#LaGenteDiceQue

Por Nicolás Varela (@nicolinov)

Un nuevo dilema en las filas twiteras: ¿140 o 280 caracteres? Algunos argumentan a favor de la extensión del espacio. Los militantes de la síntesis pretenden mantener el statu quo.

Farhad Manjoo es un reconocido periodista de la revista Slate que, semanalmente, escribe sobre medios 2.0, tema en el cual se especializa. En una de sus últimas columnas, propuso que Twitter debería expandir la cantidad de caracteres que actualmente permite, es decir, pasar de 140 a 280. La justificación que este reportero norteamericano encuentra es que la idea primal con la que la plataforma fue generada, era saber qué estaba haciendo una persona, es decir que los usuarios lo utilizaban con el fin de actualizar su ubicación o quehacer, permanentemente. Mensajes como los siguientes: “Entro a una reunión. Salgo en una hora” o “Estoy mirando, por la ventana, cómo pasan los autos”, eran comunes, diarios y corrientes.

Pero con los adelantos tecnológicos -sobre todo los que permittieron comenzar a twitear con teléfonos portátiles-, el uso de la plataforma viró, y se transformó en una vidriera, no ya sobre qué estamos haciendo, sino sobre lo que está pasando. Siguiendo con los ejemplos de los mensajes anteriores, podríamos transformarlos de la siguiente manera: “Esta reunión es un bodrio… ¿Alguien sabe como forma River mañana?” o “En la esquina de J. B Justo y Segurola se acaban de pegar un tortazo de la hostia”.

En consecuencia, Manjoo concluye que la actual cantidad de grafías permitidas no alcanzan para describir, desarrollar o discutir todos los temas que se tratan diariamente. Es por eso que propone ampliar la extensión del tweet.

Desde mi humilde espacio, decidí encarar este dilema y tratar de tomar partida por una o por otra posición. Es por eso que, si en otros ámbitos no me gusta el status quo, en Twitter elijo ser conservador.

A raíz de esto nos podríamos preguntar: ¿alguien discute, describe o desarrolla ideas en 140, 280 o 420 caracteres? Creo que no. ¿Se deformaría la naturaleza de la plataforma, y por ende, su utilización básica, que es la de compartir contenidos? Creo que sí, debido a que lo más original que esta herramienta ofrece es ese pequeño espacio donde uno publica, por ejemplo, un simple link que nos deriva a otro sitio en el cuál si se pueden desarrollar, de manera más optima, lo que uno intenta plasmar, o una fina ironía sobre algún tema en pugna. Los usuarios más adictos ¿aceptarían este cambio radical e inflacionario? No lo creo, ya que deberían cambiar la lógica que utilizan actualmente para comunicarse por este medio. Este cambio haría que los twitteros deban duplicar el tiempo que le dedican a la social media y abandonen todas sus ocupaciones, sin pensar en su salud ni en su economía, para cumplir con los #FF, los RT y los DM. Además, y en exclusiva, según una encuesta realizada recientemente, la gente no quiere que se dupliquen los caracteres de Twitter. Pero como no soy periodista, no puedo, ni estoy capacitado para sostener semejante verdad de tamaña precisión. Prefiero dejar la exactitud y el buen chequeo de la información para los noticieros matinales, vespertinos y nocturnos que nos deleitan, todos los días, sean independientes o militantes.

Considero que los 140 caracteres promueven la originalidad, la síntesis, la ironía y el doble sentido. Los 140 disparan la creatividad, pero, al mismo tiempo originan desagravios, ofensas y peleas de pareja, sobre todo cuando ella le revisa la cuenta a él y le pregunta, casi a los gritos y con el llanto en flor: “¿Quién es @laprotoorgásmica?”. Es decir que provoca lo mismo que cualquier ámbito de la vida en la que nos comuniquemos, sea este un medio virtual o analógico.

Para finalizar, una pequeña reflexión que nos ayudará a sacarle un mayor provecho a las veinte o treinta palabras que el pichoncito azul nos deja expresar: cuando estemos nuevamente frente a la pantalla de la PC, del telefonito, de la tablet o de alguna otra porquería similar, pensando: “¿qué pongo? Hoy no puse nada” recordemos aquel proverbio Chino, Japonés o Uruguayo -no recuerdo bien, pero oriental era seguro- que indica: las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio.