contra Francisco De Narváez, a Mariano Recalde. Hasta entonces, la única experiencia de este abogado que entonces tenía 37 años había sido la de asistir a su padre, Héctor, como asesor legal de gremios y empresas. Pero nunca había estado al frente de una empresa. Ahora lleva dos años y medio gestionando Aerolíneas.

 

 

Recalde quiso dar un golpe de efecto a los tres meses de su desembarco, en octubre de 2009,  cuando descabezó cuatro o cinco de las más de 50 gerencias que tiene Aerolíneas. ¿Cuáles? Las que eran manejadas por control remoto desde la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), que preside el piloto Jorge Pérez Tamayo, y la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico,  cuyo secretario general es Ricardo Cirielli. Vaya coincidencia, son los dos gremialistas que hace diez días mantienen en jaque a la conducción de Recalde.

 

 

Tanto ellos dos, como los otros cuatro gremios aeronáuticos están encorsetados en lo discursivo por el apoyo irrestricto a la estatización que llevó adelante el Gobierno. Cristina Fernández hizo de la estatización de Aerolíneas “su” causa, aún contra la resistencia incial de Néstor, que hubiera preferido colocar a un dueño amigo, tal como hizo en YPF, sin ir más lejos.  Los gremios agradecieron la estatización,  incluso los Aeronavegantes (AAA) que habían aplaudido de pie a Antonio Mata, el administrador designado entre 2001 y 2006 por Marsans. La actual embajadora en Venezuela, Alicia Castro, estaba en la primera fila cuando aplaudían a Mata a rabiar. Ahora su delfín en la AAA, Ricardo Frecia, aplaude a rabiar a Cristina. Lo mismo hacen Edgardo Llano (APA), Rubén Fernández (UPSA) y Claudio Somoza (UALA).

 

 

Pero Pérez Tamayo, Cirielli y alguien más olieron sangre cuando pasó el fervor de las elecciones y el nombre de Recalde figuró entre los que podrían ser alejados de la función pública. El 3 de noviembre, el mecánico envió una “carta a Recalde”, que a la vez dejó que trascendiera a los medios. Lo acusó de incumplir con las inversiones comprometidas. Pérez Tamayo, enemigo íntimo de Cirielli (trató sin éxito de coparle el sindicato a través de su aliado mecánico Gianni Pappalardo) no se quedó atrás y mandó su propia carta, donde tachó a Recalde poco menos que de inepto. ¿Fue esa escalada postal producto de la rivalidad de los dos gremialistas, para ver quién pegaba más duro? ¿O se trató de una acción coordinada? El propio Recalde sugirió esta última alternativa cuando envió su propio descargo por escrito en un mail dirigido a los empleados de Aerolíneas.

 

 

¿Quién podría estar detrás de esta ofensiva gremial?  El nombre más lógico debería ser Julio De Vido, por dos motivos: el ministro de Planificación tiene buena llegada tanto a Cirielli como a Pérez Tamayo y, además, nunca digirió la designación de Recalde y sus jóvenes amigos. El mismo día de enero de 2010 que se supo por Clarín que Recalde había tomado un vuelo charter de Aerolíneas al Caribe por 140 dólares (se iba de vacaciones con su esposa), De Vido lo hizo volverse a Buenos Aires.

 

 

Otro actor muy activo en la interna gremial pero discreto en su visibilidad es Ernesto Gutiérrez, titular de Aeropuertos Argentina 2000, el consorcio que controla Eduardo Eurnekian y del cual el propio Gutiérrez es accionista minoritario. Eurnekian quiso comprar Aerolíneas en 2001, pero su propuesta chocó con la resistencia de los Aeronavegantes de Alicia Castro y los pilotos de APLA, por entonces encabezados por Jorge Doyle. No mostró la misma resistencia Cirielli, a quien desde entonces sus colegas de otros gremios aeronáuticos sindican como un hombre vinculado a AA2000. De hecho, se sigue mencionando a Gutiérerez como interesado en una eventual privatización de Austral, compañía saneada en lo financiero y la única de las dos que tiene una flota de aviones realmente propios y nuevos: los 20 Embraer que el Estado le compró de manera directa al Estado brasileño. Los demás aviones o bien son muy viejos (más de 15 años) o son alquilados, o las dos cosas a la vez.  Para Aerolíneas, la única excepción a ese estado de cosas en su flota fue la compra directa de dos Boeing 737-800, los únicos dos que son propios y relativamente nuevos. Cortesía de Julio Alak, el administrador estatal que precedió a Recalde durante el primer año posterior a la expropiación.

 

 

Hacia delante, es probable que Recalde termine eyectado de su sillón, pero recién después de que Cirielli y Pérez Tamayo sientan algo parecido a morder el polvo. Pérez Tamayo, al borde de los 65 años,  tiene fecha de vencimiento de su mandato, que se dispone a dejar a su delfín Pablo  Biró. A Cirielli no lo corre la edad, acaba de cumplir los 50. Maneja APTA con puño de hierro, con el estilo de los gremios peronistas ortodoxos. Hacia él apunta ahora el Gobierno, con intención de desplazarlo. Si lo logra, es probable que entonces De Vido o algún otro personaje en las sombras avance para quedarse con el manejo directo de esa empresa que pierde 600 millones de dólares por año y que permite manejar una caja tres veces más poderosa.

 

 

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