De revistas y prostíbulos


Enero de 1982: Jorge Luis Borges daba una entrevista para el El Porteño en su casa, ubicada en puro corazón porteño. Recuerdos de conventillos y malevos de la antigua Buenos Aires, revistas culturales, y teorías esotéricas.

 

 

A Borges, ahora, hay que llamarlo a la mañana, para tener acceso a su agenda de la tarde, poblada de reportajes, encuentros, conferencias. Lo llamamos: debemos hacer las fotos para la nota sobre la tercera guerra mundial, tema sobre el que ha respondido. “De El Porteño -decimos-, nosotros le mandamos la revista.”

“¿ Para qué me mandan la revista si soy un hombre ciego?”, dice Borges, y nos cita para después de comer, exactamente a la 1 y 20 de la tarde. Apenas entramos, nos pregunta de qué se trata la revista e intentamos explicárselo, mientras él inicia una especie de monólogo:

-A una revista que sale no habría que ponerle año 1, número 1. Habría que poner año 2, número 3. Sí, porque si no, uno queda muy melancólico, cuando deja de salir. Casi todas las revistas que he dirigido, no han pasado del año 1, número 1. Ustedes ¿ya han conseguido avisadores?

-Sí. Si la revista se vende bien, se consiguen.

-Sí -dice-, porque yo recuerdo la revista Proa, de Brandán Caraffa, Ricardo Güiraldes, y yo. Duró un año. La revista Sur fracasó, pero como Victoria Ocampo seguía poniendo dinero, siguió saliendo. No se vendió nunca, pero creo que no tenían gastos, porque no pagaban a los colaboradores, salvo a los extranjeros. Esos sí, cobraban; pero los argentinos no. Pero, de hecho, la revista siguió adelante, aunque quebró muchas veces. Pero, como era una mujer rica, Victoria Ocampo, y estaba interesada en que se mantuviera la revista, siguió poniendo plata. Pero, curiosamente, a ella no le importaba qué se publicaba en la revista; eso lo dirigía José Bianco, que era el verdadero director de la revista. Victoria no sabía qué iba a salir en el próximo número, salvo que no le gustaba que publicaran mujeres. Ella era teóricamente feminista, pero de hecho, no tenía mayor fe en las mujeres. Tampoco en lo que ella escribía. Lo que ella escribía era sobre todo una manifestación de causas o de opiniones. Ella no pensaba, no se consideraba escritora; podía estar escribiendo en inglés o en francés; luego alguien traducía eso al castellano y ella lo seguía escribiendo. Pero estaba interesada en ciertas causas y le daba lo mismo que otros escribieran que escribir ella. Lo importante era que se hablara a favor o en contra de tal cosa. El hecho de escribirlo ella o que lo escribieran los demás, eso era secundario.

-Ahora, -decimos- lo que es interesante con las revistas de acá es que me di cuenta que las notas que son rechazadas en otras revistas son las mejores notas para publicar en la mía.

-Eso puede ser, sí. Claro, antes había Caras y Caretas que era de opción una revista mundana: era una revista satírica con muchas caricaturas de políticos. Era una revista literaria donde colaboraban, por ejemplo, Lugones, Unamuno, Almafuerte y otros escritores importantes como ser Rubén Darío o Carriego. y además era una revista que se ocupaba de todo lo que sucedía en las provincias: una revista mundana en el sentido de publicar fotografías de niñas de la sociedad. Y era de todo, hasta deportiva también, incluso costaba mucho porque la revista tenía centenares de ilustraciones, de buenas fotografías, de buenos dibujantes; costaba 20 centavos.

-¿Quiénes eran los dibujantes?

 

-Algún peruano que era discípulo de Beardsley. Había otro dibujante que ilustró libros de un escritor no muy bueno, tampoco, de Rodríguez Larreta, Alejandro Sirio.

-Lo interesante es que Sirio trajo acá algo que acá no se conocía; en dibujo, algo que el grueso de la gente no conocía; todo lo que era el Art Déco, el Art Nouveau … Y Sirio trajo un poco eso. Es una especie de transgresión de aduana que hacen los argentinos, porque la aduana nunca deja pasar nada.entonces los intelectuales traen las cosas de otra manera.

-A mí -dice Borges- el Art Nouveau me parece horrible. Felizmente en Inglaterra no hubo Art Nouveau que yo sepa; en Alemania sí, en Francia también, en Inglaterra apenas alcanzó a llegar. Entonces, ¿esta revista ha salido ya?

-Ha salido ya y usted tiene un ejemplar. Si no me equivoco yo se la mandé pensando que alguien se la iba a poder leer. Se llama El Porteño, y hay una cosa interesante sobre usted. Tenemos un corresponsal, que es su traductor, que es Kalicki; su traductor en Polonia, que hizo un libro sobre usted y parece que se vendieron 15.000 ejemplares a los dos días.

-Espero que ese traductor haya mejorado lo que yo escribo porque a mí no me gusta lo que yo escribo. Pero quizás en polaco sale mejor que en castellano.

-No, es que uno ve cosas en lo que uno hace que los demás no ven …

-Yo veo tan poco en lo que yo hago; en cambio los otros se encargan de enriquecerlo, en mi caso son muy generosos. No estoy seguro de existir como escritor pero como superstición sí, como una superstición bastante difundida; creo que todos pensarán lo mismo.

-Hay una frase suya que han pasado al polaco y es uno de los slogans utilizados por Solidaridad en las huelgas.

-Qué raro; yo tengo tan poco que ver con las huelgas … bueno, tengo tan poco que ver con el trabajo también. Yo soy esencialmente haragán.

-Está como dividiéndose todo y por ahí el que nunca tuvo que ver con las huelgas va a terminar teniendo que ver …

-Es cierto, sí, y mejor así.

-Se está polarizando todo el mundo.

-Sí, somos un mundo poroso: así como una especie de esponja.

– Y el título, ya le digo, es El Porteño y le pusimos El Porteño porque pensábamos que hay una idea equivocada de lo que es el porteño en general en la gente. La gente piensa en un porteño y piensa en Goyeneche y piensa en un cantor de tango, como si usted no fuese un porteño.

-¿ Quién es Goyeneche?

-Goyeneche es un cantor de tangos.

-No, yo creo que Goyeneche era un nacionalista hijo del intendente Goyeneche. No sé. No creo que cante tango.

-No, hay un Goyeneche al que le dicen “el polaco” y que canta tango y ésa es la imagen del porteño que tiene mucha gente …

-¡Qué raro! Porque por ejemplo yo estuve en New Orleans y me di cuenta de que el jazz tiene que ver con New Orleans; en cambio usted puede vivir un año en Buenos Aires y no oír un solo tango.

-Aparte, no entender la relación entre el tango y Buenos Aires.

-No, ninguna; cuando yo era chico menos todavía. Se oían muchos valses, valses franceses; si no había también canzonettas napolitanas, tangos casi nunca. Ahora, en los almacenes se solía oír milongas o, mejor dicho, gente templando la guitarra y poniéndose a tocar. Pero tangos no. Yo recuerdo que cuando era chico la gente solía silbar los tangos: El Choclo y La Morocha. Y pare de contar. No se oían otros. Al menos yo no los conocía. Mejor dicho, la gente no los conocía. El Choclo sí. El Choclo era anterior a La Morocha. Y de La Morocha yo era amigo del autor; era un empleado de aduana; era oriental, se llamaba Savorido, y era un señor muy cortés, muy atento, de buenos modales, y luego él se estableció en París con una orquesta; él era pianista. Del autor de El Choclo no sé nada; La Morocha tiene letra, El Choclo no.

-Siempre -decimos- hubo una intención, por lo menos desde que yo recuerde, (tengo 30 años), de insistir sobre la imagen del tango relacionado con el porteño; una cosa que ya desapareció; que a nadie le importa.

-Es que yo creo que nunca existió.

-¿Y por qué? es una intención chauvinista de manejar la cosa …

-Yo no sé. Yo me acuerdo que Lugones dijo: “el tango es reptil del lunapar”. Sé que un tío mío, marino, y unos amigos quisieron bailar con corte en un gran conventillo que había en la calle Las Heras, entre la Recoleta y Pueyrredón; se llamaba “Los cuatro vientos”, con grandes patios. Y ellos quisieron bailar con corte y los echaron. Yo recuerdo haber visto de chico parejas de hombres, porque las mujeres no querían bailar tango; no querían bailar con corte. En los conventillos nunca se aceptó. Y eso lo impuso, como se sabe, la gente bien. Y cuando se supo que se bailaba el tango en París, entonces, se dijo: bueno, si se baila en París, ha de ser un baile decente. Efectivamente, antes se tenía por bastante indecente, tenía figuras que venían a ser unos simulacros del coito pero ya después en París lo adecentaron mucho, lo hicieron sentimental. Después vino Gardel y ya Gardel lo hizo del todo sentimental y del todo decente. Yo he hablado con relación al tango con mucha gente. Ahora, el lugar de origen depende del lugar de origen del interlocutor, porque si es rosarino se entiende que el tango nació en Rosario Norte, en el barrio de Sunchales, que es el de las casas de mala vida; si es porteño, el tango nació en Junín y Lavalle que es llamado “el barrio tenebroso”, que era el barrio de las casas de mal vivir, y si es montevideano, en la calle Yerbal, donde están los burdeles. Pero el ambiente es siempre el mismo; no es un ambiente ni del pueblo, ni de la gente bien; es ese ambiente de rufianes, de niños bien calaveras, de prostitutas. Y yo he andado en Montevideo y no en Rosario y en Buenos Aires y siempre el lugar ha sido distinto; porque aquí en Buenos Aires, se entiende que Junín y Lavalle, que es un barrio judío ahora ¿no? …

-Sí, y ya era en aquella época también. Me imagino.

-Me parece que no, hacia el año 80, cuando surge el tango, no; creo que no era.

-¿En qué año surge el tango? -le preguntamos.

-Creo que estoy de acuerdo en la fecha, 1880; me parece que no era un barrio judío.

-En esa época puede ser la primera inmigración judía, si no me equivoco.

-Pero en todo caso ese barrio, esa manzana, se identificaba … , y posiblemente fueran judíos, los identificaban sobre todo con prostíbulos.

-Sí porque los judíos polacos estuvieron en una época involucrados con el negocio …

-Sí, porque yo me acuerdo que cuando yo era chico se hablaba mucho .. había distintas categorías de prostitución. Las criollas cobraban un peso y se entendía que era lo más barato y lo peor. Después venían las polacas que cobraban 3 pesos; claro que era cuestión de edad también, y luego las francesas, 5 pesos. Pero cuando la francesa envejecía degeneraba en polaca y cuando la polaca envejecía degeneraba en porteña, en criolla. Porque se entendía que …

-O en madama, que era la que cuidaba la puerta.

-No, ésa era una categoría especial, ésa era más importante, ésa era la dueña, ésa era una categoría ya distinta. Posiblemente ésa no era una prostituta tampoco. Yo he oído, hay un libro … porque parece que ese mundo se vio poco en Buenos Aires; se vio sobre todo en Rosario y hay un libro que yo tengo ahí sobre la rufianería en Rosario que está dividido en tres épocas. Las tres épocas son éstas: la primera eran rufianes criollos, entre ellos uno que debía muchas muertes que se llamaba el paisano Díaz, que había nacido en San Nicolás y era famoso. Luego vinieron los judíos. Los judíos resolvieron que eso iba a ser judío. Entonces los rufianes judíos se agarraron a puñaladas con los criollos y después vino la mafia y acabó, no creo que a puñaladas, a escopetazos, con los judíos. Después vino no sé qué comisario que acabó con la mafia. y bueno, esas tres épocas: la criolla, la judía y la mafia, que sería de calabreses, pero ésos ya usaban armas de fuego. En cambio los polacos y los criollos eran cuchilleros; se batían a puñaladas.

-Lo extraño es que casi en ningún país del mundo se pudo combatir la prostitución y en la Argentina prácticamente se eliminó como institución. Es extraño eso.

-Ahora me dicen, me dijo un comisario, que actualmente el tipo de rufián no existe porque las mujeres son feministas y entonces no entregan su dinero a un hombre. Es decir, ganan por su cuenta y no entregan un centavo a nadie. Lo que me parece bien. Yo no sé por qué necesitaban la protección de un hombre. Creo que hubo una época intermedia en que hubo muchos rufianes marselleses acá, y ésos eran cuchilleros a diferencia de los rufianes que podían no serlo y acababan también a puñaladas con los criollos. Y los tiraban, según me dijeron, en un lugar del Paseo de Julio, cerca de Retiro, tiraban los cadáveres. Y los llevaban en coches abiertos, me dijeron; eso puede ser falso.

En todo caso yo tengo ese libro pero ese libro se refiere exclusivamente a Rosario. Y hay un libro de Vicente Rossi, Cosas de Negros, que es un libro lindísimo y, según él, el tango surge de los prostíbulos de la calle Yerbal, en Montevideo, en la ciudad vieja. Y existe todavía. Lo que es raro es que la fecha coincide con la fecha del jazz: 1880.Y nacen también en el mismo ambiente. A mí me dijeron que “jazz” en slang, en caló, en el caló de los prostíbulos de New Orleans quiere decir fornicar. To jazz a welch, to jazz a girl y generalmente jazz debió ser un acto violento. En un diccionario que yo tengo de slang americano da ese origen, pero actualmente es una palabra que puede usarse sin ningún riesgo. Yo leí en un libro de Fritz Momer que todas las malas palabras actuales eran eufemismos. Es decir, por ejemplo en italiano, las palabras puto, putana quiere decir “un chico” y eso se usó para no usar otra mala palabra. Que todas las malas palabras actuales empezaron siendo modos decentes de no decir otra palabra y luego se deformaron.

En el caso de jazz es todo lo contrario; la palabra empezó siendo indecorosa y ahora se usa. Ahora por ejemplo, si usted dice MIERDA, es fuerte en castellano, pero en francés no tiene ninguna fuerza. La palabra merde se ha usado tanto que es como decir caramba y la palabra caramba supongo que es un eufemismo producido de otra palabra muy parecida: carajo. Pero como carajo es una palabra fuerte, no se usa y se usa caramba con toda tranquilidad. O por ejemplo en inglés si se tiene que mencionar al demonio es fuerte: “what the devil do you mean” es fuerte; por eso dicen “what the Dickens do you mean”. Y no les importa un bledo decir otra cosa.

 

-¿Qué puede significar bledo?

-Otra palabra que empieza con P. Pero en inglés es peor. Se dice “no me importa un pedo de chancho de lo que usted dice”.

-Es decir “no me importa un comino”, ¿no?

-Sí, pero lo que pasa es que un pedo de chancho es especialmente inmundo. El chancho es inmundo y un pedo de chancho es lo último. Se elige el ejemplo más asqueroso.

Hay un silencio. Los fotógrafos trabajan. Se oye el leve sonido de los obturadores. Borges mira el vacío. Le decimos:

-Hay un fotógrafo acá, que le ha sacado fotos ya una vez. Se llama Cervera. Fueron al Parque Lezama.

-Qué lindo lugar el Parque Lezama. Uno de los pocos lindos lugares de Buenos Aires.

-Han tirado todas las cosas viejas; cada vez tiran más, acá. ¿Usted recuerda esa chimenea vieja que estaba en el hospital de Clínicas donde hábían cremado los cadáveres de la fiebre amarilla? Había una enorme chimenea. La tiraron abajo para que entren 4 coches más en una playa de estacionamiento.

-Lo que vi ayer y no conocía es el tótem de Canadá, bastante raro, me dijeron. Está en la plaza del Canadá detrás de Retiro. Es un ídolo de madera de 12 metros de alto que le regaló el Canadá a la República Argentina. Es el tótem del Canadá.

Hay 3 estaciones ferroviarias en Retiro; hay una, la última, que es la más chica, que va a Hurlingham y a Santos Lugares y un poco más allá, está la plaza. Y en esa plaza hay ese ídolo. Y que es muy raro, según me lo han descripto. Viene a ser como … creo que es de madera y tiene cabezas de indios moldeadas, y arriba tiene una especie de esfera con un pico de loro. O de otro pájaro. Creo que tiene una inscripción y que hace bastantes años que está allí y casi nadie lo ha visto en Buenos Aires, porque está allí en el fondo de Retiro. He oído hablar a muchas personas y creo que hay una pileta, que la han secado ahora, había mucha gente que se bañaba en la pileta. Puede hacer una nota sobre ese ídolo olvidado.

 

La charla se bifurca un rato. Borges se acuerda del Paseo de Julio. Nos acordamos del Parque Japonés, que antes estaba frente a Retiro, y difería fundamentalmente del actual Itál Park: había gitanas que adivinaban la suerte, había magos, tragafuegos, mujeres barbudas. Ahora, todo es mecánico, todo eso, que Raúl González Tuñón llamaba “funambulesco”, se perdió.

-¿De quién depende eso, ahora? -pregunta Borges- ¿De una empresa?

-Yo creo que depende un poco de todo ese asesinato a la cultura que hay en los últimos años. Fíjese que usted en París camina por la calle y se encuentra con las verdulerías en la calle; aquí cada vez las sacan más para que no se vean y en París están en la calle.

-Acá hay una idea muy rara, que es la idea de no atenuar la pobreza o disminuirla sino de esconderla. Por ejemplo, yo he tenido ocasión de conversar con extranjeros, que me dijeron que han oído hablar de conventillos y yo los llevo a un conventillo que está en el fondo de la Recoleta. Un conventillo de negros y que es de gitanos, ahora parece que lo han echado abajo. Aquí en la calle Maipú entre Córdoba y Viamonte hay dos conventillos. En la calle Esmeralda hay uno. El centro está lleno de conventillos pero se entiende que todo eso tiene que ser tapado: que no hay que hablar de eso. Hay mucha pobreza en Buenos Aires, pero se entiende que todo eso debe ser escamoteado. Por ejemplo, en las villas miserias, en lugar de suprimirlas, lo que se hace es barrer con esa gente. A mí me ha dicho una señora que vive en Hurlingham que 400 familias que han sido desalojadas, tienen que vivir en la intemperie por autopistas o algo que construyen allí. Y ella y otras señoras de allí les dan mate, les dan azúcar, les dan verduras, pastas, porque han sido desalojadas por la municipalidad y supongo que si eso ocurre en Santos Lugares, ocurrirá en otros lugares también.

-Aparte pasan cosas muy extrañas; yo tengo un amigo que se llama Christopher Jones que es un escritor que ha venido a Buenos Aires, y cuando estuvo acá, como él era diseñador industrial, le habían pedido que hiciera el diseño de cómo, sobre qué bases hacer el traslado de una villa miseria en Rosario. Entonces él, como diseño, propuso lo siguiente a los funcionarios: que todos los funcionarios involucrados en el traslado de la villa se vayan a vivir un mes a la villa y de esa manera iban a poder saber cuáles eran las relaciones adentro de la villa como para poder diseñar algo que sea potente para esa gente … Por supuesto les pareció un disparate.

-Una vez, a una señora Torres, que vive en Junín y Avenida Alvear, Avenida Alvear y Posadas, un señor francés le dijo que quería conocer un conventillo. Entonces esta señora le dijo: “bueno, va a tener que ir a un barrio lejano”. No, le digo a esta señora, a tres cuadras de aquí hay uno. No, se tienen que mejorar estas cosas; es una idea rara. No es una idea de esconder la pobreza sino de escamotearla. Lo que ellos quieren es que la gente pobre se disfrace de gente rica, que usen traje y corbata. Resulta que eso no tiene nada que ver, pero el hecho de que sufran miseria no importa. Lo importante es que no se sepa eso.

-Nosotros fuimos a hacer una nota con los indios en el Chaco, con los indios matacos y los indios tobas; y toda la actitud era mostramos las escuelas, todas las cosas que ellos habían hecho, pero nunca mostrar las chozas donde vivían o las casas donde vivían los indios, como que toda la parte de cultura de los indios era escamoteada. Los mismos indios tenían vergüenza de mostrarla. Entonces se nos mostraba todo lo que occidente había hecho con ellos pero no se nos mostraba lo que ellos eran antes.

-Eso no sucede en otros países.

-No, al contrario. Ahora por lo menos, por ejemplo la actitud que tiene el Canadá con toda la cultura indígena, la preocupación de ellos es que no exista una sobreprotección al indígena en este momento …

-Ahora, yo estaba pensando lo siguiente: me han dicho que hay mucha gente pobre en Buenos Aires, pero se entiende que no hay.

-Pero es una actitud general de esconder la pobreza, de escamotear la realidad.

-Hay un conventillo en Belgrano y Perú. Yo fui una vez con un amigo y noté que a los mismos inquilinos les molestaba el hecho de que fueran personas a ver eso. Y yo les daba vergüenza también.

-Sí, sí a los indios les pasaba lo mismo, es raro.

-Ellos pensaban que nosotros éramos como turistas de un país despreciable. Estuve en otro conventillo, el conventillo de La Paloma, que queda en la calle Serrano, en Villa Crespo.

-Ese era famoso.

-Sí, pero ahí entramos y salimos. Y después hubo otros conventillos a los que les pusieron el nombre de La Paloma; hay uno en la calle Gascón, el otro en la calle Defensa; pero hay uno que es realmente un conventillo de palomas, y un conventillo que hubo en Montevideo que se llamaba… un conventillo de negros que lo pintaron con palmeras, paisajes africanos que asombraban mucho a los negros que no sabían, claro. Se llamaba “Medio Mundo”.

-Ese es conocido.

-Sí, pero creo que ya no existe. Pero pusieron decoraciones africanas que asombraban a los negros que no sabían … ¿qué saben ellos de Africa?

-Sin embargo, ¿escuchó usted las murgas uruguayas? ¿Las comparsas esas que hacen ellos, los que ellos llaman la murga? Son interesantes, tienen mucho de africano, ¿no?

-Sí, pero no creo que ellos lo sepan. Me contó a mí una chica, que era una señorita de Grondona, de una discusión que hubo hace muchos años entre la cocinera que era una gallega y el mucamo que era negro. Entonces el mucamo, el negro, le dijo a la gallega con mucha sobra: “nosotros no venimos en barco”. Porque creía que los negros eran autóctonos. ¿Qué podían saber de la esclavitud? Nada. El mercado de esclavos estaba en el Retiro, aquí cerca. Hasta 1813, 1816, el mercado estaba allí. La familia de mi madre (no, no era gente rica), tenían seis esclavos; la gente rica tenía veinte o treinta, y cuantos más esclavos menos trabajo para cada uno. Se repartían el trabajo. Mi tío me decía: “vos sos peor que un negro después de las 12”. Después de las 12, era inútil pedirles nada. “Sos más haragán que un negro después de las doce”. Hasta las 12 trabajaban, después ya …

-Ya no quedan casi negros en Buenos Aires.

-Qué raro, estuvo Bianco ayer aquí y hablamos de eso. Y los dos nos hemos criado en Palermo y había muchos negros por ese lado. Yo no sé qué pasó. Nosotros nos fuimos a Europa en el año 13 y volvimos en el año 21 y no sé qué pasó, que habían desaparecido los negros y eran bastante frecuentes los negros; sobre todo eran ordenanzas, puesteros, cocheros también. Era bastante frecuente. Y a casa solía venir una negra que se llamaba Leonor Acevedo y tenía el nombre y el apellido de mi madre. Porque si se hubieran mezclado en la familia hubieran tenido una relación amistosa. Yo no sé lo que ha pasado.

-Los que hay ahora son, inclusive, los que han llegado ahora. Los que hay ahora son los que han llegado en estos últimos 10, 12 años, que viven en la Isla Maciel y que vienen de un país muy chico de Africa que no sé, ahora no recuerdo cuál es. (Cabo Verde)

-¡Ah! yo no sabía eso.

-Sí, pero han venido ahora. No son de los anteriores.

-Sí, porque yo hablé de esto con un señor que era un ignorante. Yo le dije que había negros aquí y él me dijo que los habrán traído del Brasil. No, del Brasil no, del Africa … ¡qué van a traer del Brasil!

 

-Son los que han venido, no sé, podría averiguar eso, no me acuerdo, pero son de un país chico de Africa que han venido en una especie de inmigración voluntaria.

-Porque aquí, en general los negros que uno ve, pueden ser uruguayos o brasileros o norteamericanos también. Norteamérica está llena de negros y la gente vive aterrada por ellos.

-Sí, sobre todo en las ciudades del este como Baltimore y Washington están muy asustados porque el 70% de la población es negra.

– Y además es gente violenta, ¿no?

-No, yo creo que hay también un mito con respecto a la violencia del negro.

-No, yo quise cruzar Harlem y ningún chofer quiso llevarme.

-Lo que pasa -aclaramos- es que hay que ver cómo uno entra y con qué actitud uno entra. Pero pareciera ser que hay más mito con respecto a la …

-A mí me dijeron que no, que no fuera. Que había dos barrios seguros en Nueva York: el barrio chino y el italiano con la mafia.

-Sí, ellos lo protejen. La mafia proteje el barrio. El lugar más seguro para caminar, de noche, el único lugar por el que se puede caminar a las 4 de la mañana, 3 de la mañana es el Little Italy.

-Y el barrio chino -dice Borges.

-Pero están vinculados, son mafias vinculadas.

-Este bastón es de Chinatown; de un aborigen de Chinatown. Es de China; bambú trabajado. Pero si usted precisa un bastón, le voy a dar tres consejos: en primer término conviene considerar la longitud del bastón; pero eso depende de la estatura suya, si es un bastón incómodo para mí, puede ser cómodo para usted y viceversa. Luego conviene que sea enterizo; a mí me regalaron un bastón con puño de plata muy lindo, parecía un palo de golf, pero al cabo de unos meses se aflojó el puño. Ahora éste no porque éste es enterizo; luego conviene además que la mano lo empuñe y que sobre, si no puede caerse en cualquier momento. En cambio éste, por ejemplo, está bien, con un puño así, sobra todo esto. De modo que esos tres consejos: longitud, que sea de una pieza y que tenga un puño así, como éste. Que la mano calce, que sobre. Si el puño llega hasta aquí, usted lo suelta y está perdido. Como ve, es muy difícil. Yo tuve un bastón de acrílico con esta forma, pero el material es distinto, porque es un material transparente. Tengo dos bastones africanos, un bastón español, uno italiano. Son todos muy distintos. Y ahora me voy a Estados Unidos, y voy a ver si traigo otros bastones.

-¿Cuándo viaja?

-Si van bien las cosas, el domingo. Pero siempre tengo el temor de que ocurra algo. Soy muy supersticioso. Me parece que si digo que viajo el domingo ya estoy de algún modo impidiéndome el viaje. ¿Usted es muy supersticioso?

-Un poco, no mucho.

-Hay un ensayo de De Quincey en el que recuerda la doctrina de los estoicos, que según él justificaría la superstición. Mi idea es ésta: es de suponer que todo el universo es sueño, paganismo ¿no?

La voz de su ama de llaves lo interrumpe:

-Señor, Canal 9 hace rato que está esperando.

-Entonces lo dejo -dice Borges, y se aleja, hacia el baño, mientras musita una teoría de la superstición.

Alcanzamos a oír datos de la cábala, y la explicación de que Cristo era el apóstol número 13 y que por ser el número 13 murió en la cruz. Tal vez siga desarrollando esa idea en el reportaje que ahora le van a hacer.