La putísima trinidad del gaucho, el milico y el cura

Por Lucas Carrasco (@carrascolucas)

El campo y su imaginario. La acechanza de una cultura de derecha y una nueva generación de militantes Nac&Pop capaces de disputar el sentido de la historia.

 

 

Confieso algo: estoy harto de hablar del “campo”. Confieso otra cosa, también irrelevante -como son, además, de irrelevantes mis confesiones-: así como uno al entrar a un conflicto, al tomar posición, tiene más o menos condicionamientos -y yo tenía varios-, el condicionamiento principal no era por la positiva. No era por mi apoyo al gobierno que había votado en el 2005 y en el 2007 (en el 2003 voté a Patricia Walsh, mi candidata presidencial hasta ese entonces), sino por una vieja aversión a los empresarios rurales. Todos los valores conservadores se conjugan en una fórmula: el campo, la iglesia y los milicos. La santísima trinidad del gaucho, el cura y el milico.

 

Ese imaginario es fuerte, aún, en la Pampa húmeda, en nuestra historia presente y en el desconcierto que vive la derecha. Porque la derecha, con Menem, no estaba cómoda. Así como los conservadores franceses no pueden estar cómodos con Sarkozy-y su divina y genial cantante, además de hermosa, Carla Bruni-, la derecha conservadora siempre estuvo incómoda con Menem y, más aún, con el menemismo, es decir, una mezcla de “nuevos ricos que llegan al barrio” y pobrerío clientelar. La derecha conservadora, por eso, confiaba en De La Rúa, aunque les molestaba Chacho Alvarez y el Frepaso (asunto ya saldado, por cierto: ahora ya saben que el hecho maldito del país burgués no es -jeje- el progresismo porteño. Lástima que no se enteren de que el kirchnerismo es, apenas, el hecho maldito del país cortés).
Esa derecha conservadora es también popular. Y es el “campo”, ese imaginario que se vincula, si se quiere, con el rechazo al positivismo, a la técnica, al progreso, el que evoca fundamentalmente, un rígido sistema de jerarquías que, en rigor, hoy no existe y nunca existió. Porque en el “campo” conviven un alto nivel de desarrollo técnico maquinario y técnico organizacional, en segmentos de despliegue financiero, con producciones intensivas de abrumadora crueldad y un imaginario que permite -es duro, pero es así- la explotación infantil y la reducción a la servidumbre. Un imaginario que permite eso. Es grave la afirmación. Y estoy completamente convencido de que existe un imaginario que permite eso. Esa barbarie. Pero los dos sectores ahora se juntaron y es probable que ese frente se quiebre. Si hubiera una correspondencia dura entre sector social e ideología, entonces el sojero sería la derecha moderna y el quintero la derecha conservadora. El sojero va a Hipopótamo en Recoleta y el quintero a esos tugurios al costado de la ruta a tomar un amargo obrero. El imaginario del campo, el milico y el cura -esa putísima trinidad- reserva a las mujeres el papel de servidumbre maternal, y a las mujeres étnicamente pobres el papel de putas. Así de amarga y conchuda es nuestra oligarquía. Y su imaginario.

 

La rubia mercachifles que está re buena y sale de Palermo a apoyar al “campo” con su cacerola quizás tenga intereses indirectos con el sojero, pero el abuelo balbinista que está al lado está convencido de las bondades de Don Zoilo. El campo es las dos cosas: es la rentabilidad alta con el trabajo de otros, es la dura jornada del peón. Pero esos valores conservadores, representados en el imaginario del “campo”, son los que permiten la explotación, las jerarquías crueles, la esclavitud, la trata de blancas, las “zonas grises” del contrabando, la ausencia de estado, la violencia extrema. El empresariado más vinculado a la especulación financiera, el sojero por ejemplo, no quiere pagar impuestos, como no lo quiere pagar nadie de su clase social. Paga de modo forzado por el tipo de actividad. Ese es el eje del asunto: la incobrabilidad de otros impuestos más sensatos que las retenciones. Y esto lo saben todos, por eso los empresarios sojeros insisten con el impuesto a las ganancias, todo lo demás, la coparticipación y blabla, es verso. Ahora parece, encontró un relato legitimador. Eso es Alfredo de Angelli, que representa los intereses sojeros -donde, minga que hay pequeños y grandes, pero no es asunto de esta nota- con la pinta del buenazo de Don Zoilo. Eso que siempre aspiró a ser la Sociedad Rural, hoy es De Angelli, y por lo tanto la Federación Agraria. Por eso, aunque ya estoy harto de hablar de estos tipos miserables, egoístas y cavernícolas, hay que seguir hablando. La historia -estoy convencido- va a ahorrar las tonteras, será escrita de una forma, diferente a la vencedora ayer nomás. Porque así como la derecha y sus intereses confluyeron, estoy seguro de que también nació una nueva generación de jóvenes militantes del campo popular. Que no creo que sean kirchneristas pero que van moldeando su identidad en oposición a esta derecha que sintetiza sus dos corrientes, que se sustenta en aspectos de sentido común y que ahora parece brutal por sus métodos, pero que comparados con su historia reciente son mantequita. Porque en este país, aunque ahora no lo parezca, sí hubo gente que se sentía representada por Aramburu, por Rojas, por Onganía, por Martínez de Hoz, por Videla. Quizás esa gente ahora no vote por Cristina Kirchner porque, leyendo Perfil, o la página del Partido Obrero, se den cuenta de que la política de derechos humanos del gobierno es todo verso. Quizás. O quizás hayan salido, entusiastas, con la cacerola a favor del campo. Quizás. Todo es posible. Pero, como decía Mao, la historia es, por lo menos, necesaria.

 

Por eso, aunque ya canse el tema, hay que seguir, batallar, conquistar la historia. Apostar al sentido de la historia, a una totalidad, puede que precaria y siempre en fragilidad, pero necesaria.

 

La actual coyuntura electoral no desarma la constitución de un bloque dominante hegemonizado por la Asociación Empresaria Argentina –Clarín, Techint y la Mesa de Enlace- sino que retarda, apenas, la constitución de una dirección más eficaz para entender los quiebres y pliegues de la realidad, dinámica y nunca criteriosa, pero de rasgos largos y a su modo permanentes.

 

Dado que contra ese bloque dominante en potencia aún enfrente no está constituido un sujeto social capaz de organizar de manera duradera un proyecto de país con menores concesiones a la oligarquía y la AEA, la asimilación de ese sentido común de la putísima trinidad del campo, el milico y el cura es una acechanza concreta, capaz de materializarse aún en los momentos de mayor fortaleza relativa del kirchnerismo.

 

 

Pueden sonar un poco locas estas advertencias en un momento de festejo en las filas kirchneristas, pero estar un poco loco es a veces una condición de posibilidad de la existencia. Qué solemne (Je).

 

 

 

Comments

  1. karol says:

    y …. te fuiste al recarajo!!! jajajajaj

  2. Dany says:

    Parece una síntesis de un escrito de John William Cooke hecha por un nene de 5 años.
    Penoso.

  3. Conrado says:

    Palabrerío y adejtivación. Repetición del discurso y descontextualización. Prejuicios y falta de argumentos. Te vas a ganar el Forster de Oro.

  4. Mariano T. says:

    La mejor definición la dio Alejandro: “compendio de prejuicios”. Es inutil, y muy largo y aburrido, refutar disparates de a 2 por línea, así que esta nota alucinógena hay que descartarla “in toto”

  5. Alejandro says:

    Que nota pelotuda, es el compendio de prejuicios mas grande que he leído en mucho tiempo. La realidad presentada está forzada y sin matices, el eterno problema del boluprogre: en cuanto encuentra una explicación sencilla, simplemente la compra, deja de pensar y vive feliz, mientras nada ambia. Los garcas votaron a Cristina, o la explicación falla o lo que falla es la idealización de los K.

  6. gabriel sosa says:

    Lucas Carrasco escribio esto hace un tiempo en un sitio ultrakirchnerista:

    …”Por eso en una provincia puede gobernar un inculto que se traga el bigote cantando canciones de Queen y en otra provincia, de predominancia étnica originaria, un cuadro político sólido y muy formado como Gildo Isfrán. ” … (1)

    Me parece muy bien que aparezca un editorial suya en este medio, creo que es un “aire de pluralidad” entre tanta obsecuencia rentada.
    Asi mismo me gustaria ver en algun momento un debate con respecto a Insfran entre Gariel Levinas y Lucas Carrasco que nos aclare la perspectiva de Lucas, sobretodo para tratar de entenderlo.

    PD: un detalle!, en ambas editoriales, notese que cita la misma frase de Mao.

    FUENTE: (1) http://www.diarioregistrado.com/index.php?secc=nota&nid=48295&pagina=3

  7. Muchacho Lobo says:

    Mesianismo y delirio cristiano.

  8. raul says:

    esa es la idea NAC&POP, reconquistar la historia
    sigan reescribiendola mientras apoyan a Menem, a los Saadi, a Insfran, etc, etc

    es muy lindo el discurso, pero mientras tanto seguimos alentando la sojizacion, liquidando la exportacion de trigo y demas cereales mientras el cupo de soja sigue creciendo
    verso, todo verso

  9. Carla says:

    G E N I A L-

  10. vino tinto says:

    Le preguntaría a este pibito de Carrasco si sabe de alguna medida, de este gobierno neoliberal y popular, para detener y revertir la sojización que tanto combaten discursivamente (sin duda el combate que más les gusta afrontar… el de las palabras vacías).

  11. Juan Cruz says:

    El campo… A mi entender, es necesario separar los productores, de los representantes “del campo”, los representantes se olvidaron los intereses sectoriales que dices defender, por un partida política; los productores, es un abanico muy amplio, pero tomando los que están inserto en el modelo sojero (o de agriculturisación), a mi no me quedan dudas de que están cómodos, con las políticas llevadas adelante por este gobierno. Y la disputa por la 125 no los favoreció. Saben que en ese momento se perdieron de hacer un buen negocio. Y al gobierno pudo cerrar, como un modelo que le sirve. Con la escusa de la derrota en el congreso, no tocó nada más. Las concesiones dadas se retiraron. Lo que no se vé, es que a partir de la 125 se terminaron un montón de lineas progresistas que se venían abriendo, tanto dentro del INTA, como por otros lados, Y a lo abierto se le puso un freno. ¿Quién se favoreció? ¿Quién perdió? Solo sé que hay un monton de productores marginales (pequeños, familiares, campesinos) que volvieron a quedar afuera.

  12. Armando says:

    ¿y la derecha dentro del gobierno? ¿y la sojizacion no es una concesión a la oligarquía? ¿y las concesiones a la gran burguesía industrial? ¿y la política extractiva que permite que las trasnacionales se lleven todos nuestros recursos estratégicos? Más que la historia de vencedores y vencidos, es la historia mirada con un cuarto de un sólo ojo…

  13. puentes says:

    Comparto 100% la nota

  14. xul says:

    El apoyo al campo es como La Cabaña del Tio Tom americana.

  15. Nicolás says:

    Mmmmmmm. Mi no enteder. Siguen con el cuentito del “campo”. Si la hubieran escrito hace 3 años garpaba esta nota. No se a qué apunta, atrasa. Esquemas vetustos. Cristina arrasó en todos lados, ciudad, campo, montañas y siguen con la misma cantinela, hasta los Grobo la votaron. Una pena que en el nuevo sentido de la historia Nac$pop hayan tantas omisiones y ausencias. Pero bueno, cada quién cuenta el cuentito según su estado de correlaciones de fuerza y ordena a los heroes y antagonistas como más le conviene, pero hay muchos que nos sentimos excluidos de esa otra historia tan bonita que se están inventando.