Eduardo Pimentel: Un hombre que vivió su pensamiento

Por Paula Pimentel (@algohabredicho)

El 9 de agosto se cumplieron 27 años de la muerte de uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Eduardo Pimentel. Hace 2 años, cuando se cumplieron los 25 años de su partida, lo homenajeamos en el Teatro San Martín.

 

“Alguien me dijo al entrar: ‘Acá hay toda gente buena’”, contó Pablo Pimentel durante la apertura del acto en homenaje a su padre, Eduardo Pimentel, a 25 años de su muerte, llevado a cabo el pasado 6 de agosto en el Centro Cultural General San Martín.
Es que Eduardo Pimentel no podía menos que convocar almas nobles y luchadoras durante y después de su muerte. “Eduardo armó una familia grande, con ocho hijos, nietos, bisnietos, pero también armó una familia social, de compromisos y valores, y se demuestra con la presencia de todos ustedes”, dijo Pablo a las alrededor de 200 personas que colmaron la sala. “Mi padre fue una luz que no se puede poner debajo de la mesa”, expresó su hija Graciela explicando el motivo de un homenaje con carácter público.

 

Nacido en San Fernando el 28 de octubre de 1923, Eduardo Pimentel, el mayor de tres hermanos, tuvo que trabajar desde los 15 años, luego de la temprana muerte de su padre. Formado en el esfuerzo por los logros, dedicó su vida a su familia, y a su gran familia, la humanidad.
En 1951 se casó con Mabel Zaffaroni, con quien tuvo 8 hijos. Desde donde Eduardo Pimentel estuviera, practicaba la militancia que le nacía desde dentro. En la década del ’50 vivía junto a su esposa y hasta el momento tres hijos en Mar del Plata, allí militaba en la Acción Católica y en la Democracia Cristiana.
En el año 1958 los Pimentel se mudaron a Ciudad Evita, un barrio recientemente construído, donde obtuvieron una casa gracias a un plan del Banco Hipotecario. “Los gobiernos militares desalojaban casas y por eso mi padre creó el Comité por la Familia; uno de sus temas era el territorio familiar como lugar de pertenencia”, recuerda Pablo Pimentel.

 

Luego del gobierno de Onganía, Pimentel comenzó a militar en el sector revolucionario cristiano. Con el Partido Intransigente formaron la Alianza Popular Revolucionaria. En las elecciones presidenciales de marzo del ’73 se presentó la fórmula Alende-Sueldo, que tuvo su correlato con Marcelo Arabolaza y Eduardo Pimentel en la provincia. La Alianza Popular Revolucionaria obtuvo el cuarto lugar.
El año 1975 fue el preámbulo del período más oscuro de la historia argentina. La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) había comenzado a desaparecer y torturar gente, bajo el mando directo de funcionarios del gobierno de Estela Martínez de Perón.
Ante esta situación, el 10 de diciembre de 1975, Pimentel junto a compañeros del Partido Comunista, socialistas, metodistas, judíos y católicos fundó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Entre sus miembros fundadores estaban el Obispo Jaime de Nevares, Alfredo Bravo, Adolfo Pérez Esquivel, Alicia Moreau de Justo, Raúl Alfonsín, Oscar Allende, Emilio Mignone, Susana Pérez Gallart, Jorge Novak, Aldo Etchegoyen y Simón Lázara.

 

Pero la lucha que lo ocuparía hasta el final de su vida –y por la que Eduardo fue tildado de loco- comienza a fines de 1982 cuando a Ignacio Pimentel, uno de sus hijos menores, le tocó hacer el servicio militar obligatorio. En plena dictadura militar, Eduardo utilizó la patria potestad como su arma de lucha para negarse rotundamente a que su hijo, que había sido educado en el amor, aprenda el manejo de las armas. Ni bien se enteró de que Ignacio había sido sorteado para realizar el servicio militar, Pimentel le mandó una carta documento al entonces presidente de facto, General Bignone, diciendo que en ejercicio de la patria potestad de su hijo, no daba la autorización para que realizara el servicio militar. Pero la carta no tuvo respuesta.
“A Ignacio se lo llevaron los milicos en un coche. Lo seguimos hasta un cuartel, y ahí mi padre llamó a la prensa para anunciar que iniciaba una huelga de hambre. ‘Si no sale del cuartel no dejo la huelga’, decía. Y al final fue increíble, le pusieron ‘no apto’, fue el primer objetor de conciencia público. Y así se creó el Fosmo, Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio” relata Pablo.
El Fosmo luchó desde sus comienzos por la abolición del servicio militar, amparó a los jóvenes objetores de conciencia y a sus padres, formando un grupo de gente dispuesta a luchar hasta que sea necesario. No está de más recordar que el Fosmo no ha acabado su lucha, porque el servicio militar no fue abolido, sino que en 1994 se ha hecho voluntario, y no por ley, sino por decreto (978/95).

 

El 6 de agosto de 1984 el Fosmo realizó un acto frente al Congreso previo a la presentación del proyecto de ley para abolir el servicio militar obligatorio. La fecha fue elegida para rendir homenaje a las víctimas de Hiroshima y Nagasaki.
Todos los que estuvieron presentes ese día recuerdan el frío polar. “Hacía un frío terrible, estábamos en las escalinatas de los monumentos del Congreso, y Eduardo tenía una camisa, un pulóver, un ponchito y su clásica boina. Entonces le dije: ‘Eduardo, qué hacemos con este frío, nos morimos todos’ y el me dijo ‘pensá en los chicos, pensá en los chicos que se murieron de frío’. Cada vez que tengo un problema pienso en él y lo escucho decir, pensá en los chicos”, recordó María Teresa Slate, miembro del Fosmo.

 

Eduardo cerró el acto y ese mismo día se enfermó de neumonía. A los tres días, el 9 de agosto de 1984, falleció en su casa de Ciudad Evita. Tenía 60 años. A veces la muerte se adelanta. Pero Eduardo Pimentel había sembrado en tierras fértiles, por eso trascendió de manera que la muerte no pudo acabar con su tarea. Muchas personas que lo acompañaron en su camino tuvieron más tarde diferentes roles en el estado y ONG’s, y desde sus lugares llevaron a cabo las ideas de Eduardo.
Su mujer, Mabel Zaffaroni, contó que integraron el movimiento familiar cristiano, y manifestó que “es fundamental formar familia, porque es la primer célula de la sociedad, si la familia está sobre roca, como dice el evangelio, por más vendavales que soplen, no nos vamos a quebrar.”

 

Eduardo Pimentel consideraba a toda persona como su hermano, y siguiendo el legado de Simón Bolívar, fue su deseo el conformar una sola patria grande. En épocas de conflictos con Chile, se le ocurrió comenzar por los países vecinos y así se autodenominó el primer CHUAR, Chileno-Uruguayo-Argentino.
Su hijo Ignacio recordó: “Mi papá hablaba de hermanos, y eso incluía a todos, no sólo a los que estaban cerca de él. Al llegar la democracia me dijo: ‘va a llegar el momento de salir a defender los derechos humanos de los militares que van a estar presos, que sigan presos pero que estén humanamente presos’, un tipo que había luchado años por la justicia contra estos hombres que mataban, hay que tener la cabeza muy amplia para eso. ”

 

En 2005, por iniciativa de la actual Secretaria de Derechos Humanos de la Provincia, Sara Derotier de Cobacho, se creó por Decreto el Premio Provincial de Derechos Humanos “Eduardo Pimentel”, “que distingue a una personalidad o institución de reconocida trayectoria en el campo de los derechos humanos que de manera cotidiana y perseverante batallan por conseguir una sociedad más justa. El premio simboliza la lucha y la labor en defensa de los derechos humanos, como un reconocimiento del Estado hacia aquellos ciudadanos comprometidos en el trabajo de reconstrucción de los lazos sociales, en la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades, y por el respeto a la integridad del ser humano y su identidad”. En el homenaje, Sara Derotier contó que el premio Eduardo Pimentel representa su agradecimiento por la enorme solidaridad de un hombre en tiempos de dictadura.

 

Estuvieron presentes en el homenaje: Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo línea fundadora, Sara Delotier de Cobacho, Secretaria de Derechos Humanos de la Provincia, Héctor Polino, ex diputado socialista, Luis Farinello, cura tercermundista, Aldo Etchegoyen, presidente honorario de la APDH y obispo de la iglesia metodista, Susana Pérez Gallart, miembro fundadora de APDH, Juan Manuel Peralta, ex senador nacional de Paraguay, el pastor Arturo Blatezky, Referente de Coordinación del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) –del cual Eduardo fue fundador-, compañeros de la Democracia Cristiana, como Carlos Eroles y Alberto Aramouni, compañeros del Fosmo, como Alfredo Grande, Fernando Portillo, Eudoro Palacios, María Teresa Slate, Silvia Ortega, amigos, vecinos y familiares de Eduardo Pimentel.

 

Adolfo Pérez Esquivel, Padre Farinello, Eduardo Pimentel

PALABRAS DE AMIGOS Y COMPAÑEROS DURANTE EL HOMENAJE

 

Luis Farinello: “Eduardo fue de esas personas que te ayudan a ser bueno.”

 

Fernando Portillo: “Al servicio militar lo han suspendido por otro motivo, pero hubo diez años de siembra, de predicación, para convencer al país de que no éramos traidores, locos, vendepatrias y todo lo que nos dijeron, había que salir a la calle en el año ’82 (…) No ha terminado la lucha, el servicio militar está suspendido, no anulado”

 

Héctor Polino: “Lo de Pimentel fue una lucha heroica. Yo rescato su coherencia, su consecuencia, su ejemplo de vida.”

 

Nora Cortiñas: “Las madres acompañamos al Fosmo, porque nos daba terror que los chicos tengan que pasar por esos cuarteles del horror. Eduardo nos acompañó y ayudó mucho, teníamos casi la misma edad pero él era como un padre para nosotras.”

 

Juan Manuel Peralta: “Eduardo decía, política es arte, ciencia, virtud y habilidad para saber hacer el bien común.”
Alberto Aramouni: “Fue testimonio de vida. Quienes militamos con él sabíamos de sus convicciones, de sus ideales, y sabíamos que era un tipo santo, y en la actividad política estas cosas no suelen conocerse. Me inspiró para trabajar mientras fui diputado nacional y provincial en lo que a él le preocupaba, el derecho al territorio familiar y el déficit habitacional, el drama en las villas de emergencia.”

 

Silvia Ortega: “El servicio militar no se suspendió por Carrasco, se suspendió porque existió un Eduardo Pimentel que se plantó contra el.”

 

A lo largo del homenaje se leyó una carta adhesión del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel: “Eduardo nunca bajó los brazos, le guiaba el amor al prójimo. Nos ha dejado su ejemplo, su entereza y alegría de sembrar la esperanza. Fue un hombre justo.”

 

 

 

Comments

  1. IGNACIO PIMENTEL says:

    como hijo de eduardo, solo puedo decir que en estos dias el ejemplo que el nos dejo es el ser verdaderos, y hacernos responsables de nuestras vidas, dejar de poner en los demas la responsabilidad del cambio, sino cambiar uno, y todo cambiara.

    ignacio pimentel