Por qué quiero que gane Mauricio

Por Emilio García Aguirre (papa en la boca incluida)


Asqueado del falso progresismo K que sólo logra mayor deterioro social, el autor ve en Macri a un reaccionario que sin embargo tiene aciertos progresistas. Pero confiesa que no puede poner su nombre en la urna.

 

Me la presentaron en una reunión de fin de año para periodistas. Era la última semana de noviembre y faltaban pocos días para que estallara el conflicto en el Parque Indoamericano. El anfitrión es un lobbysta que gusta de juntar en un restaurante de su propiedad a varios de sus clientes, en su mayor parte políticos y ejecutivos, con periodistas. Ella, María Eugenia Vidal, tenía el mismo aspecto que ahora se ve en los afiches, con ese pelo lacio rubio ceniza y cara de madre a la salida de la escuela primaria. Primera sorpresa: me contó que estaba terminando de negociar el traslado de las casi 50 familias que durante todo 2010 se habían instalado a la vera de la vías, en la barrera de Honduras del ferrocarril San Martín.

 

Cruzo tres veces por semana esa vía: primero llegaron diez cartoneros, luego fueron veinte y luego más. Luego llegaron sus mujeres, niños y perros y comenzaron a armar casillas con techo de cartón. Una villa, a medio metro (no exagero) de la vía.

 

Todavía no entiendo cómo no hubo un accidente fatal, con niños de dos y tres años jugando. Un ejemplo extremo de la apropiación del espacio público. La excusa es perfecta: se trata de gente que no tiene donde ir, ni qué comer. Malditos pobres. Pero la funcionaria con cara de nena anodina de Macri no los colgó en la plaza pública, como cualquier kirchnerista esperaría que haga la gente del Pro. La Vidal negoció políticamente, con discreción y apenas diez líneas en algún recuadro en los diarios. Nada más. Para fines de noviembre esa villa incipiente en la frontera entre Palermo Soho y Palermo Holywood había sido erradicada.

 

“Es más difícil en la casa tomada del Onabe, porque ahí hay droga y son más pesados”, agregó carita anodina. Tenía razón: la casona del Onabe, demolida a las 24 horas de su desalojo, requirió de un operativo conjunto con la Nación. Ahora en ese galpón donde se traficaba paco hay en marcha un paso bajo nivel, en una zona atestada de autos que no tienen cómo cruzar la vía.

 

Entonces me acordé de otro espacio público que llegó a estar tomado por casi 100 familias: la ancha vereda de Caseros debajo de la autopista 9 de Julio Sur, entre Lima Este y Montes de Oca. Aquí no hay vecinos progre y con guita para seducir como en Palermo pero en tres semanas, esa media manzana que había sido tomada en 2009 por casi 200 personas sin techo volvió a estar completamente depejada.

 

“Ahí tuvimos que avanzar de a poco, porque no se querían ir. Hubo que convencerlos”, me dice “Euge” y se acomoda un mechón del flequillo rubio ceniza.

–¿Qué es convencer? ¿Se les pagó?

–Hubo un poco de todo, pero sobre todo se los contuvo.

 

Los temas de la Ciudad me importan bastante poco, porque casi siempre se hacen mal. Roberto Feletti, el actual viceministro de Boudou, hizo un nudo espantoso con el tránsito porteño cuando Aníbal Ibarra decidió que ese tipo que no sólo es desagradable sino economista, resultaba de golpe el más indicado para ocuparse del tránsito de la Capital Federal. Macri no lo hizo mejor, lo hizo peor y a gran escala: transformó la avenida Santa Fe, que antes caminaba bien la mayor parte de las horas del día, en un pantano de doble mano donde no avanzan ni autos ni colectivos. Hizo en Palermo esquinas anchas y empedradas (de manera muy berreta, como ya evidencian los hundimientos que se formaron en apenas dos años) a un precio de una sala de primeros auxilios por esquina. La basura no es un tema, pero la policía porteña es una risa. Los controles de alcoholemia, un buen incentivo para no subirse borracho al auto, duraron menos que una borrachera. No me meto con los colegios secundarios porque ni siquiera pisé alguno de los que reclaman las famosas reformas que chiquito Bullrich asegura que hizo. Sólo sé que el himno obligatorio a Sarmiento en las escuelas públicas de Capital es un ideologismo de tarados.

 

Pero lo que me iba contando “Euge” me atrapó: con muñeca, con guita, con discreción, la rubia anodina se animó a ponerle el cascabel al gato y hasta le salió bien en dos o tres ocasiones. En ese relato escuché la única política pública realmente progresista en mucho tiempo. Y no me hablen de represión, porque en estos casos que relato no la hubo. Esto fue pre Indoamericano, donde por cierto los disparos que están bajo investigación son de la Policía Federal, no de esa otra que da risa.

 

¿Quieren que les hable mal de Mauricio? Para eso sería más adecuado que nos vayamos al sur de la Ciudad, a la Villa 20, y averigüemos para quién trabaja ese matón de cuarta que es Marcelo Chancalay, el inventor del “villa tour”. Ni hablar de cuál fue su rol durante esa noche de San Bartolomé en la que paraguayos y sobre todo bolivianos que ocupaban el Parque Indoamericano fueron balaceados por bandas de barras bravas. Ese es quizás el costado más siniestro y menos visible del ingeniero.

 

Macri es haragán, soberbio y habla con la papa en la boca. Pero tiene una virtud que ni siquiera es suya: es la necesidad de diferenciarse del Gobierno nacional. Como el gobierno de Cristina Kirchner limita toda su gestión a repartir fondos y aplicar castigos, cualquier cosa que haga Macri parece en comparación la obra de un gestor inagotable.

 

Macri, con su propuesta franca de derecha y su papa en la boca, se ve obligado a efectuar cambios y sólo con ello afecta la política de absoluta inmovilidad y deterioro social que propone el kirchnerismo.

 

Por eso quiero que gane Macri. Pero si Cristina también va a ganar, necesito que alguien le moje la oreja y la obligue a trabajar al menos un poco. Porque no jodamos, el gobierno de Cristina, concentrado únicamente en el reparto de cheques de terceros (el Estado) y la apropiación de empresas privadas para beneficio propio (capitalismo de amigos), es socialmente mucho más haragán.

 

Lo dicho, necesito que gane de nuevo Mauricio, pero para ello necesito que algunos millones de porteños se hagan cargo de la tarea sucia de reelegirlo. Yo no puedo. Sé que no podría poner una boleta con su nombre en el sobre e introducirla en la urna. Es así de simple. Lo siento. Hasta aquí llegué.

Comments

  1. Orlando says:

    Este artículo duele, porque da en la tecla. Gran parte de la izquierda, y especialmente la izquierda moderada o progresista, declama revolución y es reaccionaria práctica. Y en cambio cierta derecha termina dueña de los cambios contantes y sonantes. No es tan novedoso, en definitiva es la historia del peronismo, pero Emilio lo expuso muy bien.

  2. Marcelo Mariani says:

    Por suerte vivo en el conurbano bonaerense, dónde no tenemos este tipo de problemas. Los caciques nos solucionan todo, y gane quien gane, a ellos no los mueve nadie.
    Pero en capital me parece q tienen la posibilidad de salirse de esta cosa PRO-K, hace unos pocos años ninguno de los dos partidos en pugna existían, y sus cabezas visibles se enriquecían lejos de Bs.AS., ¿Les parece q ambos sectores hayan llevado a cabo una gestión q merezca seguir siendo apoyada?Mi opinión no importa a nadie más q a mí, pero no puedo evitar darla: Frente a las pruebas de ineficiencia y corrupción ¿Porqué seguir dándoles el mando?. No compremos esa cosa blanco-negro / Boca-Ríver / amigo-enemigo / campo-industria, en capital hay otras alternativas valederas. Cómo cantan los Tigres del Norte: No por miedo a los coyotes, no vamos a criar gallinas.

  3. Pablo says:

    cualqier cosa lo q dice este muchacho… realmente. cualqier cosa

  4. Lila says:

    es demasiado ridiculo lo que decis para ser en serio,
    y si es un chiste, tenes menos gracia que de la rua

  5. gusquin says:

    De cuarta este articulo. Parece que lo escribio el papa de vidal. La descripcion que hace del gobierno nacional me hace dar lastima por la estrechez mental del autor